El príncipe, consciente de la magnitud de lo que había descubierto, se dirigió con determinación hacia la sala del trono donde el rey, sumido en una mezcla de ansiedad y desesperación, aguardaba.
Al entrar, el rey intentó ocultar su inquietud tras una actitud calmada, pero sus manos temblaban levemente al servirse una copa de vino. El príncipe observó cada gesto, esperando escuchar la verdad que había permanecido oculta por tanto tiempo.
"¿Por qué, padre?" fueron las palabras del príncipe, expresando su asombro y decepción mientras se sentaba frente al rey.
El rey, con una mezcla de pesar y arrepentimiento en su voz, comenzó a relatar la historia. Explicó cómo había caído en la trampa del juego, inicialmente como una diversión que se tornó en una adicción incontrolable. El vino se deslizaba por su garganta mientras confesaba la creciente deuda, las apuestas y la apremiante situación en la que se encontraba el reino.
Con voz cargada de remordimiento, el rey describió cómo la última apuesta lo llevó a apostar el futuro de su reino, sin imaginar la trampa que los otros reyes habían preparado. La derrota fue inevitable, dejándolo en ruina financiera y comprometiendo la estabilidad de Arvandon.
El príncipe, conmocionado por la revelación, sintió la urgencia de compartir lo sucedido con el hermano de Lysandra. "Padre, ya hemos rescatado a su hijo", anunció el príncipe, viendo cómo la sorpresa se dibujaba en el rostro del rey.
El rey, incrédulo, entró en pánico al darse cuenta de que su desconocimiento sobre la situación podría desencadenar consecuencias catastróficas. "¡No sabía! ¡No sabía que habían rescatado al hermano de Lysandra!", exclamó, atormentado por la gravedad de sus errores.
El rey, afligido por la angustia, comprendió que su falta de acción había despertado la ira de los otros reyes, poniendo en peligro no solo su reino, sino la vida de muchos. "Hijo, he errado gravemente", admitió con voz quebrada.
El príncipe, consciente de la complejidad de la situación, buscó una solución. "Padre, aún podemos intentar reparar lo sucedido. Hay un camino para remediar este desastre", propuso el príncipe, determinado a encontrar una solución que evitará una confrontación inevitable con los otros reyes.
La tensión en la sala del trono era palpable mientras padre e hijo reflexionaban sobre las posibles acciones a tomar para enfrentar el caos inminente que se cernía sobre Arvandon.
El príncipe, decidido a encontrar una solución pacífica que evitara la devastación del reino, propuso al rey un plan de acción. "Padre, les diremos a los otros reyes que el hermano de Lysandra fue rescatado, pero está en un estado crítico debido al secuestro. Les pediré un mes para que se recupere completamente", propuso el príncipe.
El rey, viendo la posibilidad de ganar algo de tiempo para prepararse mejor, asintió ante la propuesta del príncipe. "Les haré saber a los otros reyes sobre la situación del hermano de Lysandra y nuestro deseo de posponer el enfrentamiento", afirmó con determinación.
Mientras tanto, los otros reyes, furiosos por el giro de los acontecimientos, convocaron a los sabios de sus reinos en busca de consejo. Los sabios, después de analizar la situación detenidamente, recomendaron una estrategia calculada. Sugirieron a los reyes aceptar la propuesta del rey de Arvandon, permitiendo así tiempo para entrenar al esclavo que pelearía en representación del rey.
Con furia contenida, los reyes accedieron a la propuesta, pero con una condición adicional. "Aceptaremos el aplazamiento y la lucha del esclavo en un mes", declararon los otros reyes con tono amenazante. "Pero si el esclavo gana, solo saldarán el 90% de la deuda. El restante 10% debe pagarse en un mes después del enfrentamiento. Si el rey de Arvandon pierde, la deuda será saldada por completo y él, junto con su familia, se convertirán en esclavos".
