Capítulo 06. No me importa.

La oficina estaba en pleno ajetreo matutino cuando Carlo caminaba con su habitual elegancia hacia el elevador que lo conduciría a su piso de trabajo. Las puertas se abrieron y, tras unos segundos, otra persona ingresó también. Al instante, Carlo reconoció a esa persona, la misma que había visto en videos y fotografías que Annalise le había mostrado anteriormente.

Sus cejas se fruncieron y su mirada se volvió fría mientras apretaba con fuerza el portafolio en su mano derecha. Las imágenes de Adrien junto a esa persona invadieron su mente como una película a cámara lenta, provocando un creciente malestar en su interior al recordar los momentos que habían compartido.

El elevador se detuvo y ambos salieron en el mismo piso. Carlo se preguntó internamente qué hacía esa persona en ese lugar. A simple vista, parecía sereno y feliz, con una aura de tranquilidad que desconcertó a Carlo. Mientras caminaba detrás de él por el amplio pasillo, observándolo detenidamente, Carlo se cuestionaba qué veía Adrien en alguien tan ordinario y común.

La amable voz de la secretaria de Adrien interrumpió sus pensamientos al mencionar el nombre de Cedric. Carlo frenó sus pasos, incrédulo y sorprendido por lo que acababa de escuchar.

—Buenos días, señor Cedric —dijo la secretaria, llamando la atención de Carlo, quien decidió no preguntar nada y continuó caminando lentamente—. El señor Adrien está adentro, puede entrar.

En ese instante, los pasos de Carlo se detuvieron por completo y su mirada incrédula se posó en la secretaria.

—Gracias, pero no le digas que estoy aquí.

Cedric le guiñó un ojo y entró a la oficina, tomando dos caramelos de menta del dulcero que estaba en el escritorio de la secretaria antes de dirigirse hacia el interior. La chica suspiró al verlo alejarse y colocó ambas manos sobre su pecho, reaccionando de manera exagerada para alguien tan común como Cedric.

Carlo esperó a que la puerta se cerrara antes de acercarse a la secretaria, quien todavía estaba absorta por la persona que había entrado antes en la oficina de su jefe. El carraspeo de Carlo la sacó de su ensimismamiento, provocando que se sentara rápidamente y un leve nerviosismo se apoderará de ella.

—Licenciado Carlo, ¿cómo está? —preguntó la secretaria, mostrando una clara ansiedad en su tono mientras ajustaba su postura.

—¿Cree usted que esa es la actitud correcta hacia un invitado? Suspirar de esa manera por una persona en su empleo no está bien, señorita —respondió Carlo con voz fría y una mirada penetrante que hizo temblar ligeramente a la secretaria.

Carlo Mancini poseía un atractivo innegable, y todas las secretarias suspiraban en secreto por él. Sin embargo, ninguna se había atrevido a dar un paso más allá de lo profesional. Sabían que si lo hicieran, Adrien Gautier, su jefe, las despediría sin titubear, lo cual las mantenía en una cautelosa reserva.

—Sí, lo siento mucho. No volverá a ocurrir —respondió la secretaria con rapidez, tratando de corregir su comportamiento.

Carlo la observó durante unos segundos antes de dirigir su mirada hacia la puerta de la oficina de Adrien.

—No sabía que Adrien había llegado hoy —comentó Carlo, expresando una clara sorpresa.

—No, no, él está aquí desde hace más de una semana —contestó la secretaria, notando la frialdad en los ojos de Carlo y sintiéndose incómoda.

—¿Más de una semana? —Carlo mostró incredulidad. Él aún seguía en comunicación con el secretario de Adrien para asuntos laborales, y la información no coincidía.

—Sí, señor, él llegó hace una semana y cinco días —aclaró la secretaria, sintiendo el peso de la situación.

—La persona que estuvo aquí hace un momento, ¿ha venido a verlo todos los días? —preguntó Carlo, demostrando su preocupación mientras conectaba los puntos en su mente.

La secretaria se encontraba en una situación delicada. Si bien era un secreto a voces que Carlo Mancini y Adrien Gautier tenían una relación más allá de lo laboral, nadie conocía el verdadero alcance de esa intimidad. Además, Adrien era su jefe directo, lo que limitaba su capacidad para hablar de su vida privada. Desde que Adrien había llegado, no había mencionado a Carlo en absoluto, lo que llevaba a la secretaria a suponer que algo había sucedido entre ellos.

—Le hice una pregunta, señorita.

