T1 E3

*Antonella, tras escuchar la conversación, se quedó pensativa y asustada. Decidió dar un golpecito en la puerta para que pensaran que acababa de llegar. Al escuchar el ruido, Pablo y Lorenzo se giraron hacia ella, sorprendidos*

Pablo: ¡Antonella, volviste!

Antonella: *tratando de sonar casual* Sí, volví... perdón, me di cuenta tarde de la hora...

Pablo: *sonriendo* No pasa nada, lo bueno es que volviste.

Lorenzo: ¿Pero qué te pasó, Antonella? Estás toda llena de tierra...

Pablo: Es verdad, recién me doy cuenta...

Antonella: *nerviosa* ¡Ehh, nada! Es que anduve por la calle todo el día, y había viento...

Pablo: Ahh, entiendo... ¿vos todo bien?

Antonella: *asintiendo rápidamente* Sí, sí, tranquilo.

*Antonella, sintiéndose incómoda y abrumada, se dirigió rápidamente a su cuarto*

*Se sentó en su cama, mirando sus manos sucias y la ropa manchada de tierra. Las palabras de Lorenzo resonaban en su mente*

*En el living, Pablo y Lorenzo intercambiaron miradas preocupadas*

Pablo: Está actuando raro, ¿no te parece?

Lorenzo: *asintiendo* Sí, espero que no haya escuchado nuestra conversación...

Pablo: Espero que no. Acaba de llegar y no quiero que se sienta insegura o asustada.

Lorenzo: Sí, tenemos que protegerla...

*Después de dos horas, en el comedor, todos estaban terminando de cenar*

Antonella: *sonriendo* Hmm, cocinás muy rico, Gina...

Pablo: La verdad que sí, te sale riquísimo...

Gina: *sonriendo con gratitud* Muchas gracias, chicos. Gracias, Anto, sos un amor.

*Todos habían terminado de cenar*

Gina: ¿Ya todos terminaron de comer?

*Todos asintieron*

Gina: *levantándose* Bueno, entonces voy a lavar los platos, buen provecho a todos.

Antonella: Gracias, igualmente.

*Gina comenzó a recoger los platos, llevándolos a la cocina. Antonella sacó su teléfono, revisando si tenía mensajes. Al hacerlo, Lorenzo y Pablo intercambiaron miradas inquisitivas*

Lorenzo: ¿Y eso, Antonella?

Antonella: ¿Qué cosa?

Pablo: No sabía que ya tenías un teléfono...

Antonella: *nerviosa* Ehh, sí, tengo. No te preocupes...

Lorenzo: *tono inquisitivo* ¿Y de dónde lo sacaste? ¿Te lo regalaron?

*Antonella se sintió incómoda bajo la mirada de Lorenzo*

Antonella: *gritando hacia la cocina* ¡Gina! ¿Querés ayuda con los platos?

Gina: *desde la cocina* ¡Bueno, dale, querida!

*Antonella se levantó rápidamente y se dirigió a la cocina, evitando la situación*

Lorenzo: ¿Te diste cuenta?

Pablo: ¿De qué?

Lorenzo: Me evitó la pregunta totalmente. Y puso de excusa los platos para irse.

Pablo: Capaz le incomoda decir de dónde lo sacó. Y tenés que respetarlo.

Lorenzo: *desconfianza* Espero que sea eso que vos decís...

Pablo: ¿Y sino qué más sería, Lorenzo?

Lorenzo: No sé, papá, vos lo sabés bien...

Pablo: *molesto* Lorenzo, no empieces a pensar mal de ella, apenas la conocés. Ya habíamos hablado de esto.

Lorenzo: Y no te lo discuto, me disculpé con ella. Pero ahí hay algo raro. Solo eso digo.

Pablo: Lo que sea que pienses, solo no lo digas, ¿sí?

Lorenzo: Quedate tranquilo, no lo voy a hacer.

*Al día siguiente, en la casa de Chiara, Giuliana y César estaban en la sala*

Giuliana: *voz suave* Amor...

César: *sin levantar la vista de sus papeles* Sí, decime, Giuli.

Giuliana: ¿Todavía seguís ocupado?

César: *suspirando* Sí, un poco. ¿Por?

Giuliana: Es que... no sé, te noto medio... desentendido...

César: ¿Cómo?

Giuliana: Sí, a lo que voy es que... no te ocupaste de casi nada de la boda y ya es mañana...

César: *sorprendido* ¿Mañana?

Giuliana: Sí, ¿te habías olvidado?

César: *intentando disimular* Ehh... ¡No! ¡Para nada!

Giuliana: No parece...

