Aprendiendo A Amar
*Una mañana fría de Junio de 2002, el sol brillaba en el cielo despejado, pero el aire cortante hacía que los niños del orfanato se acurrucaran en sus abrigos*
*En el patio del orfanato, un grupo de chicos y chicas de diferentes edades jugaba, reía y corría por el lugar. Entre ellos, una chica destacaba por su concentración en un cuaderno de dibujo. Era Antonella, una chica adolescente, de baja estatura, con un jardinero descolorido, cabello corto, algunas pecas dispersas en su rostro y unos ojos azules que irradiaban una mezcla de tristeza y esperanza*
*Sentada en un banco, Antonella dibujaba un paisaje con dedicación. Sus trazos eran firmes pero delicados*
*De pronto, una sombra se cernió sobre su cuaderno. Levantó la mirada y vio a Martina, una chica de su misma edad*
Martina: Ay, Anto, Anto, ¿dibujando otra vez?
Antonella: Dejame en paz, ¿sí?
Martina: ¿Qué? Si tus dibujos son horribles, no sé por qué insistís la verdad...
Antonella: Martina, sos insoportable, ¿te podrías ir?
Martina: *encogiéndose de hombros* Sí, mejor me voy. Cada tonto se divierte a su manera... ¿no?
Antonella: Por lo menos yo me divierto dibujando, feliz, y vos te divertís molestando al resto porque no tenés nada mejor que hacer, de lo aburrida que es tu vida, seguramente...
Martina: ¿Qué dijiste? A ver, repetilo...
*Antonella dejó su cuaderno a un lado y se levantó, enfrentando a Martina*
Antonella: *desafiándola* ¿Querés que te lo repita? ¡Te lo repito!
*Antes de que la situación escalara, una figura adulta se acercó a ellas. Era la directora, con una expresión de autoritaria preocupación*
Directora: ¡Ey, ey! ¿Qué es todo esto?
Antonella: ¡Martina, que me está molestando, como siempre!
Directora: Bueno, basta, paren de pelear. Martina, ya está la comida, andá...
*Martina salió corriendo, lanzando una última mirada de desprecio a Antonella*
*Antonella también iba a irse corriendo, pero la directora la detuvo con suavidad pero firmeza*
Directora: No, Antonella, vos no vas.
Antonella: ¿Por qué?
Directora: No podés ir, porque te vinieron a buscar.
Antonella: ¿Cómo? ¿A qué se refiere?
Directora: Vino un pariente tuyo, e hizo los papeles para tener tu custodia y que puedas vivir con él...
Antonella: ¿Qué? ¿Qué pariente? Si yo no tengo familia...
Directora: Sí tenés, es un tío tuyo...
Antonella: ¿Tío?
Directora: *Con voz calma* Sí, me dijo que era tu tío materno. Así que agarrá tus cosas, que te está esperando...
Antonella: No, pero espere, todo esto es muy rápido, me tengo que despedir...
Directora: ¿Despedir de quién?
Antonella: *mirando a su alrededor* No sé, de mis amigos...
Directora: *sonrisa comprensiva* No, no, no hay tiempo. Vos dejamelo a mí, yo se los voy a decir...
Antonella: *suspiró* Bueno, pero por favor, déjeme escribir una carta aunque sea...
Directora: Bueno, pero rápido, eh... y Antonella...
Antonella: *deteniéndose por un momento* ¿Qué?
Directora: Te felicito por esta suerte que te cayó. Por favor, no la desaproveches...
Antonella: *asintiendo lentamente* Está bien, muchas gracias...
*Antonella la miraba muy confundida mientras la directora se alejaba, dejándola pensativa*
*Minutos después, Antonella caminaba lentamente hacia la recepción, sus pasos resonando en el pasillo vacío. Una mezcla de confusión y desconfianza la invadía*
*Al llegar a la recepción, vio a un hombre junto a la directora. Él la esperaba con una sonrisa amplia y cálida, mientras la directora mantenía una expresión serena*
*El hombre tenía el cabello castaño salpicado de canas, ojos castaños llenos de una emoción contenida y una vestimenta simple pero cuidada. Al ver a Antonella, su sonrisa se ensanchó aún más*
Directora: Mírela, ahí viene.
Pablo: *voz suave y emocionada* Hola, Antonella...
*Pablo extendió la mano hacia ella. Antonella, con recelo y desconfianza, le dio la mano tímidamente*
Antonella: Hola...
Directora: ¿Ya tenés todo, Antonella?
Antonella: *asintiendo* Sí, sí.
Directora: ¿Segura? ¿No te olvidás nada?
Antonella: No, no, tengo todo.
Directora: *sonriendo con ternura* Bueno, dicho eso, ya podés ir, Antonella. Estás en buenas manos, no te preocupes...
