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La Culpa De Nuestros Deseos

La Culpa De Nuestros Deseos

Status: En proceso
Genre:Poder equitativo / Amor-odio / Romance de oficina / Secretos de la alta sociedad
Popularitas:1.5k
Nilai: 5
nombre de autor: mila1204

Anastacia Thompson lo sacrificó todo por salvar a su padre, incluso al hombre que amaba. Ella hizo lo impensable.

Años después, conoce a Edmund Carter. Él le devuelve la ilusión, la hace creer nuevamente en el amor y termina convirtiéndose en su prometido. Con él, Anastacia cree haber encontrado el amor que tanto había temido volver a sentir.

Pero ningún amor está libre de errores.

Cuando los secretos, el deseo y las heridas comienzan a poner a prueba su relación, todo aquello que Anastacia creía tener bajo control empieza a desmoronarse.

Todo cambia cuando Adrian Blake, el hermano mayor de Edmund el hombre que nunca olvidó a Anastacia, vuelve a su vida. Entre ellos existe un pasado que jamás murió una atracción que ninguno de los dos puede ignorar.

Mientras Edmund lucha por conservar el amor de la mujer que ama, Anastacia comienza a quedar atrapada entre la seguridad de un amor que conoce y el deseo prohibido de un hombre que nunca debió volver a su vida.

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Persecución

Lo seguí con la mirada durante unos segundos el solo me ignoro pero inquieta por aquella frialdad entre padre e hijo. Después volví la atención hacia Robert, que también parecía incómodo.

No me atreví a preguntar nada, aunque aquel breve encuentro me dejó una extraña sensación.

Entramos en el apartamento y dejé mi bolso sobre una pequeña mesa junto a la entrada. Observé a mi alrededor antes de volverme hacia él.

—¿Por qué quisiste venir aquí y no a mi apartamento? —pregunté.

Edmund se acercó con una sonrisa y me rodeó la cintura.

—Porque quiero disfrutar de tu compañía a solas.

Le devolví la sonrisa.

—¿Tanto me extrañaste?

—Demasiado, Ana.

Su respuesta me hizo reír suavemente. Edmund aprovechó mi distracción para atraerme hacia él y besarme sus labios buscaron los míos con  intensidad. Rodeé su cuello con los brazos y me aferré a él, correspondiendo a sus besos mientras sus manos acariciaban mi espalda.

Cuando nos separamos, apoyé la frente contra la suya.

—Eres demasiado cariñoso cuando quieres algo —murmuré.

—¿Y qué podría querer de ti?

Lo miré con una sonrisa.

—No lo sé. Tendrás que enseñarmelo.

Edmund soltó una risa y volvió a besarme.

—A ti, Anastacia. Siempre te quiero a ti.

Sentí como mi rostro ardia. Lo abracé con fuerza y dejé un beso en su mejilla antes de tomarlo de la mano y acompañarlo hasta el sofá.

Nos sentamos juntos. Edmund pasó un brazo alrededor de mis hombros y me acomodé contra su pecho, disfrutando de aquella tranquilidad que tanto me gustaba compartir con él.

—Por cierto —dijo después de unos instantes—, ¿te conté que Sara quiere organizar una cena familiar antes de nuestra boda?

Levanté la cabeza para mirarlo.

—No. ¿Qué tiene pensado?

—Todavía no lo sé. Ya la conoces. Cuando se le mete una idea en la cabeza, no descansa hasta conseguir que todos hagamos lo que quiere.

Me reí.

—Parece que alguien está acostumbrado a obedecer a su hermana.

—No confundas las cosas, amor. Yo no la obedezco.

—Claro que no.

—Solo intento evitar discusiones innecesarias.

Solté una carcajada y él sonrió, satisfecho de haberme hecho reír.

—Hablando en serio —continuó—, Sara está muy emocionada con nuestra boda. Desde que le conté que nos casaríamos, no ha dejado de hablar de vestidos, decoraciones y celebraciones. Creo que está más impaciente que nosotros.

—Es igual a Silvia, es porque te quiere mucho.

—Lo sé. Aunque a veces puede ser bastante intensa.

—Me agrada que se preocupe por ti.

Edmund me acarició el cabello.

—A ella también le agradas tú. Aunque no siempre sepa demostrarlo de la mejor manera.

