*Después de un rato, Antonella estaba en su cuarto, cruzada de brazos, mirando fijamente la pared como si pudiera encontrar respuestas en ella. De repente, escuchó un golpe suave en la puerta*
Antonella: ¡Si es el bruto de Lorenzo, desde ya aviso que...!
Pablo: [desde el otro lado de la puerta] Soy yo, Anto...
Antonella: Ah, bueno, pasá...
*Pablo abrió la puerta y entró al cuarto, cerrándola suavemente detrás de él*
Pablo: ¿Podemos hablar?
Antonella: [encogiéndose de hombros] Cómo no, ¿de qué?
Pablo: De lo que pasó con Lorenzo ahí abajo.
Antonella: Perdón por eso, es que... me saltó la térmica, y creo que a él también.
Pablo: Eso lo entiendo, y ya lo charlé con él.
Antonella: [voz temblorosa] Pablo... ¿te estoy fallando?
Pablo: ¡No, Anto! ¿Cómo se te ocurre?
Antonella: Vos hiciste mucho por mí, Pablo, no soportaría defraudarte.
Pablo: Vos no me defraudás. Mirá, los problemas que podamos tener nosotros con ese chico, son nuestros, no tuyos, así seas sobrina, prima, hermana, hija mía o lo que sea.
Antonella: [desanimada] Lorenzo no dijo lo mismo...
Pablo: Anto, lo que Lorenzo dice lo dice en caliente. Él en realidad está muy preocupado por vos, tiene miedo de que Mariano te haga algo.
Antonella: ¿Por qué? Yo pensé que me odiaba...
Pablo: El problema de Lorenzo es que se frustra, pero te aseguro que no te odia. Es más, se está acostumbrando a quererte, y antes de que vos llegaras, me dijo que tenía miedo. Miedo de que te pase algo, de que Mariano te haga algo...
Antonella: Si se tomaran un segundo para conocerlo, sabrían que no es así...
Pablo: No pensamos igual, pero bueno, eso es un tema aparte.
Antonella: Entonces... ¿puedo hablar con él sin que les moleste?
Pablo: [sonriendo levemente] Claro, Anto, vos podés hacer lo que vos quieras. Eso sí, andá con cuidado.
Antonella: Gracias... *sonrisa*
*Pablo se estaba yendo, pero Antonella lo detuvo*
Antonella: Pablo...
Pablo: [volviéndose] Sí, decime.
Antonella: Yo... ¿te puedo pedir algo?
Pablo: Claro, lo que quieras.
Antonella: Te quiero pedir que... que no hagas nada con lo del robo...
Pablo: [confundido] ¿Cómo?
Antonella: O sea, que no hagan la denuncia ni nada...
Pablo: Pero Anto, tenemos que hacerlo...
Antonella: Tengo miedo de que haya sido Mariano. Y no quiero que le pase nada... por favor...
*Pablo se quedó en silencio, mirando a Antonella con una mezcla de confusión y reflexión. Finalmente, asintió lentamente*
Pablo: Está bien, Anto, pero solo porque vos me lo pedís...
*Antonella sonrió, aliviada*
Antonella: Gracias...
*Ambos se sonrieron y Pablo salió del cuarto, cerrando la puerta suavemente detrás de él. Antonella se quedó de pie, sintiendo una mezcla de alivio y preocupación*
*Por mientras, en el galpón, Lorenzo estaba organizando algunas herramientas cuando Gina entró, enojada*
Gina: ¡Te pasaste de la raya, Lorenzo!
Lorenzo: [suspirando] Gina, no empieces...
Gina: ¡Claro que empiezo! Pero... ¿qué bicho te picó? ¡Estás irreconocible con esas actitudes!
Lorenzo: Bueno, pero no me trates así. No me hablabas así desde que era un nene...
Gina: ¡Justamente porque te portas como un nene! Lorenzo, ¿cómo se te ocurre tratar así a esa pobre chica? ¿Cómo? ¡Yo te tenía más caballero!
Lorenzo: ¡Es que es muy necia y terca y se mete donde no debe! ¡No sabe lo que ese tipo es y en lugar de escucharme, me cuestiona!
Gina: Pero te fuiste al pasto, Lorenzo, fuiste muy hiriente con ella. Ella no está metida en los embrollos que Pablo y vos tienen...
Lorenzo: ¿Pero qué le cuesta escucharme? ¡La estoy protegiendo, no soy su enemigo como ella me ve!
Gina: Entonces no te portes como uno, querido...
Lorenzo: Papá es tan permisivo con ella que la deja hacer de todo, y ella no conoce... ¿qué tal si ese tipo le lava la cabeza? ¡Eso es lo que quiero evitar, que la utilice!
