El príncipe, consciente de la crítica situación, había estado orquestando meticulosamente una estrategia para el rescate del hermano de Lysandra. Tras haber conseguido información crucial de un secuestrador ebrio, movilizó rápidamente a 200 hombres armados hacia el lugar donde creía que se encontraba cautivo.
En el corazón del reino, Lysandra, ajena a los movimientos del príncipe y su contingente, sentía una inquietud inexplicable durante sus clases. Un presentimiento ominoso la invadió, y un temblor incontrolable recorrió su cuerpo. Ante la opresión de sus sospechas, decidió tomar aire fresco.
Mirando al cielo, con la esperanza en sus palabras, elevó una plegaria silenciosa por la seguridad de su hermano. Imploró a los dioses que lo protegieran de cualquier mal que pudiera acecharlo.
Mientras tanto, en las profundidades de la cueva, los hombres del príncipe irrumpieron en una situación tensa. Los malechores, entrenados y perfectamente organizados, se enfrentaron a la embestida de los 200 guerreros.
La oscuridad de la cueva fue testigo de una cruenta confrontación. Los ecos de la lucha resonaban en las cavernas mientras los hombres del príncipe avanzaban, desafiando los obstáculos para encontrar al cautivo.
Horas de búsqueda exhaustiva transcurrieron entre los rincones inhóspitos de la cueva. Hasta que finalmente, entre los resquicios de una roca, encontraron al hermano de Lysandra: débil, desnutrido y apenas consciente. Había sido privado de alimentos y agua, atado en la oscuridad de su encierro.
Los guerreros, con premura y cuidado, liberaron al hermano de Lysandra de sus ataduras. Lo envolvieron en mantas para resguardarlo del frío y le ofrecieron agua para aliviar su sed. A pesar de su estado debilitado, aún sostenía una chispa de vida.
Mientras el rescate se consumaba en las profundidades de la cueva, Lysandra sentía un cambio en el aire. Una sensación de alivio y tensión a la vez la embargaba. Sus pensamientos se agolpaban en torno a su hermano, esperando noticias que pudieran aliviar sus temores.
La batalla en la cueva había cesado. Los guerreros del príncipe lograron rescatar al hermano de Lysandra, aunque su estado era precario. Con una prontitud urgente, los hombres lo llevaron de vuelta al reino para brindarle atención médica y seguridad.
El príncipe, atento a cada detalle, supervisaba el retorno de los guerreros y del hermano de Lysandra. A pesar del éxito del rescate, una sombra de preocupación persistía en su rostro. La lucha por la supervivencia y el delicado equilibrio del reino aún pendían de un hilo.
Mientras los guerreros del príncipe llevaban al hermano de Lysandra de regreso al reino, los malechores supervivientes, en su desesperación, se apresuraron a informar a sus reyes sobre el fallido intento de secuestro y el rescate en marcha.
En el camino de retorno, en una emboscada planeada con premeditación, los malchores embistieron con fuerza contra los 200 guerreros y el hermano de Lysandra. Las armas chocaron en un estruendo ensordecedor mientras la batalla se desencadenaba nuevamente.
La lucha se tornó encarnizada: espadas y hachas se entrelazaban en un baile mortífero. A pesar de la valentía y habilidad de los 200 guerreros, los enemigos seguían llegando en oleadas, superando sus fuerzas. En medio del combate, el mensaje de auxilio hacia el príncipe fue despachado con premura.
Ante el incremento de la violencia, los 200 guerreros tomaron una decisión crítica: dividirse. Un grupo escoltaría al hermano de Lysandra hacia un lugar seguro donde pudiera recibir atención médica, preservando su vida a toda costa. Mientras tanto, el otro contingente se mantendría firme en la lucha, resistiendo la embestida de los atacantes.
El hermano de Lysandra, debilitado y luchando por su vida, fue conducido con premura hacia la atención médica. A pesar de los esfuerzos, su condición era grave, y las esperanzas de su recuperación eran inciertas.
La batalla, feroz y despiadada, continuaba. Los guerreros del príncipe, resistiendo tenazmente, pedían refuerzos. La tensión y la incertidumbre se intensificaban, ya que la noticia de esta confrontación podía desencadenar una furia continental.
Mientras tanto, el rey, ajeno a este desenlace, se encontraba inmerso en sus propias preocupaciones sobre la deuda del reino y los acuciantes problemas económicos. Sin saberlo, la amenaza de una posible guerra continental se gestaba a pasos agigantados, poniendo en peligro no solo la estabilidad de su reino, sino la paz en toda la región.
El príncipe, al enterarse del delicado estado de salud del hermano de Lysandra, decidió acudir personalmente para verificar su condición y buscar cualquier información adicional que pudiera ayudar.
Atravesando senderos desconocidos y acompañado por un reducido grupo de sus hombres de confianza, el príncipe se dirigió hacia el lugar donde se recuperaba el hermano de Lysandra. Al llegar, encontró al joven en un estado lamentable, frágil y con muestras evidentes de haber sido maltratado.
Con delicadeza y empatía, el príncipe se sentó a su lado, mostrando preocupación genuina. "¿Cómo estás? ¿Puedo hacer algo por ti?" fueron las palabras del príncipe, buscando aliviar el sufrimiento del hermano de Lysandra.
El hermano, débil pero aún con fuerzas para hablar, compartió con el príncipe algunos detalles que podrían ser clave para entender la compleja situación que enfrentaban. Entre susurros y con gestos entrecortados, reveló información sobre los secuestradores y las intenciones ocultas detrás de aquel violento acto.
El príncipe, atento a cada palabra, tomó nota mental de todo lo dicho, reconociendo la gravedad de la situación. Prometió al hermano de Lysandra hacer todo lo posible por resolver esta situación y llevar a los responsables ante la justicia.
Con la determinación reafirmada, el príncipe se retiró para coordinar acciones con sus hombres, preparando un plan meticuloso para rescatar al hermano de Lysandra y desenmascarar a aquellos que planeaban dañar el reino.
Mientras se alejaba del lugar, el príncipe mantenía en su mente cada palabra escuchada, comprendiendo la magnitud de la amenaza que se cernía sobre ellos. Con determinación, se dispuso a enfrentar esta oscura intriga y proteger no solo a Lysandra y su familia, sino a todo el reino de Arvandon.
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