Alguien entró a la Floristería Celeste, pero Destiny lo ignoró completamente, total era hora de almuerzo y ella sólo estaba de visita.
—Hola, linda —saludó un hombre retirándose el móvil de la oreja—. Busco el arreglo que encargó Gloria.
Megan se estremeció.
—Es éste —farfulló, reconociendo al hombre salido de una portada de revista. Se mordió el labio cuando él hizo una mueca de desagrado al leer la tarjeta del adorno, la arrugó y se la metió al bolsillo del pantalón.
—Cámbiala por una de feliz cumpleaños, ¿se puede?
—Por supuesto que sí.
Destiny quien había escuchado esa voz en el salón VIP del Club de solteros todos los miércoles por la noche, se animó a levantar la cabeza. Ahí estaba, el diablo encarnado.
—¡Qué sí! Con un demonio, no lo he olvidado, voy para allá —masculló al teléfono James Miller.
Destiny apoyó los codos en la mesa, acunándose el rostro entre las manos.
—¿Se le olvidó el cumpleaños de su novia? —preguntó con sorna.
James se despegó el móvil de la oreja, dirigiendo su mirada a la esquina del mostrador. Entrecerró los ojos, calculando la cantidad de pecas encima de la naricilla respingada de la chica castaña con mejillas redondas y ojos verdes. Llevaba puesto un uniforme rosa chillón y un collar de perlas blancas falsas alrededor de su cuello. Se acordaba de ella. Le pareció una pequeña elfina la primera vez que la vio en el Club de solteros, ella le había persuadido de reemplazar su membresía Golden por una Platinum.
—Si tú fueses mi novia, seguro se me olvidaría —respondió sonriendo.
Destiny frunció el entrecejo, provocando que su naricilla se respingara todavía más.
—Si yo fuese su novia, ya lo habría castrado.
James se echó a reír.
—Créeme que eso sería lo último que querrías hacer —espetó perdiéndole el respeto. Ella había comenzado con las bromas pesadas, de todos modos.
Megan empujó el arreglo hacia adelante.
—Está listo, señor —indicó, lanzándole a Destiny la misma mirada enfurecida que ocupaba para regañar a Anel cuando se excedía con sus travesuras.
James colocó dos billetes sobre la mesa, tomando el arreglo. Se acercó a Destiny, y le extendió otro billete.
—Cómprate algo que cubra esas pecas —le guiñó un ojo y se marchó.
Destiny esperó a que la puerta de cristal se cerrara para arrojarle el billete a la espalda. Megan levantó el tablón del mostrador y salió corriendo a recogerlo.
—¿Estás loca? Las propinas me son muy útiles en estos días. Anel enfermó de nuevo —explicó refiriéndose a su hija de dos años—. Además, cómo puedes enojarte con ese bombón, está más bueno que el actor porno de la película que Tessa me obligó a mirar ayer.
Destiny se recogió el cabello en una coleta, esbozando una mueca de repugnancia.
—Creí que ya no veías esas asquerosidades con tu hermana —golpeó suavemente el mostrador con el puño—. Me arrepiento de haber admitido la membresía de ese tipo, tengo que aguantármelo una vez a la semana.
—Pues yo —dijo Megan volteando rótulo de abierto a cerrado—, estoy contenta de haberlo visto. Siempre me había preguntado cómo era en persona y ahora que lo sé, pienso inscribirme en el Club para ver si puedo cazarlo a él, o a otro tipo rico de los que frecuentan ese lugar.
Destiny escrutó con la mirada el cuerpo de Megan, pelirroja, alta y con cuello de garza. Busto generoso y caderas anchas. El tipo de mujer ideal para James Miller. Aunque él las prefería sin ningún tipo de compromiso y con un amplio vocabulario sucio. Sacudió su cabeza, gracias a los cielos, Ian era un hombre decente.
—No puedo creer que seas de esas tipas que sólo aspiran a tener una noche con él —gruñó Destiny rodeando el mostrador—. A mí me repugna.
Megan rió, pasándole un brazo por los hombros.
