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CUANDO EL AMOR VUELVE A LLAMAR

CUANDO EL AMOR VUELVE A LLAMAR

Status: Terminada
Genre:Amor eterno / Completas
Popularitas:5.8k
Nilai: 5
nombre de autor: mailyn rodriguez

Valentina Ferrer creyó que tenía la vida perfecta: un esposo al que amaba, cinco hijos maravillosos y un hogar humilde, pero lleno de felicidad. Hasta que un accidente en una obra le arrebató a Gabriel y la dejó sola frente al dolor, las deudas y la responsabilidad de sacar adelante a su familia.
Convertida en viuda a los treinta y cinco años, Valentina tendrá que dejar atrás sus miedos y recuperar los sueños que abandonó por amor. Lo que no imagina es que, en medio de su lucha, conocerá a Maximiliano Devereaux, el hombre más rico, poderoso y atractivo de la ciudad.
Él vive rodeado de lujos. Ella apenas intenta sobrevivir. Él está acostumbrado a mandar. Ella no permitirá que nadie vuelva a decidir por su vida.
Entre dos mundos completamente opuestos, una atracción imposible comenzará a crecer. Pero Valentina aún carga con las heridas de su pasado y teme que volver a amar signifique traicionar la memoria del hombre que nunca dejó de amar.

NovelToon tiene autorización de mailyn rodriguez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 19: Lo que dicen los demás

La invitación llegó al final de la semana.

Devereaux Group organizaría una presentación privada para mostrar los avances del nuevo complejo comercial a comerciantes, empresarios y representantes de la comunidad. La asociación había sido invitada y, como responsable de coordinar el proyecto piloto, Valentina también asistiría.

—No es una gala —le explicó Clara por teléfono—, pero habrá algunos inversionistas y personas de la prensa local. El señor Devereaux quiere que presentes los resultados del trabajo con los comerciantes.

Valentina miró el calendario. La actividad sería el jueves por la tarde.

—¿Tengo que hablar frente a todos?

—Solo presentarás el piloto y compartirás algunos resultados. No será una exposición larga.

—Está bien.

Colgó y se quedó un momento en silencio. Había pasado tiempo desde que se paraba frente a un grupo para hablar de sus ideas. Sin embargo, ya no sentía el mismo temor que antes. Podía prepararse. Podía hacerlo.

Durante los días siguientes, trabajó con Mariana en una presentación breve. Incluyeron las historias de los comerciantes, los comentarios de los visitantes y los primeros datos de participación. Valentina insistió en que no mostraran las fotografías sin permiso y revisó cada frase para asegurarse de que los comerciantes estuvieran representados con dignidad.

El jueves, Amalia la ayudó a escoger la ropa. Valentina eligió un vestido azul noche, elegante. El escote dejaba sus hombros al descubierto y el corte entallado marcaba suavemente sus curvas, sin perder la sobriedad que la caracterizaba. Completó el conjunto con unos tacones clásicos y accesorios discretos. Al mirarse, se sintió arreglada y segura: seguía siendo ella, pero aquella noche no pensaba esconderse detrás de la ropa.

—Te ves muy bien —dijo su madre.

—Me veo como alguien que sabe a dónde va.

—Eso es lo que importa.

—Aunque todavía no estoy segura de saberlo.

Amalia le tomó las manos.

—No tienes que saberlo todo. Solo dar el siguiente paso.

El evento se celebró en el salón principal del complejo, todavía en construcción, pero ya acondicionado para recibir a los invitados. Habían cubierto algunas zonas de trabajo y dispuesto mesas para presentar los planos, los comercios participantes y las futuras áreas del centro.

Valentina llegó con Mariana y Clara. Maximiliano las recibió junto a la entrada.

Llevaba un traje negro impecable y hablaba con dos empresarios. Cuando las vio, interrumpió la conversación para saludarlas.

—Señora Ferrer. Mariana.

—Señor Devereaux —respondió Valentina.

—La presentación será después del recorrido. Tendrá cinco minutos.

—Habíamos acordado diez.

—El programa está atrasado.

—Entonces seré concisa, pero no voy a quitar las historias de los comerciantes para compensar un retraso que no causaron ellos.

Maximiliano la observó un instante.

—Cinco minutos, sin recortar los testimonios. Ajustaremos el resto.

—De acuerdo.

Clara las llevó a una mesa donde estaban algunos comerciantes. Esteban había llevado muestras de pan y Lucía conversaba con una mujer interesada en sus prendas. Darío mostraba fotografías de su taller.