Sonreí y volví a acomodarme contra él. Me gustaba escucharlo hablar de su familia, conocer esas pequeñas cosas que formaban parte de su vida y descubrir cómo era cuando no estaba preocupado por el trabajo.

Después de unos minutos, levanté el rostro y lo miré.

—Edmund…

—¿Sí, amor?

—Eres todo lo que quiero.

Su expresión cambió. La sonrisa juguetona desapareció y fue sustituida por una ternura que me hizo sentir un nudo en la garganta.

—Te amo, Ana.

—Yo también te amo.

Edmund me rodeó la cintura y me acercó a él, mientras yo apoyaba las manos en sus hombros. Lo besé con la misma intensidad, dejándome llevar por el momento. Cuando intenté separarme para tomar aire, él rozó mi nariz con la suya y sonrió antes de volver a besarme.

Pasé los brazos alrededor de su cuello y acaricié su cabello. Sentía el corazón acelerado . El me acarició la espalda y, por un instante, se apartó lo suficiente se quitó la camisa y la dejó a un lado. Lo observé durante unos segundos antes de acercarme sentí el calor de su piel bajo mis manos y apoyé la cabeza contra su pecho, escuchando los latidos de su corazón. Sus labios descendieron lentamente hasta mi cuello, haciéndome cerrar los ojos mientras mis dedos se enredaban en su cabello.

Me sentía feliz. Amada. Segura.

No quería pensar en nada más.

Edmund acarició mi rostro con el dorso de los dedos.

—Eres tan hermosa —susurró.

Sonreí tímidamente.

—Siempre dices lo mismo.

—Porque todavía no has conseguido convencerme de lo contrario.

Solté una pequeña risa y acerqué mi cuerpo al suyo aferrándome a su cuerpo mientras sus brazos me rodeaban.

Sin embargo, cuando Edmund volvió a inclinarse sobre mí y acaricio mis pechos sus ojos llenos de deseo sobre mi, Provoco un pensamiento inesperado  que cruzó mi mente.

Sus ojos azules parecían consumirme. Por un instante, quedé atrapada en aquella mirada, incapaz de reaccionar. Había algo en ellos que me desarmaba por completo, y aunque intenté apartar la vista, no pude hacerlo de inmediato..

Me quedé paralizada.

El miedo me recorrió el cuerpo y mis manos dejaron de moverse sobre su cabello.

No podía ser. Tenía que estar equivocándome. Era Edmund quien me miraba, Edmund quien me abrazaba, Edmund a quien acababa de sentir.

Sin embargo, durante unos segundos, fui incapaz de reconocerlo.

—Adrian… —volví a susurrar, casi sin darme cuenta.

Quería gritar. No podía creerlo. Él no podía estar allí, no podía ser él. No, no, aquello no estaba sucediendo.

—¡No! ¡Ya basta! —grité, apartando a Edmund de mi cuerpo bruscamente.

Pero, al reaccionar, abrí los ojos y vi su rostro frente a mí. Era Edmund me miraba desconcertado, sin comprender qué acababa de ocurrir.

—Ana, ¿qué pasa? —preguntó, apartándose un poco para darme espacio—. ¿Qué sucede, mi amor?

Lo observé, todavía aterrorizada, intentando convencerme de que todo había sido producto de mi mente. Edmund no había hecho nada malo. Él solo estaba conmigo, amándome, mientras mi mente parecía perturbarme era como si estuviese en una persecución Adrian me perseguía, decidido a atraparme como si yo fuera su presa y él un cazador que no pensaba dejarme escapar.

—¿Ana que sucede? —preguntó con preocupación—. ¿Te hice daño?

—No… —respondí, negando rápidamente con la cabeza—. No, Edmund. Tú no hiciste nada.

Pero mi voz temblaba y mis manos seguían inquietas.

Él intentó acercarse, aunque se detuvo al notar mi expresión.

—Ana, mírame, por favor. ¿Qué te ocurre?

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Rossy Bta
OMG 🥺🥺
Rossy Bta
será Silvia?? sabe algo
Rossy Bta
🔥🔥 encantada con la historia ❤️
mila: muchas gracias ❤️❤️
total 1 replies
Ann
Exelente me encantó , pero que tencion
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