Cap #8

Daniels se encontraba en su habitación, acostado en la cama y mirando el techo recordando. Después de la discusión que había tenido con su madre por la prometida que había elegido para él. En un principio se había negado, ya que su intención era seguir a Lila. Pero con la intervención de su padre, él había aceptado conocer a la mujer que su madre había elegido.

- solo voy a verla y dejar en claro que no tengo intenciones de casarme- se dijo a sí mismo y en eso recordó lo que le había dicho Elizabeth sobre dónde se había dirigido Lila. Y levantándose de la cama fue en busca de libros y mapas para averiguar sobre los posibles lugares donde podría haberse ido.

Se dirigió a la biblioteca de su padre y buscó algunos libros. Agarrando algunas volvió a su casa, cruzándose en el camino con su madre.

- mañana tienes que estar presente para el desayuno. Viene Lady Rose, tu futura esposa- comentó mirando a su hijo.

Daniels hizo una mueca de disgusto, y siguió su camino. Pero volvió a escuchar a su madre quién había vuelto a hablar, -Espero que actúes como un caballero con ella-.

Daniels no se detuvo, y siguió su camino. Cuando llegó a su dormitorio, empezó a revisar los libros, después de unas horas suspiró y se dejó caer en un sillón.

-el gran imperio de plata... Es el único lugar en esa dirección. Pero ese imperio es de difícil acceso, sus habitantes rara vez salen y no dejan entrar a desconocidos-. Mencionó mientras se agarraba el cabello.

Daniels se quedó un rato pensando, hasta que se levantó para servirse una copa y se asomó a su balcón. -¿Por qué te habrás ido a ese lugar?- se preguntó, mientras seguía sonriendo de su copa aquel vino dulce y transparente.

-dicen y transparente-, comentó mirando su copa. -tan diferente a ella que es dulce pero oscura-. Pensó volviendo a beber de su copa de vino y contemplar la noche que empezaba a sentirse algo frío.

Aquella noche se acostó pensando en lo que debería de hacer. En un principio estaba seguro de ir tras Lila, pero ahora al saber dónde se había dirigido, empezaba a dudar sobre ir a buscarla. Con todas esas cavilaciones en la cabeza, al final se quedó dormido.

La mañana había llegado, y todos en la mansión de los padres de Daniels estaban alborotados, todo tenía que estar perfecto porque la prometida del único hijo de la pareja estaría llegando con su familia para el desayuno. Daniels veía desde el balcón como todos iban y venían y se sintió frustrado. Pero decidió prepararse.

Una hora después le avisaron que tenía que bajar para recibir a la familia de su prometida y obviamente a ella. Bajó las escaleras pesadamente, salió y esperó en la puerta al lado de su padre y madre. Vio cómo se acercaba un carruaje y cuando estuvo lo suficientemente cerca paró, bajando de la misma un hombre canoso, ya de edad, seguida de una mujer un poco más joven. La última en bajarse fue una hermosa dama rubia con ojos color miel. No podía negarlo, era hermosa a los ojos de Daniels.

Su madre lo empujó para que fuera a saludar a la señorita Rose, Daniels se acercó y con una reverencia agarró la mano de ella y dejó un beso en él.

-es un placer conocerlo Lord Daniels-, comentó la chica con una sonrisa amable y alegre.

- el gusto es mío Señorita Rose-, comentó él volviendo a su postura, y dando la vuelta saludó a, "sus futuros suegros".

Todos entre risas entraron a la mansión para ir al jardín trasero dónde se llevaría a cabo el desayuno entre ambas familias. Rose sin perder el tiempo se agarró del brazo de Daniels quién se sorprendió, pero no objetó aquella acción de la rubia.

Transcurrió el desayuno con normalidad, y en un momento la madre de Daniels le recomendó a su hijo que invitará a la señorita Rose a un paseo para que pudiera conocer la casa y hablar un poco para que ellos se pudieran conocer también.

Así, la pareja salió a dar un paseo. Ambos en silencio caminaban por el jardín, hasta que la rubia le pidió que le muestre la mansión por dentro, y Daniels no se negó.

-es un lugar preciosa-, comentó Rose con una sonrisa.

-puede decirse que si lo eso-, contestó Daniels sin emociones.

Se encontraban en los pasillos del segundo piso de la mansión, Rose se adelantó un poco y dándose la vuelta dijo, -parece que no soy de su agrado. Pero entenderá que el compromiso es importante para nuestras familias. Deberíamos hacer lo posible por llevarnos bien, al final de cuentas seremos marido y mujer.

-es como lo dijiste, es un acuerdo entre nuestras familias y no entre nosotros. Además, ya tengo a alguien que me gusta,- respondió Daniels sin mirarla.

Rose con una sonrisa dijo, -ya veo. Y, ¿la amas?-.

- lo hago-, contestó secamente Daniels aún sin dirigirle la mirada.

Rose ante aquello sonrió un poco, y dándose la vuelta entró a un dormitorio. Daniels la iba siguiendo.

-no es adecuado que estemos aquí solos, deberíamos volver al jardín-, comentó él.

- aún no, primero te demostraré que todo lo que dijiste es una tontería-, dijo ella y poniendo seguro a la puerta de la habitación, volvió a mirar a Daniels y sonriendo desabrochó su vestido dejándolo caer al piso.

Daniels abrió grandes ojos al ver aquellos pechos y esa piel tan blanca. Trató de mirar para otro lado, pero la rubia no se lo permitió.

Rose se acercó a él y agarrando la mano de Daniels se lo colocó en uno de sus pechos y con una sonrisa pícara le dijo;

-tienes mi permiso de hacer lo que quieras-.

Para Daniels aquello era muy tentador, quiso evitar aquello, pero ya sentía algo duro entre sus piernas. Pensó en Lila, y miró a la rubia que tenía en frente desnuda y todo lo que tenía en la cabeza se fue a la mierda. Agarró a la chica y empezó a besarla desesperado, y la dejó en la cama. Apresuradamente, se sacó la camisa que tenía puesta, y bajó la cremallera del pantalón, sin pensarlo abrió las piernas de la chica y posicionándose entre ellas sin dejar de besarla entró en ella. Fue doloroso para Rose, ya que era su primera vez. Daniels no se contuvo y se movió en ella. Los jadeos de ambos se escuchaban en la habitación y disfrutaron del momento.

Cuando terminaron, Daniels se maldijo a si mismo. Tenía a la rubia abrazada a él, en la cama. Se sintió miserable al haber caído en aquello. Por su parte Rose estaba feliz, logró atar a Daniels. Ahora él tenía que hacerse responsable de ella. Además fueron descubiertos por los padres de ambos. Rose solo había fingido asegurar la puerta, nunca lo hizo.

De esto Elizabeth se había enterado y fue el motivo de su enojo. -casi le creí cuando vino a mi pidiendo que le diga dónde está Lila-, había comentado Elizabeth cuando Nicolás le contó sobre la situación.

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Comments

Viviana Astrid Garcia Osorio

Viviana Astrid Garcia Osorio

imbecil perro sarnoso🤬🤬🤬🤬🤬🤬🤬y la otra una cualquiera regalada🤬🤬🤬🤬🤬🤬🤬🤬🤬

2025-01-24

1

Yenifer Luna

Yenifer Luna

tonto

2025-01-14

1

Natalit

Natalit

bueno soldado caído en fin ya no me agrada que se lo coma el perro

2024-11-05

3

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