Aura sostuvo las manos del mayordomo en señal de emoción y aprecio. "Esas son buenas noticias, Jenkins; la demanda de hierro debido a la guerra es alta. Podríamos hacer tratos con la familia real", diría Aura con determinación.
"Por favor, milady. Cuente conmigo para hacerme cargo de la producción de hierro; usted ya tiene suficiente en qué pensar y no queda poco para que nuestro ducado sea bendecido con un pequeño heredero", Jenkins miraría el vientre de Aura con total añoranza, pensando que este bebé podría traer alegría al castillo.
"Entiendo, Jenkins. Hablando de ello, ¿has tenido noticias del duque?" Aura, con un rostro lleno de incertidumbre, se preguntaría por qué no ha recibido ni una sola carta; aunque su matrimonio fue algo forzado, siguen siendo marido y mujer.
Jenkins negaría con la cabeza y diría: "No hemos recibido noticias directas del duque, pero por lo que he oído, el frente avanza poco a poco. El reino de Drakonia no tiene planes de ceder en esta guerra, por lo que se ha desgastado nuestro país".
Aura suspiró, pero no comentó nada más. Su esposo era demasiado cruel y violento a sus ojos. Estaba indecisa entre dos pensamientos muy diferentes entre sí.
Esperaba que regresara y, a la vez, no. No quería ser tratada de la misma manera como se conocieron y se dijo a sí misma que no lo permitiría.
Mientras tanto, Jenkins, el leal mayordomo, se esforzaba por mantener la calma y la compostura frente a Aura. Sabía que su papel era apoyarla en todo momento, tanto en los momentos de alegría como en los de preocupación. Observando la determinación en los ojos de Aura, Jenkins se comprometió a hacer todo lo posible para aliviar sus cargas y asegurar el futuro del ducado.
"Milady, aunque la situación sea difícil, todos en el castillo la apoyamos. Juntos superaremos cualquier desafío que se nos presente", aseguró Jenkins con voz serena, buscando reconfortar a Aura en medio de sus preocupaciones.
Aura levantó la mirada y agradeció a Jenkins; luego de eso, le comentó que tenía permiso de retirarse y seguir con sus labores. Emily, que a todo esto se mantenía detrás en silencio cumpliendo con su papel de dama de compañía, se acercó con respeto.
"Milady, ¿hay algo más en lo que pueda ayudar?", preguntó Emily con deferencia, mostrando su disposición para colaborar en lo que fuese necesario.
A lo que Aura sonrió y le dijo que dieran un paseo por el jardín; a estas alturas, las flores que James habría plantado al inicio de la primavera deberían estar empezando a florecer. A lo que Emily felizmente dirigió el camino hacia el jardín, seguidas por Aura.
Al llegar se podían ver a varios trabajadores haciendo sus quehaceres; algunos regaban las plantas, otros cortaban y daban forma a los arbustos, y en medio de todo estaba James en la fuente central del jardín, agachado quitando el musgo que crecía en la fuente con sus manos descubiertas y una pequeña pala.
Aura se acercó a James con una sonrisa, observando su dedicación al cuidado del jardín. "James, el jardín se ve más hermoso cada día gracias a tu arduo trabajo", elogió Aura, reconociendo el esfuerzo del jardinero.
James levantó la vista al escuchar la voz de Aura y le dedicó una cálida sonrisa. "Milady, es un honor trabajar en este jardín y contribuir a su belleza para el disfrute de todos en el castillo", respondió con humildad.
Emily observaba la interacción entre Aura y James con una expresión de admiración. Ella misma había aprendido mucho de James sobre el cuidado de las plantas y el diseño del jardín.
Después de unos momentos de conversación amistosa, Aura expresó su deseo de dar un paseo por el jardín y disfrutar de la tranquilidad del lugar. James asintió con entusiasmo y se ofreció a guiarlas a través de los rincones más bellos y serenos del jardín.
Mientras caminaban, Aura disfrutaba del aroma de las flores y del sonido del agua que fluía suavemente en las fuentes. Se sentía agradecida por tener este oasis de paz en medio de las preocupaciones del ducado.
De repente, Emily señaló hacia una sección del jardín donde las rosas estaban en plena floración, creando un espectáculo de colores vibrantes. "¡Mire qué hermosas son estas rosas, milady!", exclamó Emily con entusiasmo.
