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Aprendiendo A Amar

T1 E1

*Una mañana fría de Junio de 2002, el sol brillaba en el cielo despejado, pero el aire cortante hacía que los niños del orfanato se acurrucaran en sus abrigos*

*En el patio del orfanato, un grupo de chicos y chicas de diferentes edades jugaba, reía y corría por el lugar. Entre ellos, una chica destacaba por su concentración en un cuaderno de dibujo. Era Antonella, una chica adolescente, de baja estatura, con un jardinero descolorido, cabello corto, algunas pecas dispersas en su rostro y unos ojos azules que irradiaban una mezcla de tristeza y esperanza*

*Sentada en un banco, Antonella dibujaba un paisaje con dedicación. Sus trazos eran firmes pero delicados*

*De pronto, una sombra se cernió sobre su cuaderno. Levantó la mirada y vio a Martina, una chica de su misma edad*

Martina: Ay, Anto, Anto, ¿dibujando otra vez?

Antonella: Dejame en paz, ¿sí?

Martina: ¿Qué? Si tus dibujos son horribles, no sé por qué insistís la verdad...

Antonella: Martina, sos insoportable, ¿te podrías ir?

Martina: *encogiéndose de hombros* Sí, mejor me voy. Cada tonto se divierte a su manera... ¿no?

Antonella: Por lo menos yo me divierto dibujando, feliz, y vos te divertís molestando al resto porque no tenés nada mejor que hacer, de lo aburrida que es tu vida, seguramente...

Martina: ¿Qué dijiste? A ver, repetilo...

*Antonella dejó su cuaderno a un lado y se levantó, enfrentando a Martina*

Antonella: *desafiándola* ¿Querés que te lo repita? ¡Te lo repito!

*Antes de que la situación escalara, una figura adulta se acercó a ellas. Era la directora, con una expresión de autoritaria preocupación*

Directora: ¡Ey, ey! ¿Qué es todo esto?

Antonella: ¡Martina, que me está molestando, como siempre!

Directora: Bueno, basta, paren de pelear. Martina, ya está la comida, andá...

*Martina salió corriendo, lanzando una última mirada de desprecio a Antonella*

*Antonella también iba a irse corriendo, pero la directora la detuvo con suavidad pero firmeza*

Directora: No, Antonella, vos no vas.

Antonella: ¿Por qué?

Directora: No podés ir, porque te vinieron a buscar.

Antonella: ¿Cómo? ¿A qué se refiere?

Directora: Vino un pariente tuyo, e hizo los papeles para tener tu custodia y que puedas vivir con él...

Antonella: ¿Qué? ¿Qué pariente? Si yo no tengo familia...

Directora: Sí tenés, es un tío tuyo...

Antonella: ¿Tío?

Directora: *Con voz calma* Sí, me dijo que era tu tío materno. Así que agarrá tus cosas, que te está esperando...

Antonella: No, pero espere, todo esto es muy rápido, me tengo que despedir...

Directora: ¿Despedir de quién?

Antonella: *mirando a su alrededor* No sé, de mis amigos...

Directora: *sonrisa comprensiva* No, no, no hay tiempo. Vos dejamelo a mí, yo se los voy a decir...

Antonella: *suspiró* Bueno, pero por favor, déjeme escribir una carta aunque sea...

Directora: Bueno, pero rápido, eh... y Antonella...

Antonella: *deteniéndose por un momento* ¿Qué?

Directora: Te felicito por esta suerte que te cayó. Por favor, no la desaproveches...

Antonella: *asintiendo lentamente* Está bien, muchas gracias...

*Antonella la miraba muy confundida mientras la directora se alejaba, dejándola pensativa*

*Minutos después, Antonella caminaba lentamente hacia la recepción, sus pasos resonando en el pasillo vacío. Una mezcla de confusión y desconfianza la invadía*

*Al llegar a la recepción, vio a un hombre junto a la directora. Él la esperaba con una sonrisa amplia y cálida, mientras la directora mantenía una expresión serena*

*El hombre tenía el cabello castaño salpicado de canas, ojos castaños llenos de una emoción contenida y una vestimenta simple pero cuidada. Al ver a Antonella, su sonrisa se ensanchó aún más*

Directora: Mírela, ahí viene.

Pablo: *voz suave y emocionada* Hola, Antonella...

*Pablo extendió la mano hacia ella. Antonella, con recelo y desconfianza, le dio la mano tímidamente*

Antonella: Hola...

Directora: ¿Ya tenés todo, Antonella?

Antonella: *asintiendo* Sí, sí.

Directora: ¿Segura? ¿No te olvidás nada?

Antonella: No, no, tengo todo.

Directora: *sonriendo con ternura* Bueno, dicho eso, ya podés ir, Antonella. Estás en buenas manos, no te preocupes...

Pablo: *voz tranquilizadora* Tranquila, no tengas miedo.

Directora: Ay, Antonella, tantos años con vos. Vamos a extrañarte...

Antonella: *forzando una sonrisa* Yo también...

Directora: Pero bueno, ya tendrías que ir. Me alegro que te haya surgido esta oportunidad, no les pasa a muchos ya. Aprovechalo, y sé feliz.