Gina: Yo creo que Antonella es más inteligente de lo que vos pensás... Mirá, me parece muy lindo que quieras protegerla, evitar que la lastimen, pero hay formas de hacerlo. Gritándole u obligándola a que no hable con él no es la solución...
Lorenzo: ¡No es mi intención, pero es que me desespera que sea tan ingenua! ¿Y si yo tengo razón? ¿Y si ese tipo la está usando para hacernos daño?
Gina: Mariano no tiene ese nivel de maldad, para mí exageran...
Lorenzo: ¿No escuchaste la frase que dijo una vez? ¿La de "Yo por un Santander no tengo lástima ni piedad"?
Gina: Ese chico exagera, tanto como vos, te lo puedo asegurar. Pero acá el tema es Antonella, no él. Trata de convivir con ella, de familiarizarte...
Lorenzo: ¡Pero si se la pasa todo el día en la cafetería del tipo ese! ¿En qué momento querés que lo intente?
Gina: Y cuando está en casa, querido. Sos caído, eh.
Lorenzo: Bueno, más tarde voy a hablar con ella.
Gina: Confío en que lo vas a hacer. Sos un buen chico, Lorenzo, creo que pocos tienen tu esencia, demostralo más seguido...
*Lorenzo le sonrió, sintiendo gratitud y determinación*
*Horas después, en la casa de Malena, ella estaba frente al espejo, probándose diferentes prendas. Se miró con atención, girando un poco para ver cómo le quedaba cada atuendo*
*De repente, su madre, Sandra, entró en la habitación y se acercó con una sonrisa*
Malena: ¿Y, mamá? ¿Cómo me queda?
Sandra: Te queda hermoso, hija. Perfecto para el evento de esta noche.
Malena: [frunciendo el ceño] ¿Qué evento?
Sandra: ¿Cómo qué evento, querida? Te hablé de eso ayer. Hoy me junto con unos inversores. Y vos vas a estar ahí.
Malena: No me entusiasma mucho ir, mamá...
Sandra: Pero tenés que ir. ¿Cómo quedaría que yo vaya sola sin mi hija?
Malena: Pero es que ni siquiera me avisaste antes.
Sandra: Te avisé, hija, pero tenés la cabeza en cualquier lado.
Malena: Es re aburrido, ma, pero en fin...
Sandra: Pensá que con la plata que estoy ganando, voy a poder manejar contactos y conseguirte una audición para el casting de modelo. ¿No era tu sueño ese?
Malena: Sí, sabés que lo es...
Sandra: Y estás sin trabajar, encima. Te viene bien que yo tenga estos eventos.
Malena: [suspiro resignado] Está bien, capaz tenés razón...
*Sandra, mirando a su hija con atención, frunció el ceño al notar algo en su figura*
Sandra: Hija, hija, a ver...
Malena: [confundida] ¿Qué pasa?
Sandra: Hija, ¿qué son esos rollitos?
Malena: [mirándose] ¿Rollitos?
Sandra: [señalando] Sí, mi vida. Estás más llenita, ¿estuviste comiendo porquerías de nuevo, corazón?
Malena: [tristeza] No me había dado cuenta... solo comí el postre tan rico que hiciste ayer...
Sandra: Pero hija, esos postres son para mí, que yo me cuido. ¿Y vos? Vas a tener que aflojarle, o vas a terminar como el año antepasado en verano. ¿Querés eso?
Malena: No, no quiero...
Sandra: Bueno, entonces, vas a tener que dejar de comer esas cosas. ¿Vas a la cafetería del chico ese, o no?
Malena: Sí, ¿por?
Sandra: [susurro de advertencia] Claro, de ahí, bizcocho, bocadillos, galletitas, facturas...
Malena: Sí, puede ser...
Sandra: Mi vida, dejá de comer esas cosas, ¿sí?
Malena: Está bien, mamá. Lo voy a hacer...
Sandra: [sonriendo con satisfacción] Así me gusta.
*Sandra le dio un suave toque en el hombro y salió de la habitación, dejando a Malena sola. Al cerrar la puerta, Malena se sintió abrumada y triste*
*Por otro lado, en casa de los Santander, Antonella estaba sentada en el sillón, sumida en sus pensamientos. Pablo se acercó y se sentó a su lado*
Pablo: Anto... ¿podemos hablar?
Antonella: [sonriendo] ¿Tío? ¡Claro! ¡Siéntese!
*Pablo se acomodó junto a ella, su mirada seria pero amable*
Antonella: [curiosa] ¿Qué pasa?
