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LAS REGLAS DE GREY

LAS REGLAS DE GREY

Status: En proceso
Genre:Amor eterno / Enfermizo / Mafia
Popularitas:1.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Natalia Moreno Sajonero

Me vendieron para pagar una deuda. Damián Grey dice que ahora soy suya. Tiene tres reglas: no escapar, no mentir, no dejar que otro me toque. Rompí las tres el primer día.

NovelToon tiene autorización de Natalia Moreno Sajonero para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPITULO 7: EL CASTIGÓ

—Ves por qué te puse reglas, Anastasia. Porque cada vez que intentas irte, tengo que lastimar a alguien que amas. Y no quiero lastimarlas. Quiero lastimarte solo a ti.

Damián la llevaba cargada en brazos por el pasillo del Hospital Santa Clara. La gente los miraba. Una chica de vestido blanco de novia, descalza porque había perdido un zapato en el forcejeo, siendo cargada por un hombre de traje negro que parecía un modelo pero con cara de asesino. Parecían una pareja de película. Nadie sabía que era un secuestro.

Anastasia no pataleaba. Ya no tenía fuerza. Había firmado un contrato de matrimonio. Había visto a su madre feliz por primera vez en años creyendo una mentira. Había visto a Luna y Sofía intentando rescatarla por segunda vez y fallando otra vez por su culpa.

—Bájame —susurró—. Puedo caminar.

—No —dijo Damián—. Si te bajo, corres. Y si corres, Killian le rompe las manos a Luna. Así que te quedas aquí, conmigo.

Llegaron a la camioneta negra. Killian no estaba. Se había quedado cuidando la puerta de la habitación 304, bloqueando a Luna y Sofía. Los dos tipos de traje negro abrieron la puerta.

Damián la sentó en el asiento de atrás. Se sentó a su lado. No le soltó el brazo.

—A la mansión —le dijo al conductor.

El camino de vuelta fue en silencio. Anastasia miraba por la ventana. La ciudad de noche. Las luces. La gente normal que podía caminar por la calle sin ser propiedad de nadie.

—Tienes que castigarme, ¿verdad? —dijo ella de repente, sin mirarlo—. Por eso me llevas así. Porque intenté escaparme con Luna.

Damián la miró. Por primera vez en el día, no parecía enojado. Parecía... dolido.

—No —dijo—. No tengo que castigarte. Quiero.

—¿Cuál es la diferencia?

—Que si tengo que castigarte, lo hago porque rompiste una regla. Pero si quiero castigarte, lo hago porque me dolió que intentaras irte con ellas y no conmigo.

Anastasia lo miró, confundida. Ese hombre cambiaba de frío a vulnerable en un segundo.

—Tú me encerraste. Me obligaste a firmar. ¿Cómo quieres que no quiera irme con mis amigas?

—Porque yo te salvé —dijo él, agarrándole la cara—. Te salvé de Vonn. ¿No te acuerdas de lo que te dije en el capítulo dos? Rafael Vonn no te iba a llevar a una mansión. Te iba a llevar a un sótano. Te iba a vender. Yo te traje a mi cama. Te di mi olor. Te di mi ropa. Te pagué la operación de tu madre. Te di un collar con mi inicial. ¿Y tú todavía quieres irte con la chica de los tatuajes?

La camioneta se detuvo frente a la mansión. La mansión negra, con las luces prendidas. Parecía más grande de noche. Más cárcel.

Damián la sacó cargada otra vez. La llevó adentro. La subió por las escaleras. No la llevó a la habitación de invitados donde la había encerrado la primera noche. La llevó a otra. A su habitación. La habitación que olía a él. La que tenía la cama enorme y el tatuaje del lobo en la pared.

La tiró sobre la cama. No con violencia. Con cansancio.

—Esa es tu habitación ahora. La otra era de invitados. Esta es de mi esposa.

—Todavía no soy tu esposa. Son tres semanas.

—Eres mi esposa desde que firmaste. El papel es solo para la prensa.

Anastasia se sentó en la cama. El vestido blanco se le había subido. Tenía frío.

—Entonces, ¿cuál es mi castigo?

Damián se quitó el saco. Se quitó la corbata. Se desabotonó la camisa hasta el pecho. Se veía el tatuaje del lobo que le subía por el cuello.