Pablo: *voz tranquilizadora* Tranquila, no tengas miedo.
Directora: Ay, Antonella, tantos años con vos. Vamos a extrañarte...
Antonella: *forzando una sonrisa* Yo también...
Directora: Pero bueno, ya tendrías que ir. Me alegro que te haya surgido esta oportunidad, no les pasa a muchos ya. Aprovechalo, y sé feliz.
Antonella: Bueno, muchas gracias...
Pablo: *extendiendo su mano hacia la puerta* ¿Vamos, Antonella?
Antonella: Bueno, dale, vamos...
Pablo: Bueno, chau, ¡muchas gracias!
Directora: No hay de qué, adiós. Adiós Antonella, cuidate.
*Antonella y Pablo se dirigieron hacia la salida. Antonella miró hacia atrás, viendo cómo la directora la observaba con una mezcla de orgullo y tristeza. Seguía mirando hasta que la puerta del orfanato se cerró detrás de ella*
*Después de un rato, el auto avanzaba por la ruta. Pablo conducía con una expresión serena, mientras Antonella, sentada en el asiento del acompañante, miraba por la ventana con una mezcla de desconfianza y timidez*
*Los campos verdes y colinas ondulantes se extendían hasta el horizonte, creando un paisaje pintoresco*
Pablo: Antonella...
Antonella: *girando la cabeza lentamente* ¿Sí?
Pablo: Quiero que hablemos.
Antonella: *confundida* ¿Hablar de qué?
Pablo: De todo esto. Me imagino que debe ser re confuso para vos, ¿o no?
Antonella: *asintiendo levemente* Sí, un poco... yo... yo pensaba que no tenía más familia...
Pablo: Ni bien supe de tu paradero, hice todo lo posible para venir a buscarte...
Antonella: *sorpresa* ¿En serio?
Pablo: *sonriendo con calidez* Pero claro que sí, Antonella.
Antonella: *titubeando* ¿Entonces... usted es mi tío materno?
Pablo: Por favor, podés tutearme...
Antonella: *avergonzada* Ups, perdón, no me di cuenta...
Pablo: *asintiendo* Sí, soy tu tío de parte de madre.
Antonella: Claro, entiendo, con razón no sabía de usted... perdón, de vos...
*Pablo sonrió, tranquilizándola*
Pablo: No te preocupes, no me conocés, es normal que hables así. Pero cuando nos vayamos conociendo, eso se va a arreglar...
Antonella: Claro, me imagino... y una pregunta...
Pablo: Claro, decime.
Antonella: ¿Cómo se... cómo te llamás?
Pablo: *sonriendo* ¿Yo? Me llamo Pablo. Pablo Santander, es mi nombre...
Antonella: *repitiendo el nombre en voz baja* Ohh... claro, Pablo Santander...
Pablo: Ahora en 10 minutos llegamos a casa...
Antonella: *sorprendida* ¿En serio? ¿Qué, vivís por acá? ¿En los campos?
Pablo: *riendo suavemente* En los campos no, pero vivo al lado de uno, básicamente. Ahora lo vas a ver...
Antonella: Bueno...
*El paisaje continuaba deslizándose, y aunque Antonella seguía confundida y tratando de asimilar la situación*
*Después de unos 15 minutos de viaje, el auto se detuvo frente a una casa imponente. Antonella y Pablo se bajaron del auto, y Antonella miró con asombro la estructura de la casa*
Pablo: *señalando con orgullo* Mirá, Anto, ésta es mi casa...
*La casa de dos pisos tenía una fachada de piedra que le daba un aire rústico pero elegante. Una escalera grande y bien cuidada conducía a la entrada principal. La casa era espaciosa y sólida, irradiando una sensación de calidez y estabilidad*
*Antonella observaba maravillada, sus ojos recorriendo cada detalle*
Antonella: Es muy linda, Pablo...
Pablo: *sonriendo* ¿Te gusta?
Antonella: *asintiendo* Sí, me gusta...
Pablo: *extendiendo la mano hacia la puerta* Bueno, entremos entonces...
*Ambos caminaron juntos hacia la casa y entraron. Al cruzar la puerta, Antonella fue recibida por una cálida bienvenida*
*En la entrada, un chico y una mujer los esperaban con sonrisas amistosas. El chico tenía cabello rubio y corto, vestía una camisa verde y unos pantalones color beige. La mujer, de estatura alta, llevaba el cabello completamente corto, vestía una chaqueta lila, una camiseta blanca y unos pantalones de jean negros*
Pablo: ¡Hola, chicos!
Gina: ¡Hola!
Pablo: Lorenzo, Gina, ella es Antonella...
Gina: *alegría* ¡Hola, Antonella!
Lorenzo: *sonrisa tímida* Hola...
*Antonella los miraba con timidez, sintiéndose un poco a la defensiva pero también curiosa*
Antonella: Hola...