Antonella: Bueno, muchas gracias...

Pablo: *extendiendo su mano hacia la puerta* ¿Vamos, Antonella?

Antonella: Bueno, dale, vamos...

Pablo: Bueno, chau, ¡muchas gracias!

Directora: No hay de qué, adiós. Adiós Antonella, cuidate.

*Antonella y Pablo se dirigieron hacia la salida. Antonella miró hacia atrás, viendo cómo la directora la observaba con una mezcla de orgullo y tristeza. Seguía mirando hasta que la puerta del orfanato se cerró detrás de ella*

*Después de un rato, el auto avanzaba por la ruta. Pablo conducía con una expresión serena, mientras Antonella, sentada en el asiento del acompañante, miraba por la ventana con una mezcla de desconfianza y timidez*

*Los campos verdes y colinas ondulantes se extendían hasta el horizonte, creando un paisaje pintoresco*

Pablo: Antonella...

Antonella: *girando la cabeza lentamente* ¿Sí?

Pablo: Quiero que hablemos.

Antonella: *confundida* ¿Hablar de qué?

Pablo: De todo esto. Me imagino que debe ser re confuso para vos, ¿o no?

Antonella: *asintiendo levemente* Sí, un poco... yo... yo pensaba que no tenía más familia...

Pablo: Ni bien supe de tu paradero, hice todo lo posible para venir a buscarte...

Antonella: *sorpresa* ¿En serio?

Pablo: *sonriendo con calidez* Pero claro que sí, Antonella.

Antonella: *titubeando* ¿Entonces... usted es mi tío materno?

Pablo: Por favor, podés tutearme...

Antonella: *avergonzada* Ups, perdón, no me di cuenta...

Pablo: *asintiendo* Sí, soy tu tío de parte de madre.

Antonella: Claro, entiendo, con razón no sabía de usted... perdón, de vos...

*Pablo sonrió, tranquilizándola*

Pablo: No te preocupes, no me conocés, es normal que hables así. Pero cuando nos vayamos conociendo, eso se va a arreglar...

Antonella: Claro, me imagino... y una pregunta...

Pablo: Claro, decime.

Antonella: ¿Cómo se... cómo te llamás?

Pablo: *sonriendo* ¿Yo? Me llamo Pablo. Pablo Santander, es mi nombre...

Antonella: *repitiendo el nombre en voz baja* Ohh... claro, Pablo Santander...

Pablo: Ahora en 10 minutos llegamos a casa...

Antonella: *sorprendida* ¿En serio? ¿Qué, vivís por acá? ¿En los campos?

Pablo: *riendo suavemente* En los campos no, pero vivo al lado de uno, básicamente. Ahora lo vas a ver...

Antonella: Bueno...

*El paisaje continuaba deslizándose, y aunque Antonella seguía confundida y tratando de asimilar la situación*

*Después de unos 15 minutos de viaje, el auto se detuvo frente a una casa imponente. Antonella y Pablo se bajaron del auto, y Antonella miró con asombro la estructura de la casa*

Pablo: *señalando con orgullo* Mirá, Anto, ésta es mi casa...

*La casa de dos pisos tenía una fachada de piedra que le daba un aire rústico pero elegante. Una escalera grande y bien cuidada conducía a la entrada principal. La casa era espaciosa y sólida, irradiando una sensación de calidez y estabilidad*

*Antonella observaba maravillada, sus ojos recorriendo cada detalle*

Antonella: Es muy linda, Pablo...

Pablo: *sonriendo* ¿Te gusta?

Antonella: *asintiendo* Sí, me gusta...

Pablo: *extendiendo la mano hacia la puerta* Bueno, entremos entonces...

*Ambos caminaron juntos hacia la casa y entraron. Al cruzar la puerta, Antonella fue recibida por una cálida bienvenida*

*En la entrada, un chico y una mujer los esperaban con sonrisas amistosas. El chico tenía cabello rubio y corto, vestía una camisa verde y unos pantalones color beige. La mujer, de estatura alta, llevaba el cabello completamente corto, vestía una chaqueta lila, una camiseta blanca y unos pantalones de jean negros*

Pablo: ¡Hola, chicos!

Gina: ¡Hola!

Pablo: Lorenzo, Gina, ella es Antonella...

Gina: *alegría* ¡Hola, Antonella!

Lorenzo: *sonrisa tímida* Hola...

*Antonella los miraba con timidez, sintiéndose un poco a la defensiva pero también curiosa*

Antonella: Hola...

Pablo: *riéndose suavemente* ¡Ah, cierto, no te presenté! Antonella, él es Lorenzo, mi hijo... y tu primo también...

Antonella: *sorprendida* Oh, hola...

Pablo: Y ella es Gina, mi ama de llaves y mi amiga de hace muchos años...

Gina: *extendiendo la mano con calidez* ¡Hola, Antonella! ¡Es un placer!

Antonella: *apretando suavemente la mano de Gina* El placer es mío...

Pablo: Vení conmigo, ¿querés ver tu habitación?

*Una sonrisa iluminó el rostro de Antonella, con una chispa de ilusión en sus ojos*

Antonella: ¿Mi habitación? ¿Tengo una habitación?