—Tu castigo es que no vas a ver a tu madre por una semana. Y no vas a ver a Luna ni a Sofía por un mes.

Anastasia sintió que le clavaban algo en el pecho.

—No. No puedes hacerme eso. Mi madre acaba de salir de cirugía...

—Puedo. Y lo hago. Porque cada vez que las ves, te dan ideas de escaparte. Y cada vez que te quieres escapar, me obligas a ser el malo. Y estoy cansado de ser el malo contigo, Anastasia. Quiero ser el bueno. Pero no me dejas.

Se acercó a la cama. Se arrodilló frente a ella. Le agarró los pies descalzos. Se los masajeó.

—Tus pies están helados —susurró.

Anastasia no entendía nada. ¿La castigaba no dejándola ver a su madre y ahora le masajeaba los pies?

—Damián, por favor...

—Shh. Regla número ocho. Nueva. Cuando te castigo, no hablas. Solo escuchas.

Le puso los zapatos blancos que había perdido. Se los abrochó con cuidado.

—Tu castigo no es encerrarte. Tu castigo es que vas a dormir aquí, conmigo, todas las noches. Sin tocarte. Sin besarte. Solo dormir. Para que aprendas que mi cama no es una cárcel. Es el único lugar donde nadie te puede tocar. Ni Vonn, ni tu padre, ni siquiera Luna con sus ideas de rescate.

Anastasia lo miró. Tenía lágrimas.

—¿Y si no quiero dormir contigo?

—Entonces duermes en el suelo. Pero dentro de esta habitación. Con la puerta con llave por fuera, como la primera noche. Tú eliges. ¿Cama conmigo o suelo sola?

Era una elección cruel. Pero era una elección. La primera que le daba en tres días.

—Cama —susurró ella. Porque el suelo de la mansión era de mármol negro y helado, y tenía miedo.

Damián se levantó. Se acostó en la cama, al lado de ella, pero con espacio. No la tocó. Se quedó mirando el techo.

—Duerme, princesa Sterling. Mañana tienes que ir a probarte el vestido de novia de verdad. El blanco que tenías era solo para el hospital. El de la boda es más caro.

Anastasia se acostó, rígida, lo más lejos posible de él en esa cama enorme. Pero la cama olía a él. Y estaba caliente por él. Y por primera vez en tres días, no tenía frío.

En el hospital, Killian por fin dejó salir a Luna y Sofía de la habitación 304.

—Ya se pueden ir, Barbies. El jefe ya llegó a la casa con la princesa.

Luna lo empujó.

—Eres un maldito perro faldero de Grey.

—Sí —dijo Killian, orgulloso—. Y ladro cuando me dice que ladre. Pero hoy no muerdo. Hoy solo les doy un mensaje de Grey para ustedes.

—¿Qué mensaje?

Killian les mostró su celular. Era una foto de Anastasia, dormida en la cama de Damián, con el vestido blanco todavía puesto, acurrucada. Damián la había tomado hace cinco minutos.

—Dice el jefe que la princesa ya no necesita rescate. Que ya encontró dónde dormir.

Luna vio la foto y por segunda vez en el día quiso romper un celular contra la pared.

Pero esta vez no lo rompió. Lo guardó. Porque esa foto era prueba. Prueba de que Anastasia estaba en la cama de Grey. Y con esa prueba, iba a ir a la policía.

Sofía le agarró la mano.

—Luna, no. La policía no se mete con los Grey.

—Entonces vamos nosotras —dijo Luna, mirando la foto—. Si no la dejan salir, entramos.

*[FIN DEL CAPÍTULO 7

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Sunny
repite muchas palabras frases desespera leer así
Natalia Moreno Sajonero: gracias por tu opinión lo tendré en cuenta en los siguientes capítulos saludos
total 1 replies
Amparo Muñoz
ese man esta loco q la conquiste con cariño sonrisa y ternura asi podra naser un amor entre parejas 🥰
Natalia Moreno Sajonero: así es ☺️
total 1 replies
Amparo Muñoz
portate bien obedientd y te ira bien este trato es paea salvar a tu mami haslo por ella
Natalia Moreno Sajonero: saludos gracias por leer mi novela 👏
total 1 replies
Natalia Moreno Sajonero
espero que le den mucho amor a mi historia y la apoyen los amo gracias
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