Monique es médica, independiente y decidida. Después de que su ex la traicionara, tomó una resolución radical: tener un hijo sola mediante inseminación artificial en una clínica de Albania. El procedimiento salió bien —o eso creyó—, hasta que un desconocido irrumpió en la sala en el peor momento posible.
Meses después, con una bebé preciosa en brazos y una vida reconstruida al lado de su familia en casa, Monique está convencida de que lo peor ya quedó atrás. Hasta que veinte hombres armados invaden el comedor durante el desayuno.
Al frente de ellos está Drilon Meksi: segundo hijo de la mafia albanesa Exilio, ejecutor implacable y —según él— el verdadero padre biológico de Estela.
Drilon no vino solo a reclamar a su hija. Vino a llevarse a las dos.
Arrancada de su mundo y encerrada en la mansión de una de las familias más temidas de Albania, Monique descubre que su única opción es aprender a sobrevivir entre mafiosos. Pero la matriarca Hana le enseñará que las batallas más importantes no se ganan con rabia, sino con inteligencia. Que el respeto pesa más que la imposición. Y que a veces los muros más gruesos no están en las fortalezas, sino dentro de las personas.
Mientras Monique lucha por proteger a Estela y recuperar su libertad, algo inesperado empieza a crecer entre ella y el hombre que juró odiar: pequeños gestos, conversaciones honestas, un padre que arrulla a su hija con una ternura que contradice todo lo que representa.
¿Puede una mujer libre enamorarse de un mafioso sin perderse a sí misma?
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capítulo 28
Dos días antes de la boda, el movimiento en la propiedad familiar comenzó desde las primeras horas de la mañana.
Una fila de autos cruzó los portones de la mansión, trayendo a las personas que Monique más anhelaba volver a ver.
En cuanto el primer vehículo se detuvo, ella salió prácticamente corriendo de la terraza. La puerta se abrió. Mónica fue la primera en bajar.
Las dos se miraron apenas un instante antes de abrazarse con fuerza.
MÓNICA— Hija mía...
MONIQUE— Mamá...
Permanecieron abrazadas durante largos segundos, emocionadas. Enseguida, Augusto bajó del auto.
AUGUSTO— Mi amor.
MONIQUE— ¡Papá!
Lo abrazó apretado.
AUGUSTO— Cuánto te extrañé.
MONIQUE— Y yo a ti.
Augusto le tomó el rostro con cariño.
AUGUSTO— Tienes un brillo diferente.
Monique sonrió.
MONIQUE— Creo que estoy feliz.
Enseguida apareció Eliot al lado de su esposa. Sofía acariciaba la barriga ya bastante notoria del embarazo de la pequeña Alison, mientras Benjamín sujetaba firme la mano de su mamá, observando la enorme casa con los ojos bien abiertos.
BENJAMÍN— ¡Mamá... esta casa es gigante!
SOFÍA— Lo es, mi amor.
ELIOT— Creo que ya le gustó el lugar.
Monique abrazó a su hermano.
MONIQUE— Cuánto los extrañé.
ELIOT— Yo también te extrañé.
Después abrazó a Sofía.
MONIQUE— ¿Cómo están?
SOFÍA— Muy bien.
MONIQUE— ¿Y Alison?
Sofía esbozó una sonrisa, pasándose la mano sobre la barriga.
SOFÍA— Está pateando bastante.
MONIQUE— Ya muestra personalidad.
Benjamín se acercó a su tía.
BENJAMÍN— ¡Tía Monique! —Ella se agachó y lo abrazó.
MONIQUE— Mi lindo.
Le revolvió el cabello, haciéndolo reír. Justo detrás apareció Leon cargando a Benicio en brazos.
A su lado caminaban Viviane e Ivy. Las dos observaban todo a su alrededor completamente encantadas.
IVY— Parece un castillo.
VIVIANE— Yo quiero vivir aquí.
LEON— Calma... acaban de llegar.
Monique abrazó a su hermano.
MONIQUE— Qué bueno verlos.
LEON— También te extrañaba.
Ella besó la frente del pequeño Benicio.
MONIQUE— Hola, Beni. Un placer conocerte.
El bebé sonrió al oír la voz de su tía. En ese momento, Drilon salió de la casa acompañado por Hana, Agim, Besnik y Altin, quienes acababan de regresar de la luna de miel. Hana abrió una sonrisa acogedora.
HANA— Sean muy bienvenidos.
MÓNICA— Gracias por recibirnos.
AGIM— Esta casa también le pertenece a la familia de Monique.
Augusto le estrechó la mano a Agim.
AUGUSTO— Agradezco la hospitalidad.
AGIM— Es un placer.
Drilon se acercó a los padres de Monique.
DRILON— Por fin nos conocemos en persona.
