La presencia de Juan David en esta casa hace más de un mes que no me parece necesaria, me he acostumbrado a su ausencia a pesar de que adaptarme a esta vida nueva ha sido muy difícil para mí; sin embargo, estar frente a él me da una sensación de intranquilidad que me molesta mucho y más aún cuando hace intentos de cortejarme, de recuperar lo que por inmaduro ya perdió, de acercarse a mí, cosa que evito a toda costa. Juro que lo estoy aborreciendo.
—Buen día, Eliana —saluda el inútil con una sonrisa en su rostro y yo viro mis ojos con molestia—. Te ves hermosa, como siempre.
—Hola, ¿A que hora traes a Eliot y a donde lo vas a llevar? —pregunto mientras termino de colocarme los aretes y tomo mi bolso para salir, hoy debo asistir a una entrevista de trabajo—.
—Eliana, estás... Demasiado hermosa —comenta sorprendido—. ¿Tienes una cita con alguien? ¿A caso ya tienes pareja?
—Gracias, pero eso no responde a mi pregunta y tampoco es de tu incumbencia lo que haga con mi vida. Fui muy clara, nuestras conversaciones deben ser estrictamente por nuestro hijo —respondo cortante y él hace mofas de desagrado—.
—Está bien, no te enojes. Voy a llevarlo a su práctica de fútbol, luego de llevarle el morral a Aixa que esta en el gimnasio y lo olvidó en casa, ¿Vas a preguntarme que voy a hacer con mi hijo cada vez que quiera salir con él?
—Entiendo, no, no fue lo que quise decir... Cuida a Eliot y no lo traigas tan tarde a casa, eso es todo.
—Lo sé. No soy un mal padre, mujer, nunca lo he sido. Debes tenerme más fe. OK hice cosas malas, pero créeme cuando te digo que estoy totalmente arrepentido —me regala una mirada lasciva—.
—No dije que lo fueras. Aunque tengo una opinión adversa a eso que dices. Solo me mantendré al margen. Pero debes saber que es mi deber como madre cuidar de mi hijo y me importa poco lo que digas, solo quiero que él esté bien.
Le digo y él me mira fijamente y sonríe de lado mientras se acerca un poco más.
Detallándolo bien, se ve realmente mal. El hombre que era hace unos meses se desvaneció, está a un paso de la indigencia y esto realmente me preocupa.
—Lo sé Eli, sé que haces un gran trabajo al cuidar de nuestro hijo. Pero estará bien conmigo. ¿Puedo saber a donde vas tan elegante y bella? Sabes, te he extrañado mucho en estos días, no sabes cuan necesitado estoy de ti. De tus cuidados.
—¿A caso te importa hacia donde me dirija? —pregunto mirándolo a los ojos— Y bastante notorio que estás siendo. Te ves acabado, ojeroso, tu higiene va en decadencia y mírate. ¿Tu mujer no te plancha la ropa? —enarco una ceja—.
—Aixa no hace nada en casa. Dice que no sabe hacerlo. Y sabes que no dejarás de importarme nunca, y sí, estoy descuidado, pero es por ti, te he extrañado mucho.
—No seas ridículo y para acá no vuelvas con el rabo entre las piernas porque eso no te va a funcionar.
—Mírate, cuanto has cambiado. Nunca antes me habías tratado así. Parece que nos estamos volviendo enemigos, no quisiera llegar a eso, si no quieres hablar más del asunto del divorcio está bien, por ti estoy dispuesto a ignorarlo, te pido una disculpa, cariño, es solo que estaba siendo presionado por mi mujer.
—Pues no debería importarte tanto, ¿sabes que puedo grabarte y enviarle esa nota de voz a la ridícula que tienes esperando en el gimnasio? Piensa bien en lo que dices porque no es una simple amenaza.
—Vamos, no tienes por que ser tan grosera ahora, podemos ser amigos, ¿No crees? Buenos amigos, de los que van a cenar juntos y salen a divertirse a solas, vamos de vacaciones, ¿Sí? Estoy dispuesto a perderme todo un fin de semana contigo. Apagamos los celulares y que nadie nos interrumpa.