Pablo: *riéndose suavemente* ¡Ah, cierto, no te presenté! Antonella, él es Lorenzo, mi hijo... y tu primo también...
Antonella: *sorprendida* Oh, hola...
Pablo: Y ella es Gina, mi ama de llaves y mi amiga de hace muchos años...
Gina: *extendiendo la mano con calidez* ¡Hola, Antonella! ¡Es un placer!
Antonella: *apretando suavemente la mano de Gina* El placer es mío...
Pablo: Vení conmigo, ¿querés ver tu habitación?
*Una sonrisa iluminó el rostro de Antonella, con una chispa de ilusión en sus ojos*
Antonella: ¿Mi habitación? ¿Tengo una habitación?
Pablo: ¡Pero obvio que sí, Anto!
Antonella: *emocionada* Quiero verla...
Pablo: *guiándola hacia la escalera* Vení conmigo...
*Subieron las escaleras, y llegaron a una puerta que Pablo abrió con cuidado, revelando una habitación luminosa y acogedora*
*Al abrir la puerta y entrar a la habitación, Antonella se quedó sin palabras. Sus ojos se agrandaron con asombro y una sonrisa se dibujó en su rostro al ver el espacio que ahora sería suyo*
*La habitación era grande, con paredes de color rosado. Una cama con mantas color beige se encontraba contra la pared. Estanterías blancas alineadas con libros decoraban una de las paredes, mientras que un mueble con una lámpara amarilla y un armario marrón completaban el conjunto. Cerca de la cama, una ventana con cortinas rosas dejaba entrar la luz natural*
Pablo: ¿Qué opinás? No te conocía, por eso lo decoré así. ¿Hay algo que no te guste?
*Antonella dejó su bolsa con sus cosas en el suelo, todavía asombrada*
Antonella: ¿Gustarme? ¡Me encanta! ¿En serio esto es todo para mí?
Pablo: *sonriendo* Claro, Anto, ¿para quién será si no?
Antonella: *mirando a su alrededor con alegría* ¡Me encanta! ¡Es re lindo!
Pablo: Bueno, esto es para vos. Si hay algo que no te guste o alguna incomodidad, decime...
Antonella: No tengo ninguna incomodidad...
*Se acercó a la cama y se sentó sobre ella, sintiendo la suavidad del colchón*
Antonella: *riendo* ¡Es re cómodo este colchón! Nada que ver con el colchón del orfanato, muy duro e incómodo...
Pablo: *sonrisa satisfecha* Estoy muy feliz de que te haya gustado...
Antonella: ¡En serio te agradezco! ¡Nunca tuve una habitación propia!
*Pablo se entristeció un poco al escuchar eso, sus ojos reflejaban una mezcla de tristeza y compasión*
Antonella: Ay, perdón, es que me emociono mucho... *risa nerviosa*
Pablo: No pasa nada, vos tranquila, lo entiendo.
Antonella: *mirando por la ventana* El pueblo debe ser muy lindo... quisiera pasear para conocerlo mejor...
Pablo: ¿Querés salir a tomar aire? ¿Querés que te acompañe? Así de paso hablamos un poco.
Antonella: *asintiendo con entusiasmo* ¡Dale!
Pablo: *preocupado* Pero está helado afuera, ¿tenés algo así para abrigarte?
Antonella: Ay, no, no tengo nada para abrigarme, solo tengo otras dos prendas... ¡Igual no importa! Estoy acostumbrada al frío, lo puedo aguantar...
*Pablo estaba sorprendido y algo triste al escuchar eso*
Pablo: No, no, esperame. ¿Cómo que aguantar? Esperame un segundo, te voy a traer algo...
Antonella: *incómoda* No, no te molestes, en serio... estoy acostumbrada.
Pablo: No, no podés estar así con el frío que hace afuera. Vos esperame un segundo, ahora vuelvo.
Antonella: *resignada* Bueno, está bien...
*Pablo salió de la habitación apurado, dejando a Antonella algo apenada. Ella se quedó mirando la habitación, todavía asimilando todo lo que estaba pasando*
*Media hora más tarde, en el comedor de la casa, Gina y Lorenzo estaban charlando animadamente*
*De repente, se escucharon pasos ligeros en la escalera. Al levantar la vista, Lorenzo vio a Antonella bajando las escaleras, luciendo un buzo color beige. Su expresión cambió drásticamente, como si hubiera visto un fantasma*
*Gina, notando la reacción de Lorenzo, se giró para ver a Antonella también*
Antonella: *sonrisa tímida* ¡Hola!
Gina: *sonrisa cálida* ¡Hola, Antonella!
Lorenzo: *voz tensa* ¿Qué hacés con eso puesto?
*Antonella bajó la sonrisa, confundida*
Antonella: ¿Cómo?
