Esteban el hermano de lysandra, luego de mucho reflexionar, decidió llevar la carta al rey para que la leyera en su presencia. Mientras se acercaba al palacio, se topó con el príncipe. Inmediatamente, le expresó su inquietud y le entregó la carta, sin tener ni idea de su contenido. El príncipe, preocupado por la situación, lo acompañó hasta el rey.
El ingreso de Esteban y el príncipe al palacio sorprendió al rey. Esteban explicó la situación y pidió al rey que leyera la carta en voz alta para que todos estuvieran al tanto. Con manos temblorosas, el rey desdobló la carta y comenzó a leer.
"Querido rey, faltan 10 días para el enfrentamiento de Esteban contra nuestro guerrero. Si cambiamos las condiciones, él ya no será un esclavo sino un guerrero..."
Las palabras de la carta afectaron a Esteban profundamente. Su piel se erizó y una furia incontrolable se apoderó de él. El príncipe, notando su alteración, intentó calmarlo con palabras de aliento. Mientras tanto, el rey, con serenidad, confirmó las palabras del príncipe y decidió que no respondería a la carta. En su lugar, animó a Esteban a seguir luchando, resaltando que el destino del reino descansaba en sus manos.
El rey, observando la determinación en los ojos de Esteban, responde a la carta con una actitud serena y decidida. Escribiendo con mano firme, expresa: "Mis amados reyes de esta gran nación, me sorprende la seriedad de este asunto y las decisiones que han tomado. Sin embargo, no dudo de las capacidades de Esteban. Muchas gracias por su aclaración. Les envío un abrazo sincero."
Esteban, decidido a llevar la carta personalmente, le asegura al rey que se encargará de ello. A pesar de las preocupaciones del príncipe, Esteban confía en que no le harán daño. El príncipe, aún con dudas, acepta y promete preparar a sus hombres por si acaso. Esteban, ya con su determinación sellada, se retira a descansar para estar listo para el viaje al otro reino al día siguiente, sabiendo que este se encuentra a seis horas de distancia a caballo.
Amanece y Esteban, preparando su bolsa y su espada, se despide de su madre. Ella le ruega que se cuide y le promete que estará orando para que Dios lo proteja de cualquier mal. Esteban, con un beso en la frente, le agradece a su madre: "Gracias por cuidarme, y gracias a Dios porque me guarda. Esto será una misión difícil, pero con la ayuda de Dios, volveré a salvo. Y cuando regrese, prepárame una gran cena para celebrar que tu hijo ha vuelto bien". Con lágrimas en los ojos, la madre se despide y Esteban monta su caballo, partiendo en su misión.
Dalila, ajena a la partida de Esteban, pregunta por él al rey. Este, intentando calmarla, le cuenta la situación y Dalila se derrumba en lágrimas. El rey trata de tranquilizarla, asegurándole que Esteban es valiente y no permitirá que le hagan daño. Dalila, entre sollozos, le dice al rey que si le pasa algo a Esteban, ella se desmoronará. El rey intenta reconfortarla, asegurándole que nada malo sucederá.
Mientras tanto, el rey prepara a sus hombres por si se presenta alguna eventualidad.
Esteban, durante el trayecto, decide detenerse en los ríos para que su caballo descanse y para tomar algo de comida. Justo cuando está a punto de llegar, ve al guerrero con el que peleará, entrenando vigorosamente. Queda asombrado por la fuerza y rapidez del guerrero, y le grita: "¡Ah, así que tú eres con quien pelearé!".
El guerrero lo mira detenidamente, se quita los guantes y le responde: "Es un honor para mí conocerte. He oído que eres muy bueno y ágil, así que he entrenado muy duro para ganarte". Esteban, sorprendido por la seguridad del guerrero, le asegura: "Eso lo veremos en la pelea, pero te aseguro que daré lo mejor de mí".
El guerrero se ríe y le dice: "De eso estoy seguro también, pero no la tendrás fácil". Sacando su espada y apuntándola hacia el rostro de Esteban, este lo mira fijamente sin moverse. El guerrero, sorprendido por su firmeza, guarda la espada y le tiende la mano. Curioso, le pregunta qué hace por allí.
Esteban responde que viene a entregar una carta a los reyes de parte del rey. El guerrero lo guía hacia el castillo, donde los reyes están reunidos, esperando la respuesta del rey.
Esteban entra en los aposentos de los reyes, quienes se sorprenden al verlo llegar con la carta. Saluda con respeto y les dice: "Es un honor conocerlos". Los reyes, sorprendidos por su pronta recuperación, le comentan sobre su velocidad para sanar. Esteban responde con una sonrisa: "Es porque mi amada ha sido mi mejor medicina".
Los reyes, intrigados, quieren saber quién es esa amada, pero deciden dejar esa pregunta para después. En su lugar, deciden abordar el tema principal y leer la carta. Mientras los reyes la leen, Esteban los observa atentamente y, al terminar, les dice con determinación: "En algo estamos de acuerdo, el rey y yo: daré todo por ese reino. Se los aseguro".
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