Pablo: Estos días estuve pensando... y te quiero hacer una pregunta...
Antonella: Claro, decime.
Pablo: [tono cauteloso] ¿Alguna vez fuiste a la escuela?
*Antonella lo miró pensativa, la pregunta la tomó por sorpresa, y su expresión se tornó incómoda*
Antonella: Eh... yo...
Pablo: ¿Te incomoda la pregunta?
Antonella: [bajando la mirada] No, es solo que... no, no fui a la escuela.
Pablo: ¿Querés que vayamos a ver alguna escuela para que te puedas anotar en 1er año?
Antonella: No, no quiero. Es que... es una larga historia, pero te cuento igual, si querés...
Pablo: [acomodándose, interesado] Por supuesto, tengo tiempo yo...
Antonella: Verás... no sos la primera persona que me adoptó... hay alguien más que me adoptó antes...
Pablo: [sorpresa] ¿En serio?
Antonella: Sí, se llamaba Hugo. Era alguien mayor, de unos 50 años. Él era profesor, y mientras viví con él, me enseñó muchas cosas sin necesidad de que yo fuera a la escuela. Me enseñó matemáticas, literatura... todo en solo 3 años. Yo tengo facilidad para aprenderme las cosas, así que no se me hizo tan difícil...
Pablo: [impresionado] Wow, qué linda historia. Pero... ¿qué pasó con él?
Antonella: Bueno, él... tenía una enfermedad del corazón y... y falleció...
*Pablo la miró con tristeza, sintiendo un profundo pesar*
Pablo: Perdoname, no sabía nada...
Antonella: No pasa nada, está bien. Y yo quiero recordarlo así, como el hombre que me enseñó todo. No quiero ir a la escuela, no soportaría ser rechazada...
Pablo: Bueno, Anto, te juro que lo entiendo. Y también entiendo la historia que me contás. No te preocupes, si vos me decís que sabés mucho, podés quedarte acá en casa sin problema...
Antonella: [aliviada, sonriendo] Gracias...
*Pablo la abrazó con ternura*
*Por otro lado, en la cafetería, Mariano estaba limpiando algunas mesas, disfrutando del zumbido familiar del lugar mientras un grupo de clientes conversaba animadamente en otra mesa*
*De repente, la puerta se abrió y Giuliana entró, con una sonrisa que iluminó su rostro al ver a Mariano*
Giuliana: ¡Hola, Mariano!
Mariano: [sonriendo] ¡Ey, Giuli! ¿Cómo te va?
Giuliana: ¡Bien, bien!
Mariano: ¿Querés tomar algo?
Giuliana: No, tranqui, solo un vaso de agua.
Mariano: ¡Bueno, ahí te traigo!
*Él se alejó hacia la barra, y algunos segundos después volvió con un vaso de agua fresca, el hielo tintineando suavemente*
Giuliana: Gracias...
Mariano: [colocando el vaso frente a ella] ¿Qué te trae por acá?
Giuliana: Nada, solo quería visitarte. Hace tanto no hablábamos vos y yo, o sea, hace mucho no hablábamos bien...
Mariano: Sí, es que ni bien terminé el secundario me dediqué a esto de la cafetería y las ventas...
Giuliana: [suspirando] Y yo con esto de la boda no tuve tiempo para nada, te imaginarás.
Mariano: Claro, sí.
Giuliana: Por cierto, Mariano, te quería agradecer por el gesto que tuviste hoy.
Mariano: No es nada, Giuli. Yo soy buena persona y tengo principios también.
Giuliana: Lo sé, y quiero pedirte perdón por la actitud que César tuvo. Esa de tratarte mal y no agradecerte.
Mariano: Pero vos no tenés que hacer nada por él, él tiene que disculparse si lo siente.
Giuliana: [tristeza] Pero no creo que lo vaya a hacer... y yo no quiero que pienses que él es una mala persona o algo...
Mariano: Yo no pienso nada de él, solo lo vi una vez, ayer. Pero hubiese estado mejor haberlo conocido de otra forma. Y no de la forma en que se comportó.
Giuliana: Lo sé, estuvo muy mal.
Mariano: Pero vos tranquila, no tenés que hacer nada en su nombre.
Giuliana: Y sí, pero tuviste que llevar vos el maletín y te acusó de ladrón en lugar de decirte gracias.
Mariano: Vos tranquila, no es la primera vez, ni tampoco será la última. Por culpa de los Santander.
Giuliana: ¿Qué? ¿Por qué?