Valentina recorrió el lugar saludando a quienes conocía. Algunas personas la trataron con cordialidad. Otras la miraron con una curiosidad que no supo interpretar.

—¿Esa es la mujer que trabaja con Maximiliano? —oyó decir a una invitada detrás de ella.

Valentina siguió caminando.

—Sí. Es viuda, creo. Tiene cinco hijos.

—Qué conveniente que ahora esté tan cerca de él.

La frase la alcanzó aunque no estuviera dirigida a ella. Valentina apretó la carpeta que llevaba consigo y se obligó a no girarse. No quería que un comentario malicioso le arruinara la noche ni convertir una reunión profesional en una discusión personal.

Mariana, que había escuchado también, se acercó.

—¿Estás bien?

—Sí.

—No tienes que fingir.

—No estoy fingiendo. Solo no voy a responder a algo que no merece mi tiempo.

Mariana le apretó el brazo.

—Eso también es una forma de responder.

La presentación comenzó poco después. Clara explicó la colaboración y luego le dio la palabra a Valentina. Ella se colocó frente a la pantalla. Había ensayado varias veces, pero cuando vio a los invitados sentados en filas, sintió por un segundo la antigua tensión.

Entonces distinguió a Esteban en una de las mesas. Él le hizo un gesto de ánimo. Lucía asintió. Los comerciantes estaban allí porque habían confiado en ella.

Valentina comenzó.

—Este proyecto nació de una pregunta: ¿cómo puede un nuevo centro comercial formar parte de una comunidad sin borrar a quienes llevan años trabajando en ella?

La sala quedó en silencio.

Explicó que la campaña había presentado las historias de los comerciantes, promovido sus negocios y creado encuentros directos con los vecinos. Habló de los resultados con cuidado, sin exagerar las cifras, y señaló que el siguiente paso debía incluir condiciones claras para que los negocios locales pudieran participar en las actividades del complejo.

—No queremos que los comerciantes aparezcan en una fotografía y desaparezcan cuando termine la inauguración —dijo—. Queremos que tengan una oportunidad real de acercarse a nuevos clientes, con acuerdos transparentes y espacios adecuados para sus productos.

Algunos invitados asintieron. Uno de los empresarios preguntó si la participación sería gratuita. Valentina explicó que las condiciones todavía estaban en revisión y que no anunciaría nada hasta que estuviera confirmado.

Cuando terminó, recibió aplausos. Esteban fue el primero en levantarse. Valentina regresó a su sitio con el corazón todavía acelerado, pero satisfecha.

—Fue clara y concreta —dijo Clara.

—Y no prometió más de lo que podía cumplir —añadió Mariana.

—Eso es lo que corresponde —respondió Valentina.

Durante el resto de la velada, conversó con representantes de la asociación y respondió algunas preguntas sobre la siguiente etapa. También habló con una mujer que dirigía una pequeña empresa de decoración y se interesó por las historias de los negocios.

Todo marchaba bien hasta que la misma invitada que había hecho el comentario sobre ella se acercó con una sonrisa calculada.

—Felicidades por la presentación —dijo—. Debe de ser una gran oportunidad trabajar tan cerca de Maximiliano.

Valentina sostuvo su mirada.

—Es una oportunidad profesional para desarrollar la campaña.

—Claro. Aunque no debe ser fácil, con tantos niños y sin un esposo.

El comentario le golpeó el pecho. No por la verdad —Valentina no ocultaba que era viuda ni que tenía cinco hijos—, sino por la facilidad con que aquella mujer la había convertido en tema de conversación.

—Mi vida familiar no es parte de esta campaña —respondió—. Y mi trabajo se evalúa por los resultados.

—No quise ofenderte.

—Entonces no vuelva a hablar de mis hijos como si fueran un inconveniente.

La mujer abrió la boca, pero antes de que contestara, Maximiliano se acercó.

—¿Hay algún problema?

—No —dijo Valentina.

La invitada intentó sonreír.

—Solo conversábamos.

—La señora Ferrer está aquí como responsable de un proyecto de la empresa —dijo Maximiliano—. Cualquier comentario sobre su situación personal está fuera de lugar.

—No era mi intención—

—Entonces procure que sus palabras no indiquen lo contrario.

La mujer se excusó y se alejó.

Valentina se volvió hacia Maximiliano.

