La mirada gélida de Cedric atravesaba el alma de Adrien, haciéndolo sentir culpable hasta lo más profundo de su ser. La escasa iluminación que se filtraba en la habitación añadía un aire de amenaza a la situación, exacerbando las emociones ya tensas entre los dos amigos.
—Sé que no confías en él, pero en ese momento parecía genuino, y yo... —Adrien titubeó al hablar, levantando tímidamente la cabeza para enfrentar la mirada de Cedric. Su rostro reflejaba una mezcla de angustia y arrepentimiento—. Cedric, lo siento mucho, de verdad. Sé que te prometí algo diferente, pero él apareció y...
—Y te dijo que arreglaría las cosas juntos, que no quería perderte, ¿verdad? —Cedric completó la frase con un tono que dejaba entrever su frustración y decepción—. Incluso te besó y te acarició, ¿me equivoco?
Adrien se sumió en un incómodo silencio, omitiendo deliberadamente mencionar el beso que compartió con Carlo. No esperaba que Cedric lo dedujera, y esa revelación solo aumentó su vergüenza y remordimiento. Bajó la mirada, sintiéndose abrumado por la situación.
—Lo suponía —murmuró Cedric mientras dejaba la servilleta sobre la mesa y se ponía de pie con determinación—. Cuando aprendas a valorarte y veas que ese idiota solo disfruta de tu atención por su narcisismo, entonces hablaremos.
Adrien se sintió desesperado al ver a Cedric alejarse, así que rápidamente se puso de pie y agarró el brazo de su amigo.
—Espera, Cedric... —susurró con urgencia, negándose a dejar que su mejor amigo, la única persona que realmente conocía su lado vulnerable, se marchara así.
Cedric se detuvo y miró a Adrien con una expresión de decepción y tristeza en sus ojos. Acarició su mejilla con ternura, obligándolo a levantar la mirada. Las lágrimas brotaron instantáneamente en los ojos de Adrien al encontrarse con la mirada de Cedric.
Cedric detestaba ver a Adrien en ese estado de vulnerabilidad y sufrimiento. Siempre había sido un hombre arrogante y egocéntrico, pero el maldito Carlo le estaba arrebatando todo lo que le era Adrien en el pasado.
—Ven aquí —murmuró Cedric con suavidad, envolviendo a Adrien en un abrazo reconfortante y seguro. Lo sostuvo con firmeza mientras Adrien derramaba lágrimas en su pecho, sintiendo el peso de la situación.
Adrien no podía reprimir sus sentimientos. Estaba atrapado en un amor tóxico que lo consumía lentamente, incapaz de escapar de la red de dolor en la que se encontraba atrapado. Carlo Mancini y su falso amor eran como una tormenta emocional que lo arrastraba a un abismo de sufrimiento, pero del que no podía liberarse fácilmente.
Era consciente de la necesidad de liberarse de esa prisión emocional, pero se encontraba atrapado en un ciclo enfermizo de deseo y tormento, incapaz de romper las cadenas que lo mantenían cautivo. Había intentado alejarse de Carlo en varias ocasiones, pero las dulces palabras y caricias de este eran como una enredadera que lo arrastraba de regreso al abismo emocional en el que se encontraba. Era como si estuviera condenado a vivir en la oscuridad de un amor venenoso, pero al que no podía renunciar fácilmente.
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—¿Estás bien?, noto que no has hablado mucho desde que llegaste.
Carlo alzó la mirada al escuchar las palabras de Paola, quien había dejado el tenedor a un lado y había centrado su mirada en él. Bajó la mirada y se encontró con los ojos preocupados e inocentes de la enfermera. Se sintió culpable por lo que estaba sintiendo, por lo que estaba haciendo, pero no podía evitarlo o no quería hacerlo.
Tomó aire y, después de acomodarse erguido en la silla y elevar los ojos para mirarla directamente, habló.
—Hablé con Adrien hoy —dijo sin rodeos. Paola retrocedió en la silla y atinó a soltar un "oh" alargado. Era una persona inteligente y sabía a qué se debía la seriedad en la expresión de Carlo.
—¿De verdad? Creí que no querías saber nada de él —dijo sin remordimiento alguno.
—En realidad... fui yo quien lo buscó primero.
Los ojos de Paola se contrajeron como si fuera una sorpresa, aunque en realidad lo sorprendente sería que no lo hubiera buscado antes. Cuando estaban juntos, sin importar el momento, el lugar o la conversación, Carlo siempre terminaba hablando de esa persona que decía odiar, todas sus conversaciones giraban en torno a él y ella lo comenzó a odiar poco a poco.
Incluso en esa noche especial, él susurró su nombre mientras dormía a su lado.
Ese día fue cuando más detestó a Adrien Gautier. Era arrogante y un completo imbécil, sin embargo, tenía toda la atención de Carlo. Tenía el amor de una persona caballerosa, cariñosa, amable, hogareña y que deseaba formar una familia. Tenía el tipo de amor que ella deseaba y anhelaba para su vida.
—Yo... lo lamento.
Carlo estaba afligido y la culpabilidad se reflejaba en sus ojos. Por supuesto que iba a sentirse culpable y dolorido. Había ilusionado a Paola de la manera más cobarde posible. Le había hecho promesas que desde un principio no pensaba cumplir. Sin embargo, en algún punto, sentía que no era necesario disculparse, después de todo, ella conocía muy bien en qué términos estaban con Adrien.