César: ¿Pero por qué la queja, mi amor? Te estás ocupando vos, como debe ser, ¿o no?

Giuliana: Pero la boda es de los dos, no mía solamente.

César: *sonrisa falsa* Vos quedate tranquila, no hay nada que me moleste de lo que vos hagas con la boda.

Giuliana: ¿Y si la posponemos?

César: ¿Posponerla? ¡Imposible, mi amor! Si tenemos que posponerla, tendrá que ser para dentro de una semana más, y es mucho tiempo.

Giuliana: Pero es que César, no es posible que ni tiempo tengas para nosotros dos...

César: Es que tengo tiempo, contado, pero lo tengo. Y lo que no entiendo es por qué querés posponerla. ¿Solo porque no te ayudé?

Giuliana: No es solo por eso, el tiempo está demasiado ajustado, y no tengo ni vestido.

César: *confundido* ¿Cómo? Pero si ayer vi que te estabas probando vestidos, de pasada, te vi.

Giuliana: Sí, pero me quedan muy apretados...

César: Y... capaz deberías comer un poquito menos, entonces.

Giuliana: *confundida* ¿Cómo? No entiendo...

César: Y sí, si te queda ajustado es por algo, mi amor. Solo te pido, tratá de resolverlo, por favor, ¿sí? La boda no se puede posponer. Imposible.

*César se levantó y se fue, dejando a Giuliana sola en la sala. Ella se quedó allí, triste y pensativa, tocándose la cintura con inseguridad*

Giuliana: ¿Qué me habrá intentado decir?

*Después, en la casa de Pablo, estaban todos almorzando. Antonella estaba un poco pensativa e incómoda*

Gina: Che, Anto, ¿en qué pensás?

*Antonella volvió a la realidad y sonrió*

Antonella: *sonriendo* En nada, en nada...

*Después de unos segundos de reflexión, decidió hablar*

Antonella: Bueno... en realidad, sí, en algo pienso...

Pablo: *interesado* ¿Nos querés contar en qué?

Antonella: Sí, claro. ¿Te puedo preguntar algo, Pablo?

Pablo: Claro, decime.

Antonella: ¿De qué trabajás? Porque ayer Lorenzo me dijo que me iban a explicar acá en la casa, pero al final él no lo hizo...

*Se produjo una pausa incómoda entre todos*

Antonella: *sonriendo* Si no me querés contar, no pasa nada, yo solo tengo curiosidad...

Pablo: *levantándose de la mesa* Vení conmigo, Antonella, te quiero mostrar algo...

Antonella: *confundida* ¿Mostrarme?

Pablo: Sí, claro, vení conmigo.

*Pablo se levantó de la mesa y se dirigió hacia la puerta. Antonella, muy confundida, se levantó y lo siguió*

*Después de unos segundos, ambos se dirigieron hacia un pequeño galpón que los llevaba a un lugar subterráneo. Antonella estaba muy confundida, pero también intrigada*

*Llegaron a un amplio sótano lleno de barricas de vino. El ambiente era fresco y olía a madera y uvas fermentadas*

Antonella: ¿Y esto, Pablo? ¿Qué es?

Pablo: *con orgullo* Todo esto es mío...

Antonella: *emocionada* ¿En serio? ¡Me encanta! Parece como de esos lugares... me olvidé el nombre... ¿cómo era?

Pablo: Esto es una bodega...

Antonella: ¡Ese nombre! ¡Me encanta! ¿Pero cómo que es tuyo? O sea... ¿vos los hiciste a los vinos?

Pablo: No del todo yo... sino que, también mi papá los hizo...

Antonella: *sorprendida* ¿Tu papá? O sea, mi abuelo... ¿Pero cómo?

Pablo: Esto es de generaciones... primero mi abuelo, después mi papá, ahora yo... y pronto será Lorenzo...

Antonella: *impresionada* ¿En serio? Es muy lindo...

Pablo: Nuestra bodega es muy conocida, somos bodegueros.

Antonella: *curiosa* ¿Cómo? O sea... ¿el pueblo los conoce?

Pablo: Y me juego a decir que gran parte del país también.

Antonella: *asombrada* Eso es muy... lindo... ahora lo entiendo mejor... copado, me encanta...

Pablo: Te lo quise explicar, pero sentía que con simples palabras no alcanzaba. Así que quería mostrarte...

Antonella: *mirando a su alrededor* Bueno, es hermoso...

Pablo: Me alegro que te guste...

Antonella: *curiosa* ¿Y la gente los prueba y eso?

Pablo: Obvio, en algunos eventos, fiestas, y demás. Como festivales también. Justamente hay uno que se acerca. Por eso también hay como... competencia...