—No gracias, no quiero ni me interesa ser tu amiga, ni mucho menos tu amante. Si antes no te importó irte de vacaciones con tu familia, no vengas a tratar de considerarlo ahora.
—Eli, se que fui un estúpido nena, pero quiero que me perdones. Por favor. —se arrodilla ante mi—. Eli perdón, perdóname, mi amor. Yo quiero estar contigo no hay nadie que me atienda mejor que tú.
No puedo creer que sea capaz de tanto, y verlo llorar de esa forma me irrita aun más.
—Levántate y deja de hacer el ridículo —le devuelvo las mismas palabras que me soltó hace un mes y él me miró fijamente, se levantó dándome la espalda y se pasa la mano por su cara.
—¿Me prestas el baño? —pregunta para evadir la incomodidad de este momento.
—Desde luego. Estás en tu casa —respondo seria señalando el pasillo—.
Sin darme cuenta, la rabia me hizo perder la razón, actué sin pensar, sin saber que está acción traería consigo severas consecuencias.
Juan se dirige al baño y yo sin pensarlo tanto tomo ese pequeño frasco que llevaba en mi bolso y voy al vehículo de ese hombre, tomo el termo de agua de esa maldita bruja y le vacío el contenido de ese frasco completo en la botella, mismo que en su interior tenía una potente dosis de cianuro de hidrógeno que de no ser combatido en veinte minutos, la persona puede morir sofocada y con un ataque al corazón debido a la insuficiencia respiratoria.
Misma toxina que no es tan fácil de detectar en el organismo de quien lo consume y la muerte a menudo suele ser confundida con un paro cardíaco o respiratorio.
Solo yo tenía el antídoto en mis manos para contraatacar ese veneno que se dispersaría rápidamente por la sangre de esa perra.
No pensé en asesinarla, estaba segura de que este sería un buen susto que se llevaría esa maldita mujer y después de un rato la vería suplicar por el antídoto.
"Quiero que sufra esa bruja" No va a ser feliz luego de hacer mi vida una mierda, se arrodillará suplicando para que la deje vivir.
Vuelvo a la cocina y me deshago de ese frasco, lavo mis manos y me dirijo a la sala a despedirme de Eliot. Juan me sonríe con picardía y me pregunta si no voy a despedirme de él de la misma manera que con nuestro hijo (con un beso) y yo lo miro con ganas de darle otro frasco de veneno a el también por descarado y atrevido.
Me voy rumbo a mi reunión y unos cinco minutos más tarde recibo una llamada de David.
Sonrío ampliamente y contesto tranquila.
📲—Sí, dime.
📱—Eli, mi amor debes ayudarme —me dice desesperado—.
📲—¿Que sucede David?, estás asustándome.
📱—Íbamos de camino al gimnasio cuando Eliot me informó que tenía sed y no tenía más que la botella de agua del morral de Aixa, le dije que bebiera un poco de ahí. Luego se desmayó y no reacciona voy de camino al hospital. Alcánzame allá, ¿Sí? Te necesito Eli, no me dejes solo por favor —suplica desesperado—.
📲— No... No puede ser... Mi hijo no —lloro y de los nervios solté el celular— Esto no me puede estar pasando a mí.
Golpeo mi cabeza desesperadamente
¿Qué voy a hacer ahora?
📱—Eliana —gritó Juan David desesperado— maldita sea responde. Tienes que venir ahora mismo.
📲—Regresa a casa, lleva al niño a casa ahora mismo y yo te veré ahí —respondo hecha un manojo de nervios—. Mi amigo es doctor y está cerca, lo llevaré conmigo para que lo atienda de inmediato. Date prisa, en el hospital tardarán mucho tiempo en atenderlo mientras realizan el papeleo del seguro.
📱—Está bien, regresaré pero no te demores, estoy a tres minutos de la casa, Eliot no se ve nada bien, no reacciona y sus labios se están tornando morados.
📲—Es un desmayo Juan. Lo veré en casa y estará bien. Lo llevaremos al médico después.
