Un ruido estridente sacó de sus cómodas sabanas a James; se maldijo a sí mismo por su mala costumbre de dormir con las ventanas abiertas. Apartó las cortinas hecho una furia y salió al balcón para determinar el origen de aquel bullicio.
—¿Pero qué demonios…? —gruñó. Por supuesto, la pequeña y revoltosa Destiny Love era la culpable.
El malhumor de James desapareció casi al instante y fue reemplazado por un gesto de diversión. Ni siquiera el sol estaba tan despierto como ella a esas horas de la mañana corriendo de un lado a otro en un fútil intento de ejercitarse. Choco y Late gruñían y ladraban detrás de ella con la pretensión de desatar los cordones de sus zapatos. Y ni hablar de la estruendosa música que provenía del estéreo.
Sintiendo compasión por ella, James regresó a su habitación colocándose rápidamente una camiseta y un par de zapatos. Se marchó al jardín notando que los sirvientes aún no se incorporaban a sus tareas, porque por supuesto, era domingo y se suponía que todos debían descansar hasta tarde.
Una vez en el jardín, notó que Chispita se había dado por vencida, dejándose caer al piso con el rostro hundido en la grama. Los perros olvidaron su propósito de torturarla al notar la presencia de su dueño. Destiny gimoteó sacudiendo sus piernas en señal de frustración. ¿Por qué siempre terminaba haciendo el ridículo frente a ese hombre?
—Chispita —llamó James, felicitando a sus mascotas.
—¿Hmm? —respondió Destiny, sin levantar el rostro. Estaba demasiado avergonzada. En su mente, comenzaría el día ejercitándose para su gran noche romántica con Ian, se daría un baño rápido e iría a preparar un delicioso omelette de queso y champiñones para dos.
—¿Nadie te ha dicho que en esta casa tenemos gimnasio?
Destiny negó con la cabeza. No se atrevía a decirle a James que la mayoría de sirvientes no le devolvían ni el saludo. A excepción de la noche anterior no se había atrevido a recorrer los pasillos más allá de su habitación, no tuvo buenas experiencias en el pasado en las casas de los ricos, queriendo culparla de daños o robos que ella no había cometido.
—Ven, acompáñame.
James le ayudó a incorporarse, le sacudió del rostro los restos de tierra y la tomó suavemente de la mano para guiarla al otro lado del jardín. Los perros aullaron al unísono con las alarmas en su cabeza, cada vez era más sensible a los gestos de amabilidad de James hacia ella. Se notaba que acababa de despertar, aún tenía los ojos adormilados y el cabello desordenado, lucía terriblemente exquisito.
Se dio golpecitos en la cara para alejar esos pensamientos lúbricos y puso atención en el sonido de las palabras que James le decía.
—Por aquí puedes acceder directo a la piscina —indicó James, tirando de una puerta corrediza. Destiny abrió la boca asombrada por el hermoso panorama, había infinidad de plantas apostadas en las paredes de cristal que bordeaban la piscina, era como estar en medio de un selvático paraíso. James aceleró sus pasos hacia otra puerta—, pero aquí es adónde tú querías llegar.
Otra impresionante habitación dotada de todo tipo de maquinas y equipos para ejercicios de fuerza le fueron reveladas.
—Jamás imaginé que tuvieras tantos remordimientos por los siete trozos de pizza que comiste anoche.
—¿Qué dijiste? —Destiny lo miró con su orgullosa naricilla alzada. No recordaba haber comido tanto.
—Te ofrezco mis servicios como entrenador personal. —remedió.
Destiny maldijo la sonrisa lánguida que él le dio. Se soltó de su agarre y fingió inspeccionar una caminadora para perder contacto visual con él.
—Eso depende, ¿cuál es tu tarifa?
—¿Qué tal si esta noche pretendemos que nuestro contrato no existe y me dejas escaparme por ahí con una amiga? —bromeó, desde que Destiny apareció en su vida estaba tan entretenido con ella que no había pensado en buscar sexo.
—Olvídalo, sobre mi cadáver.
—Si eso es lo que quieres… —amenazó James, dándole una mirada peligrosa.
Se acercó a ella como un animal acechando a su presa, Destiny retrocedió y antes de pensar en echarse a correr, él la levantó sobre su hombro como si su peso fuese tan ligero como una pluma. Destiny lanzó una exclamación tratando de zafarse de su agarre, se regañó mentalmente por retarlo, ¡Por supuesto que él la sacrificaría con tal de satisfacer sus bajos deseos!
