Ryuji y Akio llegaron apurados a la sala de hospital, preocupados por la condición de Hinata y Takeshi. Hinata estaba allí, con lágrimas en los ojos y algunas heridas visibles en su cuerpo. Takeshi, por su parte, estaba sentado junto a ella, con el brazo enyesado y una expresión de tristeza y enojo en su rostro.
Ryuji se acercó rápidamente a Hinata, preocupado por su estado.
Ryuji: ¡Hinata, ¿estás bien?! ¿Qué sucedió?
Hinata, sollozando, intentó hablar entre lágrimas.
Hinata: Fue una trampa, Ryuji. Nos emboscaron... el tercer dedo... nos separaron...
Takeshi miraba al suelo en silencio, sumido en su propio pesar. Ryuji se volvió hacia él.
Ryuji: Takeshi, ¿cómo estás? ¿Estás herido?
Takeshi asintió con tristeza.
Takeshi: Estoy bien, Ryuji. Solo algunos golpes y el brazo enyesado. Pero... Emi... ella está en una condición grave.
Akio, preocupado, se unió a la conversación.
Akio: ¿Los médicos están atendiéndola, verdad?
Ryuji: Sí, Akio. Debemos tener fe en los médicos y en su capacidad para cuidar de ella.
Hinata levantó la mirada, tratando de controlar sus emociones.
Hinata: Ryuji, Akio, estoy tan enojada y frustrada. No pudimos protegernos a nosotros mismos, ni a Emi.
Ryuji puso una mano reconfortante en el hombro de Hinata.
Ryuji: No es tu culpa, Hinata. Todos nos enfrentamos a enemigos poderosos y trampas engañosas. Lo importante es que estemos juntos y nos apoyemos mutuamente.(escondiendo si irá y frustración)
Akio se acercó a Takeshi, mostrando su apoyo.
Akio: Takeshi, lamento que hayas resultado herido. Pero debemos mantenernos fuertes y unidos. Juntos, superaremos esto y encontraremos una manera de enfrentar a la sombra y detener sus planes.
Takeshi levantó la mirada, su expresión reflejando determinación.
Takeshi: Tienes razón, Akio. No podemos permitir que la sombra siga lastimando a las personas que nos importan. Debemos encontrar una forma de detenerlo de una vez por todas.
En ese momento, un médico se acercó a ellos con noticias sobre Emi. Su expresión era seria, lo que aumentó la tensión en la sala.
Médico: Lamento informarles que Emi está en una condición crítica. Sufrió graves heridas y estamos haciendo todo lo posible por estabilizarla.
Ryuji, Hinata, Akio y Takeshi se aferraron el uno al otro, compartiendo la preocupación y el miedo. Se dieron cuenta de que la batalla contra la sombra se estaba volviendo cada vez más peligrosa y que el tiempo se estaba agotando.
Hinata: Ryuji... antes de que ocurriera esto, nos encontramos con uno de los dedos... el tercero. Parecía amable y tranquilo, pero... nos atacó sin piedad. Takeshi intentó luchar, pero le rompieron el brazo y lo golpearon muy duro. Emi sacó su espada de madera y trató de defenderse, pero el tercer dedo la golpeó con un tubo de metal. Está muy mal herida, con fracturas y está inconsciente.
Mientras el médico daba las noticias sobre Emi, todos en la sala de hospital comenzaron a sentir una inquietante aura que parecía emanar de Ryuji. Una oscuridad y furia incomparables llenaron el ambiente, dejando a todos atemorizados.
Ryuji, con la mirada fija y una expresión desgarradora en su rostro, se volvió hacia Akio y los demás.
Ryuji: Permanezcan aquí y estén alerta. Algo está sucediendo y necesito investigarlo. No puedo quedarme aquí mientras nuestros amigos están en peligro.
Sin decir una palabra más, Ryuji se retiró de la sala, dejando a todos desconcertados y preocupados por lo que podría enfrentar en su estado de furia desenfrenada.
Hinata, con lágrimas aún en los ojos, agarró el brazo de Akio con fuerza.
Hinata: Akio, debemos confiar en Ryuji. Él sabe lo que hace y hará todo lo posible por protegernos. Pero también debemos estar preparados para cualquier eventualidad.
Akio asintió, apretando la mano de Hinata con determinación.
Akio: Tienes razón, Hinata. Confío en Ryuji, pero también debemos estar preparados para apoyarlo en lo que sea necesario. Nuestro deber es proteger a nuestros amigos y acabar con la sombra de una vez por todas.
Takeshi, a pesar de su brazo roto, se unió a ellos en su determinación.
Takeshi: Estoy de acuerdo. No podemos quedarnos de brazos cruzados mientras Ryuji enfrenta peligros solo. Debemos permanecer unidos y listos para actuar en cualquier momento.