Mariano: [frustrado] Porque el imbécil de Lorenzo anda diciendo por ahí que soy un ladrón, que entré a robar a su casa, y no sé qué más.
Giuliana: [suspiro] Uff, lo de ustedes dos es de nunca acabar, eh...
Mariano: No me interesa en lo más mínimo reconciliarme con esa gente.
Giuliana: Solo espero que algún día lo hagan, no es muy lindo vivir con rencores.
Mariano: El día que se arrepientan ellos de robarme las tierras que le pertenecían a mi familia, ese día capaz lleguemos a algo.
Giuliana: [tono conciliador] Uff, bueno, si es así, espero que lo hagan entonces...
*En ese momento, la puerta de la cafetería se abrió nuevamente y Malena entró. Se dirigió hacia Mariano y Giuliana, un ligero nerviosismo en su caminar*
Malena: Hola, Mariano.
Mariano: Hola, Malena.
Malena: Giuliana... Hola.
Giuliana: [tono frío] Hola.
Malena: ¿Cómo estuvo todo el festejo? Me enteré que te casaste.
Giuliana: Sí, estuvo muy lindo.
Malena: Bueno, yo... te felicito... te felicito por la boda. Y por haber encontrado a alguien que te ame.
Giuliana: Gracias por eso.
Mariano: Ehh, bueno, Malena, ¿querés tomar algo?
Malena: No, no, solo vine a visitar...
Mariano: Está bien... ahora vuelvo, me acordé de que... se terminó la crema...
*Mariano se alejó rápidamente, dejando a Giuliana y Malena solas en la mesa*
Malena: Giuliana, ¿por qué sos así conmigo?
Giuliana: [frunciendo el ceño] ¿Cómo?
Malena: Sos muy cortante conmigo, y me mirás como si estuvieras enojada.
Giuliana: Yo ese día te dije que a partir de ahí no éramos más amigas, y que te iba a tratar con educación como a cualquiera. Bueno, es lo que hago.
Malena: ¿No está la posibilidad de que arreglemos las cosas?
Giuliana: No, perdón.
*En ese momento, Giuliana recibió un mensaje en su teléfono. Lo miró y murmuró para sí misma*
Giuliana: [pensando en voz alta] Ah, no, es de Antonella...
*Malena, al escuchar el nombre, se volvió hacia ella, confundida*
Malena: ¿Dijiste "Antonella"?
Giuliana: Sí, ¿qué tiene?
Malena: ¿Ella te está mandando mensajes?
Giuliana: [indiferencia] Sí, ¿cuál es el problema?
Malena: ¿Qué pasa? ¿Vos también sos amiga de esa chinita?
Giuliana: Ey, tené más respeto. Sí, soy su amiga.
Malena: ¿Me estás cargando? ¿Qué tienen todos con ella? ¡Acaba de llegar y ya hipnotizó a todo el mundo!
Giuliana: No empecés a comportarte como una nena.
Malena: ¡No es ser una nena! ¡Para que vos y yo nos hiciéramos amigas tardamos meses! ¡Lo mismo con Mariano! ¡Pero esa chica acaba de llegar y ya todo el mundo la quiere!
Giuliana: ¿Y a vos eso qué te importa? Vos también serías mi amiga ahora mismo si no hubieses hecho lo que hiciste.
Malena: [lágrimas en los ojos] ¡No es justo que seas así conmigo! ¡Parece que todos la prefieren a ella antes que a mí!
Giuliana: [frialdad] Bueno, preguntate por qué será.
*En ese momento, Mariano volvió a la mesa, preocupado por los gritos*
Mariano: ¿Qué son esos gritos, chicas?
Giuliana: Yo no estoy gritando.
Malena: [rabia] ¡Pasa que me parece injusto todo esto! ¡Esa... petiza llega de la nada a nuestras vidas y todo el mundo la prefiere a ella, y me dejan de lado a mí! ¡Yo soy tu amiga desde hace mucho tiempo y ahora me dejás de lado por ella!
Mariano: Te estás confundiendo, me parece. Últimamente, quien me empezó a dejar de lado a mí fuiste vos. Porque estabas ocupada, porque querías tener tu carrera de modelo, y está perfecto. Ahora tengo una nueva amiga, y nadie la prefiere a ella. Yo intento integrarte, pero la rechazás.
Malena: [voz temblorosa] ¡La rechazo porque no confío en ella! ¡No me gusta! ¡No me gusta cómo se viste, no me gusta que sea tan extravagante, no me gusta su forma de ser, su forma de hablar, no me gusta que esté cerca de mis amigos, no me gusta nada de ella!
