...IVONNE:...
En más de una ocasión peleé contra las demonios que me obligaron a ponerme ese ridículo vestido, sin mis armas no logré hacer gran cosa y terminé cediendo. No usaba vestido desde que era niña y tampoco me maquillé jamás, no necesitaba de esas cosas en un mundo tan salvaje, pero el rey demonio disfrutaba de tratarme como una muñeca de exhibición, como su juguete y se me hacía difícil tolerarlo.
Sin permiso, me había arrancado la ropa y también me había olfateado de una manera extraña, sentí rabia y desesperación, un cosquilleo extraño en mi interior.
Aún recordaba la firmeza de su cuerpo y lo helado que era, su nariz rozando mi cuello y su agarre posesivo, algo ajeno al miedo me atravesaba entera, pero decidí ignorar eso.
Lo que si debía preocuparme es que abusaría de mí en cualquier momento y yo no podría evitarlo porque mis golpes no le hacían ningún daño.
Al llegar a la celebración me convencí de que sería un infierno mi existencia, había muchos demonios comportándose con depravación, risas y palabras sucias fueron salpicadas en mí cuando atravesé la multitud a la fuerza.
Jamás tuve tanto miedo más al notar el olor hechizo en el ambiente, olía como fragancia dulce, años conviviendo con Perla me hacían reconocer cuando la magia era utilizada y también sus miles de advertencias sobre la hechicería oscura practicada por los demonios, empleada solo para causar males.
La música de las flautas era como una alabanza que incitaba al libertinaje, los demonios cabra tocaban en una esquina y algunos se balanceaban danzando de forma extraña, otros se sacudían, apareándose sin pudor.
Nada de aquello me sorprendía, pero me advertía de estar alerta.
Me llevaron al estrado donde estaba el rey, en el trono que tomó a la fuerza, con Sirla sentada en su regazo, su mano metida en el pantalón y su lengua danzando con la de él en un desagradable beso que me hizo irritar.
Yo no sería parte de ese espectáculo, me negaba.
Los ojos carmesí del rey se posaron en mí y las demonios me dejaron allí, él me ordenó de forma despectiva acercarme, mientras que su amiga alada seguía tocando sin pudor su miembro, frotando sus caderas y besando su cuello.
Me dió náuseas cuando me obligó a sentarme a sus pies, donde tenía mayor visión de sus actos repulsivos.
Sin ningún tipo de decencia, tocó a Sirla entre las piernas con su mano y ella soltó un gemido asqueante, retorciéndose como una mujerzuela, observando como si quisiera darme celos de las atenciones que estaba recibiendo.
Me negaba a quedarme como estúpida observando aquello.
Los demás demonios si observaban, muy entretenidos por verme postrada ante su líder.
Odié a ese maldito más que antes.
El rey me obligó a observar, tomando mi barbilla, mientras volvía a besar a Sirla, observaba de reojo hacia mí, con ojos hambrientos y respiración acelerada.
Desgraciado infeliz.
Ambos se retorcieron de placer al alcanzar el fin del placer.
Sirla por fin se largó.
El rey me seguía observando con un toque salvaje en sus pupilas demoníacas, su pecho subía y bajaba con respiraciones pesadas, me sostuvo de la mandíbula.
Pretendió ordenarme tomar el lugar de Sirla, pero no lo toleré, no iba a obedecer a algo que no deseaba, que mi dignidad, mi fidelidad y respeto a mi gente, a todos los que murieron por su causa no me permitían humillarme ante él.
Por supuesto que se molestó, estaba que echaba humo por la nariz y sus ojos estaban casi en llamas, extrañas líneas rojas bordearon los tatuajes de sus pectorales y la oscuridad en sus párpados empezó a crecer.
Cuando me soltó la mandíbula supe que lo peor estaba por venir.
El otro demonio respondió al llamado, apareciendo y el terror me atravesó cuando le dió permiso de divertirse conmigo.
El demonio de piel oscura subió las escaleras.
— Ven conmigo — Extendió su mano.
Le lancé una mirada al rey, llena de odio y rabia, me ardían los ojos y mi respiración estaba atorada por la enorme furia que sentí.
Él estaba tenso, encajando las garras en la madera de los reposa brazos.
— ¡Obedece! — Gruñó, con los dientes apretados.
Mis miembros estaban tensos cuando me levanté. No le mostraría que me afectaba que me entregara su compañero, no a pesar de sentirme tan impotente.
No debía esperar decencia y buenos actos de parte del rey de los demonios.