Mientras el trío se preparaba para lo que pudiera suceder, el hospital se llenó de tensión y expectativa. Todos sabían que la batalla contra la sombra y sus dedos había llegado a un punto crítico, y ahora era el momento de tomar medidas decisivas.
Fuera de la sala, Ryuji avanzaba a través de los pasillos con una determinación feroz. Su mente estaba llena de pensamientos turbios y su corazón latía con una rabia desenfrenada. No podía permitir que sus amigos siguieran sufriendo.
Ryuji: No más. No más dolor, no más sufrimiento. Acabaré con esto de una vez por todas.
Sin decir una palabra más, Ryuji desapareció en la oscuridad del hospital, dejando a todos preguntándose qué medidas tomaría y qué peligros enfrentaría en su camino. Pero todos sabían que, a pesar del temor que sentían, confiaban en su fuerza y en su voluntad de proteger a quienes amaban.
Con la máscara cubriendo su rostro, Ryuji se adentró en la noche en busca del dedo responsable de la oscuridad que había consumido a sus seres queridos. Sus pasos eran firmes y decididos, su corazón lleno de sed de venganza.
En su investigación y en las palabras de sus amigos, Ryuji había descubierto el paradero del dedo. No iba solo a enfrentarlo, sino a hacerle pagar por todo el sufrimiento que había causado. Sus puños se apretaban con furia mientras avanzaba por las calles en busca de su objetivo.
El viento susurraba en sus oídos, llevando consigo ecos de dolor y tristeza. Pero Ryuji no se dejaría arrastrar por la desesperación. Sabía que tenía que ser fuerte y mantener la claridad en su objetivo.
Finalmente, llegó a un edificio abandonado, un lugar oscuro que parecía emanar una presencia maligna. Sin vacilar, Ryuji se adentró en él, guiado por su fuerte deceo y el instinto que lo impulsaba.
En lo profundo del edificio, encontró al dedo, parado en medio de la sala, una sonrisa retorcida en su rostro. Ryuji se detuvo, mirando fijamente al enemigo que había causado tanto sufrimiento.
Ryuji: Has arruinado la vida de mis amigos. Has sembrado el caos y la destrucción. Pero hoy, pagarás por tus acciones.
La voz de Ryuji estaba llena de una ira incontrolable, una sed de justicia que quemaba en su interior. Se quitó la máscara lentamente, revelando su rostro enrojecido por la ira.
Dedo: Oh, veo que has venido a buscarme, enmascarado. ¿Crees que puedes vencerme?
El dedo se burlaba, pero Ryuji no dejó que eso lo detuviera. Dio un paso adelante, su mirada fija en su enemigo.
Ryuji: No estoy aquí para vencerte. Estoy aquí para asegurarme de que pagues por tus actos. Has despertado un poder en mí que no conocías, y ahora lo enfrentarás.
El combate comenzó, una danza mortal entre dos enemigos. Ryuji canalizaba su ira en cada golpe, cada movimiento de artes marciales era impulsado por el deseo de venganza. Cada golpe que asestaba era una expresión de la ira acumulada en su interior.
En medio del caos del combate, Ryuji detuvo un momento su ataque, mirando fijamente al dedo.
Con cada golpe que intercambiaban, Ryuji comenzó a reconocer al dedo. A medida que la lucha continuaba, pudo ver más claramente los rasgos familiares en su rostro. Era uno de los estudiantes más populares y queridos de la escuela, pero Ryuji ahora sabía que todo eso era solo una fachada.
Ryuji: ¡Así que eres tú! Me sorprende ver tu verdadera cara, detrás de esa máscara de amabilidad y popularidad. No me contendré más.
La odio en los ojos de Ryuji se intensificó mientras redoblaba sus esfuerzos. Cada golpe y cada movimiento de artes marciales eran ahora impulsados por el conocimiento de quién era realmente su enemigo.
El dedo, desconcertado por la fuerza de Ryuji, se vio obligado a defenderse con todas sus fuerzas. El combate se volvió aún más feroz, lleno de movimientos rápidos y precisos.
Mientras continuaban luchando, Ryuji no pudo evitar recordar los momentos en los que había compartido con el dedo en el colegio. Recordó cómo todos los estudiantes lo admiraban y cómo su presencia parecía llenar de alegría los pasillos. Pero ahora, todo eso se había desvanecido en la oscuridad de su verdadera naturaleza.
Ryuji: No puedo creer que hayas estado ocultando tu verdadero rostro todo este tiempo. Pero no importa cuánto intentes esconderte, hoy te enfrentarás a las consecuencias de tus acciones.
La ira y la tristeza se mezclaron en el corazón de Ryuji, impulsándolo a luchar con aún más fuerza. Cada golpe era una expresión de su determinación de proteger a los demás de la sombra que había envuelto al dedo.