Lorenzo: ¡Que de dónde sacaste esa ropa! ¿¡Quién te la dio!?
*Antonella se quedó petrificada, asustada por la intensidad de la reacción de Lorenzo*
*En ese momento, Pablo entró al comedor*
Pablo: Pará, Lorenzo, ¿qué te pasa? Yo le di ese suéter...
Lorenzo: ¡Pero papá! ¿Cómo vas a hacer esto? ¡Le diste ropa que era de mi mamá!
Gina: Shh, ey, por favor, calmate...
Lorenzo: ¡No me voy a calmar! Por favor, sacate eso...
Pablo: *tono autoritario* ¡Ella no se va a sacar nada porque vamos a salir! Pero después vamos a hablar vos y yo, ¿eh?
*Lorenzo estaba visiblemente enfurecido, mientras Antonella se sentía asustada y triste por la confrontación*
Pablo: *dirigiéndose a Antonella* Vamos, Antonella...
*Antonella asintió tímidamente y siguió a Pablo, ambos salieron del comedor*
*Una vez que se fueron, Gina se volvió hacia Lorenzo con una expresión de preocupación*
Gina: Lorenzo, te tenés que calmar. ¿Cómo vas a estallar así contra ella?
Lorenzo: ¿Pero no viste lo que tenía puesto? ¡Era ropa de mi mamá! ¡Papá había dicho que mientras él siguiera vivo jamás iba a tirar o regalar su ropa! ¡Y mirá lo que hizo!
Gina: Capaz no lo hizo porque sí. ¿Y si ella no tenía nada para abrigarse? Esa chica vino acá con un overol así, corto, con el frío que hacía afuera...
Lorenzo: ¡Pudo haber usado algo tuyo, o haberle comprado ropa! ¡No darle la de mi mamá!
Gina: Yo solo te digo que no te hagas problemas por eso. Ya estás bastante estresado con todo esto de las bodegas, ¿o no?
Lorenzo: *resignado* Sí, eso es verdad.
Gina: ¿Querés que te haga un café? Creo que lo necesitás...
Lorenzo: Bueno, dale... gracias, Gina.
*Lorenzo pegó un suspiro, tratando de calmarse mientras Gina se dirigía a la cocina*
*Después de un rato, Antonella y Pablo paseaban por las pintorescas calles del pueblo. El aire fresco les acariciaba el rostro, y el sol brillaba suavemente. Antonella caminaba un poco preocupada, mirando de vez en cuando a su alrededor*
*Pablo, notando su inquietud, decidió romper el silencio*
Pablo: ¿Qué te pasa, Anto?
Antonella: No es nada...
Pablo: Si es por lo que pasó en la casa...
Antonella: *mirándolo con preocupación* Es que... ¿por qué Lorenzo reaccionó así? No entiendo...
Pablo: Lorenzo anda un poco estresado, no te angusties por él...
Antonella: ¿Es por algo más?
Pablo: *en voz baja* Es que... lo que pasa es que esa ropa era de su mamá...
Antonella: *sorprendida* ¿Cómo? ¿Acaso ella...?
Pablo: *asintiendo con tristeza* Sí, y nosotros nunca volvimos a abrir su armario en años después de eso... al verte con ese suéter, se descolocó un poquito...
Antonella: Ay, no, perdón...
Pablo: *ternura* ¿Por qué perdón?
Antonella: Porque te metí en un problema con tu hijo... si hubiera sabido, habría salido como estaba antes y ya está...
Pablo: No, no, no te disculpes. Vos no podías salir de esa forma, te podías enfermar. Además, Lorenzo no tiene idea, pero ella siempre quiso que su ropa la donáramos o que la regaláramos después de su muerte... yo solo no lo hice por él...
Antonella: *timidez* Pero... ¿Puedo preguntarte algo?
Pablo: *asintiendo* Claro, sí...
Antonella: ¿Cómo fue? Si te molesta la pregunta, no hace falta que me digas...
Pablo: Ella... ella estaba muy enferma... y cuando nosotros lo supimos, le quedaban pocos meses de vida... esos meses los aprovechamos como nunca... *sonriendo tristemente*
Antonella: ¿La extrañás?
Pablo: *asintiendo lentamente* Sí, la extraño mucho. Por suerte pude rehacer mi vida, pero me costó superarlo en 4 años...
Antonella: Claro... lo entiendo. Y ahora entiendo la molestia de él...
Pablo: Pero vos no te preocupes por Lorenzo, yo voy a hablar con él.
Antonella: De todas formas, no quiero seguir usando esto. No quiero ocasionar molestias. Capaz consigo plata y puedo comprarme la mía...