Giuliana: ¿Sabés qué pasa? Si no fueras tan turra y creída, la gente te querría un montón. Pero tenés actitudes detestables que Antonella no tiene.
Malena: Gracias por darme más motivos para que me caiga mal.
Mariano: Pero si ella no te hizo nada.
Giuliana: Dejala, Mariano. Cuando se le pase el capricho, ahí hablá con ella.
Malena: ¿Sabés algo? ¡Yo intenté arreglar las cosas con vos, pero no vale la pena! ¡Andá con tu nueva mejor amiga, Antonella, hacé pijamadas con ella, y que sean muy felices!
Giuliana: Ehh... bueno, es lo que voy a hacer. Gracias. Mariano, me tengo que ir a mi casa. Me acordé que iba a hacer algo con mi mamá.
*Giuliana dejó unas monedas sobre la mesa, su expresión decidida mientras se levantaba*
Mariano: Bueno, Giuli, está bien. Pero volvé algún día.
Giuliana: Tranqui, que cuando tenga tiempo de nuevo voy a venir a visitarte. Chau.
Mariano: Chau, Giuli.
*Giuliana se fue rápidamente, dejando a Mariano y Malena en un silencio incómodo. Malena, enojada, también se levantó y salió corriendo de la cafetería, dejando a Mariano confundido y preocupado*
*Por otro lado, Lorenzo estaba sentado en el césped. Estaba concentrado en algo que escribía en su cuaderno cuando Antonella se acercó, un poco tímida y con la mirada baja*
Antonella: Hola, Lorenzo...
*Él se levantó, sorprendido al verla*
Lorenzo: Ah, Antonella, hola. ¿Qué hacés acá?
Antonella: Vine a charlar con vos...
Lorenzo: Qué curioso, yo también quería hablar con vos.
Antonella: Sí, mirá, yo... te quiero pedir perdón. Me saltó la térmica ahí adentro, no fue lo correcto...
Lorenzo: Yo también me quiero disculpar. Estuve pésimo. No debí haberte hecho sentir mal...
Antonella: Está bien, pero... yo creo que vos y yo últimamente estamos con el pie izquierdo...
Lorenzo: Pienso lo mismo.
Antonella: Yo quiero que estemos bien. No que seamos los primos inseparables, pero... que aunque sea, estemos en armonía... ¿se entiende?
Lorenzo: Te entiendo. Lo que pasa es que, no sé, Antonella...
Antonella: Excepto el asunto de Mariano, yo hago lo que quieras. Si querés que haga algo o te diga algo, nomás decime...
Lorenzo: Lo que pasa es que me cuesta confiar en vos. Hay muchas cosas que no sé de vos.
Antonella: Bueno, preguntame. Lo que quieras saber, preguntalo.
Lorenzo: [pausa de unos segundos] Bueno, está bien. Te tengo una pregunta que me deja pensando mucho.
Antonella: A ver, ¿qué?
Lorenzo: Se supone que estabas en un orfanato, ¿no?
Antonella: [asintiendo] Claro, ¿por qué?
Lorenzo: Y te pregunto... ¿si estabas ahí, de dónde sacaste ese teléfono?
*Antonella se sorprendió con la pregunta, su expresión cambió y un silencio incómodo se instaló entre ellos*
Lorenzo: Yo no juzgo ni nada, pero quiero saber...
Antonella: Pensás que lo robé, ¿no?
Lorenzo: No, no. Yo no sé, por eso pregunto.
Antonella: Bueno, me lo regalaron...
Lorenzo: [interesado] ¿Y quién?
*Antonella volvió a hacer silencio, sintiendo el peso de la pregunta*
Antonella: Mirá, yo te dije que podías preguntarme lo que quisieras, pero, ¿cuál es el fin de esta pregunta?
Lorenzo: Ya te dije, es una duda que tengo. ¿Quién te lo regaló?
Antonella: [voz baja] Mi... mi papá.
Lorenzo: [sorpresa] ¿Papá? ¿Pero cómo? ¿Vos no eras...?
Antonella: [interrumpiendo] No, no era.
Lorenzo: ¿Entonces por qué estabas en un orfanato?
*Antonella frunció el ceño, sintiéndose incómoda y molesta*
Antonella: Lorenzo, la cosa es... yo te respondo lo que vos quieras, pero... ese es mi pasado y...
Lorenzo: ¿Y qué?
*Antonella sonrió de forma incómoda, tratando de ocultar sus emociones*
Antonella: Es que, mirá... no quiero hablar de eso, ¿sí?
*Lorenzo la miró con confusión, buscando entender*
Antonella: No creo que alguien quiera meterse en ese terreno, ya que... es mi pasado y... ahí debe quedarse, en el pasado.