Tomé la mano y bajó las escaleras, llevándome con él, hacia un lugar apartado cerca de la ventana.
La noche era oscura y fría, el mar no emitía ninguna luz.
— ¿Quieres una bebida? — Preguntó ese demonio, pretendiendo lucir caballeroso.
Tenía unos pantalones de vestir y unas botas pulidas, con un chaleco adaptado para dejar sus alas libres.
— No.
No metería nada a mi boca y menos con ese olor a hechizo.
— Eres muy hermosa — Dijo, paseando su mirada por mi vestido y mi rostro — No lo noté cuando llegaste.
— Querrás decir cuando me atraparon — Me crucé de brazos, soportando a los otros demonios que me observaban como pastel.
— No cuestiones a Ezra, te lo aconsejo — Tocó un mechón de mi cabello y me tensé — Sobrevivirás mejor si obedeces a sus demandas.
— No soy un juguete — Me aparté de su toque molesto — Soy humana.
— Él es el dueño del mundo.
— Pero, no es mi dueño.
— Deja de hablar, puede escucharte de aquí, es tu dueño ahora, él te ha elegido y suerte para ti que decidió compartirte conmigo en lugar de otro — Envió una mirada discreta al trono — Los demonios tenemos los oídos agudos, te meterás en muchos problemas por boca floja, escuché lo que le dijiste, la mayoría lo hizo y Ezra odia que lo desafíen en público.
Me crucé de brazos y di una mirada al trono.
Sirla ya estaba con dos copas frente al rey, el tenía el cabello despeinado, cayendo a un lado de su rostro y su mandíbula seguía apretada.
Sus pupilas se desviaron hacia mí y desvié mi mirada.
— ¿Te llamas Orion?
Sonrió — Así es, Orion, mano derecha de Ezra. ¿Cuál es tu nombre?
— Ivonne.
— ¿Quieres bailar?
Y aumentar la tentación de los demonios, no gracias.
— No, no me apetece.
— Podríamos ir a un lugar solitario.
Lo observé, callada y pensé en un plan.
Con la celebración como distracción, sería una excelente oportunidad para tratar de escapar.
— Si, por supuesto — Dije, con expresión melosa.
Me tomó de mano y me llevó hacia la salida, soporté que algunos demonio rozaran sus garras por mi vestido y mi espalda.
Al salir al pasillo, la música quedó atrás.
Orion me guió por las solitarias y oscuras paredes, hasta una puerta.
Había muchos estantes volcados con libros esparcidos por el suelo.
Era una biblioteca.
Él cerró la puerta y se aproximó.
— ¿Te gusto más qué Ezra?
— ¿Cómo? — Necesitaba encontrar algo con que pegarle.
— Lo rechazaste a él, pero a mí no — Sus ojos se tornaron hambrientos cuando me rodeó contra una mesa, observé la superficie, había un jarrón, pero eso no me serviría de mucho.
— A él lo odio más.
— Relájate y lo vas a disfrutar.
Me tomó de la cintura y empezó a besar mi cuello con avidez.
El desagrado se hizo presente, odiaba que me tocaran, odiaba las caricias de esos bastardo, mi veneno era inútil frente a ellos.
Ni eso podía salvarme.
Me inclinó con una fuerza impresionante sobre la madera y presionó su cuerpo sobre mí.
Tocó mis piernas mientras me olfateaba.
Extendí mi mano hacia el jarrón.
— Hueles delicioso, el veneno te da un toque apetecible, con razón vuelves loco a Ezra, pero puedo notar que no te ha tomado — Besó mi mandíbula y mis dedos tocaron la superficie del jarrón — Me complace demasiado ser el primero — Encajó su miembro en mi abdomen y el miedo volvió al ataque.
Alcancé el jarrón y lo rompí en su cabeza.
Intenté empujarlo en cuando dejó de besarme, pero me tomó de las muñecas y las dejó aprisionadas contra la mesa.
— Me encanta la rudeza — Rió, maldición, no le había hecho ni cosquillas.
Empecé a forcejear y a respirar con fuerza, tratando de alejarlo.
— ¡Suéltame, infeliz! — Grité y asaltó mi boca, besándome a la fuerza.
Las lágrimas salieron de mis ojos, sentí una horrible sensación, quería morirme. ¿Cómo podía pensar que lograría escapar?
Algo lo aventó contra los estantes y me levanté a prisa, acomodando mi vestido.
Orion se levantó aturdido de entre la madera rota y las páginas de libros sueltas.
Estaba furioso, pero al ver al rey de pie junto a la mesa volvió a la calma.