Pablo: *sonriendo cálidamente* No, Antonella, vos no vas a conseguir plata. La realidad es que yo te iba a dar plata para que compraras, pero como todo esto pasó muy rápido no quería agobiarte. Así que prefería dejarlo para mañana.
Antonella: *asintiendo* Ahh, entiendo, claro.
Pablo: *mirando a su alrededor* ¿Y? ¿Te gustó un poco el pueblo?
Antonella: *sonriendo* La verdad, me encantó. Yo ya había estado antes en este pueblo, solo que no lo había recorrido bien. Está muy lindo. Hay lugares hermosos, es muy colorido.
Pablo: Sí, eso es lo que tiene. Es muy pintoresco.
Antonella: Ey, Pablo, ¿te puedo pedir algo?
Pablo: *curiosidad* ¡Claro, decime!
Antonella: ¿Puedo seguir caminando solo un poco sola, y recorrerlo de nuevo? Es que hay lugares muy lindos, y los quiero dibujar.
Pablo: *preocupación* Pero Antonella, no conocés mucho de este lugar. ¿Y si te perdés?
Antonella: No me voy a perder, tranquilo. Yo sé cómo llegar de nuevo. Tengo memoria y vos me enseñaste casi todo...
Pablo: ¿Estás segura? No quisiera que te pase nada..
Antonella: *sonriendo* Vos quedate tranquilo. No me va a pasar nada, yo sé manejarme en la calle. Es más, podés ir a casa y charlar con tu hijo mientras yo paseo...
Pablo: *pensativo* Hmm, está bien, tenés razón. Pero por favor, cuidate, ¿sí? Y si no sabés cómo volver o algo, pedile un teléfono a alguien y llamame, este es mi número.
*Y él le entregó un papelito con su número*
Antonella: Bueno, dale, está bien. Podés quedarte tranquilo.
Pablo: *sonriendo* Bueno, Anto, chau. Cuidate, ¿eh?
Antonella: *sonriendo ampliamente* Sí, Pablo, tranquilo, chau...
*Pablo se despidió de ella y se alejó, mientras Antonella, muy feliz, continuó caminando por las calles del pueblo, sintiendo una nueva sensación de libertad y emoción*
*Varios minutos después, Antonella caminaba alegremente por las calles, disfrutando del pintoresco paisaje del pueblo. Al pasar al lado de una pequeña cafetería, se percató de su encanto y decidió volver para verla mejor*
Antonella: *asombrada* ¡Ay, qué lugar tan lindo! ¡Es pequeño pero muy lindo!
*Se sentó en un asiento de piedra que había afuera, sacando su cuaderno de dibujo*
Antonella: No, hay mucho viento, mejor no... mejor voy a verlo por dentro... *sonriendo*
*Decidida, entró en la cafetería y quedó fascinada al instante. El interior era acogedor, con mesas de madera y una atmósfera cálida y relajante*
*Al entrar, notó que no había clientes, solo una chica charlando con el barista, ambos sentados en taburetes*
*La chica tenía cabello castaño que caía hasta por debajo de los hombros, un flequillo y vestía un elegante vestido gris. El chico, por otro lado, vestía de mozo, con cabello negro corto y ojos grises*
*Al ver a Antonella entrar, la chica y el barista intercambiaron miradas confusas y susurraron entre ellos*
Malena: *susurrando* ¿Y esa chica? No la había visto en mi vida por el pueblo...
*Mariano se queda viéndola, había algo en ella que había llamado su atención*
Mariano: *encogiéndose de hombros* No sé... yo tampoco la vi nunca...
*Decidida a confrontar la curiosidad, Malena se levantó y se acercó a Antonella, mientras Mariano observaba con una mezcla de curiosidad y preocupación*
Malena: Hola, ¿vos quién sos? ¿Sos nueva por acá?
*Antonella, sintiéndose un poco intimidada, respondió con timidez*
Antonella: *tímida* Ehh, sí, soy nueva...
Malena: Ay, ¿pero sabés qué? Los nuevitos así como vos se van a sentar en las mesas de afuera.
Mariano: *interviniendo rápidamente* ¡Malena, no seas mala onda!
*Antonella, sintiéndose humillada, salió de la cafetería con mala cara y una sensación de tristeza. Mariano miraba a Malena con enojo y desaprobación*
Mariano: No tenías que ser así...
Malena: *despreocupada* Ay, tampoco es para tanto.
*Mariano, impulsado por un sentimiento extraño y energizante, decidió seguir a Antonella. Salió rápidamente de la cafetería, dejando a Malena atrás, para alcanzar a la chica desconocida que había llamado su atención*
*Antonella paseaba alegremente alrededor de las sillas de la cafetería, girando con los brazos extendidos y la cabeza hacia atrás, disfrutando del momento. De repente, perdió el equilibrio y estuvo a punto de caer en una fuente cercana. En un instante, Mariano corrió hacia ella y la sostuvo por la espalda, evitando la caída*
Mariano: ¡Señorita, cuidado!