MÓNICA— Gracias por cuidar de nuestra hija.
DRILON— Ella y Estela son mi prioridad.
Augusto hizo un gesto afirmativo con la cabeza.
AUGUSTO— Eso nos deja tranquilos.
Mientras los adultos conversaban, Viviane observaba a Drilon con atención. Después de unos segundos, caminó decidida hasta él.
DRILON— ¿Qué tal, bonita?
Viviane se puso las manos en la cintura.
VIVIANE— Tú eres el mafioso del infierno.
El silencio se adueñó de la entrada. Leon cerró los ojos un instante.
DRILON— ¿Quién te dijo eso?
VIVIANE— Mi papá.
LEON— Vivi...
Benjamín abrió los ojos de par en par. Ivy solo observaba con curiosidad. Drilon no pudo contener la sonrisa.
DRILON— Del infierno no. —Señaló discretamente a Monique—. Yo soy el mafioso de tu tía.
Viviane se quedó pensativa. Después abrió una sonrisa.
VIVIANE— Ah... —Se encogió de hombros—. Entonces todo bien.
Todos estallaron en risas. Leon negó con la cabeza.
LEON— Creo que voy a dejar de hablar cerca de esos tres.
MÓNICA— Los niños escuchan todo.
Viviane volvió a mirar a Drilon.
VIVIANE— ¿Me cargas?
DRILON— Claro.
La levantó con facilidad. A Viviane se le iluminó el rostro de inmediato.
VIVIANE— Eres fuerte.
DRILON— Un poquito.
En ese instante, Hana apareció trayendo a Estela en brazos. En cuanto la bebé vio a su papá cargando a otra niña, su carita cambió por completo.
Hizo un puchero y después estiró los dos bracitos hacia su papá.
ESTELA— ¡Dadadá!
Empezó a refunfuñar. Drilon sonrió.
DRILON— Creo que alguien se puso celosa.
HANA— Yo también lo creo.
Estela insistía, agitando los bracitos sin quitarle los ojos de encima a su papá. Viviane se dio cuenta.
VIVIANE— Ella te quiere a ti.
DRILON— Pues sí.
Sus labios se curvaron.
VIVIANE— Entonces cárgala a ella.
Drilon rio.
DRILON— De acuerdo.
Colocó a Viviane con cuidado en el suelo. En cuanto tuvo los brazos libres, tomó a Estela. Al instante, la pequeña dejó de refunfuñar.
Le agarró la camisa con las dos manitas y apoyó la cabeza en su pecho.
DRILON— ¿Mejor?
Estela abrió una enorme sonrisa.
BENJAMÍN— No quería compartir.
IVY— Se enojó.
MONIQUE— Creo que ya sabe muy bien a quién le pertenece su papá.
Todos rieron. Ivy se acercó a la bebé.
IVY— ¿Puedo acariciarla?
MONIQUE— Puedes.
La niña le pasó la mano delicadamente por el cabello a Estela. La bebé la observó con curiosidad. Benjamín también se acercó.
BENJAMÍN— Es muy chiquita.
DRILON— Todavía solo tiene siete meses.
BENJAMÍN— Cuando crezca, ¿va a jugar con nosotros?
DRILON— Estoy seguro de que sí.
Benicio permanecía tranquilo en brazos de Leon, observándolo todo con sus ojitos atentos.
Hana contemplaba aquella escena con emoción. La casa estaba llena de vida, llena de niños, de risas. Aplaudió para llamar la atención de todos.
HANA— Quiero que se sientan completamente en su casa. —Mostró una expresión cálida—. Este hogar es de ustedes.
MÓNICA— Muchísimas gracias.
HANA— La boda será en dos días. —Observó a Monique y Drilon—. Hasta entonces, quiero que disfruten cada momento.
AGIM— Descansen.
ALTIN— Conozcan la propiedad.
BESNIK— Si necesitan cualquier cosa, solo avísennos.
SOFÍA— Muchas gracias.
AUGUSTO— Su recibimiento fue impecable.
HANA— La familia merece ser recibida con los brazos abiertos.
Monique miró a su alrededor y se le dibujó una sonrisa. Su madre ya conversaba animadamente con Hana. Augusto y Agim intercambiaban historias.
Eliot jugaba con Benjamín, mientras Viviane e Ivy contemplaban a Estela, quien permanecía acurrucada en el regazo de su papá como si aquel fuera el único lugar donde realmente quería estar.
En aquel instante, Monique se dio cuenta de que sus dos familias estaban por fin reunidas bajo el mismo techo.
Faltaban apenas dos días para su boda, y su corazón le decía que, a pesar de todo lo que habían enfrentado, aquel sería apenas el comienzo de una nueva historia para todos ellos.