Ryuji caminaba por las calles de su barrio, envuelto en el aura de respeto y temor que rodeaba a su familia. Como hijo de un importante yakuza, Ryuji era conocido por su valentía y habilidades marciales. Sin embargo, a pesar de su linaje, era un joven de corazón amable y siempre dispuesto a ayudar a los demás.
Esa tarde, Ryuji decidió visitar a su nuevo amigo Akio. Akio, a diferencia de Ryuji, era un chico algo débil y siempre se encontraba en situaciones complicadas. Mientras caminaba hacia la casa de Akio, Ryuji escuchó un grito desesperado que provenía de un callejón cercano.
Intrigado, Ryuji aceleró el paso y se adentró en el callejón. Lo que vio le dejó atónito: un grupo de brabucones rodeaba a una joven, acosándola y burlándose de ella. Akio, el eterno defensor de los débiles, estaba allí, tratando de proteger a la chica, pero claramente superado en número y fuerza.
Ryuji no pudo quedarse de brazos cruzados. Se acercó lentamente al grupo, su rostro serio y sus ojos llenos de determinación. Los brabucones se dieron cuenta de su presencia y se volvieron para enfrentarlo.
Brabucon 1: ¡Eh, mira quién tenemos aquí! El mocoso de Ryuji ha decidido unirse a la fiesta.
Ryuji: Dejen de molestar a la chica y váyanse de aquí antes de que se arrepientan.
Brabucon 2: ¿Crees que nos asustas con tu nombre de Yakuza? No eres más que un niñato.
Los brabucones se abalanzaron sobre Ryuji, lanzando puñetazos y patadas. Pero Ryuji era ágil y rápido. Esquivó los ataques con destreza, moviéndose con gracia mientras evaluaba sus movimientos.
Ryuji: (mientras esquiva golpes) Pensé que habrían aprendido algo después de la última vez. Pero parece que necesitan otra lección.
Con un rápido movimiento, Ryuji lanzó un puñetazo preciso y certero, golpeando a uno de los brabucones en el estómago. El chico cayó al suelo, jadeando de dolor. Los otros brabucones, sorprendidos por la fuerza de Ryuji, retrocedieron un poco.
Brabucon 3: ¡Vamos, no podemos dejar que este chico nos humille de nuevo!
El brabucón más grande se acercó a Ryuji con una mirada desafiante. Intentó agarrarlo, pero Ryuji fue más rápido y ágil una vez más. Con una serie de movimientos rápidos y precisos, Ryuji evitó los ataques del brabucon, aprovechando cada oportunidad para golpearlo.
Ryuji: (mientras lanza un golpe en el rostro del brabucón) Esto es por acosar a la chica y por subestimarme.
El brabucon cayó al suelo, inconsciente. Los otros brabucones,, atemorizados por la paliza que Ryuji les había propinado, retrocedieron y se dispersaron rápidamente. Ryuji se giró hacia la chica, quien lo miraba con gratitud y alivio.
Chica: ¡Oh, gracias! No sé qué habría hecho sin tu ayuda.
Ryuji: No tienes que agradecer. Estaba justo en el momento adecuado. Por cierto, soy Ryuji. ¿Vamos al mismo colegio?
Chica: Sí, soy Hinata. Es un alivio saber que tenemos a alguien como tú en nuestra escuela.
Ryuji sonrió y asintió. Estaba contento de haber conocido a Hinata y de poder ayudarla en ese momento. Miró a Akio, quien se encontraba un poco adolorido pero con una sonrisa de satisfacción en su rostro.
Ryuji: Akio, llévala a casa y asegúrate de que llegue bien. Mañana tengo algo preparado para nosotros.
Akio: ¡Claro, Ryuji! Puedes contar conmigo. Gracias por salvarnos a ambos.
Ryuji asintió nuevamente, luego se giró y se alejó con paso firme y confiado. Mientras caminaba, dejó escapar una frase cargada de determinación.
Ryuji: No permitire injusticias en mi presencia. Mañana comenzaremos a hacer de nuestro colegio un lugar mejor.
Con esas palabras resonando en el aire, Ryuji se perdió en la distancia, dejando a Hinata y a Akio con la certeza de que habían encontrado un verdadero amigo y protector. Juntos, comenzarían a escribir un nuevo capítulo en su vida escolar, lleno de valentía, amistad y justicia.
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