Pablo: ¡Pero obvio que sí, Anto!

Antonella: *emocionada* Quiero verla...

Pablo: *guiándola hacia la escalera* Vení conmigo...

*Subieron las escaleras, y llegaron a una puerta que Pablo abrió con cuidado, revelando una habitación luminosa y acogedora*

*Al abrir la puerta y entrar a la habitación, Antonella se quedó sin palabras. Sus ojos se agrandaron con asombro y una sonrisa se dibujó en su rostro al ver el espacio que ahora sería suyo*

*La habitación era grande, con paredes de color rosado. Una cama con mantas color beige se encontraba contra la pared. Estanterías blancas alineadas con libros decoraban una de las paredes, mientras que un mueble con una lámpara amarilla y un armario marrón completaban el conjunto. Cerca de la cama, una ventana con cortinas rosas dejaba entrar la luz natural*

Pablo: ¿Qué opinás? No te conocía, por eso lo decoré así. ¿Hay algo que no te guste?

*Antonella dejó su bolsa con sus cosas en el suelo, todavía asombrada*

Antonella: ¿Gustarme? ¡Me encanta! ¿En serio esto es todo para mí?

Pablo: *sonriendo* Claro, Anto, ¿para quién será si no?

Antonella: *mirando a su alrededor con alegría* ¡Me encanta! ¡Es re lindo!

Pablo: Bueno, esto es para vos. Si hay algo que no te guste o alguna incomodidad, decime...

Antonella: No tengo ninguna incomodidad...

*Se acercó a la cama y se sentó sobre ella, sintiendo la suavidad del colchón*

Antonella: *riendo* ¡Es re cómodo este colchón! Nada que ver con el colchón del orfanato, muy duro e incómodo...

Pablo: *sonrisa satisfecha* Estoy muy feliz de que te haya gustado...

Antonella: ¡En serio te agradezco! ¡Nunca tuve una habitación propia!

*Pablo se entristeció un poco al escuchar eso, sus ojos reflejaban una mezcla de tristeza y compasión*

Antonella: Ay, perdón, es que me emociono mucho... *risa nerviosa*

Pablo: No pasa nada, vos tranquila, lo entiendo.

Antonella: *mirando por la ventana* El pueblo debe ser muy lindo... quisiera pasear para conocerlo mejor...

Pablo: ¿Querés salir a tomar aire? ¿Querés que te acompañe? Así de paso hablamos un poco.

Antonella: *asintiendo con entusiasmo* ¡Dale!

Pablo: *preocupado* Pero está helado afuera, ¿tenés algo así para abrigarte?

Antonella: Ay, no, no tengo nada para abrigarme, solo tengo otras dos prendas... ¡Igual no importa! Estoy acostumbrada al frío, lo puedo aguantar...

*Pablo estaba sorprendido y algo triste al escuchar eso*

Pablo: No, no, esperame. ¿Cómo que aguantar? Esperame un segundo, te voy a traer algo...

Antonella: *incómoda* No, no te molestes, en serio... estoy acostumbrada.

Pablo: No, no podés estar así con el frío que hace afuera. Vos esperame un segundo, ahora vuelvo.

Antonella: *resignada* Bueno, está bien...

*Pablo salió de la habitación apurado, dejando a Antonella algo apenada. Ella se quedó mirando la habitación, todavía asimilando todo lo que estaba pasando*

*Media hora más tarde, en el comedor de la casa, Gina y Lorenzo estaban charlando animadamente*

*De repente, se escucharon pasos ligeros en la escalera. Al levantar la vista, Lorenzo vio a Antonella bajando las escaleras, luciendo un buzo color beige. Su expresión cambió drásticamente, como si hubiera visto un fantasma*

*Gina, notando la reacción de Lorenzo, se giró para ver a Antonella también*

Antonella: *sonrisa tímida* ¡Hola!

Gina: *sonrisa cálida* ¡Hola, Antonella!

Lorenzo: *voz tensa* ¿Qué hacés con eso puesto?

*Antonella bajó la sonrisa, confundida*

Antonella: ¿Cómo?

Lorenzo: ¡Que de dónde sacaste esa ropa! ¿¡Quién te la dio!?

*Antonella se quedó petrificada, asustada por la intensidad de la reacción de Lorenzo*

*En ese momento, Pablo entró al comedor*

Pablo: Pará, Lorenzo, ¿qué te pasa? Yo le di ese suéter...

Lorenzo: ¡Pero papá! ¿Cómo vas a hacer esto? ¡Le diste ropa que era de mi mamá!

Gina: Shh, ey, por favor, calmate...

Lorenzo: ¡No me voy a calmar! Por favor, sacate eso...

Pablo: *tono autoritario* ¡Ella no se va a sacar nada porque vamos a salir! Pero después vamos a hablar vos y yo, ¿eh?

*Lorenzo estaba visiblemente enfurecido, mientras Antonella se sentía asustada y triste por la confrontación*

Pablo: *dirigiéndose a Antonella* Vamos, Antonella...

