Valentina no recuerda a Gael Montenegro.
Él asegura que hace tres años estuvieron enamorados… hasta que un accidente le borró aquella noche de la memoria.
Pero cuando sus recuerdos comienzan a regresar, Valentina descubre algo aterrador:
ella no fue la víctima del accidente.
Fue la única persona que sobrevivió.
Y antes de perder la memoria, dejó un mensaje para sí misma:
“No confíes en Gael. Él sabe quién me quiso matar.”
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No confíes en el
Capítulo 3
La puerta terminó de abrirse.
Valentina se quedó mirando al hombre que estaba del otro lado.
No lo conocía.
O eso creía.
Era alto, llevaba una camisa blanca empapada por la lluvia y tenía una pequeña herida sobre la ceja.
Pero sus ojos...
Sus ojos le resultaban familiares.
Demasiado familiares.
—Valentina —repitió.
Ella dio un paso hacia atrás.
—¿Quién eres?
El hombre la miró como si acabara de escuchar algo imposible.
—¿De verdad no me recuerdas?
Valentina sintió que el corazón se le aceleraba.
—No.
Gael apareció inmediatamente a su lado.
—Tú no deberías estar aquí.
El desconocido soltó una risa amarga.
—Y tú sigues haciendo lo mismo.
—Vete.
—No.
Gael se acercó.
—Te dije que te fueras.
—Y yo te dije que ella tiene derecho a saber la verdad.
Valentina miró a uno y al otro.
—¿Alguien puede explicarme qué demonios está pasando?
Ninguno respondió.
—¡¿Qué está pasando?!
El hombre finalmente la miró.
—Mi nombre es Nicolás.
Valentina esperó.
—¿Y?
Nicolás tragó saliva.
—Yo iba en el automóvil que chocó con el tuyo.
Valentina sintió que el cuerpo se le quedaba frío.
—¿Tú... estabas ahí?
—Sí.
—¿Y por qué nunca te había visto?
Nicolás miró a Gael.
—Porque él se aseguró de que no me encontraras.
Gael dio un paso adelante.
—No empieces.
—¿No empiece qué?
—No tienes derecho a venir aquí después de tres años.
Nicolás soltó una risa.
—¿Y tú sí?
Valentina sintió que la cabeza empezaba a dolerle.
—Paren.
Los dos se callaron.
—Estoy cansada de que todos sepan cosas sobre mi vida menos yo.
Nicolás bajó la mirada.
—Lo siento.
—No quiero que lo sientas. Quiero respuestas.
Él respiró profundamente.
—La noche del accidente, tú no ibas sola.
Valentina miró a Gael.
—¿Con quién iba?
Nicolás no contestó.
Y entonces ocurrió.
Un destello.
Una carretera mojada.
El sonido de los limpiaparabrisas.
Gael sentado junto a ella.
Su mano agarrando la suya.
—No tengas miedo —decía.
Otro destello.
Una luz blanca acercándose.
Un automóvil.
Un grito.
Y una voz.
Una voz femenina.
—¡Valentina!
Ella se llevó las manos a la cabeza.
—¡Ah!
Gael la sostuvo antes de que cayera.
—Vale.
—No me toques.
Él la soltó inmediatamente.
Valentina respiraba rápido.
—Lo vi.
Gael palideció.
—¿Qué viste?
—El auto.
—¿Qué más?
Valentina lo miró.
—Tú estabas conmigo.
Gael asintió lentamente.
—Sí.
—Pero había alguien más.
Silencio.
Nicolás cerró los ojos.
—Sí.
Valentina lo miró.
—¿Quién?
Nicolás tardó unos segundos.
—Tu hermana.
Valentina frunció el ceño.
—Yo no tengo hermana.
Nicolás la miró con tristeza.
—Eso es lo que te dijeron.
La habitación quedó en silencio.
Valentina sintió que algo dentro de ella acababa de romperse.
—¿Qué quieres decir?
Nicolás sacó su teléfono.
Abrió una fotografía.
Y se la mostró.
Valentina miró la pantalla.
Era una foto antigua.
Ella aparecía en ella.
Más joven.
Sonriendo.
A su lado había otra chica.
Tenían los mismos ojos.
La misma sonrisa.
Valentina sintió que le faltaba el aire.
—¿Quién es ella?
Nicolás respondió en voz baja.
—Tu hermana, Camila.
Gael cerró los ojos.
Renata permanecía completamente inmóvil.
Valentina miró a los tres.
—¿Por qué nadie me ha hablado de ella?
Nadie respondió.
—¡¿Por qué?!
Gael finalmente habló.
—Porque Camila murió aquella noche.
Valentina dejó de respirar por un segundo.
—No...
—Valentina...
—No.
Retrocedió.
—No puede ser.
Y entonces otro recuerdo apareció.
La lluvia.
El automóvil.
Camila llorando.
Gael gritándole a alguien por teléfono.
Y ella diciendo:
—Si me pasa algo, no dejes que Gael encuentre el sobre.
Valentina abrió los ojos.
—El sobre...
Gael la miró.
—¿Qué sobre?
Ella lo observó.
Y por primera vez sintió miedo de él.
—No lo sé.
Pero en el fondo de su mente una frase comenzó a repetirse.
Una frase que no sabía de dónde venía.
“No confíes en Gael.”
Valentina miró a Nicolás.
—¿Dónde está Camila?
Nicolás no respondió.
—¡¿Dónde está?!
Él bajó la mirada.
—Eso es precisamente lo que llevo tres años intentando descubrir.
Valentina se quedó paralizada.
—¿Cómo que... intentando descubrir?
Nicolás levantó los ojos.
—Porque nunca encontraron su cuerpo.
FIN DEL CAPÍTULO 3