CAPÍTULO 14

—¿Ustedes?—espetó furiosa la mujer—¿no los había matado ya?

Los dos hombres que habían salvado a Serena, eran los espíritus de los amigos de esta. Luego de morir, sus almas fueron desterradas a penar en la tierra; sin embargo, antes de disiparse, querían intentar ayudar una última vez a la única mujer que les hizo creer que la vida no era una mierda.

—Cuando la maldad quiere gobernar—habló uno de ellos.

—El karma hará que pague—respondió el otro.

—¿Karma? ¿Me están diciendo eso a mí?—gritó desde la cima del barranco—¡Aquí la mala es ella! ¡Ella es la falsa!

Sabiendo que la ambición de la bruja era muy grande, se desvanecieron sin decir una sola palabra más. Solo rezaban a los cielos de que su querida amiga pudiera defenderse de aquel ser monstruoso. La bruja, al quedarse sola, gritó de la ira, haciendo que el mundo de la pesadilla comenzara a destruirse.

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Si no fuera porque la salud de su prometida estaba comprometida, no se hubiera acercado a la prima de esta. Quería saber por qué Selena llegó tan mal y porque su llegada hizo que el estado de la duquesa empeoró. Cuando ingresó a la habitación, en horas de la tarde, se sorprendió al ver despierta a la joven.

—¡Sir Jeremy!—sonrió débilmente.

Todas las enfermeras, encantadas ante la dulzura, delicadeza y belleza de la prima de Serena, atendían, como si se tratara de un tesoro, a la chica. Era muy distinta la situación en comparación a la duquesa, si bien sentían agradecimiento con ella, se sentían encantadas de atender a alguien que de verdad era una mujer. Luego de cambiar sus vendas, fueron a buscarle un poco de comida.

—Tus labios—dijo Jeremy.

—¡Oh! ¡Lo siento!—expresó con lástima—es que me calma...

Selena señaló al tocador, con las pocas cosas que había traído después de huir de su hogar y que habían rescatado de su yegua muerta. Le habían dicho que se quitara el labial para que la medicina pudiera actuar bien, pero no quiso. En situaciones difíciles, lo último que le quedó de su madre era lo que lograba calmarla.

—Entiendo—espetó con un sentimiento de repugnancia—me contaron los guardias lo que usted dijo, ¿cómo sigue el dolor?

—Mejor—respondió—lamento molestar.

La prima de la duquesa miró a otro lado con tristeza, si no hubiera sido porque su padre quería casarla en contra de su voluntad, con un hombre malvado, no tenía que haber llegado a molestar a Serena. Solo esperaba que el que ella le hubiera dado refugio, no le trajera tantos problemas con su padre.

Negando con la cabeza, Jeremy solo salió antes de apurar el paso hasta el baño de su habitación. En la vasenilla, vomitó tanto que juró que se desmayaría del malestar. Fue así que, después de un rato, observó una extraña escarcha flotar en el líquido que expulsó.

—¿Qué mierda?—preguntó asustado.

Jamás en sus años como médico había visto tal cosa; no obstante, al vomitar aquello, la herida de su cabeza dolió mucho menos. Analizando lo ocurrido, lavó su rostro con agua bien fría y se acostó en la cama con las rodillas hacia arriba.

Lo único que tenía cierto patrón antes de que su estado empeorara, era que, con la llegada de la prima de Serena, la duquesa cayó desmayada y él casi lo hace. Sin embargo, una leve duda cruza en su mente escéptica y racional.

—¿Brujería?—preguntó en un susurro.

Luego de varios minutos acostado, se levantó y se acercó al escritorio, observando a medio acabar la carta que estaba escribiendo a su hija. Aprovechando la luz del sol, dejó de un lado aquella carta y comenzó a escribir una nueva.

“De sir Jeremy Williams.

Scott, hermano mío, ¿cómo has estado?

Sé que ha sido mucho tiempo que hablamos desde que emprendiste tu viaje misional; sin embargo, siendo el único amigo sincero que tengo, espero que esta carta llegue hasta dónde te encuentras.

¿Crees que puedas ayudarme a descifrar lo que hay en este frasco? Lo he vomitado hace poco...”

Una vez acabó de escribir, le ordenó a uno de los mayordomos llevar el paquete bien sellado a la oficina de correos en la ciudad. De todos sus compañeros de la facultad de medicina, solo uno se había decidido especializar en medicina ancestral.

El sacerdote Scott Adams, un hombre casi de su edad, pero alguien tan creyente de lo sobrenatural que aún se preguntaba cómo habían podido llegar a ser amigos. Suspirando con pesadez, Jeremy continuó con la carta para su hija. Si todo iba bien, tendría respuesta de su amigo dentro de dos semanas, mientras tanto, debía comunicarse también con Irene.

“De Sir Jeremy Williams;

Para mi querida hija, la luz de mi vida. Me he enterado todo lo que has hecho por mí, mientras estuve en coma. Sé que te cuesta moverte por tu parto reciente, pero no tengo modo de expresar mi gratitud.

Hija mía, solo Dios sabe cuántas veces he intentado escribirte esto... creo que encontré a alguien con quien unir mi vida. Ella es tan dulce que hasta su ternura me llena de alegría. Lo único malo es que soy muy viejo para ella; sin embargo, pareciera que eso le atrae aún más. Me gustaría presentársela, ¿me puedes conceder una audiencia?

Con todo el amor, su padre"

Con una sonrisa, pidió a otro mayordomo hacer envío directo al palacio real, de la carta para su hija. La única vez que había conocido a alguien en su vida, había sido a la maldita mujer que dio a luz a Irene. Solo una cosa resultó buena de su unión, y fue el nacimiento de ella; no obstante, de verdad deseaba que esta vez fuera mucho mejor y que la princesa consorte se quedara tranquila.

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Mientras tanto, el estado de Serena había empeorado. No solo estaba ardiendo en fiebre, sino también se había puesto negra la punta de su dedo. Se sentía tan mal, que la ex soldado ni siquiera era capaz de levantarse, por más que se hubiera despertado hacía horas.

Las doncellas, al ver el estado de su ama, no tuvieron de otra más que desobedecer su orden e ir en búsqueda de ayuda. Fue así que se enojaron a más no poder cuando vieron que todos los empleados del ala médica estaban tratando con prioridad a la prima de la duquesa.

Sin nadie más a quien recurrir, sin siquiera contar con el apoyo de Anthony y su esposa, que estaban en la ciudad, no tuvieron de otra más que molestar a sir Jeremy.

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Comments

MarlingJCF

MarlingJCF

esa prima me da mala espina

2024-09-26

1

Caridad Gallardo

Caridad Gallardo

la ptima es la bruja

2024-09-07

0

Ernestina Puerto

Ernestina Puerto

bingo sabía que era la envidiosa prima ojalá que se quede como bruja fea y arrugada

2024-06-21

1

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