*Antonella asintió tímidamente y siguió a Pablo, ambos salieron del comedor*

*Una vez que se fueron, Gina se volvió hacia Lorenzo con una expresión de preocupación*

Gina: Lorenzo, te tenés que calmar. ¿Cómo vas a estallar así contra ella?

Lorenzo: ¿Pero no viste lo que tenía puesto? ¡Era ropa de mi mamá! ¡Papá había dicho que mientras él siguiera vivo jamás iba a tirar o regalar su ropa! ¡Y mirá lo que hizo!

Gina: Capaz no lo hizo porque sí. ¿Y si ella no tenía nada para abrigarse? Esa chica vino acá con un overol así, corto, con el frío que hacía afuera...

Lorenzo: ¡Pudo haber usado algo tuyo, o haberle comprado ropa! ¡No darle la de mi mamá!

Gina: Yo solo te digo que no te hagas problemas por eso. Ya estás bastante estresado con todo esto de las bodegas, ¿o no?

Lorenzo: *resignado* Sí, eso es verdad.

Gina: ¿Querés que te haga un café? Creo que lo necesitás...

Lorenzo: Bueno, dale... gracias, Gina.

*Lorenzo pegó un suspiro, tratando de calmarse mientras Gina se dirigía a la cocina*

*Después de un rato, Antonella y Pablo paseaban por las pintorescas calles del pueblo. El aire fresco les acariciaba el rostro, y el sol brillaba suavemente. Antonella caminaba un poco preocupada, mirando de vez en cuando a su alrededor*

*Pablo, notando su inquietud, decidió romper el silencio*

Pablo: ¿Qué te pasa, Anto?

Antonella: No es nada...

Pablo: Si es por lo que pasó en la casa...

Antonella: *mirándolo con preocupación* Es que... ¿por qué Lorenzo reaccionó así? No entiendo...

Pablo: Lorenzo anda un poco estresado, no te angusties por él...

Antonella: ¿Es por algo más?

Pablo: *en voz baja* Es que... lo que pasa es que esa ropa era de su mamá...

Antonella: *sorprendida* ¿Cómo? ¿Acaso ella...?

Pablo: *asintiendo con tristeza* Sí, y nosotros nunca volvimos a abrir su armario en años después de eso... al verte con ese suéter, se descolocó un poquito...

Antonella: Ay, no, perdón...

Pablo: *ternura* ¿Por qué perdón?

Antonella: Porque te metí en un problema con tu hijo... si hubiera sabido, habría salido como estaba antes y ya está...

Pablo: No, no, no te disculpes. Vos no podías salir de esa forma, te podías enfermar. Además, Lorenzo no tiene idea, pero ella siempre quiso que su ropa la donáramos o que la regaláramos después de su muerte... yo solo no lo hice por él...

Antonella: *timidez* Pero... ¿Puedo preguntarte algo?

Pablo: *asintiendo* Claro, sí...

Antonella: ¿Cómo fue? Si te molesta la pregunta, no hace falta que me digas...

Pablo: Ella... ella estaba muy enferma... y cuando nosotros lo supimos, le quedaban pocos meses de vida... esos meses los aprovechamos como nunca... *sonriendo tristemente*

Antonella: ¿La extrañás?

Pablo: *asintiendo lentamente* Sí, la extraño mucho. Por suerte pude rehacer mi vida, pero me costó superarlo en 4 años...

Antonella: Claro... lo entiendo. Y ahora entiendo la molestia de él...

Pablo: Pero vos no te preocupes por Lorenzo, yo voy a hablar con él.

Antonella: De todas formas, no quiero seguir usando esto. No quiero ocasionar molestias. Capaz consigo plata y puedo comprarme la mía...

Pablo: *sonriendo cálidamente* No, Antonella, vos no vas a conseguir plata. La realidad es que yo te iba a dar plata para que compraras, pero como todo esto pasó muy rápido no quería agobiarte. Así que prefería dejarlo para mañana.

Antonella: *asintiendo* Ahh, entiendo, claro.

Pablo: *mirando a su alrededor* ¿Y? ¿Te gustó un poco el pueblo?

Antonella: *sonriendo* La verdad, me encantó. Yo ya había estado antes en este pueblo, solo que no lo había recorrido bien. Está muy lindo. Hay lugares hermosos, es muy colorido.

Pablo: Sí, eso es lo que tiene. Es muy pintoresco.

Antonella: Ey, Pablo, ¿te puedo pedir algo?

Pablo: *curiosidad* ¡Claro, decime!

Antonella: ¿Puedo seguir caminando solo un poco sola, y recorrerlo de nuevo? Es que hay lugares muy lindos, y los quiero dibujar.

Pablo: *preocupación* Pero Antonella, no conocés mucho de este lugar. ¿Y si te perdés?

Antonella: No me voy a perder, tranquilo. Yo sé cómo llegar de nuevo. Tengo memoria y vos me enseñaste casi todo...

Pablo: ¿Estás segura? No quisiera que te pase nada..

Antonella: *sonriendo* Vos quedate tranquilo. No me va a pasar nada, yo sé manejarme en la calle. Es más, podés ir a casa y charlar con tu hijo mientras yo paseo...