*Los brazos de Mariano rodeaban la cintura de Antonella, y sus miradas se cruzaron*
*Ambos se quedaron en silencio, la respiración de Antonella aún agitada por el susto, mientras Mariano la sostenía firmemente. Una sonrisa nerviosa se dibujó en los labios de Antonella, mientras sentía el calor de las manos de Mariano en su espalda*
Mariano: *sonrisa suave* Casi se cae, señorita...
Antonella: Y usted me salvó...
*Mariano la ayudó a ponerse de pie con cuidado, sus manos todavía en su cintura*
Mariano: *mirándola con curiosidad y admiración* ¿Quién sos?
Antonella: *sonrisa tímida* Antonella... Me llamo Antonella...
Mariano: Un gusto, Antonella, yo soy Mariano...
Antonella: Mariano...
*Ellos se seguían mirando a los ojos, ambos sintiendo una conexión extraña*
*Antonella sintió un calor agradable en su pecho, una sensación de seguridad y emoción que no había experimentado en mucho tiempo. Mariano, por su parte, se sintió intrigado y atraído por la frescura y la energía de Antonella*
*Malena observaba toda la situación a lo lejos, con una expresión de enojo. Decidida a intervenir, se dirigió hacia ellos*
Malena: ¡Hermoso, qué lindo y conmovedor!
*Malena agarró del brazo a Mariano y lo separó de Antonella bruscamente*
Malena: Deberías ser menos torpe, ¿no te parece?
*Antonella la miraba con enojo, sintiendo la tensión en el aire*
Mariano: Malena, no seas mala...
Malena: Yo a vos nunca te vi por acá.
Antonella: Porque soy nueva.
Malena: *riendo disimuladamente* Ya me parecía...
Antonella: *frunciendo el ceño* ¿Perdón? ¿Qué quisiste decir?
*Antonella se acercó a Malena, pero Mariano rápidamente las separó*
Malena: *sonrisa cínica* Ay, mejor me voy. No puedo con tanta ordinariez...
*Malena se alejó riéndose, dejando a Antonella mirándola con enojo mientras se iba*
Mariano: Perdonala, por favor. Ella es así, a veces tiene un carácter...
Antonella: Sí, no pasa nada...
Mariano: ¿Así que recién te mudaste al pueblo?
Antonella: *titubeando* Ehh... sí, me mudé...
Mariano: ¿Querés que te haga algún jugo o algo?
Antonella: *sonrisa tímida* No puedo, no tengo cómo pagarte...
Mariano: *sonrisa* No importa. La casa invita para chicas lindas...
*Antonella rió, sintiéndose más relajada*
Antonella: *sonriendo* Solo un jugo de naranja...
Mariano: *asintiendo* Bueno... ¿y cómo va eso? ¿Pudiste recorrer el pueblo?
Antonella: Sí, sí. Es muy lindo. Comparado al lugar donde vivía antes...
Mariano: *curioso* ¿Dónde vivías antes?
Antonella: *nerviosa* Ehh... vivía... en el pueblo de acá al lado...
Mariano: Ah, sí, igual no está tan mal, eh. Yo fui algunas veces, estaba copado dentro de todo...
Antonella: *riendo suavemente* Sí, dentro de todo...
Mariano: *interés* ¿Y cuántos años tenés?
Antonella: Tengo 17...
Mariano: Ah, ¿en serio? Yo tengo 19...
Antonella: *intrigada* Ohh, no me digas... ¿Pero hace cuánto trabajas?
Mariano: ¿De barista? Un año y medio, por eso no ves este lugar tan... lleno de gente...
Antonella: *riendo* Claro, entiendo... ¿y qué onda? ¿Te gusta trabajar de esto?
Mariano: Sí, dentro de todo me gusta... aunque te admito que hubiera querido trabajar de otra cosa...
Antonella: Ahh, te entiendo...
Mariano: *señalando una mesa* ¿Querés sentarte?
Antonella: *asintiendo* Claro...
*Ellos dos se dirigieron a una mesa y se sentaron*
*Mientras tanto, en la casa de Pablo, Lorenzo esperaba impaciente en el salón, sus manos apretadas en puños. Cuando Pablo entró, Lorenzo se levantó rápidamente para enfrentarlo*
Lorenzo: ¡Qué bueno que llegaste! ¡Porque quería hablar con vos!
Pablo: Sí, ¿sabes algo? Yo también quería hablar con vos...
Lorenzo: ¿Y de qué?
Pablo: Me parece que te pasaste un poquito con Antonella, ¿no te parece?
Lorenzo: ¿Yo me pasé? ¡Vos te pasaste!
Pablo: *frunciendo el ceño* ¿Yo? ¿Y yo por qué?
