Siempre a tu lado.

Cuando se detuvo frente a la puerta de la habitación, respiro muy profundo se estaba llenando de valor, no quería derramar ni una sola lágrima al entrar ahí no tenía porque hacerlo todo estaba marchando bien, ya pronto se llevaría a su abuela a casa.

 

Pero era inevitable para él entrar, mirarla en las condiciones en las que ella estaba y no derramar ni una sola lágrima.

 

Cuando se sintió preparado, empujo la puerta y entró. Ahí estaba ella postrada en esa cama completamente inconsciente, con su cabeza vendada.

 

“No voy a llorar, no tengo porque hacerlo”

 

Pensó él mientras apretaba fuerte uno de sus puños tratando de contener el llanto al mirarla de esa manera.

 

Lentamente y viéndola con tanta ternura se acercó a ella.

 

-Aquí estoy contigo abuela, todo va a estar bien el medico dice que pronto ya podrás ir a casa-

 

Le susurro al oído con la esperanza de que ella lo estuviera escuchando, y le dio un beso en su frente.

 

Miro una silla, la tomó y se sentó junto a ella quería pasar el resto de la tarde allí sin quitarse de su lado, tenía esperanza de que ella abriera los ojos, aunque el doctor le dijo que había evolucionado aún estaba inconsciente aunque no sería solo por el golpe sino también por la cantidad de sedantes que se le había estado suministrando.

 

Tenía sus frágiles y arrugadas manos entre las suyas tratando de darle calor no dejaba de verla con tanta ternura venían miles de recuerdos a su mente.

 

“siento que todo esto es mi culpa, tú que siempre te encargaste de velar por mi seguridad me protegiste como un tesoro y yo que te expuse, estuviste al borde de la muerte y todo por mi culpa”

 

Maikol estaba siendo bastante injusto con él al  culparse de algo que claramente no había sido su culpa, sino de los Palacios. Todo eso que había sucedió era algo que se había escapado de sus manos por completo seguro estaba de que si hubiera estado ahí no hubiera permitido nunca que ninguno de esos hombres le pusiera un solo dedo encima a su abuela, pero desafortunadamente las cosas no pasaron así.

 

A su mente llegaron tantos recuerdos junto a su abuela desde el día en el que su madre partido de este mundo dejándolo bajo la protección de ella, aunque estaba pequeño podía recordar el apoyo que tuvo de su abuela desde el día uno, siempre estuvo con él en cada paso que de daba siempre ahí a su lado.

 

“Tengo tanto que agradecer, y se que con esta nueva oportunidad de vida todo será mejor para nosotros tú más que nadie eres quien merece todas las comodidades que está por venir”

 

Pensó mientras la miraba y por sus mejillas corrían lágrimas, pero esta vez eran de felicidad y darse cuenta la maravillosa mujer que tenía como abuela, fuerte, a guerreada quien a pesar de todo seguía luchando por mantenerse con vida.

 

Escuchó que del otro lado alguien abría la puerta, secó sus lágrimas y se quedó esperando a que entrara quien sea que fuera.

 

-Lamento interrumpir este momento, pero ya se acabó el tiempo de visita-

 

Era el doctor, ya Maikol debía irse.

 

-Por supuesto no se preocupe-

 

Se colocó de pie, colocó la silla en el lugar que estaba, se acercó a su abuela despidiéndose de ella con un beso en la frente y salió de la habitación.

 

Camino por los largos pasillos hasta llegar al ascensor, debía ir al estacionamiento por su auto una vez que estuvo allí oprimió el botón al abrir sus puertas subió en él marcando el nivel del estacionamiento. Al llegar abajo se abrieron las puertas, salió de ahí y camino hasta su auto.

 

Sacó de su bolsillo las llaves, abrió la puerta del auto y entró, se colocó el cinturón de seguridad y comenzó a conducir de camino a la mansión.

 

“Nuevamente tengo que regresar a ese infierno, pero se supone que los que tienen que estar afectados con eso son ellos y no yo. Así que, aunque no me guste estar ahí debo aguantarme no les daré el gusto de que me vean derrotado”

 

Era bastante tarde, la vía estaba muy oscura, él no estaba acostumbrado a conducir así que iba despacio para evitar algún tipo de accidente.

 

Después de un largo rato llegó a la mansión, llevó su auto hasta el garaje y ahora si entro, cuando lo hizo miró a Christell y a sus hijos sentado en la sala al mirarlo se pusieron de pies y cruzaron sus brazos mirándolos con odio.

 

“Aquí vamos, una vez más ahora que será lo que estará pasando ¿acaso no se cansan de molestar? Deberían terminar de entender de una buena vez por todas que no me iré de aquí así que deben soportar vivir con esa idea y dejarme en paz”

 

Pensó Maikol mientras los miraba, de la misma manera en que ellos lo hacían con él.

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