Pablo: *pensativo* Hmm, está bien, tenés razón. Pero por favor, cuidate, ¿sí? Y si no sabés cómo volver o algo, pedile un teléfono a alguien y llamame, este es mi número.

*Y él le entregó un papelito con su número*

Antonella: Bueno, dale, está bien. Podés quedarte tranquilo.

Pablo: *sonriendo* Bueno, Anto, chau. Cuidate, ¿eh?

Antonella: *sonriendo ampliamente* Sí, Pablo, tranquilo, chau...

*Pablo se despidió de ella y se alejó, mientras Antonella, muy feliz, continuó caminando por las calles del pueblo, sintiendo una nueva sensación de libertad y emoción*

*Varios minutos después, Antonella caminaba alegremente por las calles, disfrutando del pintoresco paisaje del pueblo. Al pasar al lado de una pequeña cafetería, se percató de su encanto y decidió volver para verla mejor*

Antonella: *asombrada* ¡Ay, qué lugar tan lindo! ¡Es pequeño pero muy lindo!

*Se sentó en un asiento de piedra que había afuera, sacando su cuaderno de dibujo*

Antonella: No, hay mucho viento, mejor no... mejor voy a verlo por dentro... *sonriendo*

*Decidida, entró en la cafetería y quedó fascinada al instante. El interior era acogedor, con mesas de madera y una atmósfera cálida y relajante*

*Al entrar, notó que no había clientes, solo una chica charlando con el barista, ambos sentados en taburetes*

*La chica tenía cabello castaño que caía hasta por debajo de los hombros, un flequillo y vestía un elegante vestido gris. El chico, por otro lado, vestía de mozo, con cabello negro corto y ojos grises*

*Al ver a Antonella entrar, la chica y el barista intercambiaron miradas confusas y susurraron entre ellos*

Malena: *susurrando* ¿Y esa chica? No la había visto en mi vida por el pueblo...

*Mariano se queda viéndola, había algo en ella que había llamado su atención*

Mariano: *encogiéndose de hombros* No sé... yo tampoco la vi nunca...

*Decidida a confrontar la curiosidad, Malena se levantó y se acercó a Antonella, mientras Mariano observaba con una mezcla de curiosidad y preocupación*

Malena: Hola, ¿vos quién sos? ¿Sos nueva por acá?

*Antonella, sintiéndose un poco intimidada, respondió con timidez*

Antonella: *tímida* Ehh, sí, soy nueva...

Malena: Ay, ¿pero sabés qué? Los nuevitos así como vos se van a sentar en las mesas de afuera.

Mariano: *interviniendo rápidamente* ¡Malena, no seas mala onda!

*Antonella, sintiéndose humillada, salió de la cafetería con mala cara y una sensación de tristeza. Mariano miraba a Malena con enojo y desaprobación*

Mariano: No tenías que ser así...

Malena: *despreocupada* Ay, tampoco es para tanto.

*Mariano, impulsado por un sentimiento extraño y energizante, decidió seguir a Antonella. Salió rápidamente de la cafetería, dejando a Malena atrás, para alcanzar a la chica desconocida que había llamado su atención*

*Antonella paseaba alegremente alrededor de las sillas de la cafetería, girando con los brazos extendidos y la cabeza hacia atrás, disfrutando del momento. De repente, perdió el equilibrio y estuvo a punto de caer en una fuente cercana. En un instante, Mariano corrió hacia ella y la sostuvo por la espalda, evitando la caída*

Mariano: ¡Señorita, cuidado!

*Los brazos de Mariano rodeaban la cintura de Antonella, y sus miradas se cruzaron*

*Ambos se quedaron en silencio, la respiración de Antonella aún agitada por el susto, mientras Mariano la sostenía firmemente. Una sonrisa nerviosa se dibujó en los labios de Antonella, mientras sentía el calor de las manos de Mariano en su espalda*

Mariano: *sonrisa suave* Casi se cae, señorita...

Antonella: Y usted me salvó...

*Mariano la ayudó a ponerse de pie con cuidado, sus manos todavía en su cintura*

Mariano: *mirándola con curiosidad y admiración* ¿Quién sos?

Antonella: *sonrisa tímida* Antonella... Me llamo Antonella...

Mariano: Un gusto, Antonella, yo soy Mariano...

Antonella: Mariano...

*Ellos se seguían mirando a los ojos, ambos sintiendo una conexión extraña*

*Antonella sintió un calor agradable en su pecho, una sensación de seguridad y emoción que no había experimentado en mucho tiempo. Mariano, por su parte, se sintió intrigado y atraído por la frescura y la energía de Antonella*

*Malena observaba toda la situación a lo lejos, con una expresión de enojo. Decidida a intervenir, se dirigió hacia ellos*

Malena: ¡Hermoso, qué lindo y conmovedor!

*Malena agarró del brazo a Mariano y lo separó de Antonella bruscamente*

Malena: Deberías ser menos torpe, ¿no te parece?

*Antonella la miraba con enojo, sintiendo la tensión en el aire*

Mariano: Malena, no seas mala...

Malena: Yo a vos nunca te vi por acá.

Antonella: Porque soy nueva.

