"La Prueba de la Sinceridad"

El hombre, sometido a un intenso interrogatorio por parte de Lysandra y su madre, se encontró acorralado por sus propias palabras. En medio de la tensión, Lysandra, con determinación en su mirada, encaró al hombre "¿Por qué el príncipe te envió y con qué propósito?" preguntó Lysandra con firmeza, su voz resonando en la quietud de la noche.

El hombre, visiblemente nervioso, miró a Lysandra y confesó porque el príncipe lo mandó: "Fue la belleza y valentía lo que me llevó a seguir sus órdenes. No me importa tu situación económica, deseo ayudarte a seguir adelante, pero no puedo revelar esto al rey".

La madre de Lysandra, incrédula ante las palabras del hombre, creyó que era una artimaña para escapar del aprieto en el que se encontraba. Pero el hombre, con sinceridad en sus ojos, reafirmó su declaración. "Lo que digo es la verdad. Puedo demostrarlo si me lo permiten", respondió el hombre, con un atisbo de esperanza.

Lysandra, con un destello de astucia en su mirada, decidió poner a prueba las palabras del hombre. "Ve donde está el príncipe y  que se preséntate delante de nosotras con un presente.

El hombre, consciente del desafío y decidido a demostrar su lealtad a Lysandra, asintió con seriedad. Con paso rápido pero decidido, partió hacia el castillo, llevando consigo una determinación férrea de demostrar la autenticidad de sus intenciones.

Mientras el hombre se alejaba en la oscuridad de la noche, la madre de Lysandra y ella misma intercambiaron miradas, aún incrédulas por lo que habían escuchado. La posibilidad de un aliado inesperado, capaz de desafiar al rey por el bienestar de Lysandra, les sorprendió profundamente.

Las estrellas brillaban en el cielo, acompañando el silencio de la noche. Lysandra, llena de incertidumbre y esperanza, aguardaba el regreso del hombre, ansiosa por saber si sus palabras eran verdaderas o solo un espejismo en la oscuridad.

La noche transcurrió lentamente en el pequeño hogar en los límites del reino de Arvandon. La madre de Lysandra, con la sabiduría de los años, observaba a su hija con una mezcla de preocupación y curiosidad. La joven, con la mente inquieta y el corazón lleno de incertidumbre, aguardaba el retorno del hombre enviado por el príncipe.

Cada segundo parecía una eternidad mientras Lysandra se sumergía en pensamientos sobre las palabras del hombre. Su mente se debatía entre la posibilidad de un aliado inesperado y la cautela ante la inusual oferta de ayuda que había recibido.

Finalmente, una figura oscura se recortó contra el resplandor de la luna. El hombre regresaba con el príncipe, con paso firme y un aura de determinación que desafiaba las sombras. Al aproximarse a la casa, llevaba en sus manos un pequeño cofre adornado con detalles delicados.

Lysandra se puso en pie, con la mirada expectante y el corazón latiendo con fuerza. La madre observaba con cautela, evaluando cada gesto del hombre que ahora se encontraba frente a ellas.

El principe, con una reverencia respetuosa, presentó el cofre ante Lysandra. "Aquí está el presente que el príncipe envía como muestra de su sinceridad", anunció, su tono cargado de seriedad.

Con gestos precisos, Lysandra abrió el cofre y descubrió un delicado broche incrustado con piedras preciosas. Era una pieza de belleza exquisita, que destellaba bajo la luz de la luna "Ahora, como me pediste, repito las palabras que te dije antes. No me importa tu situación económica, deseo ayudarte a seguir adelante, pero no puedo revelar esto al rey porque el te rechazó, debemos mantenerlo en secreto por le momento", reafirmó el príncipe, su voz resonando en la quietud de la noche La madre de Lysandra, aún incrédula, observaba la escena con ojos escrutadores. Sin embargo, la convicción y la sinceridad en las palabras y gestos del hombre comenzaban a disipar sus dudas.

Lysandra, con una mezcla de sorpresa y cautela, contempló el broche en sus manos y luego al hombre que había regresado a cumplir su desafío. "Si estas palabras son ciertas, ve al príncipe.

Preséntate delante de nosotras con este regalo y repite exactamente lo mismo que me dijiste a mí", declaró con determinación.

El hombre asintió, comprendiendo la prueba que se le presentaba. Con la promesa en sus labios y el broche en sus manos, se encaminó hacia el castillo, llevando consigo el deseo ardiente de demostrar su lealtad y sinceridad a Lysandra.

La noche se desvaneció en el horizonte, dejando a Lysandra y su madre inmersas en un silencio cargado de expectativa. La joven aguardaba con ansias el desenlace de este inesperado giro en su destino, mientras la madre observaba con una mezcla de preocupación y esperanza.

El amanecer llegó con los primeros rayos dorados, iluminando el paisaje y llevando consigo la promesa de un nuevo día, cargado de incertidumbre y posibilidad para Lysandra y el misterioso hombre que había irrumpido en su vida.

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