Lorenzo: No quería incomodarte, pero me dijiste que te preguntara lo que quisiera, y yo quería saber eso.
Antonella: Lo sé, pero... justo eso, no...
Lorenzo: [preocupación] Antonella, me das muchas vibras extrañas. Siento que hay muchas cosas que ocultás, o que no sos quien decís ser.
Antonella: Lo lamento mucho por eso... porque lo que yo oculto son cosas que tienen que ver conmigo, no con ustedes. Yo soy una buena persona, no es como si quisiera lastimarlos o algo así...
Lorenzo: Es que... ¿no te dijeron que sos algo... extravagante?
Antonella: [sonrisa triste] Sí, de hecho sí me lo dijeron.
Lorenzo: No quería que te incomodaras, pero era una pregunta que realmente me dejaba pensando.
Antonella: El punto es que ya te la respondí. ¿Era todo lo que querías saber?
Lorenzo: Más o menos, sí...
Antonella: [sonriendo] Yo quiero que vos y yo estemos bien. Que tengamos una buena relación. Y si saber lo que me preguntaste hace algo, me alegro...
*Lorenzo le sonrió cálidamente*
Antonella: Te dejo solo para... lo que sea que estabas haciendo antes.
Lorenzo: [sonrisa] Bueno, está bien.
*Entonces Antonella se acercó y le dio un pequeño abrazo, un gesto sincero de reconciliación. Lorenzo sintió una calidez en ese abrazo*
*Malena paseaba por la calle, disfrutando del aire fresco. Sin embargo, su tranquilidad se vio interrumpida cuando notó algo inusual a lo lejos. Se detuvo, frunciendo el ceño al ver a Antonella abrazándose con Lorenzo*
Antonella: Nos vemos después, Lorenzo...
*Antonella se alejó, sin darse cuenta de que Malena la observaba desde la distancia*
Malena: [susurrando para sí misma] (¿Qué hacía abrazándose con Lorenzo Santander? Bueno, le va a encantar a Mariano saber de esto. Vamos a ver si su "amistad" sigue después de saberlo.)
*Malena sonrió con satisfacción y malicia. Segundos después, se fue de allí*
*Horas después, en el jardín de la casa, Pablo estaba conversando con Gina, disfrutando de la tarde. De repente, Antonella apareció, caminando con nerviosismo y determinación*
Antonella: Pablo...
Pablo: [volteando hacia ella] ¿Sí, Anto?
Antonella: [dudando un momento] ¿Puedo hablar con vos?
Pablo: Claro que sí. Ahora vuelvo, Gina.
Gina: Dale, no hay problema.
*Pablo se levantó de la silla y caminó junto a Antonella hacia el interior de la casa*
Pablo: ¿Qué pasa, Anto? ¿De qué querías hablar?
Antonella: Es que... quiero hablarte de... de Mariano...
Pablo: [frunciendo el ceño] ¿Qué pasa con Mariano? ¿Pasó algo con él?
Antonella: No, está todo bien. Pero solo quiero saber... ¿por qué Lorenzo lo odia tanto?
*Pablo pensó por un momento, dejando escapar un suspiro pesado*
Pablo: Es que... hay una interna de hace muchos años...
Antonella: Contame, tengo tiempo para escuchar...
Pablo: Lo que pasa es que... Mariano está empecinado en pensar que nosotros le robamos terrenos de la bodega a su familia...
Antonella: [sorpresa] ¿Por qué?
Pablo: A ver... mi papá y el abuelo de Mariano tenían una bodega juntos. Eran muy cercanos... hasta que un día, simplemente se separaron. Mi papá nunca me habló mucho sobre qué pasó.
*Antonella escuchaba atentamente*
Pablo: Ellos dos acordaron que mi papá se iba a quedar con las tierras... lo hablaron y llegaron a ese acuerdo.
Antonella: [confundida] ¿Pero entonces?
Pablo: Lo que pasa es que... cometieron el error de no haberlo dejado asentado por escrito...
Antonella: Ay, no...
Pablo: Y bueno, se lo expliqué de una y mil formas a Mariano, pero se niega a creerme. Piensa que esas tierras le pertenecen a su familia, que le robamos, que lo estafamos.
Antonella: No tenía idea, es muy... complejo... y rebuscado también...
Pablo: [asintiendo] Es que lo es. Es un chico demasiado necio. Y bueno, como Lorenzo es igual de necio que él, insiste en odiarlo en lugar de hacerle entender las cosas. Es por eso.