Malena: *riendo disimuladamente* Ya me parecía...

Antonella: *frunciendo el ceño* ¿Perdón? ¿Qué quisiste decir?

*Antonella se acercó a Malena, pero Mariano rápidamente las separó*

Malena: *sonrisa cínica* Ay, mejor me voy. No puedo con tanta ordinariez...

*Malena se alejó riéndose, dejando a Antonella mirándola con enojo mientras se iba*

Mariano: Perdonala, por favor. Ella es así, a veces tiene un carácter...

Antonella: Sí, no pasa nada...

Mariano: ¿Así que recién te mudaste al pueblo?

Antonella: *titubeando* Ehh... sí, me mudé...

Mariano: ¿Querés que te haga algún jugo o algo?

Antonella: *sonrisa tímida* No puedo, no tengo cómo pagarte...

Mariano: *sonrisa* No importa. La casa invita para chicas lindas...

*Antonella rió, sintiéndose más relajada*

Antonella: *sonriendo* Solo un jugo de naranja...

Mariano: *asintiendo* Bueno... ¿y cómo va eso? ¿Pudiste recorrer el pueblo?

Antonella: Sí, sí. Es muy lindo. Comparado al lugar donde vivía antes...

Mariano: *curioso* ¿Dónde vivías antes?

Antonella: *nerviosa* Ehh... vivía... en el pueblo de acá al lado...

Mariano: Ah, sí, igual no está tan mal, eh. Yo fui algunas veces, estaba copado dentro de todo...

Antonella: *riendo suavemente* Sí, dentro de todo...

Mariano: *interés* ¿Y cuántos años tenés?

Antonella: Tengo 17...

Mariano: Ah, ¿en serio? Yo tengo 19...

Antonella: *intrigada* Ohh, no me digas... ¿Pero hace cuánto trabajas?

Mariano: ¿De barista? Un año y medio, por eso no ves este lugar tan... lleno de gente...

Antonella: *riendo* Claro, entiendo... ¿y qué onda? ¿Te gusta trabajar de esto?

Mariano: Sí, dentro de todo me gusta... aunque te admito que hubiera querido trabajar de otra cosa...

Antonella: Ahh, te entiendo...

Mariano: *señalando una mesa* ¿Querés sentarte?

Antonella: *asintiendo* Claro...

*Ellos dos se dirigieron a una mesa y se sentaron*

*Mientras tanto, en la casa de Pablo, Lorenzo esperaba impaciente en el salón, sus manos apretadas en puños. Cuando Pablo entró, Lorenzo se levantó rápidamente para enfrentarlo*

Lorenzo: ¡Qué bueno que llegaste! ¡Porque quería hablar con vos!

Pablo: Sí, ¿sabes algo? Yo también quería hablar con vos...

Lorenzo: ¿Y de qué?

Pablo: Me parece que te pasaste un poquito con Antonella, ¿no te parece?

Lorenzo: ¿Yo me pasé? ¡Vos te pasaste!

Pablo: *frunciendo el ceño* ¿Yo? ¿Y yo por qué?

Lorenzo: ¿Por qué tenías que darle justo la ropa de mi mamá? ¿Qué te costaba darle ropa de Gina, o darle plata para que se compre ella?

Pablo: No seas tonto, Lorenzo. La ropa de Gina no iba a entrarle, le iba a quedar muy grande. Yo sentía que la ropa de tu mamá sí le iba a quedar, y le quedó. Las dos son bajitas...

Lorenzo: *desesperado* ¿¡Pero por qué tenías que hacer eso!?

Pablo: ¡Pero escuchame una cosa! ¿No podés darte cuenta de que ella no tenía nada para abrigarse? ¡Está helado afuera! ¡Y estaba con ese overol corto!

Lorenzo: ¡Insisto! ¡Pudiste haberle dado plata para que se comprara ropa ella!

Pablo: Es el primer día que está acá, ¿es tan difícil tener un poco de empatía? Ella no vivía como vos vivís, yo fui a buscarla a un orfanato. ¿Vos tenés una idea de cómo es estar en esos lugares?

Lorenzo: ¿A qué querés llegar?

Pablo: A que todo fue muy rápido. La pobre estaba re confundida. No iba a aturdirla dándole plata para que vaya sola a comprar. Ni siquiera conocía el pueblo.

Lorenzo: ¡Da igual, vos traicionaste a mamá!

Pablo: *frustrado* ¿Podés dejar de dramatizar? ¡Eso no es traicionar! ¡Tu mamá quería que luego de su muerte, no guardáramos su ropa! ¡Yo si la guardé, lo hice por vos!

Lorenzo: ¡Claro! ¿Entonces vas y se lo das a cualquier desconocida que cruza esa puerta?

Pablo: *decepcionado* Yo no pensé que fueras así. Ella no es cualquier desconocida, es tu prima. Y viene de pasar una situación muy terrible, lo único que esperaba de vos, lo mínimo, era empatía.

Lorenzo: ¡Yo tengo empatía! ¡Pero es el primer día que está acá! ¿Y querés que ya la trate como mi prima? ¡Ni siquiera la conozco! ¡Y ni siquiera sé si quiero conocerla del todo después de lo que hiciste ahora!

