El silencio gobernó en la fusión de sus Manas, con sus ojos fijos en los del otro. Sin necesidad de decir alguna palabra, sus ojos parecían decirse o hacerse más allá que solo eso.
Porque el silencio es el que gobierna en situaciones en donde la boca no es capaz de hablar, siendo incluso más dócil y claro que la mismísima sensatez de las palabras.
— Vamos.
Susurró Aryed, tomando la mano de Meredith entre las suyas, abriéndose paso entre las personas y siendo capaz de escapar de ese silencio sepulcral.
Entre más caminaban, más profundo se adentraban al bosque y más árboles se avistaban. Se sentía como un recuento algo grosero e ilegal, una mujer soltera y sin una doncella que la acompañara con un hombre también soltero y en edad de casarse.
¿No era eso un encuentro muy sospechoso?
Finalmente, se detuvieron.
Y su rostro chocó contra la ancha espalda del hombre que llenaba su visión y le impedía mirar más allá de ella.
¿Habían llegado?
Curiosa, Meredith observó más allá de Aryed, y asimiló la vista ante sus ojos.
Un lago de agua cristalina que se abría paso más allá de lo que podían observar sus ojos, con flores de loto en lo alto de sus aguas y hermosos árboles con flores en pleno verano que parecían brillar en su esplendor.
Más allá de eso la cantidad de rosas y tulipánes de distintos colores que se mezclaban entre sí en una perfecta sinfonía.
¿Desde cuándo existía ese lugar en el ducado?
Meredith estaba absorda en el entorno e incluso se acercó a observar su reflejo en el agua tan limpia u cristalina que apenas tocaba sus botas.
Era increíble el observar algo tan hermoso y puro a la vez, la maravillosa creación de la naturaleza y la magia tan espléndida al estar en una novela.
Lo curioso es que algo tan hermoso como aquello nunca había sido descrito en la novela original.
— Feliz cumpleaños, Meredith.
Susurró Aryed a su lado, tomándo su misma posición y dejando que su imagen se reflejara en el agua.
Una pequeña sonrisa se escapó de los labios de la mujer, lo suficientemente satisfecha al saber que él estaba allí.
Era 18 de mayo y Meredith Hockey cumplía 16 años y su alma cumplía 16 años de estar en aquel cuerpo. Su verdadera alma y su consciencia deberían cumplir 35 años en ese momento, pero no lo hacía.
Era increíble el paso tan rápido del tiempo y lo mucho que parecía haber disfrutado los últimos años de su vida.
E incluso, impresionante a su parecer, pronto la novela original empezaría marcha y en aproximadamente un año sería su muerte.
Por la persona que estaba a su lado y que hoy le deseaba un feliz cumpleaños.
Era un poco irónico, pero ahora que Meredith era consciente del verdadero Aryed Bailey, no creía que él fuera capaz de matarla. Y podría jurarlo con su vida.
Pero podría equivocarse.
— ¿Lo olvidaste?
Pregunto Aryed ante el silencio que gobernó y la mirada perdida de la mujer.
— Nunca podría olvidar mi cumpleaños.
Respondió, mirándolo por fin a los ojos, observando el rostro estático y hermoso del hombre.
En dos días hace aproximadamente 11 años había conocido a Aryed en ese mismo bosque. Y había manifestado su mana.
Que había aprendido a controlar gracias a él, y muchas veces con ayuda de Adeus y Robert que eran quienes se arriesgaban a esquivar los ataques propensos que podrían herirlos. O muchas otras veces a atraparla cuando no podía controlarla.
— Te extrañé…
Susurró para sí misma, pensándo que el hombre a su lado no lo había escuchado, cuando aquel si había escuchado las palabras suspiradas que habían escapado de sus labios, y más allá de eso su mirada distraída y profunda destinada a su reflejo en el agua.
Para Meredith Hockey, más allá de que Aryed fuese un villano malvado que la asesinaria en el futuro, era lo más cercano que tenía a una amistad pura y con un hombre, y si fuera increíblemente honesta, aquello iba más allá de lo que sus sentimientos podrían expresar.
— Yo también te extrañé.
Respondió Aryed a su sorpresa, causando un movimiento brusco en su cuello y sus ojos lo observaron fijamente.
— ¿Qué?
Meredith no podía creer su respuesta, ¿El la había escuchado?
— ¿Por qué te sorprendes? ¿Dijiste que me extrañaste no es así?
Impresionada ante la poca vergüenza de Aryed, y la despreocupación con la que se acostaba en el pasto y se relajaba con los ruidos del atardecer y los grillos llorando.
Su rostro inevitablemente se sonrojó, y apartó la vista del hombre que yacía acostado a su lado. ¿Cómo podía decir eso tan fácilmente?