El combate llegó a un punto crítico cuando Ryuji encontró una apertura en la defensa del dedo y lanzó un golpe devastador. El impacto fue poderoso, enviando al dedo hacia atrás y dejándolo momentáneamente desorientado.
Ryuji se mantuvo en guardia, respirando agitadamente pero con los ojos llenos de resolución.
Ryuji: Esto es el final. No permitiré que sigas lastimando a las personas que amo.
El dedo se levantó lentamente, con una mirada de locura en sus ojos. .
El dedo, conocido como Kaito, miró a Ryuji con una sonrisa retorcida en su rostro maltratado.
Kaito: jaja pensé que eras más fuerte pero eres demasiado blando. Demasiado preocupado por los demás, incluso si no los conoce ¿o acaso si?Ryuji. Pero veo que finalmente has despertado tu verdadero poder. Ahora sí que podré disfrutar de una pelea digna.
Ryuji no lo podría creer
Las palabras de Kaito resonaron en los oídos de Ryuji, encendiendo una llama de ira y determinación en su interior. Ya no podía contenerse más. La batalla hasta ahora había sido una danza mortal, pero ahora Ryuji estaba decidido a mostrar su verdadero poder.
Ryuji apretó los puños y un aura intensa lo envolvió mientras avanzaba hacia Kaito. Cada golpe era impulsado por una fuerza y una velocidad inigualables. Kaito se vio obligado a defenderse con todas sus habilidades, pero estaba claro que Ryuji tenía la ventaja.
Cada impacto era brutal y despiadado. Ryuji no mostraba piedad ni misericordia. Su ira se canalizaba a través de sus puños y patadas, haciendo que cada golpe fuera más poderoso que el anterior.
Kaito intentaba defenderse, pero sus movimientos se volvían cada vez más desesperados. No podía igualar la fuerza y la ferocidad de Ryuji. Sus ataques eran bloqueados o esquivados, dejándolo vulnerable a los contraataques devastadores.
Los demás presentes,que habían llegado hace poco,observaban la pelea con asombro y preocupación. Nunca habían visto a tal pelea implacable, tan sediento de venganza. Estaban asombrados por la transformación que había experimentado.
La sala de combate se llenó de un silencio tenso, solo interrumpido por el sonido de los golpes y los gruñidos de esfuerzo. Ryuji se movía con una agilidad y una destreza asombrosas, superando todos los límites que había conocido antes.
La pelea entre Ryuji y Kaito se desarrolló en un enfrentamiento feroz y brutal. Cada golpe resonaba en la sala de combate, creando una atmósfera tensa y llena de energía. Ryuji se movía con una agilidad asombrosa, sus puños y patadas eran rápidos y precisos, mientras que Kaito luchaba por defenderse.
Ryuji se abalanzaba sobre Kaito con una ferocidad implacable. Sus puños impactaban contra el cuerpo de Kaito una y otra vez, sin descanso. Cada golpe era cargado de rabia y violencia. Kaito intentaba bloquear los ataques, pero su resistencia se debilitaba rápidamente.
El rostro de Kaito se ensangrentaba por los impactos, sus huesos crujían bajo la fuerza de los golpes de Ryuji. Sin embargo, a pesar del dolor y la desesperación, Kaito no se rendía.
Kaito: ¡Por favor, detente! ¡No puedo soportar más! ¡Te suplico que me perdones!
Pero Ryuji, envuelto en su furia y sed de venganza, no mostraba ninguna piedad. Continuaba lanzando golpe tras golpe, sin detenerse ni escuchar las súplicas de su oponente. Cada golpe dejaba a Kaito más herido y debilitado.
Los espectadores, atónitos y horrorizados por la violencia de la pelea, observaban impotentes. Los que miraban escondidos esto no podían apartar la mirada, sus rostros reflejaban una mezcla de preocupación y shock.
Ryuji, en medio de su frenesí, lanzó un último golpe devastador que hizo que Kaito cayera al suelo, inconsciente. El silencio llenó la sala mientras Ryuji se detenía, su mirada fría y desinteresada.
No buscaba la muerte de Kaito, solo quería infligirle dolor y dejar una lección que recordaría. Kaito yacía en el suelo, cubierto de moretones y heridas, en un estado de coma.
Ryuji se alejó de la escena, su respiración agitada y su cuerpo temblando. Se dio cuenta de que había cruzado una línea, que la violencia descontrolada no era la respuesta. La pelea había dejado su huella en él, recordándole la importancia de mantenerse firme en sus convicciones sin caer en la venganza ciega.
Los demás se acercaron cautelosamente a Kaito, preocupados por su estado. Reconocieron la necesidad de poner fin a la sombra de una manera más constructiva y pacífica. Aprendieron una valiosa lección sobre el equilibrio entre la fuerza y la compasión, y sobre el poder de la empatía incluso en los momentos más oscuros.
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