Pablo: *hartazgo* Sos peor que un nene, Lorenzo. Actuás PEOR que un nene. Ella no tiene la culpa de nada, y ahora, cuando venga, le vas a pedir perdón.

Lorenzo: ¿Perdón por qué?

Pablo: ¡Capaz porque le gritaste! ¡Es el primer día y ya la recibiste así! ¡Entendé que ella no viene de pasar las mejores situaciones!

Lorenzo: Le voy a pedir perdón, pero estoy muy enojado con vos.

Pablo: Yo, por el contrario, estoy muy decepcionado. Porque yo no pensé que fueras así. Yo esperaba que la recibieras bien, que tuvieras empatía, que seas más caballero. ¿Por qué no intentás llevarte bien con ella? No seas tonto. Hasta puede salir bien, los dos tienen casi la misma edad.

Lorenzo: Pero no la conozco, y vos tampoco la conocés. ¿Cómo me pedís que me lleve bien con alguien que ni conozco? ¿Cómo sabés si es o no una buena persona o si...?

Pablo: *interrumpiéndolo* Para eso hay que conocerla, Lorenzo. Por eso te digo, intentá conocerla, date esa oportunidad. Tienen casi la misma edad los dos, capaz se terminan llevando bien.

Lorenzo: *suspiro* Yo puedo intentar lo que vos quieras, pero por favor, no le des nada más de mi mamá...

Pablo: No le iba a dar más ropa de tu mamá. Además, ella me dijo que ya no quería, para no tener problemas con nosotros. Mañana nos vamos a ocupar de la ropa. Por hoy, solo dejala, ¿está bien? Y disculpate con ella cuando venga...

Lorenzo: Está bien, para que veas que tengo voluntad, que no soy egoísta ni nada, lo voy a hacer.

Pablo: Me parece bien...

*Ambos se quedaron en silencio, la tensión seguía pero con un pequeño aire de reconciliación*

*Dos horas más tarde, en la cafetería, Antonella y Mariano estaban sentados en una mesa de afuera, conversando animadamente. El sol comenzaba a ponerse, iluminando el lugar con una cálida luz dorada*

Mariano: *entusiasmado* ¿Querés que te cuente algo?

Antonella: *sonriendo con curiosidad* A ver dale...

Mariano: En realidad, a mí no me gusta trabajar de esto. Mi sueño es ponerme una vinoteca.

Antonella: *intrigada* ¿En serio? ¿Una vinoteca? ¿Qué es eso?

Mariano: *explicando con pasión* Un bar de vinos, una vinoteca...

Antonella: *asombrada* ¿De vinos? ¡Qué copado! ¿Te gustan los vinos, entonces?

Mariano: *sonriendo* Me encantan los vinos, yo tengo mi propia bodega. ¿Sabías?

Antonella: *sorprendida* ¿En serio? ¡Qué copado! O sea... ¿vos los hacés?

Mariano: *sonriendo* Sí, en realidad mi familia los hizo, todo eso me encanta... lástima que hay personas que a veces pisotean ese sueño...

Antonella: Si es tu sueño, intentá conseguirlo. No le hagas caso a la gente...

Mariano: *esperanzado* ¿Vos decís?

Antonella: ¡Sí! Es más, cuando quieras, y si vos querés, yo puedo probar alguno de esos vinos que hacés...

Mariano: *sonrisa amplia* ¿En serio me lo decís?

Antonella: ¡Ay, obvio! Es más, sería el primer vino que yo pruebe...

Mariano: Estaría re piola, gracias Antonella...

Antonella: *sonriendo* No hay de qué...

Mariano: *curiosidad* ¿Y vos? Yo te conté todo de mí, contame algo de vos...

Antonella: *nerviosa* ¿Algo de mí? No sé... ¿qué podría contarte de mí?

Mariano: No sé... ¿cuáles son tus aspiraciones o qué te gusta hacer?

Antonella: La verdad es que no sé... a mí me gusta dibujar, pero no sé si llegás a algún lado dibujando...

Mariano: *intrigado* ¿Dibujás? ¡Qué copado! Yo apenas puedo dibujar un perro y hasta ahí... *riendo*

*Ambos rieron juntos*

Antonella: *triste* Sí, igual no sé si dibujo bien, todos me dicen que hago dibujos horribles...

Mariano: La gente te lo debe decir de envidia. Dejame pedirte algo...

Antonella: *titubeando* Ehh... ¿qué cosa?

Mariano: *sonriendo* Algún día, podés hacerme un dibujo, ¿qué te parece?

Antonella: Un dibujo... puede ser... pero no te burles, eh... *riendo*

Mariano: ¿Burlarme de una chica, y encima tan linda como vos? Nunca...

*Antonella y Mariano se miran fijamente, sus ojos entrelazándose. Antonella siente cómo un calor le sube por las mejillas, sus labios se curvan en una sonrisa tímida*

*Mariano, por su parte, observa a Antonella con una mezcla de admiración y deseo, como si cada rasgo de su rostro estuviera grabado en su memoria. La forma en que su cabello cae suavemente sobre su hombro y cómo sus ojos destilan un brillo vivaz lo hipnotizan*

*Hasta que Mariano decidió romper el silencio incómodo, con una sonrisa cálida*

Mariano: *curioso* ¿Hoy es tu primer día en el pueblo?