Antonella: Pero antes eran amigos... ¿por qué no pueden intentar volver a lo mismo? Después de todo, la unión hace más que la separación...
Pablo: La verdad es que deseo eso. Pero cada uno tiene su historia. La vida de él no fue muy fácil tampoco, por eso le cuesta confiar en los demás...
Antonella: [preocupación] ¿Y crees que... que él se desquite conmigo si se entera?
Pablo: No, no creo. No te preocupes mucho por eso, esas son ideas de Lorenzo. Te puedo asegurar que Mariano es necio, testarudo y bastante rudo también, pero no tiene maldad. Y menos maldad para agarrársela con vos.
Antonella: Yo no le dije todavía, porque... tenía miedo, sinceramente, de que me odie o algo del estilo.
Pablo: [mirándola con seriedad] ¿Mariano es tu amigo o... en el fondo te gusta un poco?
Antonella: Ehh... yo... es mi amigo...
Pablo: Bueno, te doy un consejo: no empieces una amistad con ocultamientos y mentiras. No puede salir muy bien. No tengas miedo de decir quién sos ni quién es tu familia. Vos sos nueva en todo esto, pero te puedo asegurar que nuestras internas son nuestras, no tuyas. No tenés nada que temer.
Antonella: [sonrisa agradecida] Bueno, gracias, Pablo... ahora lo entiendo mejor. Y voy a tomar tu consejo...
Pablo: Me parece muy bien.
Antonella: Bueno, eso era todo... podés seguir hablando con Gina, si querés.
Pablo: [asintiendo] Bueno, dale. ¿Y vos qué vas a hacer?
Antonella: Voy a ver a Mariano, justamente...
Pablo: Bueno, dale.
*Un ratito más tarde, en la cafetería de Mariano, el ambiente era tranquilo. De repente, su teléfono sonó, interrumpiendo el silencio*
Mariano: [contestando, con confusión] ¿Hola?
Malena: [tono juguetón] Hola, Marianito...
Mariano: ¿Malena?
Malena: Sip.
Mariano: [preocupación] ¿Está todo bien?
Malena: Sí, todo perfecto. O bueno, depende de cómo lo veas...
Mariano: *frunciendo el ceño* ¿Cómo? No entiendo...
Malena: Mirá, vi algo que me parece que te interesaría saber...
Mariano: ¿Qué cosa? ¿Estás bien?
Malena: Yo sí, es sobre tu enamorada.
Mariano: [confundido] No sé de quién hablás...
Malena: [tono burlón] De Antonella. ¿Quién más?
Mariano: [preocupándose] ¿Qué pasa con ella?
Malena: ¿Qué pasa? Que la vi abrazándose con Lorenzo Santander.
*La reacción de Mariano fue instantánea, una mezcla de confusión e incredulidad cruzó su rostro*
Mariano: [atónito] ¿Qué? ¿Cómo?
Malena: Lo que escuchaste.
*Mariano se quedó pensando, tratando de procesar la información. En ese momento, la puerta de la cafetería se abrió y Antonella entró, su rostro iluminado por una sonrisa radiante*
Mariano: Perdón, Malena, te tengo que dejar.
*Sin esperar respuesta, Mariano cortó la llamada, con confusión y preocupación. Se acercó a Antonella, intentando fingir que todo estaba bien*
*Antonella se acercó a Mariano con una sonrisa radiante*
Antonella: [alegría] ¡Hola!
Mariano: Hola...
Antonella: [curiosidad] ¿Cómo estás?
Mariano: Perfecto.
Antonella: ¿Qué hacías antes de que yo llegue?
Mariano: [señalando las mesas] Nada, limpiando un poco.
Antonella: ¿Te ayudo?
Mariano: Antonella, ¿qué relación tenés vos con los Santander?
*Antonella se confundió, frunciendo el ceño*
Antonella: [nerviosa] ¿Qué?
Mariano: Eso que escuchaste.
Antonella: Ninguna... ¿por?
Mariano: Me dijeron que te vieron abrazándote con Lorenzo Santander.
*Antonella se sintió nerviosa, intentando ocultar su inquietud*
Antonella: [haciéndose la tonta] Ah... ¿Lorenzo? ¿Quién es Lorenzo?
Mariano: Antonella...
Antonella: ¿Es ese chico rubio... con cara de enojado todo el día?
Mariano: Sí.
Antonella: Es que lo ayudé en un favorcito. Yo ni sabía que era un Santander...
Mariano: ¿Segura?
Antonella: [sonriendo nerviosa] ¡Ay, Mariano, obvio!
Mariano: Bueno, te voy a creer...
Antonella: [aliviada] Gracias... Yo también tengo que preguntarte algo...