(Termino la llamada)
Los nervios no me dejan ser. Por mi maldita ira desenfrenada y mi estupidez de querer jugar a ser Dios puse en peligro la vida de mi hijo y ahora mismo estoy más que arrepentida por lo que he hecho, siento que me estoy muriendo por dentro, la preocupación no me deja pensar y lo único que tengo claro es que debo darle ese antídoto a mi hijo cuanto antes.
Me mata saber lo que mi pobre niño va a comenzar a sufrir en diez minutos si no le doy ese antídoto, todo por mi culpa. Por mis inseguridades.
Golpeo con fuerza el volante.
¿Por qué tuve que hacerlo? Ya lo había pensado bien y había decidido no hacer nada al respecto. Juré que los dejaría en paz.
¿Por qué ese imbécil tuvo que venir a restregarme en la cara que a ella la complace en todo? de no ser por eso no hubiera hecho esta estupidez.
Llegué a casa de Raúl y lo subí a mi coche casi a rastras, él llevaba una pijama puesta, debido a que recien terminó su turno laboral en el hospital y ya se encontraba a punto de ir a dormir, pero nada de eso me importó.
Debía ayudarme a salvar a mi hijo y posteriormente a salir de este gran problema en el que estúpidamente me metí, no puedo confiar en nadie más que en él en un momento como éste, ese hombre siempre ha sido mi apoyo en todo momento y sé que no me dejaría sola jamás, mucho menos en una situación así.
Él me sigue al coche y hablamos mientras vamos de camino a mi casa, me pide que me tranquilice pues si Juan me ve en ese estado puede sospechar algo y en eso tiene mucha razón.
Juntos debemos hacer como si esto no hubiera sido grave. Nadie debe saber que yo ocasioné esta situación, iría a la cárcel de inmediato y lloro por que mi hijo es quien está pagando las consecuencias de mis actos.
Llegamos a mi casa casi al mismo tiempo que Juan David quien llevaba a Eliot en sus brazos a la habitación de los medicamentos, mientras yo tenía el antídoto en mis manos, con lágrimas en mis ojos y un temblor horrible en todo mi cuerpo.
Raúl me quita ese frasco y lo mete en su bolsillo, toma mis manos dejando un beso en el dorso mientras me mira fijamente a mis ojos, me dice que él se hará cargo y que todo saldrá bien a partir de ahora.
Admito que esa seguridad que me trasmite es justo lo que necesito en este momento y me tranquiliza. Él me dice que atenderá a mi hijo ahora mismo y me exige que quite la cámara delantera del vehículo de Juan, misma que captó las imágenes de cuando me acerqué ahí para tomar el morral de esa infeliz.
A pesar de que me encontraba en medio de un terrible trance hice lo que me pidió, tomé esa cámara y la del interior del vehículo y esperé a que me dijera cuál sería nuestro siguiente paso, ya que no tenia ni la más mínima idea de que haríamos luego.
Simplemente debía confié en él.
Me dio un par de guantes de látex para que no fuese a dejar mis huellas en el vehículo en caso de que a Juan le dé por investigar, así que sigo sus indicaciones al pie de la letra. Me sentí tan mal porque mientras yo trato de salvarme el pellejo, mi hijo está adentro sintiendo esos terribles dolores.
Teniendo la cámara en mis manos y la botella, cerré la puerta del vehículo y volví a la habitación donde tenían a mi hijo, que cabe acotar que ya estaba fuera de peligro, pero se encontraba dormido ahora mismo.
Bese su frente y lo abracé fuerte. Le pedí perdón mil veces por hacerle esto. Hasta que Raúl me pidió que saliera para seguir atendiendo a mi pequeño Eliot.
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Comments
Lita Wellington
Hay Eliana ten cuidado se que estás enojada y quieres quemar a ese par, solo que no te enojes de esa manera
2024-08-30
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Anonymous
Jajaja en serio? Ahora quiere que ella sea la amante?
2024-08-21
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Anonymous
Que!!!!!
2024-08-20
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