El rey de Arvandon, aunque consciente del riesgo, vio en esa propuesta una oportunidad. Aceptó las condiciones, sabiendo que una derrota significaría no solo la pérdida del reino, sino también la esclavitud para él y su familia. Sin embargo, el plazo de un mes otorgaba una valiosa oportunidad para prepararse adecuadamente y cambiar el curso de los acontecimientos.
Con esta situación delicada, el rey de Arvandon se enfrentaba a un mes decisivo, donde se jugaría el destino de su reino y su familia en un encuentro crucial que determinaría el futuro de todos.
El rey, sintiendo el peso abrumador de la situación, se acercó al hermano de Lysandra y al príncipe. Con cautela pero determinación en su voz, les pidió que consideraran la propuesta de los otros reyes. El hermano de Lysandra, aún débil por las secuelas del secuestro, expresó su preocupación. "¿Cómo puedo pelear en mi estado actual?", preguntó con voz entrecortada.
El príncipe, con un brillo de determinación en los ojos, respondió: "Tienes un mes para prepararte. ¿Sabías que él...", señaló al hermano de Lysandra, "...se estaba entrenando para ser uno de los guerreros del reino antes del secuestro?"
El rey, sorprendido por la revelación, miró al hermano de Lysandra y asintió lentamente. "Pondré todo lo necesario para que te recuperes y vuelvas a estar en forma dentro de este mes. Debes estar listo para la pelea", declaró el rey.
El hermano de Lysandra, sorprendido pero motivado por el desafío, aceptó la oferta del rey. Sin embargo, antes de asentir completamente, se dirigió al príncipe con seriedad. "Si algo me sucede en esa pelea, si no cumples tu palabra de cuidar y amar a mi hermana, vendré desde el mismo infierno para llevarte conmigo. Pero si gano, me casaré con una de las hijas del rey".
El príncipe, conmovido por la determinación del hermano de Lysandra y con la promesa en su corazón, afirmó con solemnidad: "Te prometo que cuidaré de ella y la amaré con todo lo que soy, incluso si me cuesta la vida".
Con esta decisión tomada, el hermano de Lysandra se dispuso a enfrentar un mes de entrenamiento intenso, una carrera contra el tiempo para recuperar su fuerza y habilidades. Mientras tanto, el rey y el príncipe se preparaban para lo que sería el evento más crucial en la historia del reino. El destino del reino y las vidas de todos se verían alterados en el resultado de esa pelea.
El rey asintió solemnemente, observando al hermano de Lysandra con una mezcla de respeto y gratitud. Su propuesta había llegado de una manera inesperada, pero en aquel momento parecía la única salida posible para el reino.
"Estoy sorprendido por tu valentía", comenzó el rey, sus palabras resonando con una mezcla de admiración y gratitud. "Acepto tu propuesta. Te concederé el honor de casarte con mi hija más hermosa. Además, te proporcionaré todos los recursos para que puedas estudiar y tener un papel destacado en nuestro reino."
Los ojos del hermano de Lysandra se iluminaron con una chispa renovada de esperanza. Aquella oferta no solo le ofrecía la posibilidad de un nuevo comienzo, sino también la oportunidad de marcar la diferencia en un lugar que necesitaba desesperadamente un cambio.
"Aprecio mucho su generosidad, su majestad", respondió con humildad. "Asumiré este compromiso con todo el honor y el respeto hacia usted y su reino. Haré todo lo que esté a mi alcance para aprender, para ser un miembro valioso de esta tierra y para cuidar de su hija con amor y devoción."
El rey sonrió, reconociendo la determinación en las palabras del joven. "Tienes mi apoyo, y a partir de ahora, trabajaremos juntos para construir un futuro mejor."
El hermano de Lysandra se sintió abrumado por la oportunidad que se le presentaba. Era un nuevo capítulo en su vida, uno que nunca imaginó que podría tener. Se despidió del rey con gratitud y se dirigió hacia donde estaban el príncipe y Lysandra, ansioso por compartir las noticias que cambiarían sus vidas para siempre.
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