Antonella: *confundida* ¿Competencia?

Pablo: Sí, ¿viste la casa a la que fueron Lorenzo y vos el otro día?

Antonella: Claro, me acuerdo, donde estaba Giuliana y su mamá...

Pablo: Bueno, ellos también tienen su bodega. Y ellos vienen compitiendo hace años contra nosotros.

Antonella: *sorprendida* No tenía ni idea...

Pablo: Pero escuchame, no quiero que te dejes llevar por esas cosas, ¿sí? No te quiero involucrar en esa rivalidad que hay. Sobre todo porque Lorenzo me dijo que con Giuliana te estás llevando bien.

Antonella: *sonriendo* Sí, qué sé yo, charlamos un poquito y me cayó bien.

Pablo: Por eso, no quiero que te veas involucrada en esto. Es tema de mayores, ¿sí?

Antonella: Sí, sí, tranquilo... y gracias por mostrarme. Me gustó mucho.

Pablo: *contento* Me alegro de que te guste, Anto. ¿Sabes algo? A Lorenzo también le gusta el lugar. Cuando quiere estar solo, algunas veces viene acá.

Antonella: ¿Acá al sótano?

Pablo: Sí, pero mayormente al galpón.

Antonella: *asintiendo* Lo entiendo... se ve como un lugar tranquilo y silencioso...

Pablo: *sonriendo* Sí, opino como ustedes. ¿Volvemos arriba? Sino Gina se va a enojar por la comida... *riendo*

Antonella: *riendo* Bueno, dale.

*Ellos dos se dirigieron de regreso a la casa, sintiéndose más cercanos entre sí*

*Después de varias horas, en el comedor, solo estaban Pablo y Gina, conversando tranquilamente. Mientras tanto, Antonella buscaba algo por todas partes, moviendo objetos y revisando cada rincón*

*Pablo y Gina se dieron cuenta de su agitación*

Gina: ¿Se te perdió algo, Antonella? Estás hace como media hora así...

Antonella: *frustrada* La verdad, sí. ¿No vieron un cuaderno por acá?

Gina: *pensativa* ¿Un cuaderno? No, para nada. Yo limpié y no lo vi.

Antonella: No puede ser, ¿cómo lo voy a perder?

Pablo: Tranquila, ayer saliste con ese cuaderno. Capaz fuiste a algún lugar y te lo olvidaste.

Antonella: *reflexionando* A algún lugar...

*De repente, Antonella recordó dónde podría haber dejado su cuaderno*

Antonella: ¡Claro, gracias, Pablo!

*Sin esperar más, Antonella salió corriendo del comedor, dejando a Pablo y Gina mirándola con sonrisas en el rostro*

Pablo: Ay, ay, esta chica...

*Gina negó con la cabeza, sonriendo también*

Gina: Siempre tan despistada, pero llena de energía.

*Pablo y Gina intercambiaron una mirada cómplice, disfrutando del momento de tranquilidad y la energía contagiosa de Antonella*

*Minutos más tarde, en la cafetería, Antonella apareció corriendo, respirando un poco agitada. Al entrar, vio a Giuliana con dos amigas sentadas en un sillón, riendo y charlando. Mariano estaba limpiando la mesada y, al ver a Antonella, su rostro se iluminó con una sonrisa*

Mariano: ¡Ey, Antonella!

Antonella: *devolviendo la sonrisa* Hola, Mariano.

Mariano: ¿Cómo estás? ¿Querés que te sirva algo?

Antonella: Solo un jugo, escuchame. Me olvidé algo acá...

Mariano: *riendo* Ahh, sí, sos olvidadiza, eh.

Antonella: ¿Lo viste?

Mariano: ¡Obvio que lo vi! Vení por acá...

*Mariano la llevó hasta un cajón y sacó un cuaderno y un lápiz de ahí. Se los entregó con una sonrisa*

Antonella: *aliviada y sonriendo* ¡Me lo guardaste! Muchas gracias...

Mariano: Te habría llamado, pero no sé tu número y era de noche, así que esperé a que vinieras hoy, viste...

Antonella: Gracias, en serio. Pensé que lo había perdido...

Mariano: *sonrisa* No pasa nada, tranquila.

*Antonella le sonrió, pero su mente estaba ocupada con pensamientos y preocupaciones*

Mariano: ¿Te preparo un jugo, dijiste?

Antonella: *asintiendo con entusiasmo* ¡Sí, dale! De naranja, nomás.

Mariano: ¡Bueno, marchando entonces!