Las palabras pausadas, el rostro inexpresivo y la voz fría hicieron que la secretaria se cohibiera en su lugar. Paso saliva, tratando de pensar si sería correcto decir algo respecto al invitado del señor Adrien. Abrió sus labios un poco, pero antes de que pudiera decir cualquier cosa, una voz fría la interrumpió.

—Ella no tiene por qué responder esa pregunta —el par de ojos volvió su mirada hacia la puerta. Carlo y la secretaria vieron a Adrien viéndolos desde el umbral de la puerta de cedro. Su rostro era igual que el de antes: distante y frío.

Adrien siempre daba esa misma impresión. Alguien calculador y distante con todos, sin embargo, si se observaba de cerca y durante mucho tiempo, se podía ver la soledad y el deseo de ser amado que anidaba en su interior. O al menos eso era lo que Carlo había visto en él.

—No me dijiste que habías regresado —dijo Carlo mientras daba un paso al frente. Fueron seis meses de ignorarse mutuamente. Seis meses en donde su hermana menor estuvo mostrándole de vez en cuando la vida que Adrien estaba llevando en el extranjero.

—Iba a hacerlo, pero el mensaje no pudo enviarse —Adrien se cruzó de brazos y se recargó en la madera. Carlo no dijo nada, después de todo, cualquier explicación seria tomada como una estúpida broma. Además, estaba avergonzado de la manera tan estúpida e infantil en la que había actuado. ¿Cuántos años tenía?, ¿Doce? Incluso él mismo no se explicaba su actuar y, para cuando se arrepintió, había pasado un día y se le hizo aún más estúpido desbloquearlo, por lo que prefirió dejarlo de esa manera.

—Llegaste hace más de una semana, Adrien. Hubieras podido decirme a través del secretario, así podríamos resolver los temas laborales en persona.

La atmósfera en la oficina se volvió más tensa con la presencia de Adrien. Sus ojos, fríos como el hielo, parecían atravesar cualquier barrera emocional. La secretaria, sintiendo el peso de la mirada de ambos hombres sobre ella, se esforzó por mantener la compostura mientras intentaba desviar la atención del conflicto que estaba surgiendo.

—Ah, señor, sobre los asuntos que quedaron pendientes ayer. —La chica miró a Adrien con una mirada preocupada. Sin embargo, la mirada de advertencia que recibió de parte de su jefe la hicieron retroceder en sus palabras y mirar su computadora, como si la pantalla mostrara la cosa más impresionante jamás vista.

—Pues ahora ya lo sabe y, además, no es mi obligación decirte nada. Carlo, que no se te olvide que soy tu superior —Carlo se tensó al instante y sus ojos, originalmente fríos, se oscurecieron aún más, como si una nube oscura cubriera el hermoso azul—. Además, no te importa, ¿cierto?

La pregunta planteada le hizo apretar sus manos al costado. Todo ese tiempo sin comunicarse había servido de mucho para él, pensando en Adrien todo el día y tratando de hacer cosas distintas solamente porque no quería admitir que, tal vez, lo extrañaba un poco. Pero su ego y orgullo eran más grandes que esos pequeños sentimientos que crecían en su interior.

Sonrió con arrogancia y acomodó su cabello hacia atrás con su mano derecha—. Sí, tienes razón, no me importa.

Después de eso, se dio media vuelta y siguió caminando hacia su oficina. Su rostro estaba completamente oscuro; esa molestia se atrevía a ignorarlo después de cuatro años detrás de él. Además, estaba irritado por la indiferencia con la que le habló Adrien en ese momento. Estaba acostumbrado a que, después de un viaje de negocios, Adrien regresara y le pidiera que lo fuera a recoger al aeropuerto, lo abrazara y, apenas estando en un lugar solitario, se lanzara contra él. No obstante, después de medio año de no verse, ni siquiera una sonrisa le regaló.

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Comments

Lea

Lea

Cerlo e smuy egocéntrico, dice que Adrien es una molestia pero a él le encanta tener a Adrien arrodillandose ante el y mendigando un poco de ternura, las personas se cansan de ser pisoteada Carlo.

2025-01-30

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Estrella Guadalupe Martinez Vera

Estrella Guadalupe Martinez Vera

osea wey que te crees 😡😡😡 insuperable, querías que corriera a tus brazos para que lo rechaces nuevamente neta Carlo caes mal mejor pintate un desierto y vete 😠😠😠

2025-02-20

1

Brii.lvmxx

Brii.lvmxx

Al leer este cap en mi cabeza solo se escuchaba: jelousy jelousy jelousy boy

2024-12-07

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