Mientras tanto, Jenkins observaba desde la distancia con satisfacción, contento de ver a Aura encontrar un momento de paz. Así que ordenó a unos sirvientes que prepararan un espacio entre las flores para que la duquesa disfrutara del jardín acompañado por el té y unos postres, a lo que los sirvientes asintieron con diligencia y se apresuraron a cumplir con la orden de Jenkins.
Aura agradeció al sirviente con una sonrisa y se dirigió hacia la mesa, seguida de cerca por Emily. Se acomodaron en las sillas colocadas estratégicamente para disfrutar de la vista del jardín mientras saboreaban el delicioso té y los postres.
Aura invitó a su ama de compañía a disfrutar junto con ella y, ya que estaban a las demás sirvientas que habían preparado todo, y aunque el número de sillas era reducido, las sirvientas más jóvenes no sintieron reparo en sentarse en el suelo alrededor de Aura, creando así una escena armoniosa y mágica.
A lo lejos de la escena, un hombre de apariencia cuidada, de ojos azules y cabello castaño, se topó con la escena casualmente mientras paseaba por los alrededores del castillo. Quedó fascinado por la armonía y la magia del momento, aunque no conocía a los participantes. Se detuvo en su camino, observando con admiración cómo Aura y sus acompañantes disfrutaban de la tarde en el jardín, rodeados de flores en plena floración.
Este hombre, cuya identidad se mantenía en el misterio, sacó con rapidez un cuadernillo de dibujo y comenzó a esbozar la escena con detalle, deseando capturar la belleza efímera del momento. Se mantuvo en silencio, sin querer interrumpir la tranquilidad del instante, pero su expresión revelaba una profunda fascinación por lo que veía.
A pesar de que era un completo desconocido para los presentes en el jardín, sentía una conexión especial con aquel momento. Como si el simple acto de plasmar la escena en papel le permitiera formar parte de ella de alguna manera.
A lo que Aura, sintiendo una mirada posada en ella, se percata de aquel joven que la miraba con mucha intensidad, se escondía tras un muro de arbusto con rapidez. Aura no entendía el significado de aquello, por lo que no le dio más importancia y siguió charlando con las criadas.
Tiempo después, a la hora de cenar, el mayordomo se acercó a Aura con la intención de querer comunicarle una noticia, y es que se trata ni más ni menos que de la llegada de su hijo Thomas. "Lamento comunicárselo a estas horas, milady; mi hijo Thomas ha llegado al castillo", anunció el mayordomo con una reverencia respetuosa. Aura se sorprendió gratamente al escuchar la noticia.
Aura asimiló la noticia con una mezcla de sorpresa y emoción. "No sabía que tenías un hijo, Jenkins. Es una grata sorpresa", expresó con una sonrisa cálida, sintiendo curiosidad por conocer al joven que acababa de llegar al castillo.
Jenkins asintió con gratitud. "Sí, milady. Thomas es mi hijo. Ha estado fuera por un tiempo, pero está aquí ahora", respondió con orgullo en su voz.
"Es a quien solicité para que se hiciera cargo de la escuela, Thomas es un joven que desde pequeño fue muy inteligente y se graduó de la academia real hace unos años. Tengo fe de que él puede encargarse de ello".
"Puedes presentármelo en el gran comedor. Cenemos todos juntos para hablar sobre los planes a futuro", comentaría Aura con algo de emoción.
Jenkins asintió con gratitud nuevamente. "Por supuesto, milady. Será un honor presentarle a Thomas", respondió con entusiasmo, complacido de que Aura confiara en su hijo para tan importante responsabilidad.
Aura se dirigió al comedor junto a su dama de honor y el mayordomo, a lo que fue recibida cortésmente por Thomas, quien yacía parado frente a la entrada de este. Era un hombre que parecía estar alrededor de unos 25 años, alto pero de una complexión no muy robusta. Con ojos tímidos se dirigió a saludar cortésmente a Aura.
Aura se acercó con una sonrisa cálida, observando a Thomas con interés y cortesía. Thomas, con un gesto de respeto, saludó a Aura con timidez, mostrando una mezcla de emoción y nerviosismo por conocer a la noble dama.
"Thomas, es un placer conocerte", dijo Aura con amabilidad, extendiendo su mano en un gesto de saludo.
"Milady, el placer es mío", respondió Thomas con cortesía, tomando su mano con gentileza.
Jenkins observaba con orgullo la escena desde el lado, sintiendo una profunda emoción al ver a Thomas interactuar con Aura, reconociendo en su hijo la misma determinación y lealtad que él mismo había servido en el ducado durante tantos años.