*Antonella se sentó en una mesa cercana, observando a Giuliana y sus amigas de reojo. Se sentía un poco fuera de lugar, pero la amabilidad de Mariano le daba un sentido de pertenencia*

*Mariano se dirigió a la barra y comenzó a preparar el jugo de naranja, trabajando con soltura y una sonrisa en el rostro. Mientras tanto, Antonella miraba su cuaderno, sintiéndose agradecida por haberlo recuperado*

*Después de un rato, Antonella se dio vuelta y vio a Giuliana con sus amigas. Quería acercarse, pero la timidez la detuvo y decidió sentarse en el taburete junto a la barra. Las dos chicas hablaban mucho mientras Giuliana parecía sumida en sus pensamientos*

Giuliana: Chicas...

Florencia: Ay, ¿qué, Giuliana? Hablamos de algo importante.

Camila: Hablamos de nuestro viaje por Milán.

Giuliana: Les quería preguntar algo...

Florencia: *curiosidad* ¿Qué pasa?

Giuliana: ¿Ustedes cómo me ven?

*Antonella, aunque de espaldas a ellas, no pudo evitar escuchar la conversación, sintiéndose cada vez más intrigada*

Camila: *tono despectivo* ¿Además de sencilla?

Giuliana: ¡No! Me refiero a... ¿cómo estoy? ¿Les parezco algo excedida de peso?

Florencia: Ahh, entiendo...

Camila: *mirándola críticamente* Ehh, a ver, no estás rellenita... pero es cierto que tenés un poquito de panza...

*Antonella sintió una mezcla de confusión y molestia al escuchar los comentarios*

Giuliana: *voz temblorosa* ¿En serio?

Florencia: ¿Por qué? ¿Te lo dijo alguien eso?

Giuliana: *mirando al suelo* No, solo me vi al espejo y lo pensé...

Camila: Es que sí, tenés que aflojarle un poco a la comida, a los postres, a no ser que en el verano, quieras estar como... ya sabés...

Florencia: *asintiendo* Camila tiene razón, el otro día te comiste como tres porciones de una torta. Si no querés tener panza, vas a tener que cortar con eso de una.

Camila: Exactamente.

*Antonella no pudo contenerse más y se acercó a ellas, visiblemente enojada*

Antonella: ¿Qué les pasa, eh?

*Giuliana y sus amigas la miraron con confusión, y las amigas de Giuliana, con desprecio*

Florencia: *despectiva* Perdón, ¿vos sos...?

Camila: *burlona* Ay, parece un camionero.

Florencia: Para mí también...

Antonella: ¿Se escuchan lo huecas que son? No me sorprendería que les retumbe la voz en su cerebro.

Florencia: Ay, ¿qué te pasa, chinita?

Antonella: ¿Por qué mejor no se van a ver a un espejo, par de estiradas?

Camila: *sonrisa despectiva* Ay, mejor vamos, ¿sí? No vaya a ser que nos vean hablando con ella.

*Las dos amigas de Giuliana se levantaron y se fueron, dejando a Giuliana sola. Entonces, Giuliana comenzó a llorar un poco*

*Antonella, sintiéndose compadecida y triste, se acercó más a Giuliana*

*Mariano llegó con el jugo, y al ver a Giuliana llorando, su sonrisa se desvaneció*

Giuliana: *secándose las lágrimas y forzando una sonrisa* Antonella, hola...

Antonella: Hola, ¿estás bien?

Giuliana: *asintiendo débilmente* Sí, sí... Gracias por eso...

Antonella: No les hagas caso a esas estiradas. ¿Querés que te traiga agua?

Giuliana: *negando con la cabeza* No, quisiera otra cosa, pero no podés traerlo...

Antonella: ¿Qué cosa?

Giuliana: *tristeza* Alguien que me escuche...

Antonella: Yo puedo hacerlo, si querés, sino, te dejo tranquila...

Giuliana: *sonriendo* Gracias, Antonella...

Antonella: Mirá... yo amigos así, de verdad, no tuve nunca, pero... no creo que se los deba tratar así como ellas te trataron, ¿no?

Giuliana: *suspirando* Si lo decís por lo de recién, ellas tienen razón, Antonella...

Antonella: No, no tienen razón. Creo que vos debés verte por vos misma, no hacerle caso a lo que un par de huecas superficiales pueda decir.

Giuliana: *voz temblorosa* Pero si hasta mi prometido me lo dijo, si todos me lo dicen, es por algo...

Antonella: Con todo respeto, pero entonces están mal. Y si así fuera, ¿qué problema hay, Giuli?

Giuliana: Lo hay, sabés bien que lo hay. Critican todo, absolutamente todo. Y ser como ellos dicen, no está bien visto, no es "lindo"...