—No quiero escucharte, no estoy lista para ello.
Paola se puso de pie y agarró el plato de comida para llevarlo hacia la isla de la cocina. Carlo se levantó y la siguió, parándose a su lado. Internamente, se estaba odiando por causar tantos problemas.
—Paola, realmente no era mi intención —dijo en un tono apenado.
La chica lo miró con los ojos completamente agraviados. Casi soltó una carcajada ante esas palabras. Parecía una completa broma.
—¿No fue tu intención hablarme lindo?, ¿No fue tu intención besarme?, ¿No fue tu intención acostarte conmigo?, ¿No fue tu intención usarme para librarte de ese bastardo?
Carlo se quedó en silencio ante las acusaciones de la enfermera. Era verdad que había cometido un grave error. Ella era atractiva, una mujer hermosa, pero por más que lo intentó todo el tiempo que Adrien estuvo en el extranjero y después de su regreso, simplemente no pudo quererla ni siquiera un poco.
Se sentía como un maldito cobarde e idiota por utilizarla de esa manera. Fue ingenuo al pensar que podría olvidarse de Adrien al cambiar los labios a los que besaba. Sin embargo, Adrien simplemente no salía de su mente en ningún momento. Incluso estuvo en su mente en la noche que había tenido relaciones con Paola.
En ese momento, solo podía pensar en la expresión que Adrien tendría. Imaginaba su rostro sudoroso y rosado, solo pensaba en sus piernas blancas y labios rojos, su cintura y su voz excitada no salían de su mente. Pero se obligó a no pensar en ello, a tratar de convencerse de que no había ningún sentimiento hacia Adrien, sin embargo, fue en vano.
Todo había sido en vano.
Adrien era el único en quien podía pensar. El único a quien podía besar y desear.
Él era el único en su vida.
—¿No sientes ni un poquito de cariño por mí?
Al hacer la pregunta, Paola se acercó a Carlo y sujetó sus mejillas frías con sus manos. Sus ojos estaban vidriosos, lo que hizo añicos el corazón de Carlo. Ella realmente no merecía una humillación de esa manera.
Paola había mostrado su lado más vulnerable. Habló de sus miedos, sus sueños, sus metas, le contó sobre su vida; todo fue dejado al descubierto porque, según sus propias palabras, había encontrado a la persona correcta. Pero él no era más que un mentiroso que la envolvió en una maraña de emociones y sentimientos falsos. Paola definitivamente no merecía amar a alguien como él, y él no merecía el amor de una persona tan pura y tierna como ella.
—No de la manera en la que esperas que lo haga —murmuró con culpa.
Ella bajó la mirada, incapaz de contener las amargas lágrimas por más tiempo. Deseaba poder hacer algo para retenerlo. Deseaba que Adrien desapareciera de la mente y la vida de Carlo, pero nada de lo que dijera podía lograrlo.
Carlo sintió un nudo en la garganta al ver el dolor que había causado en Paola. Se culpaba a sí mismo por ser tan egoísta y cruel al no poder corresponder los sentimientos de una persona que solo le había dado amor y apoyo incondicional. La tristeza lo invadió al darse cuenta de la magnitud del daño que había hecho.
Carlo se sintió abrumado por el remordimiento y el dolor que había causado a Paola. La imagen de sus lágrimas y su mirada decepcionada se grabaron en su mente como un recordatorio constante de su propia cobardía y egoísmo.
—Paola, lo siento mucho. No quería lastimarte de esta manera. No mereces esto, mereces mucho más que alguien como yo —susurró con sinceridad, sintiendo un peso en el pecho por cada palabra que pronunciaba.
Paola levantó la vista lentamente, sus ojos enrojecidos y húmedos reflejaban una mezcla de dolor y resignación. Sabía que no podía forzar los sentimientos de Carlo, pero aún así, el dolor de sentirse rechazada era abrumador.
—No sé cómo superar esto, Carlo. Te di todo de mí y ahora me siento como si no fuera suficiente —dijo con voz entrecortada, luchando contra las lágrimas que amenazaban con caer nuevamente.
Carlo se acercó con cuidado y la abrazó suavemente, sintiendo el peso de la culpa en cada fibra de su ser. Sabía que no podía reparar el daño causado, pero al menos quería ofrecer algo de consuelo a Paola en medio de su sufrimiento.
—No hay palabras que puedan remediar lo que te he hecho sentir, pero estoy aquí para ti. Siempre serás importante para mí, incluso si no puedo corresponder tus sentimientos de la manera que deseas. Lo siento tanto, Paola —susurró mientras acariciaba suavemente su espalda, buscando aliviar aunque sea un poco el dolor que había causado—. Si pudiera hacer algo para hacerlo menos doloroso, lo haría.
Paola guardó silencio unos segundos antes de hablar—. Sí lo hay. Hay algo que puedes hacer.
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Comments
Estrella Guadalupe Martinez Vera
definitivamente Carlo solo sabes dañar a las personas que te aman definitivamente eres un egoísta 😡
2025-02-20
0
Butterfly
siente remordimiento por el daño a la tipa, y los sentimientos y desplantes a Adrián?
2024-12-29
2
Lilly
Un completo patán
2024-11-03
1