La fecha que más deseaba postergar llego, la culminación de mi penúltimo año escolar.
Con la segunda mejor calificación, ( la primera fue de Sophi) llegue a mi casa con mucha alegría, para demostrarle a mis padres que era buena en los estudios.
Mi madre me miro de una forma extraña, como si tuviera dos cabeza.
Elvira muestra ese mismo entusiasmo el día de tu boda o cuando digas que estás embarazada, pero por semejante tontería estás tan contenta.
Esas palabras borraron la sonrisa de mi rostro y ahora era yo quien la miraba como si le hubiera salido otro ojo en medio de la frente.
Madre es insólito lo que dices, sabes lo que muchos padres darían porque sus hijos tuvieran esta calificación le dije indignada.
Sé que no vas a alegrarte, pero un bien hecho hija sería mucho pedir una lágrima rodó por mi mejilla y la limpie con bronca.
Basta no quiero discusiones en casa, hablo mi padre con autoridad, para luego abrazarme, felicidades hija.
Ese abrazo reconfortó un poco mi corazón achicopalado.
Por eso tiene esa ideas tan loca de seguir estudiando, porque le consientes y solapas todo mi madre recrimino furiosa.
No quiero discutir nuevamente por lo mismo cariño, deja a la niña sacar su bachillerato, mi padre abrazo a mama.
Ves por eso no me respeta, debería estar haciendo cursos de cocina para aprender a consentir a mi yerno.
Casi vomito con la idea de estar mimando melosamente a Jacob.
Voy a descansar, me duele la cabeza dije para retirarme.
Ve mi niña, mi dulce padre me dedico una sonrisa y me pico el ojo.
Subí las escaleras para ir a mi habitación.
Tome una ducha donde llore a mares, mis lágrimas se mezclaban con el agua.
Deseo una familia normal, quisiera estudiar diseño gráfico y continuar trabajando en lo que tanto me gusta.
Salí me sequé y me puse un pijama.
Encendí mi tablet y me conecté en una videollamada con mis amigos.
Les conté la horrible reacción de mi madre y me consolaron.
Por extraña razón mama no me molesto ese día, ni hizo comentario alguno por mi pijama, por no usar maquillaje o no peinar mi cabello.
Confiada que mi madre comenzaba a aceptarme como soy, me fui a dormir, nada más lejos de la realidad.
Mama me despertó temprano.
Levántate Elvira el desayuno está listo.
Mami no hay clase, déjame dormir un poco más, dije intentando cubrir mi rostro, pues la luz me molestaba.
Me quito la cobija con brusquedad, por lo mismo vas a levantarte, porque no hay clase gracias a Dios y aprenderás como cuidar del hogar, así que arriba.
No me quedo otra opción con desgano salí de la comodidad de mi cama.
Hice mi aseo matutino preguntandome que hice para merecer esto.
Baje y encontré a mis cinco hermanos hermosamente vestidos y peinados, mi madre perfecta como siempre, mientras yo aún usaba pijama.
No pudiste cambiarte Elvira mi madre me reprocho.
Lo lamento madre bajé la mirada en sumision demasiado temprano para pelear repetí en mi mente un par de veces.
Siéntate que se enfrían tus panqueques.
Tome asiento.
Ahora las manos, dijo mama.
Todos extendimos y tomamos la mano de quien estaba a nuestro lado y comenzamos a orar.
El desayuno fue incómodo, mi madre me decía así debes hacer esto y así lo otro.
Mi hermano menor me miraba con pena y hasta yo sentía pena de mí.
Ve a cambiarte Elvira saldremos, mi madre ordeno.
Si mami, no cuestione ni pregunte a donde, porque seguro me ganaría un gran sermón.
Respire pausadamente mientras subía las escaleras.
Tome un pantalón negro rasgado en las rodillas, una blusa blanca un poco corta, pero sin mostrar nada, calce mis zapatillas deportivas converse.
Me peine e hice una coleta alta, me coloque perfumen y poco de brillo humectante en los labios.
Nada extravagante, pero decente me dijo mi madre con buena cara.
Pensé que mis hermanos irían por como estaban vestidos, pero el timbre sono y mis dos tías llegaron para cuidar de ellos.
Vamos Elvira, camine apresurada tras mi madre que con unos tacones de aguja parecía que volaba con la gracia de una gacela.
Subimos al auto y no hable, pero presentía que algo no pintaba bien, tan amabilidad me achinaba la piel.
La tonalidad amarilla de mama parecía brillar con mayor intensidad.
Paro el auto frente a una estética y confirme mis sospechas.
Quiere hacerme un cambio.
Aparte cita para ambas, dijo feliz como si se hubiera sacado la lotería y yo solo pensaba oh Dios mi cabello.
Afortunadamente mama no pidió cambiar mi corte o teñirlo.
Me hicieron hidratación, secado y planchado, manicura, pedicura y mascarillas faciales.
El día de estética no estuvo mal, hasta lo disfruté.
Me maquillaron hermosamente, algo muy sutil, pero que destaco mis lindos ojos.
Sé que no te gusta el maquillaje hija, pero no necesitas demasiado para lucir hermosa, úsalo.
Asentí mi madre me hablaba con ternura y estaba haciendo un esfuerzo por comprenderme, a su modo, pero no me estaba imponiendo nada.
Fuimos de compras y aunque algunas de sus elecciones no me agradaron no discutimos, un gran avance pensé.
Esta noche usa uno de los vestidos nuevos tendremos una cena.
Todo parecía miel sobre hojuelas, pero se convertiría en hiel muy pronto.
Tome un baño y me puse un lindo vestido azul que combinaba y resaltaba mis ojos, intente el maquillaje que me hicieron en la estética, si bien no quedo exactamente igual me veía y sentía hermosa.
Ya lista me miré al espejo y algo sucedió, por primera vez vi mi propia luz un tono celeste irradiaba de mí.
Eres hermosa me dije frente al espejo y tomé varias fotos que envíe a mis amigos.
Algo me decía que esa felicidad no duraría, pero no quería prestar atención a esa voz en mi interior.
La hora de la cena llego.
La casa estaba perfecta, la mesa tenía más puestos y dos arreglos florales.
Olvide alguna fecha especial me pregunte, pero deseche esos pensamientos.
Jacob, su hermano Jonás y sus padres llegaron, esto me anunciaba problemas, pero permanecí tranquilamente confiada, error mío.
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Betty Saavedra Alvarado
Elvira llegó la hora de poner la fecha del matrimonio tu madre solo te quiere casar tu padre no dice nada solo acepta lo dice tu madre
2024-01-31
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