4.

James se deslizó fuera de su cama todavía sintiéndose violentado. Se frotó el rostro con una mano recordando a la que denominó como la noche más alocada de su vida. De todos los juegos existentes, las amigas de su abuela tuvieron que escoger el Rummy, una cosa absurda y casi desconocida por él.

 Las ancianas se aprovecharon de que James era casi la única presencia masculina del lugar y le retaron a quitarse una prenda de ropa cada vez que perdía una partida. ¡Su abuela lo había visto prácticamente desnudo! Se puso de pie aún sintiendo escalofríos.

Escondió un viejo oso de peluche rosa con un listón blanco alrededor del cuello en su mesita de noche. Todavía seguía aferrándose a la única cosa que su ex novia había dejado atrás después de abandonarlo, al principio guardaba su aroma pero con el paso del tiempo se desvaneció. Estaba tan loco y desesperado que mantenía conversaciones con ese muñeco e incluso le había apodado Chispita. Así se sentía un poco cerca de April.

April Scott había sido su novia de toda la vida, James no recordaba haberle sido infiel en sus trece años de relación, iban a casarse, James soñaba con formar un hogar con ella hasta que la descubrió un día revolcándose con su representante después de una obra de teatro a la que él dijo que no asistiría porque tenía mucho trabajo. Cuál iluso quiso darle una sorpresa, apareciendo después de su negativa, pero el verdadero sorprendido fue solamente James.

April no había sido la única decepción en su vida. Su infancia fue una época que lo marcó durante el resto de sus días, pues él tenía un apellido importante, creció rodeado de lujos, de atenciones por parte de los sirvientes; sus padres no obstante, nunca estuvieron cuando los necesitó.

Los conoció por sus renombres, Helena Miller, exitosa diseñadora; David Miller, el empresario del siglo. James los veía más en televisión o en portadas de revistas que en su propia casa.

Ahora, Helena no era ni la sombra de la mujer altiva que James recordaba, su carrera como diseñadora se había ido a pique con la muerte de su esposo. Entonces, eso le hizo suponer a James, que Helena realmente amaba a David. Su madre se paseaba deprimida por toda la casa, en pantalones desgastados y camisetas deportivas que una vez le habían pertenecido a su padre. Él no sabía qué hacer o cómo consolarla porque sencillamente, no la conocía.

Sin embargo, el renombre de la familia Miller era gracias a su abuelo, quien durante su juventud se ganaba la vida en un autocine y un día como por arte de magia, se ganó la lotería.

James se divertía mucho escuchando esa historia de los labios de su abuela, Jang. En aquellos tiempos ella vendía cigarros en el cabaret donde la conoció su abuelo, según Jang, había sido amor a primera vista. James creía en el amor, sólo que ese asunto no era para él. A excepción de Jang, nadie lo había amado realmente y dudaba mucho que en el futuro conociera a una mujer sólo para él.

Salió a los jardines a desayunar con Jang, como lo hacía todas las mañanas, si despertaba en su casa, por supuesto. Sus dos mascotas, Choco y Late, le recibieron con estruendosos ladridos, meneando el pequeño rabo que no tenían. Eran dos magníficos ejemplares de Cocker Spaniel inglés, James los había comprado al llegar a la ciudad, ellos le ayudaron a superar su depresión. Pensándolo bien, su abuela y los perros eran los únicos que lo amaban.

Le dio una galleta a cada uno para que lo dejasen en paz, y una vez hubieron satisfecho sus necesidades de mimos, corrieron a echarse a los pies de Jang. James procedió a sentarse en la silla metálica con respaldo de rejilla, y robó un bollo de la canasta de pan.

—¿No vas a la oficina? —preguntó Jang, mirando los pantalones caqui y la camiseta azul informal de su nieto.

—No, me tomaré el día —contestó James, sirviéndose zumo de naranja.

—Sabes, querido, mis amigas se marcharon muy contentas el día de ayer.

—Me imagino —comentó él, sus intensas horas de gimnasio surtieron efecto con las ancianas.

—Nyla dice que quiere presentarte a su nieta —bebió un sorbo de café, permitiéndole observar a James sus largas uñas pintadas de rojo—. Pienso que es hora de que comiences una relación seria, o que por lo menos dejes de darle noticias qué vender a los medios. Ahora RooTech Corporation, es más famosa por su alocado heredero que por ser los líderes en tecnología.

 James esbozó una mueca, azorado.

—No, abuela. No pienso darte gusto en eso, y ni siquiera sueñes en presentarme a las nietas de tus amigas, no quiero formar enemistades entre familias por romperles el corazón.

Jang posó su mano blanca y arrugada en el antebrazo de James, desplegando el encanto de esos ojos azules que conquistaron a su abuelo.

—Una semana, James. Sarah está de vacaciones nada más, tú podrías entretenerla.

James apartó el brazo, tomando la mano de Jang.

—He dicho que no —sentenció.

Jang arrugó su gesto con disgusto.

—Estoy cansada de despertar todos los días mirando fotografías tuyas saliendo de hoteles con mujeres qué sabrá Dios dónde las consigues —le regañó, colocando una carpeta sobre la mesa—. Mira la cantidad de noticias que he tenido que bloquear de los medios en los últimos meses.

James se encogió de hombros. Todos sabían que durante las horas de oficina él se comportaba a la altura, nadie podía quejarse de su trabajo y por ningún motivo permitiría que las acciones de su empresa se vieran afectadas por su vida personal. Para eso servía el dinero y el poder. Ellos no serían ni la primera ni la última familia que ocultaba noticias sobre sus herederos.

—Nunca me diste esta clase de disgustos —se quejó Jang, dramáticamente—. ¿Por qué me obligas a lidiar con este tipo de situaciones mientras aún estoy de luto por mi único hijo?

James gruñó en respuesta. ¿No le parecía suficiente la traición de su prometida, la muerte de un padre ausente, el luto de una mujer desconocida que decía ser su madre y el peso de todo un conglomerado sobre sus hombros?

Jang se puso de pie, mirándole retadoramente.

—Necesitas ayuda. No permitiré que tomes el mismo camino de tus padres —sentenció—. Si no corriges tu comportamiento para la próxima semana, me veré obligada a convocar una junta de accionistas para destituirte de tu cargo.

James desconoció por completo a su abuela. No recordaba haberla visto con un semblante así de crítico en el pasado. Ella por lo general era bastante liberal. Pero al parecer todo mundo tenía un límite. Tanto ella como él, habían tocado fondo en ese asunto.

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Dara20_

Dara20_

Ser capaz de transmitir emociones a través de las palabras es un talento y tú lo tienes. ¡Sigue escribiendo más! 😍

2024-02-23

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