Un Encuentro Inolvidable

El tiempo se deslizaba suavemente para Esteban mientras se recuperaba. Cada día traía consigo una mejoría palpable. Dos semanas habían pasado desde aquel acuerdo con el rey, y Esteban se sumergía cada vez más en un entrenamiento intensivo, consciente de la trascendencia de lo que estaba en juego.

El rey, decidido a cumplir su promesa, informó a su hija Dalila sobre el compromiso con Esteban. La noticia la llenó de emoción y curiosidad. Cuando finalmente se encontró con él, la hija del rey quedó cautivada por la sorprendente belleza de Esteban. A su vez, él también se vio fascinado por la gracia y la personalidad de Dalila.

Con el pasar de los días, Dalila se convirtió en la mayor motivación de Esteban. Ella se acercaba a él durante sus entrenamientos, llevándole meriendas y palabras de aliento que se grababan en su corazón. Su relación se profundizaba, y cada día que pasaba, su conexión se volvía más fuerte.

Entre los dos, surgió un vínculo especial y cada vez más profundo. En un momento cargado de emoción y compromiso, mientras Dalila alentaba a Esteban a dar lo mejor de sí mismo, sus corazones se unieron en un beso apasionado, sellando un amor que crecía a cada instante.

Dalila anhelaba conocer a la familia de Esteban, así que con ternura y entusiasmo, le pidió que la llevara a su encuentro. A pesar de las preocupaciones de Esteban por su situación económica, Dalila no mostraba inquietud alguna, deseaba conocer más de su vida y sus orígenes. Finalmente, Esteban, lleno de alegría, aceptó llevarla a caballo a su hogar, sabiendo que sería un encuentro inolvidable.

Dalila estaba emocionada por conocer a la familia de Esteban. La madre preparó un asado de vaca en señal de bienvenida. Agradecida por la cálida recepción, Dalila decidió darle un presente a la madre. Con una sonrisa, entregó unas argollas de diamantes, pero la madre, sorprendida por el gesto, sintió que era un regalo innecesario. Se negó gentilmente, argumentando que no estaba acostumbrada a recibir obsequios tan costosos. Dalila insistió, preocupada de que su negativa pudiera entristecerla. Finalmente, la madre, entre sorprendida y presionada, aceptó las argollas.

La comida transcurrió en armonía. Comieron y bebieron mientras Dalila conversaba con la madre. De pronto, la madre le entregó un regalo a Dalila, un hermoso vestido confeccionado con piel de oveja. Le contó que tenía habilidades para coser y, emocionada, Dalila elogió su destreza en la costura. Le propuso la posibilidad de trabajar en el reino como costurera y le pidió que confeccionara su vestido de matrimonio. La madre, llena de emoción, comenzó a llorar mientras abrazaba a Dalila. En medio del abrazo, expresó cuánta bendición había sido conocerla y cómo su situación había mejorado de formas que nunca esperó. Sin embargo, les dijo que no planeaba mudarse al reino, ya que amaba su hogar y quería mejorarlo sin dejarlo.

Dalila, conmovida por la amabilidad de la madre, aceptó su decisión y la reconfortó. Le expresó lo maravillosa que era como madre y lo orgullosa que debía estar de sus hijos.

Mientras la madre y Dalila conversaban felizmente, Lysandra llegó con el príncipe después de sus estudios habituales. Después de una jornada de estudio, Lysandra y el príncipe solían dar un paseo por la ciudad. Lysandra, una mujer amable y sociable, saludaba a todos mientras caminaban, pero aún no conocía a Dalila.

Al encontrarse, las dos mujeres quedaron impresionadas por la belleza y elegancia de la otra. Comenzaron a conversar animadamente. Dalila, intrigada por los estudios de Lysandra y su elección de leyes, le preguntó sobre ello. Lysandra reveló que, antes de la muerte de su padre, le prometió sacar adelante a su familia y estudiar leyes para defender el reino, sin importar las dificultades que enfrentara. Dalila, con admiración en sus ojos, le expresó su respeto y gratitud, ya que gracias a ella conoció a su hermano Esteban. Lysandra, con una sonrisa, le dijo que debía agradecer al príncipe, ya que él fue quien la encontró y la ayudó en momentos difíciles.

Entre risas y charlas, el ambiente se llenó de celebración por los noviazgos. Sin embargo, Esteban se encontraba inquieto, sabiendo que pronto tendría que enfrentar una prueba que podría cambiar su destino.

Tras la emotiva reunión con la familia de Lysandra, Esteban llevó a Dalila de regreso al reino. En el viaje, compartieron momentos de complicidad y confidencias. Esteban, visiblemente preocupado, confesó a Dalila su inquietud ante la pelea que se avecinaba. Dalila, con palabras de aliento y confianza, destacó el progreso de Esteban, resaltando su agilidad y fuerza. Le aseguró que tenía todas las ventajas y que confiaba plenamente en su capacidad. Esteban, agradecido por su apoyo, le confesó que ella era su mayor motivación para seguir adelante.

—¿Qué haría yo sin ti? —dijo Esteban en tono jocoso, a lo que Dalila respondió con una sonrisa—. Sí, ¿qué harías sin mí? —se burló un poco, y ambos rieron antes de despedirse con un dulce beso.

Mientras Esteban avanzaba hacia su destino, un carruaje interrumpió su camino. Preparándose para defenderse, le aseguraron que venían en paz. Le entregaron una carta y le indicaron que debía llevarla al rey. Esteban, sorprendido, se debatía entre leerla o llevarla directamente al palacio.

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