Antonella: Pero ese es problema de ellos, ¿quién define lo que es o no es lindo? Y tenés razón en que critican todo. Pero con el tiempo, capaz no hay que escucharlos... porque son personas que lastiman... mirá ellas, te hicieron llorar, ¿las amigas hacen eso?

Giuliana: No lo sé, solo las tengo a ellas de amigas... después no tengo a nadie más...

Antonella: *sonrisa cálida* Si te sirve, yo puedo serlo... sé que nos conocimos hace poquito, pero lo puedo intentar...

Giuliana: ¿Sabés algo, Antonella? No hace falta que lo intentes, porque te estás portando como una amiga ya.

Antonella: *sorprendida* ¿En serio?

Giuliana: *asintiendo* Claro, vos me escuchaste, escuchaste mi descargo, me aconsejaste, algo que las amigas hacen. Y que ellas nunca hicieron conmigo.

Antonella: Bueno, me alegro haberte sido de ayuda. No quería verte así por esas personas...

Giuliana: Y sí, tenés razón en todo lo que dijiste. Ellas no son mis amigas, ni siquiera les importo. Capaz debo ver más allá de eso...

Antonella: Vos tenés que rodearte de gente que te quiera, que te valore, que te escuche... eso tenés que hacer...

*Giuliana se limpió las lágrimas de los ojos y sonrió*

Giuliana: En serio, muchas gracias. Lo necesitaba...

Antonella: *sonriendo* No me agradezcas, tranquila...

Giuliana: Vos sos alguien que vale la pena, Antonella...

*Antonella sonrió y Giuliana la abrazó, sorprendiendo a Antonella. Sin embargo, le correspondió el abrazo con afecto*

*Después de un momento, Giuliana se levantó del sillón*

Giuliana: Chau, Anto, tengo que irme a casa ya.

Antonella: ¡Bueno, está bien!

Giuliana: Ya que ayer me diste tu número, te llamo por cualquier cosa, ¿sí? Y mandale saludos a Mariano, que no alcancé a saludarlo...

Antonella: *sonriendo* ¡Dale!

Giuliana: ¡Bueno, chau!

Antonella: ¡Chau!

*Giuliana se fue de la cafetería, sintiéndose un poco más ligera. Antonella la vio irse, sintiéndose satisfecha por haber podido ayudarla. Mientras tanto, Mariano observaba la escena desde la barra, con una sonrisa de orgullo en el rostro*

*Después de la conversación con Giuliana, Antonella se dirigió nuevamente hacia Mariano y se sentó en el taburete. Comenzó a tomar su jugo lentamente, reflexionando*

Mariano: *observándola con curiosidad* No sé qué le pasó ni qué le dijiste, pero se la vio muy feliz a Giuliana.

Antonella: Sí, te manda saludos... ¿Ya se conocen?

Mariano: ¿Que si nos conocemos? Desde chiquitos. Fuimos a la primaria juntos. Somos muy amigos. Solo que ahora no hablamos mucho porque se está por casar y está muy ocupada...

Antonella: Ah, sí, claro. Mañana es la boda, creo.

Mariano: *sorprendido* Sí... ¿Cómo sabes? ¿Ella te dijo?

Antonella: *titubeando* Ehh... sí, recién me dijo... la tiene un poco estresada...

Mariano: Claro... no sé si voy a poder ir a su boda igual...

Antonella: *confundida* ¿Por?

Mariano: Por dos razones. Porque tengo que esforzarme por vender, últimamente hay muy pocas personas viniendo. Y aparte, porque no recibí invitación.

Antonella: Pero... ¿no dijiste que Giuliana es tu amiga? ¿Por qué no tenés invitación?

Mariano: Yo soy amigo de ella, no de su familia. Para esa familia, no soy la persona más adecuada para estar ahí.

Antonella: *intrigada* ¿Por?

Mariano: Es muy complejo, por culpa de una rivalidad que tenemos con ellos y con otros más.

Antonella: Ahh, pero bueno, después de todo es tu amiga, ¿no? Capaz podés ver la forma de ir...

Mariano: *pensativo* Sí, puede ser. Después le pregunto.

Antonella: Mariano, ¿te puedo preguntar algo?

Mariano: Claro, decime.

Antonella: *cautela* ¿Vos conocés a... los Santander?

*La expresión de Mariano cambió, mostrando una mezcla de molestia y resentimiento*

Mariano: *voz tensa* Sí, los conozco. ¿Vos los conocés?

Antonella: *evitando su mirada* Ehh... no, no, algo escuché a lo lejos...

Mariano: Bueno, menos mal que no los conocés, entonces.

