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DIAMANTES Y BERRINCHES

DIAMANTES Y BERRINCHES

Status: En proceso
Genre:Romance / Comedia / Amor de la infancia
Popularitas:3.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Eliette Maldondo Velazquez

«Él la celaba como si fuera suya . Ella se cansó del cuento . Ahora la mafia entera hace fila... y al italiano le va a costar el imperio .»

NovelToon tiene autorización de Eliette Maldondo Velazquez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

7

Antes de que me dé un ataque de coraje, hablemos del verdadero postre de esta habitación. Les presento a Donato Barone, el papá de Tessa. Ay, Diosito de mi vida... Donato es de esos hombres que son exactamente como el buen vino: mientras más edad tienen, mejor se ponen. Y a mí, personalmente, me fascina el vino, si es que me entienden. Esa cicatriz que tiene , lejos de hacerlo ver aterrador, le sienta de una maravilla insultante. Súmenle una barba de candado perfectamente definida, canas estratégicas en las sienes, unos hombros que cargan con el peso de media Italia y ¿saben qué es lo mejor de todo? Es viudo. Y yo, , estoy completamente soltera . Así que, Donato, mi amor, si estás buscando una vocecita interna que te consienta, aquí estoy .

Pero regresando a la bomba que acaba de estallar , permítanme explicarles el trasfondo de esta tragedia griega . Nuestra adorada Tessa tiene veinticinco añitos. En el código de honor de la vieja escuela de la mafia italiana, a los veinticinco una mujer ya debería estar casada, con un par de herederos corriendo por el jardín y manejando una mansión. Pero claro, no está casada porque ALGUIEN es desesperantemente lento y nada más no se le ve para cuándo dar el maldito paso.

Y miren que don Vittorio y don Donato siempre vieron las señales. No eran ciegos. Los celos enfermizos de Luciano, su posesividad absurda, el hecho documentado de que le espantaba a absolutamente todos los pretendientes —incluyendo al pobre modelo de hace un rato—, y ese modo de sumisión absoluta que adoptaba únicamente con ella... ¡Por favor! Los viejos mafiosos siempre pensaron que terminarían siendo familia de sangre. Hasta yo lo pensé durante todos estos años. Digo, Luciano ya tiene sus treinta años bien cumplidos. Vivió cinco años , sin Tessa, pero la realidad es que Tessa no ha vivido ninguno de sus veinticinco años sin tenerlo a él como una sombra protectora. Era obvio suponer que terminarían juntos y tendrían unos hijos hermosos, con los ojos avellana de ella y el porte arrogante de él. Pero no, el señorito prefiere el autosabotaje.

—Ella aún es joven —intentó mediar Luciano, el padre de Tessa, mirando lo con una paciencia que francamente el heredero no se merecía.

—Cálmate, Luciano —le siseó Marcelo al oído, dándole un sutil empujón con el codo para que bajara las revoluciones antes de que don Vittorio sacara el arma del cajón.

—¡¿Que me calme?! —estalló Luciano, apartando a Marcelo de un manotazo—. ¡Marcelo, ¿que no escuchaste?! La quieren entregar como si fuera carne al mejor postor .

—¡Luciano! —la voz de don Vittorio tronó , haciendo que el humo de su cigarro se dispersara. El patriarca Marchesi miró a su hijo con una frialdad cortante—. Cuida tu tono. Estás hablando ante el consejo.

—No . No estoy de acuerdo con esto. No voy a permitir que la casen con cualquiera —sentenció Luciano, dando un paso al frente y plantándose como un muro frente al escritorio de los líderes.

Don Donato suspiró, recostándose en su sillón de cuero y mirando al joven con una ceja arqueada, una mezcla de diversión y cansancio reflejada en su maduro y guapo rostro.

—¿Es que acaso, muchacho, tienes alguna otra idea para el compromiso de mi pequeña? —preguntó el viudo codiciable con una calma exasperante.

¡Ay, Dios mío! El momento de la verdad. El universo entero se detuvo en ese instante. Yo estaba en la mente de Luciano gritándole con megáfono: «¡Anda, díselo! ¡Yo te apoyo, guapo! Diles a todos de una buena vez que te gusta, que te vuelve completamente loco, que sueñas con ella todas las noches y que repites su nombre entre sueños cuando crees que nadie te escucha. ¡Pídele su mano ahora mismo!».

Luciano tragó saliva. Miró a los dos patriarcas, luego miró de reojo a Tessa, que lo observaba con los ojos muy abiertos y las mejillas ligeramente sonrojadas, esperando... todos estábamos esperando. El gran heredero de la mafia abrió la boca y soltó la mayor soberana estupidez del siglo :

—Podría... podría ser monja.

...

¡No, bueno! Oficialmente retiro mi voto . Confirmo, firmo y sello: ¡es un pendejo! Tengo toda la santa razón del mundo. Tenía la oportunidad perfecta para declarar su amor en cadena nacional mafiosa, salvar a su "hada" y convertirse en el héroe de la historia, ¡¿y sale con que podría ser monja?! Es que de verdad dan ganas de meterle un bofetón con la mano abierta para ver si le reacciona el cerebro

¿Es en serio? O sea... ¿ES EN SERIO, LUCIANO MARCHESI?

Yo sentía que todo tomaría otro camino, qué tremenda decepción. Ya lo decidí, olvidemos todo el plan inicial. Que la casen con Marcelo, o con el modelo , o con cualquiera. Luciano es oficialmente muy pendejo como para mantenerle el estatus de protagonista. ¡¿Monja?! ¡¿En serio mandaste a la mujer que te vuelve loco a un convento con tal de no admitir que te la quieres comer a besos?! Es que no tengo palabras para describir el nivel de frustración colectiva .

Marcelo se llevó una mano a la cara, conteniendo un quejido de pura vergüenza ajena. Don Donato parpadeó, completamente anonadado por la respuesta, mientras que Don Vittorio soltó una risa seca y ronca, negando con la cabeza.

—Mira, muchacho —dijo don Donato, acomodándose el anillo con el sello de la familia—. Sé que como su hermano por elección...

¡Y dale con ponerle etiquetas al asunto! Por favor, dejen de llamarlo hermano que me va a dar algo. Que al menos alguien le diga a Luciano la verdad en su cara, porque el nivel de negación de este hombre ya es un problema de salud pública.

—...te preocupas por que mi pequeña quede en buenas manos —continuó Don Donato, ignorando el tic nervioso que acababa de aparecer en el ojo de Luciano al escuchar la palabra "hermano"—. Pero te aseguro que, entre todos los miembros del consejo, encontraremos al hombre perfecto para ella. Alguien que sepa valorar a nuestro ángel y que entienda el peso de nuestro apellido.

Tessa se quedó completamente callada, pero la chispa de dulzura de sus ojos se apagó un poco, reemplazada por una mirada indescifrable mientras observaba el perfil tenso y rígido de Luciano. El ambiente en el despacho se había vuelto una bomba de tiempo, y el tic-tac corría más rápido que nunca.

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Maria Garcia
me encanta su novela
Eliette Maldondo Velazquez: gracias
total 1 replies
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