Maria Cristina Kioto quedó pensando en el investigador José Maria Riera. Ese hombre la inquietaba. Era como si quisiera mantenerla solitaria y a su merced en el departamento de su hermana.
Cuántas veces había sabido que muchos policías eran los mismos asesinos seriales de víctimas ignoradas por la sociedad porque permanecían en un sector prohibido o denigrado por todos.
Su hermana le había mandado perfectamente los ojos y la mirada del asesino. Eran ojos verdosos y los del oficial Riera eran negros. También mentalmente le mando desde el más allá, su sonrisa. Una sonrisa muy bella, atrayente, cautivadora. A Riera no lo había visto sonreír. Parecía molesto y su conversación sobre las características psicológicas del asesino realizada por la psicóloga Marga era dudosa. Marga estaba enamorada de Riera. Eso lo sabía internamente. Era como si cada gesto de Riera al referirse a La agente Magda delatara su relación oculta con esa mujer.?¿Acaso si ellos estaban enamorados esa mujer no lo defendería? Recordó que en la puerta escuchó en su cabeza, la voz de su hermana diciéndole: "El asesino está aquí". Y fue justo en ese momento que vio al investigador bajar de su hermoso auto.
Maria Cristina Kioto estaba molesta y asustada. Sabía que debía cuidarse de ese hombre, así como sabía que el padre Lucas le ayudaría de alguna manera.
Llamó al padre Lucas y le dijo que el inspector del delito José Maria Riera, le prohibió su presencia en su departamento.
-- Eso no es posible. ¿Por qué esa actitud de investigador.? Usted acaba de perder a su hermana. Necesita concurrir a la iglesia. Necesita las palabras de Dios para que le den consuelo y fuerza para luchar internamente con este hecho tremendo.-- dijo Lucas.
El padre Lucas apenas colgó el teléfono llamó al oficial Riera.
-- Señor inspector. Me extraña el deseo de apartar a la señorita Kioto de su religión, del consuelo de Dios a través de mí persona. Quiero avisarle que no respetaré su disposición. Maria Cristina me necesita y estaré a su lado quiera usted o no. --
La actitud del cura molestó a Riera.
-- Bajo ningún punto, padre. Le informo que usted está siendo investigado. Su interés por la señorita Kioto es bastante inexplicable en un sacerdote. Yo tengo la obligación de cuidarla. Y eso haré. - respondió.
Los dos colgaron el celular molestos uno con otro.
Sin saberlo María Cristina se bañó. Tomó una salida de baño de su hermana Marilú y se cubrió después de bañarse. Limpió las tasas del café que había servido para el inspector.
Miró el celular que ese hombre le había dado. Entendía el manejo del celular pero nunca había tenido uno. Solo le importó el botón que debía tocar en caso de peligro. Apoyo el celular sobre la mesa y fue a apagar el cirio que había prendido para su hermana. Justo en el momento que sopló la vela el plasma de su hermana se prendió solo y una película comenzó a proyectarse. Una mujer habló en la tela :
-Auxilio! Auxilio.. Decía la artista en voz baja.
Un estremecimiento cubrió el cuerpo de María Cristina. Su hermana le estaba avisando algo. Instintivamente, tocó el botón del teléfono que estaba sobre la mesa. Casi de inmediato los guardianes del inspector tocaron la puerta.Pero no eran los guardias era el asesino.
Y entonces lo vio.
Los ojos del asesino estaban en la puerta. El tenía un ramo de flores sobre la cara. La sonrisa que su hermana le había mostrado no se veía tapada por el ramo de Margaritas.
-- He traído unas flores para usted. ¿Puedo pasar?-
Maria Cristina supo que no tendría tiempo de cerrar la puerta. Y el asesino pasó.
Maria Cristina respiraba agitada y caminó sabiendo que él tendría quizás un cuchillo en la mano detrás de ella.
Trató de hablar con tranquilidad pero estaba seguro que el asesino la mataría.
-- Pase por favor. En realidad usted trae flores para mí hermana gemela. Lamentablemente ella falleció. Aún no sabemos cómo sucedió. -- dijo.
El asesino que en ese momento levantaba el cuchillo quedó con este en el aire.
Ella aún no se daba vuelta.
-- Baje el arma por favor. -- le dijo sin mirarlo. Usted ya mató a mí hermana. ¿Quiere ahora matarme a mí?-
-- Zorra !- dijo con voz ronca el asesino.
Maria Cristina Kioto por fin lo miró.
Tal como lo advirtió sin ver, el tenía un ramo de Flores y un cuchillo en su mano.
De golpe María Cristina se sintió tranquila. La muerte dejó de importarle. Los ojos del asesino y su sonrisa también la subyugaban.
-- No señor. Soy novicia en un convento. Mí hermana gemela estaba pérdida en la lujuria. Yo no siquiera se que es estar con un hombre. -- dijo.-- ¿por eso mató a mí hermana.? ¿Qué tiene usted contra las mujeres perdidas?--
-- No le creo. No le creo nada maldita mujer. -- dijo el roncamente. -
-- ¡Senorita Kioto! ¡Abra la puerta!- Gritó el inspector en la entrada del departamento.
Comenzó a golpear la puerta con su hombro cada vez más fuerte.
Maria Cristina se lanzó sobre el asesino e intentó sacarle el cuchillo. Sus manos se cortaron con el filo y la sangre comenzó a salir en forma abundante.
Maria Cristina se desmayó cuando el detective logró abrir la puerta a golpes. Apenas entró y vió a la señorita Kioto en el suelo llena de sangre gritó con fuerza. Fue en ese momento que el asesino detrás de la puerta le golpeó con un objeto pesado en la cabeza.
El padre Lucas venía avanzando hacia la casa de Kioto cuando vió el movimiento. Corrió dentro y casi desfalleció al ver a María Cristina cubierta de sangre desmayada en el piso y al inspector Riera tendido dormido a su lado. Los guardias trataban de acudir a Riera que sangraba por la cabeza.
El cura corrió ,tomo una tela de la mesa y envolvió la mano sangrante de Kioto y llamó al 911.
En la habitación estaban solos los dos.
Kioto y Riera.
Uno dormido por un golpe en la cabeza y ella lastimada con un cuchillo.
El padre Lucas estaba convencido que Riera atacó a La señorita Kioto. Ella se defendió golpeándole. Pero si el no llegaba ella morería desangrada.
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Comments
Irene Nievecita
Que estupida todas las teorías que barajan tanto la tonta de la mojigata como el cura qué no tiene vela en este entierro, ¿ para que meter a un cura en la trama, por lo que se ve esta demás su presencia, la mojigata no es monja, no es necesaria su presencia en la iglesia y también solo estorba, por que no obedece cuando le dicen algo y s cree que el policía mató.a la prostituta qué era su hermana
2025-01-26
1
Mildred Álvarez
cura estúpido vas a echar a perder la investigación.
2024-10-28
2
Jesus Castro Montero
Hay cura el asesino es otro pero María Cristina ya le vio la cara al asesino ahora solo falta que despierte ella y el detective para que sepan quien es el asesino excelente novela gracias escritora
2024-06-30
6