Antonella: *curiosa* ¿Por qué decís eso?

Mariano: Mirá, no me gusta hablar mal de nadie. Pero esa gente es mala. Se hacen los buenitos por todo el pueblo, pero son unos ladrones estafadores.

Antonella: *confundida* Ay... ¿en serio?

Mariano: Claro que sí. Yo de esa gente no quiero saber nada. Siempre está el hombre ese, Pablo Santander. Siempre intenta hablar conmigo, para convencerme de que no, pero a mí no me engaña. Yo tengo evidencia.

Antonella: No creo que sea tan así...

Mariano: Eso es porque no los conocés.

Antonella: Y si uno de ellos estuviera hablando con vos ahora mismo, ¿qué harías?

Mariano: No sé, yo soy educado, pero hasta ahí. Si se quieren hacer los buenos conmigo, se van por donde entraron.

Antonella: *asintiendo lentamente* Ahh, ya veo...

Mariano: ¿Por qué preguntas de eso?

Antonella: *mientras toma su jugo* Porque... como soy nueva, no sé muchas veces a quién hacerle caso... y viste, no quisiera dejarme llevar por malas personas...

Mariano: *sonrisa tranquilizadora* Claro, entiendo. Vos quedate tranquila, que yo no soy una mala persona.

Antonella: *sonriendo débilmente* Supongo que no, fuiste muy lindo conmigo...

Mariano: Porque sos re copada, Antonella.

*Antonella sonrió con tristeza y bajó la mirada*

Antonella: ¿Sabés algo, Mariano? Me parece que me voy a tener que ir...

Mariano: ¿En serio? Qué lástima... *triste*

Antonella: Me acordé que ahora a las 8 había quedado para hacer algo con mi familia, así que, tengo que irme.

Mariano: Bueno, está bien. Nos volvemos a ver, y no te olvides tu cuaderno, olvidadiza. *riendo*

Antonella: Tranquilo, esta vez lo voy a cuidar...

*Antonella agarró su cuaderno y se disponía a irse cuando Mariano la llamó*

Mariano: *tono esperanzado* Antonella, pará...

Antonella: *deteniéndose* ¿Sí?

Mariano: *dudando un momento* ¿Me... me querés dar tu número? Para... ya sabés, hablar con vos en algún momento...

Antonella: *sonriendo* Ehh, claro...

*Antonella agarró una lapicera que había en un rincón y escribió su número en una servilleta. Después se la entregó a Mariano*

Antonella: *con una sonrisa* Acá está, ese es mi número.

Mariano: Gracias, Anto. Nos hablamos.

Antonella: *asintiendo* ¡Nos hablamos, chau!

*Antonella se fue de la cafetería, algo apurada, pero con una sensación de alivio. Mientras salía, Mariano la observó con una sonrisa, guardando cuidadosamente la servilleta con su número*

*Mientras tanto, en casa de Pablo, él estaba sentado en el comedor leyendo el diario, disfrutando de un momento de tranquilidad. De repente, el sonido del teléfono interrumpió el silencio. Pablo dejó el diario a un lado y atendió la llamada*

Pablo: ¿Hola?

Chiara: Hola, Pablo, ¿cómo andás? Soy Chiara.

Pablo: ¿Chiara? Qué sorpresa...

Chiara: *confundida* ¿Qué cosa?

Pablo: No sé, tu llamada. Vos y yo no hablamos casi nunca.

Chiara: Es que te llamaba porque quería decirte algo. Perdón si te agarré en algún mal momento.

Pablo: *sonriendo* No, no, tranquila, podés decirme.

Chiara: Bueno... yo te quería invitar, porque mañana es el casamiento de Giuli. Y quería que estuvieras ahí...

Pablo: *incrédulo* Pará, ¿es en serio?

Chiara: Obvio, Pablo. Vos sos una persona importante para mí. Quiero que estés ahí.

Pablo: Pero es el casamiento de tu hija, Chiara...

Chiara: Ya lo hablé con ella, no tiene ningún problema en que vayas. Además, ella dice que podrías venir con Antonella. Que quiere que esté ahí...

Pablo: Yo no tengo ningún problema, ¿pero qué hay de tu marido?

Chiara: Ah, vos tranquilo, no te preocupes por Marco. Le voy a decir que Giuli quiso que ustedes fueran, así podía ver a Antonella.

Pablo: Bueno, si no hay ningún inconveniente, está bien. Acepto la invitación. Gracias, Chiara.

Chiara: De nada, Pablo. Es mañana, más o menos por las 3 de la tarde. Los esperamos.