—¡Suéltame! —chilló, notando que James salía del gimnasio. Un mal presentimiento abordó sus sentidos, sin embargo se esforzó por ahuyentarlo, James no podía ser tan infantil.
—Te daré una oportunidad —sentenció él, manipulándola como a una muñeca de trapo, de un momento a otro, ella estaba entre sus brazos mirando el atractivo resplandor de sus ojos. Destiny se sonrojó—. ¿Puedes hacer algo divertido para mí?
—¿Algo divertido? —protestó alarmada, apretando más los brazos sobre su pecho. Un primate como él, muy probablemente, solo encontrase divertido el hecho de copular. Apretó sus labios y frunció el ceño fingiendo un gesto exasperado—. No soy tu payaso, por mí puedes ir y acostarte con quién tú quieras.
—Verte celosa es divertido pero no es suficiente —sonrió él—. Fallaste.
Destiny no tuvo oportunidad de protestar, el gélido azul en los ojos de su verdugo fue sustituido por la cálida profundidad de la piscina, cuando sus pies tocaron el fondo ella decidió que le haría pagar a ese patán el haberla hecho sentir como un pez muerto siendo descartado en el retrete.
James se sacó la camiseta y los zapatos esperando con entusiasmo el gracioso rostro enfadado de su mágica duendecilla, sabía que ella también intentaría arrojarlo a la piscina así que como todo hombre precavido prefirió sentarse en el borde. Pero al notar que los segundos transcurrían y ella seguía sin salir a la superficie, se preocupó.
—¿Destiny? —gritó, no hubo respuesta.
Maldición.
Alarmado, se lanzó al agua, intentando visualizar el cuerpo de Destiny. Ella aún estaba en el fondo de la albarca y él temió que su broma hubiese llegado demasiado lejos. James salió a la superficie arrastrándola consigo hasta la orilla, la acomodó con cuidado en el piso y audazmente, en segundos, estuvo fuera del agua para reanimarla dándole palmaditas en las mejillas.
Notó que no tenía ninguna herida en la cabeza, entonces quizá solo se había desmayado de la impresión. Su mente era una maraña de posibilidades, así que decidió aplicar los primeros auxilios que le enseñaron en sus prácticas de natación. Pegó su oreja en el pecho de ella y para su fortuna, logró escuchar el latido acelerado de su corazón, ese acercamiento le permitió ver cómo su abdomen se elevaba disimuladamente. ¿Entonces ella estaba fingiendo?
Una ráfaga de irá sustituyó sus aflicciones, si a ella le gustaba jugar sucio, se pondría a su nivel. Le dio una última oportunidad acomodando su cabeza y elevando su mentón, hasta los escolares sabían que era la preparación para brindar respiraciones boca a boca. El pie de ella se movió de forma casi imperceptible pero sus ojos seguían sin abrirse. Estupendo. Le daría lo que estaba pidiendo a gritos.
Un sentimiento perverso se apoderó de él cuando separó los labios de Destiny con un delicado toque en su barbilla, se acercó a ella dispuesto a completar su maniobra en el justo momento que ella abrió los ojos y se incorporó apoyando los codos en el piso. Sin embargo era demasiado tarde, sus labios se tocaron de forma inevitable, dejándolos sentir la calidez del otro. Ambos se congelaron indecisos sobre su siguiente acción.
Fue Destiny la primera en reaccionar empujando a James. Las lágrimas ardían por salir de sus ojos, ¿qué demonios acababa de suceder? Se giró para darle la espalda y se hizo un ovillo escondiendo el rostro entre sus piernas. La broma no había ido bien para ninguno de los dos. Ella se sentía fatal y deshonesta. Mientras Ian trabajaba para sostener los gastos de su boda ella estaba ahí jugando a los besos con un completo extraño.
—Destiny, lo siento… —murmuró James. Tocándole el hombro para llamar su atención.
Destiny se encogió más, sacudiéndose el agarre de aquella bestia.
—No me hables —Era claro que no se sentía mal por su tonta broma sino por haber sentido algo por su contacto.
—¿Por qué? Tú también me tendiste una trampa. Casi muero del susto porque no saliste de la piscina.
Ella negó con la cabeza, aún en su escondite.
—No es por eso, yo… estoy muy avergonzada en este momento. Vete.
