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Un Amor Posesivo

Un Amor Posesivo

Status: En proceso
Genre:Yaoi / Mafia
Popularitas:763
Nilai: 5
nombre de autor: Kioko kento

un romance entre un mafioso y un femboy

NovelToon tiene autorización de Kioko kento para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

NO VOY A ABANDONARTE

Dante lo miró fijamente, con esa expresión severa que todos conocían, pero que ahora se veía quebrada por dentro. Sus manos, normalmente firmes y seguras, temblaban ligeramente a sus costados.

—Te irás mañana al amanecer —repitió, con la voz más tranquila que pudo—. He preparado todo. Un coche te llevará a una casa cerca de la costa, alejada de la ciudad, de mis enemigos, de todo lo que me rodea. Estarás seguro allí. Solo.

Adrián negó con la cabeza, dando un paso hacia él, sin miedo, sin dudarlo.

—No iré.

—Sí irás —cortó Dante, dando media vuelta, como si no soportara verlo—. No tengo tiempo para discusiones. Es lo mejor para los dos.

—Es lo mejor para ti —corrigió Adrián, firme—. Porque tú no quieres enfrentarte a lo que sientes. Prefieres alejarme y encerrarte solo en tu torre, creyendo que así lo solucionas todo.

Dante se detuvo en seco. Sus puños se cerraron con fuerza, los nudos blanqueando bajo la piel.

—¿Crees que disfruto con esto? —dijo, con una voz que apenas era un susurro, pero cargada de amargura—. Cada persona que he amado en mi vida ha terminado herida o muerta. Mi familia, mis amigos… todos aquellos que se acercaron demasiado a mí desaparecieron. No voy a permitir que te pase lo mismo. No soportaría perderte, Adrián. Es mejor que te vayas ahora, antes de que sea demasiado tarde.

—¿Y si irme es lo que me mate? —preguntó Adrián, acercándose más—. ¿Si lo que realmente me hace sentir vivo es estar aquí, contigo? No soy una pieza que puedes mover a tu antojo, Dante. Tengo voz propia. Y mi voz dice que me quedo.

Dante se giró bruscamente, con los ojos brillantes de una emoción que rara vez mostraba: miedo puro y desgarrador.

—No entiendes con quién nos enfrentamos. No sabes lo que son capaces de hacer. Si se enteran de lo que significas para mí… usarían a ti para destruirme. Y lo harían sin dudarlo ni un segundo. No puedo arriesgarte así.

—Entonces enséñame a protegerme —propuso Adrián, tomando sus manos entre las suyas—. No me encierres lejos de ti. Déjame estar a tu lado. Juntos somos más fuertes que tú solo. No tienes que cargar con todo tú solo. Ya no.

Dante lo miró a los ojos, y por primera vez en mucho tiempo, no vio miedo ni rechazo. Vio valentía. Vio amor. Y lo que más le asustó de todo: vio que Adrián no iba a rendirse con él.

—¿Quién te crees para cuidarme a mí? —murmuró, con la voz quebrada—. Nadie nunca ha podido. Todos terminan huyendo.

—Porque no eres fácil de querer, Dante —dijo Adrián con suavidad—. Pero tampoco eres imposible. Solo necesitas que alguien se quede lo suficiente para demostrarte que no todos se van. Y yo no me voy a ir. No importa lo que venga. No importa qué tan oscuro se ponga todo. Estoy aquí. Contigo. En las buenas y en las malas.

Dante cerró los ojos, y por primera vez en años, dejó caer sus barreras. Sus hombros cayeron, su respiración se volvió inestable, y soltó un sollozo ahogado que intentó reprimir con todas sus fuerzas.

—Tengo miedo —confesó, apenas audible—. Tengo tanto miedo de que te hagan daño… de que te vayas… de que me quedé solo otra vez.

Adrián lo atrajo hacia sí, abrazándolo con fuerza, sintiendo cómo el hombre más temido de la ciudad se aferraba a él como si fuera su salvación.

—Yo también tengo miedo —susurró Adrián en su oído—. Pero el miedo no significa que debamos huir. Significa que tenemos algo por lo que vale la pena luchar. Y tú eres lo más importante que tengo. No te dejaré solo en esto.

Dante abrió los ojos y lo miró, con una mezcla de incredulidad y esperanza que nunca pensó sentir.

—¿Y aun sabiendo quién soy… aun sabiendo lo que implica estar conmigo… quieres quedarte?

—Más que nada en este mundo —respondió Adrián, acariciando su mejilla—. No me envíes lejos. Solo confía en mí.

—No sé cómo hacerlo —admitió Dante, con sinceridad brutal—. He pasado toda mi vida confiando solo en mí mismo.

—Entonces aprende —dijo Adrián, sonriendo con ternura—. Tómate tu tiempo. No te voy a presionar. Pero mientras lo haces, sabes que estoy aquí. A tu lado. Para lo que sea.

Dante asintió lentamente, y por primera vez en mucho tiempo, una pequeña sonrisa, genuina y suave, apareció en sus labios.

—Lo intentaré —prometió—. Por ti. Lo intentaré.

Se abrazaron bajo la luz tenue de la lámpara del salón, sabiendo que el camino por delante no sería fácil. Que los peligros no habían desaparecido. Que su decisión los pondría en riesgo a ambos. Pero también sabían que separados eran solo la mitad de lo que podían ser juntos.

Mientras tanto, en la oscuridad de la noche, a lo lejos, entre las sombras de los árboles que rodeaban la propiedad, una figura observaba todo a través de unos binoculares. Una sonrisa fría y maliciosa se dibujó en su rostro al verlos abrazados.

—Perfecto —murmuró para sí mismo—. Ahora sé exactamente dónde golpearte, Dante Valenti. Y esta vez, no tendrás dónde esconderte.

Se alejó silenciosamente, desapareciendo entre la noche, llevando consigo el conocimiento que cambiaría todo. La guerra no era solo por poder o territorio. Ahora era personal. Y el enemigo sabía exactamente dónde estaba el corazón más vulnerable de Dante.

Dante y Adrián aún no sabían que habían sido vistos. Pero aquella noche, al decidir quedarse juntos, no solo habían elegido luchar por su amor. También habían puesto sus corazones en la línea de fuego. Y la batalla apenas estaba comenzando.

1
Brisa Romero
/Curse/
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