—No necesitaba que hablara por mí.

—Lo sé.

—Entonces, ¿por qué lo hizo?

—Porque el comentario era impropio y porque estaba ocurriendo en un evento de mi empresa.

—Podía responder sola.

—No lo dudo.

—No quiero que después se diga que me defendió porque soy especial para usted.

Maximiliano bajó la voz.

—No lo hice por eso. Lo hice porque no voy a permitir que alguien insulte a una de mis colaboradoras en un evento profesional.

—¿Y si no trabajara para usted?

—Probablemente le habría dicho lo mismo.

Valentina lo miró, tratando de decidir si le creía. La explicación era razonable. Aun así, sentía un nudo en el estómago.

—No quiero que mi viudez se convierta en una historia para entretener a la gente.

—No debería.

—Ni que mis hijos sean parte de un rumor.

—No lo serán, al menos no mientras dependa de mí.

La frase tenía la firmeza habitual de Maximiliano, pero esta vez no sonó como una orden. Valentina agradeció el apoyo sin dejar de sentirse incómoda.

—Gracias por intervenir —dijo al fin—. Pero la próxima vez pregúnteme antes de decidir que necesito que me rescaten.

—No la rescaté.

—Bien.

—Solo puse un límite.

—Eso sí puedo aceptarlo.

Se quedaron un momento en silencio. La música suave del salón llenó el espacio entre ellos. Valentina notó que algunas personas los observaban, probablemente preguntándose qué hablaban. Se apartó un poco.

—Tengo que despedirme de los comerciantes —dijo.

—Claro.

Cuando regresó con Mariana, su amiga le preguntó si quería marcharse.

—No. Vine a presentar el trabajo. Eso ya lo hice.

—¿Y el comentario?

—No voy a dejar que me saque de aquí.

La velada terminó sin más incidentes. Antes de salir, Maximiliano se acercó para hablar con los comerciantes y confirmar que la empresa enviaría las condiciones de participación durante la semana. Valentina se despidió de Clara y de Mariana.

En el carro, de camino a casa, Mariana rompió el silencio.

—Lo que dijo esa mujer fue cruel.

—Sí.

—Y Maximiliano tuvo razón al frenarla.

—Sí.

—Pero aun así no te gustó que interviniera.

—No quiero que nadie confunda respeto con lástima. Y no quiero que mi vida sentimental se convierta en una conversación de pasillo.

—Lo entiendo.

Al llegar a casa, Amalia seguía despierta. Los niños ya dormían.

—¿Cómo estuvo? —preguntó su madre.

—Presenté el proyecto. Salió bien.

—¿Y Maximiliano?

Valentina dejó el bolso sobre una silla.

—Me defendió de un comentario fuera de lugar.

—Eso fue amable.

—Fue profesional.

Amalia la observó con una sonrisa discreta.

—También puede ser ambas cosas.

Valentina no respondió. Entró en la sala y tomó una fotografía de Gabriel que estaba sobre la repisa. La sostuvo entre las manos.

Por primera vez, alguien había insinuado que su proximidad con Maximiliano significaba algo más. La idea le molestaba. No porque fuera imposible que algún día sintiera algo por otra persona, sino porque todavía no estaba preparada para que otros decidieran qué significaba su vida.

Acarició el marco de la fotografía.

—No estoy olvidándote —susurró.

No sabía por qué sentía la necesidad de decirlo.

Quizá porque, durante unos segundos, al hablar con Maximiliano, había sentido que él la miraba como una mujer y no solo como una viuda o una madre. Y esa sensación la había asustado más que los rumores.

Valentina dejó la fotografía en su lugar y apagó la luz.

Al día siguiente volvería al trabajo. Pero las palabras de aquella mujer seguirían resonando en su mente.

No porque tuvieran razón.

1
Zulema Neme
Buenísima la Novela Autora Maravillosa Historia Me Encanto Muchas Felicidades ❤️❤️❤️❤️❤️❤️❤️❤️
Mildred Álvarez
😭es demasiado doloroso estos capítulos
Mildred Álvarez
😭😭😭😭😭😭😭😉
Mildred Álvarez
muy triste
Mildred Álvarez
triste
Zulema Neme
Que Bellos Personajes has Puesto Autora 💕💕💕💕💕💕💕🥰🥰🥰🥰🥰
Zulema Neme
Que Horrible por Dios .El no debe morir
Dilia De Freitas Teixeira
muy bonita
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