Rouse
-Bueno, déjame enseñarte tu habitación-, me dice Cristian.
Y yo logro respirar otra vez, ¡Qué bueno que tendremos cuartas separados porque él tiene SIDA y pues.... Quizás suene un poco malo, pero tener sida es como un repelente de mujeres ¿A quién le gustaría contagiarse? Uf, a nadie.
-Okey-, le respondo mientras subimos las escaleras.
-Nada de Okey, aquí sí hay educación y se responde: "Sí", "De acuerdo", "Está bien" ¿Me entendiste? Sé que la educación en ese Orfanato es muy mala pero aquí te vas a comportar como una señorita- Y me mira amenazante. Pero eso no me asusta, he recibido tratos peores, así que:
-Okey.
Y él me mira con cara como si quisiera matarme, y también mira la habitación del frente.
-Te voy a decir algo claramente-, empiezo diciendo. -Yo no voy a cambiar mi personalidad por ti, por tu casa o tu familia. Me ha costado mucho forjar mi carácter para que tú de un día para otro quieras cambiarlo, ¡Así que eso no va a suceder!- Me mantengo firme.
-¿Crees eso realmente?- Me mira sonriendo.
Entonces él hace algo que yo no esperaba y termina siendo demasiado rápido para mí, me toma del brazo y me empuja hacia el cuarto, cierra la puerta con llave y me deja allí. Y yo me desespero.
-Cuando aprendas a obedecer, saldrás de allí- terminó diciendo con voz firme.
-¿Hey?- Empiezo a llamarlo, -¿Cristian? ¡Ábreme la puerta! ¿¡Qué es ésto!?- Y le doy más golpes a la puerta, pero nadie parece oírme, hasta que le doy un golpe final y me frustro.
Me lanzo en la cama con los brazos extendidos y suspiro. ¿Acaso mi vida de esposa será así? ¡Será un infierno!, hablo para mis adentros. Y algo en mí aquí encerrada se rompe y empiezo a llorar. En mi cabeza se acumulan pensamientos sobre cómo hubiera Sido mi vida si mis padres no hubieran fallecido.
¿Por qué tuviste que llevártelos, Dios? ¿Por qué tuviste que dejarme sola en este maldito mundo de mierda? Y mis lágrimas siguen cayendo por todas partes y empiezo a sollozar sin poder controlarme.
¡Y para el maldito colmo, me estoy muriendo lentamente cada día! No tengo la oportunidad si quiera de vivir o de querer ser feliz, esa esperanza se me fue arrebatada hace muchos años...
Y pasaré el resto de mis contados días con un hombre que tiene problemas psicológicos y por lo visto es un controlador y de paso tiene Sida, ¿Acaso no pudieron venderme a un hombre menos horrible?
Porque sí, no voy a negar que físicamente es muy atractivo, es más alto que yo, tiene un cuerpo bien distribuido, cabello y barba castaña perfectamente arreglada y con muchísimo dinero, ¡Pero lo que tiene de hermoso lo tiene de loco y enfermo! Pongo mis manos y estrujo mis ojos con fuerza.
Tienes que aguantar, es todo lo que le digo a mi fuero interno. Hoy es sábado mañana tampoco trabajo, supongo que podré seguir trabajando como siempre aunque viva con ésta gente.
...----------------...
Algo suena en mi habitación con un tono muy molesto, y al parecer yo me quedé dormida ¿¡En serio, Rouse!? ¿¡Dormida!?, le digo a mi fuero interno. Me despierto de golpe y me levanto, escucho que alguien me llama desde el otro lado de la puerta.
-Estoy encerrada y no tengo llaves- Es todo lo que digo.
-Señorita, Aquí le traigo la cena, el joven Hassan dijo que no se sentía muy bien- me dice la sirvienta. Este descarado, pienso.
-Pero no tengo llaves- Vuelvo a insistir.
Pero para mí sorpresa, la sirvienta pasa directamente al cuarto.
-Estaba abierta- Me dice la sirvienta, mirando a la cerradura y a mí frunciendo el ceño. -Aquí está, le traje ensalada de frutas y sándwich de pollo con un poco de Jugo de Manzana-, me dice amablemente.
-Gracias- Y yo le sonrío.
-Que descanse, señorita- Me dice para despedirse, pero después de sentirme encerrada me haría bien un poco de compañía.
-Ahm, ¿Cuál es tu nombre?- Le pregunto.
-Me llamo Clara, señorita- Me responde un poco incómoda, me supongo que no está acostumbrada a este trato.
-Bien, Clara. Siento que esta es demasiada comida para mí y me gustaría compartirla contigo- Le digo firmemente.
-Ouh no, señorita. No puedo hacer eso-, me dice apenada.
-Claro que puedes, voy a ser parte de esta casa y te pido que te quedes- termino diciendo con determinación.
-Bueno...- ella mira hacía la puerta y lo piensa un segundo, hasta que me mira. -Pero sólo será un momento- concluye.
-Eso será suficiente para mí-, le sonrío.
-Entonces, ¿Cuánto tiempo tienes trabajando aquí?- Empiezo a preguntar mientras ella se sienta a mi lado en la cama y empezamos a comer.
-Desde que la madre del joven Hassan se fue y nunca más se supo de ella- me dice.
-Cuentame sobre eso, ¿Cómo fue la infancia de Cristian desde que eso sucedió?- Y ella mira con cara cautelosa, -Clara, Cristian es mi futuro esposo, estoy en el derecho de saber sobre su vida- Y la convenzo.
-El joven Hassan en el primer año todos los días se sentaba en la puerta con la esperanza de que ella volviera, hasta que se cansó y luego lloró por meses hasta que lo superó, desde los 13 años empezó a traer mujeres a la casa y siempre se escuchaban algunos gritos- y respira.
Pero yo le tomo la mano para que siga, y ella lo hace:
-Él empezó a meterse en peleas sin sentido en la escuela y una vez fue expulsado a medio año, él señor Hassan tuvo que dar una buena suma de dinero a otro colegio para que lo aceptaran porque era mitad de año estudiantil. Luego de eso él empezó una vida desordenada de mujeres y alcohol, hasta que un día recibió la noticia que tenía...- ella duda en decirme.
-Sida, que tiene sida-, le termino.
-Sí, desde entonces él se volvió otro hombre. Se volvió más reservado, empezó a trabajar en la empresa de su padre y a tener responsabilidades, desde entonces no se le conoció ninguna otra mujer durante unos 4 años, hasta que llegó usted-, y me mira.
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