— ¡Largo de aquí, ya te divertiste lo suficientes, ahora es mi turno!
No cuestionó y se acomodó la ropa, sacudiendo el sucio antes de salir a prisa, cerrando de un portazo.
Me acomodé el vestido.
Ezra se giró hacia mí, sin ninguna expresión.
— ¿Ya aprendiste la lección?
— ¿Dejar que otro demonio me viole, es una lección? — Bajé de la mesa.
— Desafía mis órdenes de nuevo y no vendré a auxiliarte a la próxima.
— Te odio.
Se acercó lentamente y me tomó de la cintura.
Golpeé mis puños contra su pecho, observándolo a los ojos mientras mi respiración se atoraba.
— El odio da paso a algo más fuerte.
Fruncí el ceño — ¿Qué rayos dices?
— Hagamos el juramento de sangre y no tendrás que volver a pasar por esto, solo servirás a mí y nadie más te tocará — Paseó sus manos por mi espalda y me estremecí, no de miedo, sino de nervios.
— No quiero ser tu juguete — Le enseñé los dientes — No voy a ser tu esclava.
Me tomó de los muslos y me alzó.
Grité, llena de sorpresa, aferrando mis brazos a sus hombros cuando despegó del suelo, el viento me azotó cuando salió volando por la ventana, alzándose con rapidez al cielo nocturno.
Mis cabellos se agitaron, las horquillas fueron arrastradas y mi cabello golpeó mi rostro.
El rey se detuvo por encima de las nubes y mi corazón golpeó con fuerza contra mi pecho cuando observé hacia abajo.
— ¡Bájame, por favor! — Supliqué atemorizada.
Soltó una carcajada — Si te bajo, caerás.
— Aquí no, en tierra firme.
El frío golpeó mi piel, haciendo que me pegara más al infeliz.
Sus alas se movieron y voló entre la niebla, dando giros y esquivando corrientes de aire.
Observé sus alas, las plumas brillaron con tonos azules y negros.
Ezra era el único demonio con plumaje.
Descendió repentinamente y solté otro grito, mis zapatillas valoraron lejos.
Giré mi rostro y sin querer pegué mi mejilla contra la suya, pero el rey demonio estaba sumergido en su vuelo, con un rostro que jamás había visto, parecía divertirse.
Me observó y volví a alejar mi atención de él.
Si yo tuviera alas sería imparable.
Aterrizó en el balcón y me soltó.
Me sentí un poco mareada por el abrupto cambio.
— Voy a pensarlo.
— Tienes hasta mañana, ahora entra y duerme — Señaló hacia la habitación.
No entendía ¿Por qué yo?
Caminé hacia adentro, descalza y con el cabello alborotado.
Lo observé por encima del hombro.
— ¿Por qué tienes plumas? Los otros demonios no las tienen.
Se quedó evaluando mi rostro de forma intimidante.
— Mis alas no pertenecen al linaje demoníaco.
— Pero, eres un demonio.
— No del todo — Sus hombros se tensaron — Soy mitad demonio, mitad dios.
Me sorprendió — ¿Eres hijo de un dios?
— Del Dios del Inframundo.
— ¿Cuántos años tienes?
Rió, parecía apenado — ¿Qué dije sobre hacer preguntas?
— Supongo que podrías pasarlas por alto.
Esperé un castigo por mi atrevimiento, pero solo elevó una comisura.
— Soy más viejo que la humanidad.
Me giré, caminando hacia adentro.
Esperé a que alzara su vuelo, sentí la ráfaga de viento y luego volví al balcón.
Los dioses no morían, el rey demonio era un semi dios, poderoso gracias a su linaje místico y comprendí porque era tan fuerte.
Nunca lograría asesinarlo, pero tampoco me quedaría allí para ser su esclava y que a la menor diferencia me entregue a otro.
El juramento solo me dejaría más atrapada, de no cumplirlo recibiría un castigo divino y no iba a arriesgarme tampoco a revelar el escondite de mis compañeros.
Empecé a tramar mi plan de escape.
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Comments
Luis Daniel Rodríguez Perez
ezra se nota que la quiere solo para el pero el muy tonto como va a intentar dejar que otro abuse de ella
2025-01-03
2
Sumeli Pinto
Me imaginé que haría algo como eso 🤣🤣🤣dudo que permita que algún otro la toque antes que el y después de probarla menos , es algo que ninguno de los dos puede dominar ni revertir
2024-08-26
3
Edith Villamizar
que susto pensé que Ezra iba a dejar que él otro abusara de Ivonne
2024-08-16
2