Pablo: *sonriendo* Bueno, Chiara, ahí vamos a estar. Nos vemos.

Chiara: Chau, Pablo, nos vemos mañana.

*Pablo cortó la llamada, sintiéndose un poco feliz y sorprendido al mismo tiempo. Justo en ese momento, Gina entró al comedor, secando sus manos con un trapo de cocina. Pablo se levantó y se dirigió hacia ella, con una sonrisa en el rostro*

Pablo: *emocionado* Gina, no sabés lo que acaba de pasar.

Gina: No, no sé. ¿Qué pasó?

Pablo: Estamos invitados.

Gina: *confundida* ¿Invitados a dónde?

Pablo: Al casamiento de Giuliana.

Gina: *sorprendida* ¿La hija de Chiara? ¿Y por qué nos invitó? No tenemos nada que ver...

Pablo: *sonriendo* Lo que pasa es que ella dijo que soy importante para ella, y que quiere que esté ahí. De paso, se ve que Anto se lleva bien con Giuliana, y quiere que ella esté ahí también.

Gina: No sé si sea buena idea, además, ¿le preguntaste a Anto si quería ir?

Pablo: No, no está acá. Salió. Pero cuando vuelva le digo. De todas formas, quedate tranquila, que estás invitada.

Gina: Ah, no, eso no, Pablo. Esa relación la tenés con Chiara, ¿yo qué tengo que hacer ahí?

Pablo: Pero vos sos mi amiga, Gina. Por eso quiero que vengas conmigo. Porque sos importante en mi vida.

Gina: *sonrisa* Ay, ay, no nos pongamos sentimentales, Pablo.

Pablo: Es la verdad... si no querés venir lo entiendo, pero yo quería que estés conmigo.

Gina: *sonrisa afectuosa* Ay, bueno, si me lo pedís así, es imposible negarme.

Pablo: Perfecto.

Gina: Che, Pablo, cambiando el tema, ¿cómo que Antonella no volvió todavía?

Pablo: *preocupado* No, casi siempre vuelve a esta hora, ¿por qué?

Gina: *mirando por la ventana* Pablo, se está por largar tremenda tormenta afuera, y es de noche.

Pablo: *sorprendido* ¿Qué? No me di cuenta que estaba por llover...

Gina: Llamala, decile que venga. Está re frío, si se agarra la lluvia se va a enfermar.

Pablo: *asintiendo* Gracias por avisarme, ahí le digo.

*Pablo sacó su teléfono rápidamente y comenzó a marcar el número de Antonella, preocupado*

**VOZ EN OFF**

*Después de unos minutos, Antonella caminaba por la vereda y las calles. La lluvia caía intensamente, empapando su ropa y su cabello, pero ella caminaba lentamente, muy pensativa. Con los brazos ligeramente abiertos, disfrutaba de la sensación de las gotas de lluvia en su piel*

[Antonella: Siempre creí que la lluvia tenía un poder especial, fuera de que todos la llaman "triste" o "aburrida". Cada gota que cae parece llevarse consigo el peso del mundo, limpiando el aire, la tierra... y el alma. Es como si el cielo, al llorar, me diera permiso para soltar lo que llevo dentro, para dejar ir aquello que ya no necesito.]

*El viento soplaba con fuerza, levantando hojas y creando remolinos de agua en el suelo. Antonella giraba sobre sí misma de vez en cuando, dejando que la lluvia la envolviera completamente*

*Los truenos retumbaban en el cielo, ahogando cualquier otro sonido. Su teléfono sonaba insistentemente en su bolsillo, pero ella no lo escuchaba debido al estruendo de la tormenta*

[Antonella: Cuando el agua cae, siento que puedo empezar de nuevo. La lluvia purifica no solo el suelo que toca, sino también los rincones más oscuros de mi ser. Me recuerda que, después de la tormenta, siempre llega un nuevo amanecer, donde sale el sol...]

*Mientras caminaba, sus pensamientos iban y venían. Recordaba las palabras de Mariano sobre los Santander, las lágrimas de Giuliana y la amabilidad inesperada de Mariano*

[Antonella: Estar bajo la lluvia, sentir cada gota inundando mi rostro... es como si el universo me recordara que, incluso en los momentos más oscuros, hay belleza en la cual dejarse llevar. Cada gota es una caricia del cielo, un recordatorio de que siempre podemos empezar de nuevo, lavar lo viejo y dar la bienvenida a lo nuevo]

*El agua de la lluvia corría por su rostro. A pesar de la tormenta, Antonella sentía una extraña conexión con el momento*

[Antonella: La lluvia me envuelve, llevándose consigo las preocupaciones y los miedos. Me siento más ligera, más... libre, liberada...]