Con un gesto de caballerosidad, Thomas tomó una silla y la arrastró cuidadosamente hacia afuera de la mesa, ofreciéndola a Aura con un gesto amable. Ella aceptó con una sonrisa de agradecimiento, sintiéndose halagada por la atención y la cortesía del joven. Mientras tanto, Jenkins observaba con orgullo la escena, reconociendo en la gentileza de su hijo los mismos valores de cortesía y respeto que él mismo había inculcado en su crianza.
Una vez que todos estuvieron cómodamente sentados alrededor de la mesa, la conversación comenzó a fluir. Aura mostraba un genuino interés en conocer más sobre las ideas y habilidades de Thomas, mientras que él expresaba su gratitud por la oportunidad de servir al ducado de una manera tan importante. Hablaron sobre la educación y el futuro de los jóvenes en el ducado, intercambiando opiniones y sugiriendo posibles mejoras para el sistema educativo.
Thomas compartió sus experiencias y conocimientos adquiridos en la academia real, destacando su pasión por la enseñanza y su deseo de contribuir al desarrollo intelectual de la comunidad. Aura escuchaba con atención, impresionada por la dedicación y el compromiso del joven. Se sintió alentada al ver el entusiasmo y la determinación de Thomas, reconociendo en él un aliado valioso para la realización de sus planes para el ducado.
Mientras tanto, Jenkins observaba con orgullo a su hijo, sintiéndose emocionado por el futuro que se avecinaba. Recordaba con cariño los años de crianza y formación de Thomas, y se sentía orgulloso de verlo convertirse en un hombre honorable y talentoso. Estaba seguro de que Thomas cumpliría con excelencia su nueva responsabilidad en la escuela, inspirando a las generaciones futuras con su sabiduría y su dedicación.
La cena transcurrió en un ambiente de camaradería y complicidad, con risas y anécdotas compartidas entre los comensales. Aura se sentía agradecida por la grata compañía y el ambiente cálido y acogedor que reinaba en el comedor. Se dio cuenta de que, a pesar de las dificultades y los desafíos que enfrentaba el ducado, siempre había motivos para la esperanza y la alegría.
Al finalizar la cena, Aura expresó su gratitud a Thomas por su colaboración y su compromiso con el ducado. Lo felicitó por su nombramiento como responsable de la escuela, asegurándole su apoyo y su confianza en su capacidad para desempeñar tan importante tarea. Thomas recibió las palabras de Aura con humildad y gratitud, comprometiéndose a trabajar arduamente para cumplir con las expectativas depositadas en él.
Concluida la velada, todos se retiraron a descansar, con la satisfacción de haber compartido momentos de camaradería y complicidad.
Aura se retiró a sus aposentos con la certeza de que el futuro del ducado estaba en buenas manos, confiando en el talento y la dedicación de Thomas para guiar a la comunidad hacia un mañana más próspero y esperanzador.
Los días siguientes transcurrieron sin mayor problemas, Aura tenía una rutina sencilla, trabajaba unas pocas horas en su oficina, ya que contaba con la ayuda del ama de llaves, a veces iba al pueblo a inspeccionar como se adaptaban las personas a la nueva normalidad, lo cual fue verdaderamente impresionante, una gran porción de las mujeres ya estaban adaptando al trabajo y estudiando algunos oficios, los hombres, en cambio, parecían un poco incómodos, ya que no saben como comportarse con la presencia femenina en sus áreas de trabajo.
No todos lo tomaron como algo malo, las parejas algo mayores pasaban más tiempo juntos y los niños correteaban camino a la escuela, todos recibieron educación incluyendo los del orfanato. En los campos de arroz, las mujeres y los hombres trabajaban y supervisaban que las plantas estuvieran libres de alguna plaga.
El pueblo se recuperaba poco a poco, incluso llegaron haber un incremento en la población debido a que refugiados y personas que emigraban en búsqueda de un lugar mejor decidieron hacer del territorio su hogar permanente. Aura se sentía orgullosa de ver cómo su comunidad se adaptaba y prosperaba en medio de los desafíos. Su compromiso con el bienestar del pueblo era evidente en cada acción que tomaba.
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Comments
Ivon Caraballo
y el duque bien gracias...ni una carta...sola duquesa no estuviera ya el baron hubiese quebrado el ducado
2024-04-09
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