James suspiró, conmovido. Contuvo su risa cuando se dio cuenta del verdadero conflicto de Chispita. Caminó sobre sus rodillas hasta ubicarse frente a ella, la tomó del rostro con gentileza y la obligó a mirarlo.
Tenía los ojos brillosos y las mejillas sonrojadas. Las pecas que una vez pensó que eran feas, ahora estaban perfectamente ordenadas, embelleciéndola de una forma única.
—Deja de darte golpes de pecho, eso no fue un beso de verdad. ¿Acaso tú nunca practicaste sobre los primeros auxilios con otra persona? Te prometo que nuestro contacto fue absolutamente profesional —juró con la mano sobre su pecho.
No podía decirle que ella aprendió a nadar en las piscinas públicas ni que sus palabras la hicieron sentir aún peor. Lo que la hacía sentir mal era que James Miller realmente no la veía como mujer sino como a una empleada o un novedoso juguete. Y pese a estar comprometida y segura de amar a Ian, eso le afectaba.
Ella simuló una sonrisa animada y aprovechó el descuido de James para arrojarlo a la piscina. Tenía que recomponerse y hacer a un lado sus dudas para completar su misión. James llenó de aire sus pulmones antes de apuñalar con la mirada a Destiny.
—¡Te engañé! —cantó ella, sacándole la lengua.
James se pasó los dedos por el cabello ocultando su frustración, de verdad llegó a pensar que Destiny había sentido algo por él, pero la pequeña embustera solo estaba fingiendo. Al diablo la culpabilidad. Nadó al borde de la piscina dispuesto a tener su revancha.
Destiny gritó echándose a correr lejos de él pero no pudo llegar demasiado lejos. James emergió del agua como un verdadero dios griego, alcanzándola rápidamente. No era solo guapo sino también ágil, la alzó en sus brazos y se dejó caer de espaldas al agua para que ella no se lastimara de nuevo.
Los dos flotaron a la superficie al mismo tiempo, con sus risas sincronizadas.
—Eres un tonto —regañó Destiny, salpicándolo de agua.
—No dirías eso si te besara de verdad —se mofó, nunca se cansaba de ver el rostro disgustado de ella.
—Prefiero besar a los perros.
Lucharon y nadaron en la piscina por un buen rato, tan absortos el uno en el otro que no se dieron cuenta de la presencia de Jang.
La anciana abuela de James había buscado a ese par en cada rincón de la enorme mansión. Sabía que ellos eran los culpables del escándalo matutino que los despertó a todos. Sin embargo su exasperación fue sustituida por una rara impresión. Hacía meses, años quizá, que no veía a James sonriendo de esa manera. No le gustaba esa chiquilla pero si era por el bienestar de su nieto, le daría una oportunidad.
—¡Oh!, gracias al cielo están vestidos, ¿Pueden decirme quién es el dueño de esta cosa del demonio? —interrumpió Jang, sosteniendo la radio de Destiny entre sus manos.
James y Destiny intercambiaron una mirada cómplice. Para apaciguar las cosas James se apresuró a llegar junto a su abuela, propinándole un húmedo beso en la frente.
—Buenos días, abuela —saludó con su típica sonrisa chantajista.
Destiny se hundió en el agua, ocultando su vergüenza. Habían olvidado apagar la radio, se regañó mentalmente por olvidar las reglas básicas en una casa ajena.
Jang chasqueó la lengua.
—La acidez en mi estómago y tú, van a matarme.
James frunció el ceño.
—¿Quieres ir al médico? —No era la primera vez que escuchaba a Jang quejarse de ese dolor.
—Al club es adónde deberías llevarme, le prometí a mis amigas que pasaría el día con ellas.
—Está bien, iremos —dijo James con desgano. Estaba cansado de tener que lidiar con viejitas que no perdían ninguna oportunidad de toquetearlo, pero su abuela era feliz presumiendo a su exitoso y apuesto nieto.
—Y tú, niña, sal inmediatamente de ahí. Vamos a desayunar.
Destiny obedeció sin rechistar, cubriéndose con los brazos. Jang dejó la radio en manos de James y se dispuso a tomar una toalla para ofrecérsela a Destiny.
—Y cuando digo, vamos, me refiero a ti y a mí. James tomará el desayuno en su habitación.
—Abuela…
—¿Qué? Solo vamos a conversar un poco, sabes que detesto convivir con desconocidos —relajó Jang, tomando a Destiny del brazo.
Destiny le dio un gesto de consuelo a James. Era mejor aclarar su situación de una vez por todas.
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