—Sólo era una broma, Des. Anel es lo único que me importa en estos momentos —cerró la floristería y se encaminó a tomar el almuerzo con Destiny—. Lo dije por molestar, siempre vienes a quejarte de su conquista rubia de los miércoles, y te molesta ver los arreglos tan bonitos con mensajes poco obscenos que le envía a sus amantes. Me cuentas más cosas sobre él que de Ian.
Destiny hizo un mohín empujando la puerta giratoria del Woo's Dinner, un lugar bastante popular en la calle Woo, famosa por estar abarrotada de Clubes nocturnos y otros sitios de perdición. Destiny pensó en un principio que un restaurante familiar como ese, no sobreviviría en esa zona, pero era agradable tener un lugar decente en el barrio. Además, si no tenía ánimos de cocinar en la noche, simplemente salía de su casita, cruzaba la calle y encontraba una cena segura.
La propietaria, Jennifer Pears, la saludó desde la barra, evadiendo a dos tipos con pinta de camioneros que almorzaban en ese lugar. Destiny escogió una mesa lejos de los juegos infantiles y de las extravagantes mesas triangulares con asientos de dudosa seguridad, acabando por recluirse en una butaca junto al escaparate.
—Yo no tengo la culpa que en las revistas y programas de televisión se hable de él —replicó Destiny continuando con la conversación—. Yo sólo cumplo con mi deber de actualizarte en noticias, porque tú únicamente estás al tanto de las aventuras de Mickey Mouse.
Megan chasqueó la lengua, cogiendo el menú que les ofrecía la mesera. Una vez la chica se retiró, Destiny se limitó a sacar un libro de su bolso y se dispuso a leer. Megan puso los ojos en blanco, no entendía la afición de Destiny por la lectura.
—¿Qué haces? —protestó, bajando el libro con el pulgar en aras de que esos ojos verdes apuntaran hacia ella.
Destiny remilgó.
—¡Megan! Es el libro de moda, además la autora es amiga mía y le prometí ir a la firma de autógrafos que habrá mañana en el centro comercial y apenas he llegado a la mitad.
Megan arqueó las cejas.
—¿Es aburrido?
—No —Destiny suspiró, metiendo el libro en su bolso—. Lo que sucede es que Ian absorbe mi tiempo libre por las noches.
—Ah, quién te mirara con esa carita de mojigata —se inclinó sobre la mesa para darle un empujón.
—No alucines. Ian y yo, sólo hablamos.
—¿Cosas sucias?
—No, de nuestro futuro.
Megan se carcajeó del azoramiento de su amiga.
—Ahora comprendo por qué hablas tanto de James Miller, envidias su vida sexual.
Destiny golpeó la mesa, asustando a la camarera que colocaba los platos.
—Por supuesto que no. Ni siquiera me gusta el tipo. Yo sólo tengo ojos para Ian.
Megan se hizo una imagen mental de Ian. Era guapo, pero tampoco para arrojarle las bragas como a James. Tenía un trabajo más o menos bien pagado, pero siendo guardaespaldas de un banquero jubilado que había decidido despilfarrar los últimos años de su vida echando canas al aire, pasaba mucho tiempo fuera de la ciudad.
—¿Y ya pensaste en el tema para la fiesta del miércoles?
—Claro, será noche de elfos.
Megan la miró, perpleja.
—¿Qué? No creo que tus clientes quieran ponerse orejas puntiagudas.
Destiny se metió un trozo de brócoli a la boca, y la apuntó con el tenedor.
—Te equivocas, querida. Lo he hablado con ellos en el grupo de chat y todos están emocionados con la idea.
—¿James Miller también?
—Él pertenece al salón VIP, Sophia es la encargada de sus eventos. Yo estoy con los miembros Golden.
—Qué lastima, ya no apreciarás su paquete con mallas ajustadas.
A Destiny, le dio indigestión.
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Updated 78 Episodes
Comments
Ruby Baquero de Sánchez
es un poco complicada la novela.
2024-08-02
0
Yuranzi Vasquez
sinceramente no entiendo no logro entender esta novela
2024-07-17
1