Rouse
Me quedé dormida ahí en la calle, y Mila me despertó y me llevo a dentro otra vez, pero ya era de día, había que buscar comida y yo tenía mucha sed, así que ésta vez fui yo la que salió a buscar algo para comer.
Fui a la tienda más cercana que encontré y compré agua fresca, un par de pasteles, algunas papas rellenas de carne y coca cola para ambas, también fui a una tienda y le compré un abrigo nuevo, ya que yo había manchado con sangre el suyo, hasta que…
¿Qué? Me paro en seco, ¿¡Qué significa esto!? Me acerco para ver el poster que hay pegado a una de las paredes de la tienda, y me sorprendo al ver que es mi cara y un enorme subtítulo que dice “SE BUSCA: SE OTORGA RECOMPENSA”.
Siendo sincera, no sé si enojarme o ponerme feliz, no sé si enojarme por el descaro de Cristian al buscarme como si él no hubiera hecho nada y yo fuera un objeto perdido, o no sé si ponerme feliz porque al parecer sí le importo y está buscándome preocupado.
Suspiro profundamente ¡Ay Cristian Hassan! Debo admitir que he pensado en sacar mi lado salvaje y golpear a esa rubia zorra, pero ¿Valdría la pena? Quizás si Cristian demostrara de que le importo un poco…
Aquella noche actué por instinto y lancé todo por la borda, no importaba el casamiento, no me importaba nada de lo que había pasado, pero ahora… Cierta parte de mí extraña a Cristian, extraño verlos por las noches, su carita de niño pequeño, su sonrisa como si hubiera algo realmente gracioso cuando en realidad no hay nada que de risa.
Extraño muchas cosas de Cristian Hassan, pero es que no me puedo quitar de la cabeza la mirada de esa zorra rubia, y como él colgaba mi llamada por pasar tiempo con ella…
Decido salir de mi ensimismamiento y llegar al refugio para darle la comida a Mila y desayunar, hace tiempo que no disfrutaba un desayuno como lo hago con Mila, en cierta forma me hace sentir en casa, y sí, quizás sea cosa de locos pero la simplicidad con la que ve la vida… ¡Ojalá yo pudiera verla así!
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Después de que le entregué la comida a Mila, ella dijo que sería bueno que guardásemos un poco para más tarde, que estaba muy llena y que era mejor descansar y dije lo mismo, me sentía extremamente cansada, me sentía con mucho dolor de cabeza y también ganas de vomitar.
Yo sabía que estaba teniendo otro episodio del cáncer porque me empezaron a salir morenos en los brazos, cuando salí vi me reflejo y parezco un zombie, con la ropa y manos sucias, cabello desordenado, ojeras y además muy pálida…
Hasta que estando acostada, siento como un hilo de sangre sale por mi nariz otra vez, me toco con la mano y la veo, pero ésta sangre es un poco más roja que la anterior, y mis náuseas se aprietan en mi estómago, siento un nudo en mi garganta y no es hasta que empiezo a toser que me doy cuenta que estoy escupiendo sangre.
¡Oh, mierda! Pienso por un segundo en levantarme, pero no lo logro, así que intento con la poca fuerza que tengo sentarme, pero es inútil, no puedo, me caigo al intentarlo, así que me arrastro.
Me cuesta mucho porque intento detener el sangrado con una mano y arrastrarme con la otra, voy hacia donde está Mila porque estoy empezando a perder el conocimiento.
-Jovencita, ¡Estás toda llena de sangre! ¿¡Qué pasó!?- A estas alturas sólo puedo oírla lejos. -¡Jovencita! ¡JOVENCITA!- pero ya no siento nada, veo todo negro y mi último suspiro antes de perder el conocimiento pienso en Cristian.
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Siento mi respiración pesada, como si no pudiera respirar sola… ¿Acaso sí me morí? Tengo mucho frío y tengo una luz blanca pegada a mis párpados. Intento mover mis manos pero siento algo que me presiona a ella…
Abro los ojos lentamente, intento ver lo que hay a mi alrededor pero todo es muy confuso y borroso… miro al techo un momento, espera ¿Un techo? En el cielo no hay techo, así que aún estoy viva, por desgracia.
Cuando mi visión se estabiliza, levanto mi cara para ver alrededor, y lo primero que noto es que hay alguien conmigo, me fijo mejor y se trata de un hombre… ¿Acaso es…?
-¿Rouse? ¡Rouse! ¡Por amor a Dios! Por fin despiertas, Rouse…- Pero yo huyo a su tacto, para su sorpresa.
Suelto su mano y intento apartarme pero me doy cuenta de que tengo un tubo respiratorio en mi garganta ¡Mierda! Empiezo a llorar desesperada, a gemir como puedo, de repente escucho un ruido como una alarma y entran los médicos y enfermeras.
Escucho mi pulso en el aparato y entro en pánico, me esfuerzo por liberarme pero no lo consigo, y veo como Cristian se vuelve loco cuando las enfermeras lo obligan a salir para estabilizarme, siento perfectamente el frío en mi vena que me indica que me están sedando, y escucho las palabras del doctor:
-Tranquila, mi niña, todo va a estar bien, sólo tienes que descansar, sólo tienes que recuperar tus fuerzas y pronto saldrás de aquí-, y sus ojos azules es lo último que miro antes de cerrar mis ojos otra vez.
Sé que aún no he caído inconsciente porque aún escucho el ruido que están haciendo, escucho como le dicen a Cristian que hasta que yo no salga de Cuidados Intensivos no podrá verme más, porque es muy arriesgado que yo tenga otro ataque de pánico.
También escucho como el doctor le dice que harán más estudios médicos para determinar la causa del sangrado, pero que las noticias no serán muy alentadoras, él le hace varias preguntas a Cristian y él le dice que he tenido dolores de cabeza constante, sudor frío y dolor en el cuerpo, además de fiebre.
Luego solo escucho pasos… ¿Por qué simplemente no me dejan morir? ¡Déjenme reunirme con mis padres!
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Judith Arvallo
/Sob//Sob//Sob/
2025-03-13
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