Cuándo el carruaje estuvo listo, Abigaíl salió de la mansión en compañía de unos diez guardias del ducado y tras ella, iban los carruajes con los regalos y los empleados del palacio, también la seguían a caballos.
Durante todo el camino, la joven se sintió ansiosa y nerviosa, pues no sabe que va a hacer cuando tenga a ese hombre frente a ella, parece que fue impulsivo de su parte, irse al palacio, pero si ella no le pone un alto a Romeo, ese loco es capaz de comprar todas las tiendas del imperio, solo para darle regalos.
El trayecto hasta el palacio estuvo tranquilo, y le tomo como dos horas llegar allí.
Cuándo llegó, el cochero, le abrió la puerta, y ella dudó un poco en salir del carruaje, pero al final salió de allí.
En cuanto baja del carruaje, sintió un escalofrío por toda su espalda, pero ella tomó valor y siguiendo sus recuerdos, se encaminó hasta la oficina de Romeo. Cuando estaba frente a la puerta, la abrió de una manera brusca, y entró en la oficina, enojada sí, pero como toda una reina de belleza.
Allí estaba Romeo tranquilo como si nada estuviera pasando, estaba leyendo unos documentos, o mejor dicho, fingía leer unos documentos y al hacerlo se veía tan elegante y guapo como siempre.
Él, aunque ya había sentido el delicioso olor de su destinada, decide mejor esperar a que ella llegue a él, pues de seguro, ella viene a quejarse con respecto a los regalos, o tal vez por la carta “romántica”.
Por un momento su lobo quería salir a tomar el control, pero él se lo impidió, ya que si Amón se sale de control, lo primero que hará es ir tras Abigaíl y hacer una locura y eso no es bueno.
—Tú... ¿Cómo te atreves a mandar regalos a la mansión de mis padres, cuando ahora te la pasas metido en los burdeles? Eres un inmoral— dijo ella indignada y Romeo con calma solo levanto la vista de los documentos que estaba “leyendo”, para ver a una bella Abigaíl con su bella carita roja de la ira. Él ante esa vista sonríe ladino.
—Ah, ya te fueron con el chisme, pero se le olvidaron decirte, que yo durante el mes que te fuiste, he estado metido en el palacio, todos mis empleados son testigos de eso — dice él mientras se para frente a ella, y al hacerlo recibe una cachetada que lo dejó con el lado picante.
—Eso es por decirme esas cosas en esa carta, no me importa tu vida, pero deja de molestarme, ya no me mandes regalos, no lo recibiré — dice ella para luego darse la vuelta y, al hacerlo, fue abrazada por la espalda.
—¿Ya te he dicho que te ves hermosa cuando estás enojada? Tu actitud me hace creer que estás celosa, pero no temas, yo solo te amo a ti— dice Romeo con una voz ronca por el deseo que siente por esa pequeña gruñona.
La joven, cuando escuchó aquello, se sonrojó, y estaba muda sin saber qué decir, pues su actitud es la de una mujer celosa.
Se tardó unos segundos en hablar, pero al final, le ganó la ira.
—Romeo nunca voy a tener celos de un hombre promiscuo como tú, ya déjame ir, me supongo que tus mujeres te pueden ser útil en lo que deseas, ve y busca una de ellas para pasar el rato, conmigo no te saldrá ni la hora — dice ella tratando de alejarse de él, pero el hombre, en cambio, la aprieta más a él, y de paso le deja un beso en el cuello, el cual hace que la piel de la joven se erizará por todos lados.
—Ya no tengo más mujeres aquí en el palacio, desde que supe que eras mi destinada, todas esas mujeres salieron del palacio, yo solo deseo estar contigo, no sea mala, solo dame una oportunidad y verás que soy capaz por ti, si me lo puedes, beso el suelo en dónde pisas— dijo Romeo, mientras muerde el lóbulo de la oreja de dicha mujer, quién por lo dicho por Romeo, estaba con la boca abierta, pues no sé imaginaba que algo así pasaría.
Incrédula, ella dice.
—No tienes que hablar mentiras para impresionarme, de todos modos, no quiero nada que venga de ti, no quiero ser tu amiga, ni nada — dice ella segura de lo que dice.