Lorenzo: ¿Por qué tenías que darle justo la ropa de mi mamá? ¿Qué te costaba darle ropa de Gina, o darle plata para que se compre ella?
Pablo: No seas tonto, Lorenzo. La ropa de Gina no iba a entrarle, le iba a quedar muy grande. Yo sentía que la ropa de tu mamá sí le iba a quedar, y le quedó. Las dos son bajitas...
Lorenzo: *desesperado* ¿¡Pero por qué tenías que hacer eso!?
Pablo: ¡Pero escuchame una cosa! ¿No podés darte cuenta de que ella no tenía nada para abrigarse? ¡Está helado afuera! ¡Y estaba con ese overol corto!
Lorenzo: ¡Insisto! ¡Pudiste haberle dado plata para que se comprara ropa ella!
Pablo: Es el primer día que está acá, ¿es tan difícil tener un poco de empatía? Ella no vivía como vos vivís, yo fui a buscarla a un orfanato. ¿Vos tenés una idea de cómo es estar en esos lugares?
Lorenzo: ¿A qué querés llegar?
Pablo: A que todo fue muy rápido. La pobre estaba re confundida. No iba a aturdirla dándole plata para que vaya sola a comprar. Ni siquiera conocía el pueblo.
Lorenzo: ¡Da igual, vos traicionaste a mamá!
Pablo: *frustrado* ¿Podés dejar de dramatizar? ¡Eso no es traicionar! ¡Tu mamá quería que luego de su muerte, no guardáramos su ropa! ¡Yo si la guardé, lo hice por vos!
Lorenzo: ¡Claro! ¿Entonces vas y se lo das a cualquier desconocida que cruza esa puerta?
Pablo: *decepcionado* Yo no pensé que fueras así. Ella no es cualquier desconocida, es tu prima. Y viene de pasar una situación muy terrible, lo único que esperaba de vos, lo mínimo, era empatía.
Lorenzo: ¡Yo tengo empatía! ¡Pero es el primer día que está acá! ¿Y querés que ya la trate como mi prima? ¡Ni siquiera la conozco! ¡Y ni siquiera sé si quiero conocerla del todo después de lo que hiciste ahora!
Pablo: *hartazgo* Sos peor que un nene, Lorenzo. Actuás PEOR que un nene. Ella no tiene la culpa de nada, y ahora, cuando venga, le vas a pedir perdón.
Lorenzo: ¿Perdón por qué?
Pablo: ¡Capaz porque le gritaste! ¡Es el primer día y ya la recibiste así! ¡Entendé que ella no viene de pasar las mejores situaciones!
Lorenzo: Le voy a pedir perdón, pero estoy muy enojado con vos.
Pablo: Yo, por el contrario, estoy muy decepcionado. Porque yo no pensé que fueras así. Yo esperaba que la recibieras bien, que tuvieras empatía, que seas más caballero. ¿Por qué no intentás llevarte bien con ella? No seas tonto. Hasta puede salir bien, los dos tienen casi la misma edad.
Lorenzo: Pero no la conozco, y vos tampoco la conocés. ¿Cómo me pedís que me lleve bien con alguien que ni conozco? ¿Cómo sabés si es o no una buena persona o si...?
Pablo: *interrumpiéndolo* Para eso hay que conocerla, Lorenzo. Por eso te digo, intentá conocerla, date esa oportunidad. Tienen casi la misma edad los dos, capaz se terminan llevando bien.
Lorenzo: *suspiro* Yo puedo intentar lo que vos quieras, pero por favor, no le des nada más de mi mamá...
Pablo: No le iba a dar más ropa de tu mamá. Además, ella me dijo que ya no quería, para no tener problemas con nosotros. Mañana nos vamos a ocupar de la ropa. Por hoy, solo dejala, ¿está bien? Y disculpate con ella cuando venga...
Lorenzo: Está bien, para que veas que tengo voluntad, que no soy egoísta ni nada, lo voy a hacer.
Pablo: Me parece bien...
*Ambos se quedaron en silencio, la tensión seguía pero con un pequeño aire de reconciliación*
*Dos horas más tarde, en la cafetería, Antonella y Mariano estaban sentados en una mesa de afuera, conversando animadamente. El sol comenzaba a ponerse, iluminando el lugar con una cálida luz dorada*
Mariano: *entusiasmado* ¿Querés que te cuente algo?
Antonella: *sonriendo con curiosidad* A ver dale...
Mariano: En realidad, a mí no me gusta trabajar de esto. Mi sueño es ponerme una vinoteca.
Antonella: *intrigada* ¿En serio? ¿Una vinoteca? ¿Qué es eso?
Mariano: *explicando con pasión* Un bar de vinos, una vinoteca...
Antonella: *asombrada* ¿De vinos? ¡Qué copado! ¿Te gustan los vinos, entonces?
