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Horizonte Sagrado

Horizonte Sagrado

Status: En proceso
Genre:Aventura / Héroes / Mitos y leyendas
Popularitas:153
Nilai: 5
nombre de autor: Proa94

el viaje de un sangre bastarda para convertirse en un héroe.

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El nuevo amanecer: De joven a hombre

La mañana pesaba como una losa sobre mis hombros. Cada músculo de mi cuerpo protestaba con un dolor punzante; aquella noche, más que un encuentro romántico, había sido una verdadera batalla de dominación e instinto. Estar con una mujer de la raza bestia no era un asunto cualquiera: a la menor muestra de debilidad o duda, ella tomaría el control absoluto y me devoraría. Pese a que sentía que mi fuerza no estaba del todo a la par, intenté dar mi mejor esfuerzo; sin embargo, era innegable que su superioridad genética le otorgaba una ventaja abrumadora sobre mí. Su fisonomía era más musculosa, más alta y más resistente; por momentos me pareció una bestia invencible.

Sin embargo, allí estaba ella, descansando plácidamente a mi lado sobre el camastro como si la noche hubiera sido la más tranquila y monótona de su vida. La paz y la relajación que emanaba de su rostro me parecieron extrañamente enternecedoras.

Al mirarme los brazos y el pecho, descubrí que las marcas de sus garras y sus mordidas cubrían gran parte de mi piel; incluso la sábanas de paja mostraban manchas de mi propia sangre debido a las heridas de su frenesí. Aun así, lo vivido con ella había sido una experiencia completamente nueva. Jamás me había sentido así. Pensaba que mi primer encuentro íntimo con una mujer sería algo más pausado o convencional, pero terminó siendo extraordinariamente satisfactorio. Me sentía increíblemente bien... e intrínsecamente diferente.

Como pude, logré zafarme poco a poco de sus fuertes brazos y me puse en pie para intentar curarme. Al salir al corredor y bajar al comedor, me topé con la elfa, quien se encontraba sentada a la mesa intentando desayunar mientras se sujetaba la cabeza con una mueca de dolor.

—Agh... No hagas tanto ruido, mocoso —se quejó Armia, apretándose las sienes—. La cabeza me está matando por la cerveza de anoche... Y tú, ¿qué demonios? ¿Te peleaste con una jauría de salvajes o qué? Vienes cubierto de raspones y sangre.

—Bueno... en parte fue una pelea —admití, rascándome la nuca con cierto apuro—, pero no contra ningún enemigo, sino con Ania. Anoche fue la Luna Roja y...

—¡Ugh! ¡Qué asco! —interrumpió la maga haciendo un gesto de repugnancia—. No me interesa en absoluto conocer los detalles de sus intimidades. Al menos ve a bañarte antes de acercarte a la mesa.

—Es que... me siento extraño —insistí, sentándome frente a ella—. No sé... eres la persona de mayor edad en el grupo y la verdad no tengo a nadie más con quien hablar de estas cosas.

—¿De mayor edad? —Armia golpeó la mesa con la palma, clavándome una mirada asesina—. Mira, mocoso de mierda: sí, es verdad que tengo bastantes años acumulados, pero eso no me convierte en una anciana. En escala humana sería el equivalente a tener apenas veinte años, ¡así que no se te ocurra volver a llamarme así! Ahora ven acá, idiota, voy a curarte antes de que te desangres en el piso.

—Sanatio —murmuró, extendiendo sus manos sobre mis heridas.

Un destello de magia verde comenzó a cerrar los cortes de mi piel. Mientras ella me sanaba, intenté explicarle la torbellino de emociones que traía por dentro y lo distinto que me percibía a mí mismo tras la noche anterior.

—Mira, Adamas... —suspiró la maga, bajando la mirada hacia sus manos—. Yo tampoco es que sea una experta en estos temas. Aunque no lo creas, tampoco he estado con nadie... pero he tratado con suficiente gente y mis padres hablaron abiertamente de esto conmigo cuando era más joven. Me contaron que existe un momento pivotal en la vida de todo joven cuando se une a otro ser en cuerpo y alma: ese día deja atrás la infancia y se transforma en un verdadero hombre o mujer. Supongo que es precisamente lo que te ocurrió anoche: ahora eres un hombre.

—¿De qué hablas? —enarqueé una ceja—. Siempre lo he sido.

—Es distinto —aclaró Armia, buscando las palabras adecuadas—. Biológicamente sí, pero me refiero a tu desarrollo emocional. Mi madre solía decir que un joven se convierte realmente en hombre cuando prueba un calor que no es el de su madre y encuentra la paz verdadera en los brazos de una mujer. ¿Entiendes la diferencia?

Guardé silencio un momento, procesando la profundidad de sus palabras.

—Sí... creo que entiendo. Y para ella... ¿también significa que se ha vuelto mujer en ese mismo sentido?

—Supongo que sí —asintió la elfa—. No conozco a fondo los detalles íntimos de la biología de la raza bestia, pero si Ania ya te consideraba su igual y su pareja para toda la vida, ten por seguro que tras anoche ese lazo se ha vuelto indestructible.

—¿Y qué me recomiendas hacer? —pregunté con genuina inquietud—. ¿Cómo puedo corresponderle adecuadamente en ese sentido?

Armia soltó una leve risita burlona y me dio un golpecito en el hombro.

—Pues, para empezar, ¡no dejándola sola en la cama! Imagínate lo que sentirá si, tras habértelo entregado todo y haberse convertido en mujer a tu lado, se despierta y descubre que te escapaste de la habitación. Deberías volver a su lado de inmediato.

—Sí... supongo que tienes razón —admití, poniéndome de pie mientras miraba mi piel ya recuperada—. Gracias, elfa. Al fin esa bocaza tuya sirvió para algo útil.

—¡Cállate y lárgate de aquí! —me echó Armia con un gesto de la mano—. Necesito beber algo frío para quitarme este maldito dolor de cabeza.

Con las heridas completamente cicatrizadas y las ideas más claras, regresé a paso rápido a nuestra habitación. Me descalcé en silencio y me acomodé de nuevo en la cama, justo al lado de mi mujer.

Ania continuaba dormida; pero, al sentir mi presencia y el calor de mi cuerpo, se acurrucó instintivamente contra mi pecho, soltando un suave ronroneo y lamiendo con delicadeza la curva de mi hombro.

—Tranquila, gata... —susurré, rodeándola con mis brazos y apoyando la barbilla sobre su cabeza—. Aquí estoy.

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