Mariano: Claro, decime.
Antonella: ¿Es cierto eso que se rumorea en el pueblo de que... vos le robaste a los Santander?
*La expresión de Mariano se tornó molesta*
Mariano: [tono brusco] Ya te saltó la ficha. ¿Quién te dijo eso?
Antonella: Nadie, es algo que escuché, nada más...
Mariano: ¿Vos me ves capaz de hacer algo así?
Antonella: Eh...
Mariano: [determinación] Es obvio que no robé, Antonella. No les creas a los demás.
Antonella: Es que... el otro día te escuché tan enojado con ellos que...
Mariano: [interrumpiéndola] Eso no me hace un ladrón. Y si no me crees, mirame a los ojos...
*Antonella lo miró profundamente, queriendo encontrar verdad en su mirada. En esos momentos, Mariano se sintió vulnerable*
*Después de unos segundos, ella sonrió, la tensión se disipó*
Antonella: Mi corazón me dice que no fuiste vos. Y le creo...
*Mariano le sonrió, sintiendo calidez al escucharla*
Mariano: Sos tan linda, Antonella.
*Ellos dos se miraron a los ojos, compartiendo una sonrisa que hablaba más que mil palabras*
*Más tarde, a la noche, en la casa de Malena, el ambiente era festivo pero íntimo. En el patio, algunas personas se congregaban, charlando y riendo. Las mesas estaban decoradas con manteles elegantes y repletas de comida, bizcochos de variados sabores, tortas decoradas con esmero, papas fritas crujientes y una selección de aperitivos*
*Sandra, vestida con un elegante vestido negro, se encontraba hablando animadamente con un grupo de personas, todas vestidas de forma muy formal*
*Malena, en cambio, estaba en un rincón, apartada del bullicio. Luego de un momento de indecisión, se acercó a la mesa y, sin pensarlo demasiado, empezó a comer algunos bizcochos*
Sandra: Pero bueno, siéntense nomás, tomen algo...
*Segundos después, Sandra vio a lo lejos a Malena, devorando los bizcochos con una avidez que la hizo fruncir el ceño. Preocupada, decidió dejar a los invitados y se dirigió corriendo hacia ella*
*Sin dudarlo, le sacó uno de los bizcochos de la mano*
Sandra: [sorpresa y desaprobación] Malena, ¿qué estás haciendo, nena?
Malena: Comiendo, mamá...
Sandra: [tono firme] ¡Pero esta comida no es para vos, es para los invitados!
Malena: Ay, mamá...
Sandra: ¿Qué hablé con vos hoy? Decime, ¿qué hablé?
Malena: Pero... son solo unos bizcochitos, no tiene nada de malo. Además, no podés poner eso delante mío y esperar que no coma.
Sandra: ¿Qué me estás diciendo?
Malena: ¡Es lo mismo que poner carne adelante de un perro!
Sandra: [incredulidad y sorpresa] ¡Ay, no puedo creer la comparación! Escuchame una cosa, nena, ¿qué querés?
Malena: [tono desafiante] Comer, quiero comer.
Sandra: ¿Comer? ¿Querés comer y que no te entre la bikini en el verano?
Malena: [sus ojos llenándose de lágrimas] Es muy hiriente lo que me decís...
Sandra: ¡Es la verdad! Estás todo el día comiendo, nena. ¡Mirá, tenés rollitos que antes no tenías!
Malena: Es una tortura que pongas algo rico delante de mí y esperes que no coma...
Sandra: ¡Ni siquiera yo consumo esas cosas! ¡Pero ellos sí, y esta comida es para ellos, no para vos!
Malena: [desesperada] ¿Entonces qué tengo que comer, eh?
Sandra: ¡Nada! ¿Tan difícil es?
Malena: Me quiero ir. Ya me humillaste bastante.
Sandra: *[tono autoritario] No, vos no te vas. Ya estás acá, ahora te quedás. No seas chiquilina.
Malena: [con lágrimas en los ojos] ¿A qué me voy a quedar? ¿A que me sigas diciendo cosas feas? No quiero, mamá...
Sandra: [suspiro, intentando mantener la calma] Hija, vos no entendés que esto yo lo hago por tu bien.
Malena: [resignación] Sí, sí, lo entiendo...
Sandra: Entonces haceme caso.
*Con una última mirada de frustración, Sandra se dio media vuelta y se alejó, regresando a los invitados. Malena, sintiéndose sola y herida, se sentó en una silla alejada de todos*
*Una vez sola, las lágrimas comenzaron a caer por sus mejillas, ardiendo en su rostro*
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