Mariano: *sonriendo* Me encantan los vinos, yo tengo mi propia bodega. ¿Sabías?
Antonella: *sorprendida* ¿En serio? ¡Qué copado! O sea... ¿vos los hacés?
Mariano: *sonriendo* Sí, en realidad mi familia los hizo, todo eso me encanta... lástima que hay personas que a veces pisotean ese sueño...
Antonella: Si es tu sueño, intentá conseguirlo. No le hagas caso a la gente...
Mariano: *esperanzado* ¿Vos decís?
Antonella: ¡Sí! Es más, cuando quieras, y si vos querés, yo puedo probar alguno de esos vinos que hacés...
Mariano: *sonrisa amplia* ¿En serio me lo decís?
Antonella: ¡Ay, obvio! Es más, sería el primer vino que yo pruebe...
Mariano: Estaría re piola, gracias Antonella...
Antonella: *sonriendo* No hay de qué...
Mariano: *curiosidad* ¿Y vos? Yo te conté todo de mí, contame algo de vos...
Antonella: *nerviosa* ¿Algo de mí? No sé... ¿qué podría contarte de mí?
Mariano: No sé... ¿cuáles son tus aspiraciones o qué te gusta hacer?
Antonella: La verdad es que no sé... a mí me gusta dibujar, pero no sé si llegás a algún lado dibujando...
Mariano: *intrigado* ¿Dibujás? ¡Qué copado! Yo apenas puedo dibujar un perro y hasta ahí... *riendo*
*Ambos rieron juntos*
Antonella: *triste* Sí, igual no sé si dibujo bien, todos me dicen que hago dibujos horribles...
Mariano: La gente te lo debe decir de envidia. Dejame pedirte algo...
Antonella: *titubeando* Ehh... ¿qué cosa?
Mariano: *sonriendo* Algún día, podés hacerme un dibujo, ¿qué te parece?
Antonella: Un dibujo... puede ser... pero no te burles, eh... *riendo*
Mariano: ¿Burlarme de una chica, y encima tan linda como vos? Nunca...
*Antonella y Mariano se miran fijamente, sus ojos entrelazándose. Antonella siente cómo un calor le sube por las mejillas, sus labios se curvan en una sonrisa tímida*
*Mariano, por su parte, observa a Antonella con una mezcla de admiración y deseo, como si cada rasgo de su rostro estuviera grabado en su memoria. La forma en que su cabello cae suavemente sobre su hombro y cómo sus ojos destilan un brillo vivaz lo hipnotizan*
*Hasta que Mariano decidió romper el silencio incómodo, con una sonrisa cálida*
Mariano: *curioso* ¿Hoy es tu primer día en el pueblo?
Antonella: La verdad que sí, pero por suerte pude recorrerlo muy bien. Por eso llegué hasta acá...
Mariano: [sonrisa sincera] Y me alegro de eso, sos muy divertida, Antonella. Fue re lindo charlar con vos... hace tanto no se me hacía tan rápido conversar con alguien...
Antonella: Gracias... también fue lindo charlar con vos. Yo no tengo amigos, la verdad, o bueno, tenía, pero... los dejé en el pueblo de al lado... *sonrisa triste*
Mariano: *extendiendo la mano* Bueno, si querés, y si te copa, podemos serlo.
Antonella: *titubeando, con sorpresa* ¿Eh... en serio?
Mariano: *asintiendo* Claro que sí. Presiento que nos vamos a llevar muy bien...
Antonella: ¡Gracias, estoy encantada!
*Al momento de darse la mano, tanto Mariano como Antonella sintieron una electricidad que los unía, la piel de Antonella se enchinó y Mariano sentía una especie de calor extraño que lo abrazaba, por lo que se quedaron dándose la mano por largos segundos. Segundos después, se separaron, nerviosos*
Antonella: *titubeando* Bueno... la pasé re lindo, pero ya me tengo que ir, se está haciendo de noche y se va a preocupar mi familia...
Mariano: Bueno, está bien. Me divertí mucho, la verdad...
Antonella: *sonriendo* Yo también...
*Ella se levantó de la silla, preparándose para irse*
Antonella: *sonrisa juguetona* Chau... ¿cómo era?
Mariano: *riendo* Mariano...
Antonella: *riéndose* ¡Ah, chau, Mariano! ¡Nos vemos!
Mariano: *sonriendo* ¡Nos vemos, Antonella!
*Antonella se alejó corriendo, Mariano la miró irse con una sonrisa en el rostro, sintiendo una calidez en el pecho*
Mariano: *susurrando para sí mismo* Y ojalá que muy pronto...
*Miró hacia el cielo, donde el sol apenas se escondía, sintiendo que algo especial había comenzado en ese atardecer de un 10 de Junio*
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