—¿Por qué razón no deseas nada conmigo?—preguntó él mientras nuevamente muerde el cuello de la joven, y ella, al sentir su boca allí, casi lanza un brinco, y cuando Romeo pasó su lengua por allí, la joven sintió que la temperatura de su cuerpo subió a mil.
Ella, para escaparse, con una de sus manos, intentó darle un golpe bajo a Romeo en sus (canicas), pero él ya sabía que ella intentaría hacer eso, y por esa razón atrapó su mano, y la colocó en la parte delantera de su pantalón en donde estaba ya formado un buen bulto, uno que estaba duro como una roca.
Ella al sentir aquella dureza, se imaginó lo que era, y por eso lanzó un brinco. Por ese acto tan repentino, ambos terminaron cayendo al suelo, y ahora la situación era más embarazosa que hace un momento.
Ella abajo y Romeo arriba, ya se pueden imaginar la situación.
*****
Al verse de ese modo, la joven empezó a luchar con todas sus fuerzas por salirse de debajo de Romeo, pues tiene miedo de lo que pueda pasar.
Pero nada de lo que hacía funcionaba, pues este la tenía abrazada con mucha fuerza. Claro, sin hacerle daño.
—Déjame ir— dice ella con la cara roja de la ira y sintió más ira cuando la nariz de ese hombre tan atrevido la empezó a olfatear por todo su cuello. El hombre sacó a flote su raza lobuna.
Más que oler, aquel hombre tenía la intención de comerse a Abigaíl y dejar casi nada de ella, es solo que está yendo de poco a poco, deleitándose primero con su delicioso olor a frutos rojos, y para evitar ser un hombre desvergonzado. Como si más se puede.
—Te dejaré ir, únicamente si me das un beso — dice el meloso sin dejar de olor el cuello ajeno.
—No besaré la boca de un hombre que ha besado más de la mitad del imperio, sabrá Dios qué enfermedad tendrás — dice ella enfurecida y eso enfureció también a Romeo.
—Te recuerdo que, desde que te conocí, que hice el amor contigo, nunca he pasado la noche con las demás mujeres del harén, y ese tiempo que duraste en coma, no paso nada entre ellas y yo, y mi boca nunca ha besado a ninguna de ellas, nada más a ti. El rumor sobre mí, es una mentira. Tampoco es que soy tan bastardo como para ir a besando cuánta boca se me cruza por delante— dice él dejando ir a Abigaíl, pues le molesta que ella piense así de él.
Abigaíl, al escuchar eso, estaba sin habla, pues no sabía ese dato de Romeo, y por la mala cara que tiene ahora, se ve que no miente.
Ella se levanta del suelo y se arregla el vestido y de paso el cabello, pues estaba hecha un desastre andante.
—Bueno... El caso es, que ya no me mande regalos a casa de mis padres. Si haces eso, te lo mandaré de regreso con tus hombres o le voy a prender en fuego — dice ella terminado de arreglarse.
— Abigaíl, te tengo que dejar claro un par de cosas. Puede ser que me desprecies por ser un bastardo, pero recuerda esto: yo haré hasta lo imposible por recuperarte, y el puesto de emperatriz será solo tuyo, tarde que temprano, pues es tu destino. Despréciame todo lo que quieras, pero yo ya te dejé claro que será mía. Es inevitable que estemos juntos, por algo somos parejas destinadas. En pocas palabras, yo soy tuyo, y tú mi pequeña eres solamente mía, éntrate eso en tu bella cabeza— dice el serio.
Ella al escuchar eso, no dijo nada y salió de la oficina hecha una fiera humana, pues ese hombre no entiende que ella no quiere nada con él. Cuando salió del palacio, se encontró con que Sofía acababa de llegar.
Aquella última, al ver a su prima, sintió cómo su mundo se le vino abajo y su rostro estaba pálido como una sábana.
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Comments
Barbarasl73 🇨🇱
ya Abigail-Anabel, ahora es cuando, dale la paliza de su vida a esa maldita.
2024-07-26
5
Barbarasl73 🇨🇱
ajajajjajaja me recordó a Pepe Le Pew (serie animada, el protagonista un zorrillo, que perseguía enamorado a una gata).
2024-07-26
4
Francisca Alcantara
/Facepalm//Facepalm//Facepalm/Ese huevo 🐣 quiere sal 🧂
2024-05-26
2