— T-tú, ¿No tienes vergüenza?
Pregunto Meredith avergonzaba, ¿En qué momento el niño pequeño y sarcástico ya no tenía vergüenza?
— ¿Por qué debería?
Susurró Aryed en su oído, causando un escalofrío que recorrió su espina dorsal y puso sus pelos de punta.
— No deberías hacer eso.
Susurró Meredith, decidida a seguir su coqueteo, sintiendo como su corazón latía rápidamente y sus mejillas las ardian.
— ¿Por qué?
— Porque entonces…
Meredith giró su rostro a donde se encontraba antes acostado a su lado Aryed, pero en ese momento su rostro estaba a centímetros del suyo y sus labios a tan solo una mínima distancia que parecía invisible.
Oh
¿Estaban así de cerca?
Meredith observó por completo su rostro, ojos verdes rasgados y de un verde completamente oscuro, su nariz era perfilada y era sorprendentemente alta, sus pómulos estaban en la posición ideal y sus cejas eran pobladas, creaban una sinfonía perfecta en su rostro y lo volvían una persona increíblemente atractiva.
Pero, sus ojos quedaron fijos en otra parte de su rostro,
Sus labios,
Labios mínimamente carnosos y con un color rosado muy pálido.
Algo desacarado de su parte el observar tan lasciviamente los labios de un hombre y más allá de eso, desear que aquellos labios se comieran los suyos.
Para Aryed, que también estaba demasiado cerca a la princesa, también le causaba cierta satisfacción el sentir su suave respiración chocar contra su barbilla, sus ojos sinvergüenzas estaban fijos en sus labios sin notar que sus ojos brillaban y los suyos estaban mínimamente abiertos.
Inevitablemente Aryed agarró el rostro de la mujer con su mano, rozándo los labios carnosos con su dedo anular, observando como los ojos de ella ahora se fijaban en los suyos.
Unos ojos tan grandes es y perfectos, de un extraño color rosado que causaba maravillas en su interior y hacía estremecer su piel.
¿Por qué ella era tan bonita a sus ojos?
Durante su estadía en la zona fronteriza invadida por forasteros, Aryed recibió infinidad de cartas por parte de Meredith, la pequeña niña de 5 años que le había pedido que la entrenara para ser caballero.
Una pequeña niña que 5 años después se despediría de él tan amigablemente y durante 6 años lejos de ella había mantenido el contacto con el.
Cosa que nadie más había hecho, ni siquiera su padre.
Pero durante ese tiempo, nunca imaginó que aquella pequeña niña de cabellos negros viviría en su mente por todo ese tiempo, e incluso no dejaba de pensar en ella, ni por un segundo, ni cuando peleaba, ni cuando dormía.
Y era increíble para él, el cómo ella se había vuelto en la razón de volver al Ducado y tener una relación agradable con ella, incluso si era posible, tener algo más allá de una amistad.
Sinceramente hablando, Aryed había tomado un cariño muy grande y especial a la pequeña niña que siempre escribía cartas para él.
Y ahora estaba muy cerca de sus labios, con sus ojos fijos en él y la respiración acelerada.
Y el tiempo parecía detenerse, porque cada vez que se acercaba a sus labios que parecían llamarlo parecían ser una distancia inmensa que le tardaba minutos e incluso horas, cuando en realidad estaban a centímetros de distancia.
Incluso podía sentir el nerviosismo en ella.
Cuando sus labios estaban por juntarse,
Alguien los llamó.
— Señorita Meredith, la señora Odela la está buscando, ¡Oh Dios! Vendré en un momento.
Robert había aparecido y había vuelto aún más infinita la distancia de sus labios, incluso Meredith abrió mucho los ojos y se separó, cubriendo sus labios con su mano.
Sus orejas estaban rojas y su rostro podía sospechar que estaba igual. Pero incluso el, también estaba avergonzado.
Habían estado tan cerca.
— Y-yo debo irme, espero verte en algunas horas, Aryed.
Hablo Meredith dando la espalda, corriendo por donde se había ido Robert, desapareciendo rápidamente de su vista.
Aryed soltó una sonrisa al aire, sintiendo los nervios por fin apoderarse de su cuerpo.
Pero si su nerviosismo era ese.
La vería muy pronto.
.
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Editado.
**Atte: **Amelie Ross.
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Updated 83 Episodes
Comments
Mary Salazar
me encanta besos muchos besos más capitulos subido de tonos por favor
2025-01-03
2
Jenifer 🤓💫
Me emociona y a la vez me pone nerviosa qué algo pase..
2023-10-25
0
Maria Luisa Munzenmayer Munzemayer
muy entretenida y diferente a la mayoria de las novelads que he leido. Felicitaciones
2022-08-08
3