**FIN DE VOZ EN OFF**

*Finalmente, al llegar a la puerta de su casa, revisó su teléfono y vio las llamadas perdidas de Pablo. Abrió la puerta, dejando atrás la tormenta*

*De repente, la puerta se abrió y Antonella entró rápidamente, empapada por la lluvia. Su cabello y ropa chorreaban agua, y sostenía su mochila cerca de su cuerpo para protegerla. Pablo, Gina y Lorenzo corrieron hacia ella con preocupación*

Pablo: ¡Antonella!

Gina: *preocupación* ¿Estás bien, nena?

Lorenzo: *exasperado* ¡Estábamos re preocupados por vos! ¿Por qué no atendías las llamadas?

Pablo: Lorenzo, por favor, calmate...

Antonella: Perdón... es que me gusta la lluvia, y pasear por debajo de ella. Y no escuché la llamada por los truenos...

Pablo: No te disculpes, nos preocupamos por vos.

Antonella: *mirando el suelo mojado* Perdón, Gina, te ensucié el piso y habías limpiado hoy...

Gina: Tranquila, nena, no pasa nada. Después lo limpio, ahora importa que vos estés bien.

Antonella: Sí, lo estoy, tranquilos...

Lorenzo: Antonella, ¿se puede saber a dónde te vas tanto? Estás hace como cuatro días acá y te estás yendo todo el tiempo, mirá ahora. Mirá si te pasaba algo.

Pablo: Lorenzo, no seas pesado...

Antonella: ¿Por qué me hablas así? No sos mi papá, además, vos me dijiste que el pueblo era seguro...

Lorenzo: ¡Pero no para andar por la noche y un día que llueve! ¡Encima te llamamos y no atendés las llamadas!

Pablo: Bueno, Lorenzo, ya está. No hagas drama para nada. Antonella ya está acá y está bien por suerte...

Antonella: *tristeza* Bueno, perdón...

Lorenzo: ¡Dejá de pedir perdón! ¡No es ese el punto!

Antonella: ¿Entonces cuál es el punto? ¿Desde cuándo te preocupás así por mí?

Lorenzo: ¡El punto es que yo no entiendo de qué vas con tus acciones! ¡Estás acá hace menos de una semana, y salís todos los días, todo el tiempo!

Gina: Uff, Lorenzo, cortala, en serio.

Antonella: *desafiante* ¿Qué tiene?

Lorenzo: ¡No sé, es raro, muy raro!

Antonella: Hay tantas cosas raras acá y no digo nada...

Lorenzo: *confundido* ¿Perdón? ¿Acaso dudas de nosotros?

Antonella: No sé, ¿debería?

Lorenzo: ¡No voltees las cosas! ¡Acá el problema es otro!

Pablo: Lorenzo, ¿la podés cortar? Te lo digo en serio. No hace falta que hagas drama donde no hay, Antonella ya está acá, y por suerte está bien.

Gina: Sí, me parece que estás exagerando bastante...

Pablo: *autoridad* Haceme un favor, andate a tu cuarto, hasta que se te pase. Después voy a hablar con vos.

*Lorenzo salió de la habitación. Antonella lo observaba irse, con una mezcla de enojo y tristeza*

Pablo: Tranquila, Anto. Solo se preocupa por vos, aunque no lo demuestre de la mejor manera...

Antonella: No entiendo por qué me trata así...

Gina: Dale tiempo, nena. A veces las personas no saben cómo expresar lo que sienten.

Pablo: Vamos, cambiate y abrigate. No queremos que te enfermes.

*Antonella asintió y se dirigió a su habitación. Mientras tanto, Pablo y Gina intercambiaron una mirada de preocupación*

Pablo: Yo ya no sé qué hacer, le hablo y parece que no entiende...

Gina: Ese chico está demasiado estresado. Pero yo creo que podría llevarse bien con ella.

Pablo: Encima con todo esto, no le comenté a Antonella del casamiento.

Gina: No creo que te diga que no, vos lo dijiste, le gusta conocer. Mañana, cuando desayunemos, decile.

Pablo: Sí, eso voy a hacer.

Gina: Y vos y yo, mejor vayamos a dormir. Que después andás de malhumor porque no dormís bien.

Pablo: *hartazgo* Gina, no empecés...

*Ellos dos se van cada uno por su lado, con estrés por lo ocurrido anteriormente*

descargar

¿Te gustó esta historia? Descarga la APP para mantener tu historial de lectura
descargar

Beneficios

Nuevos usuarios que descargaron la APP, pueden leer hasta 10 capítulos gratis

Recibir
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play