Antonella: La verdad que sí, pero por suerte pude recorrerlo muy bien. Por eso llegué hasta acá...

Mariano: [sonrisa sincera] Y me alegro de eso, sos muy divertida, Antonella. Fue re lindo charlar con vos... hace tanto no se me hacía tan rápido conversar con alguien...

Antonella: Gracias... también fue lindo charlar con vos. Yo no tengo amigos, la verdad, o bueno, tenía, pero... los dejé en el pueblo de al lado... *sonrisa triste*

Mariano: *extendiendo la mano* Bueno, si querés, y si te copa, podemos serlo.

Antonella: *titubeando, con sorpresa* ¿Eh... en serio?

Mariano: *asintiendo* Claro que sí. Presiento que nos vamos a llevar muy bien...

Antonella: ¡Gracias, estoy encantada!

*Al momento de darse la mano, tanto Mariano como Antonella sintieron una electricidad que los unía, la piel de Antonella se enchinó y Mariano sentía una especie de calor extraño que lo abrazaba, por lo que se quedaron dándose la mano por largos segundos. Segundos después, se separaron, nerviosos*

Antonella: *titubeando* Bueno... la pasé re lindo, pero ya me tengo que ir, se está haciendo de noche y se va a preocupar mi familia...

Mariano: Bueno, está bien. Me divertí mucho, la verdad...

Antonella: *sonriendo* Yo también...

*Ella se levantó de la silla, preparándose para irse*

Antonella: *sonrisa juguetona* Chau... ¿cómo era?

Mariano: *riendo* Mariano...

Antonella: *riéndose* ¡Ah, chau, Mariano! ¡Nos vemos!

Mariano: *sonriendo* ¡Nos vemos, Antonella!

*Antonella se alejó corriendo, Mariano la miró irse con una sonrisa en el rostro, sintiendo una calidez en el pecho*

Mariano: *susurrando para sí mismo* Y ojalá que muy pronto...

*Miró hacia el cielo, donde el sol apenas se escondía, sintiendo que algo especial había comenzado en ese atardecer de un 10 de Junio*

T1 E2

*Minutos más tarde, al anochecer, Antonella regresaba a su casa con una sonrisa radiante en el rostro. Al abrir la puerta, fue recibida con alegría por todos*

Pablo: ¡Antonella!

Antonella: *sonriendo* Hola...

Pablo: *preocupado* ¡Pudiste volver! Me estaba preocupando...

Antonella: Perdón, me entretuve con un amigo y se me fue el tiempo...

*En ese momento, Lorenzo se acercó a ella, con arrepentimiento y determinación. Antonella lo miró, confundida*

Lorenzo: *voz suave* Hola, Antonella...

Antonella: Lorenzo, hola... ¿cómo estás?

Lorenzo: Bien, bien. Escuchame, quería decirte algo...

Antonella: Decime... ¿qué pasa?

Lorenzo: *avergonzado* Yo... te quiero pedir disculpas, por lo de hoy. No sé qué me pasó, me exalté y... no fue lo correcto...

Antonella: *sonriendo cálidamente* No pasa nada, tranquilo. Pablo me explicó todo, y lo entiendo. Yo no quería hacerte pasar un mal rato...

Lorenzo: Sé que no, tranquila...

Antonella: Yo a ustedes no les quiero dar ninguna molestia, ningún ajetreo, nada...

Pablo: *sonriendo* Pero si no das ninguna molestia, Anto. Está todo más que bien.

Gina: Vos tranquila, querida, no te preocupes.

Pablo: Mañana yo te voy a dar plata para que te puedas comprar ropa, quedate tranquila.

Antonella: *sonriendo* Está bien, gracias, Pablo.

Gina: *preocupada* Querida, ¿no querés comer algo?

Pablo: Es verdad, hoy no comiste nada en todo el día, debes tener hambre...

Antonella: No se preocupen, me tomé un jugo en una cafetería...

Gina: ¿Cómo que un jugo, querida? Nada de eso, tenés que comer. Ahora te preparo algo.

Pablo: *entusiasmo* Gina cocina espectacular. Estoy seguro de que te va a gustar.

Antonella: *sonriendo* Dale, me gusta la idea...

Gina: *guiándola* Vení, vení, pasá al comedor...

*Antonella siguió a Gina hasta el comedor*

*Al día siguiente, por el medio día, en otra casa, en el centro de la habitación, Giuliana, una chica de cabello castaño ondulado hasta por debajo de los hombros y ojos castaños, con unos lindos hoyuelos, se probaba un vestido de novia. Su madre, Chiara, estaba detrás de ella, observándola con una mezcla de orgullo y preocupación*

*Chiara, una mujer de cabello largo y ondulado y ojos castaños, vestía un elegante vestido largo de color rosa. Giuliana, por otro lado, se veía incómoda y preocupada*

Chiara: ¿Y, mi amor? ¿Cómo te queda?

Giuliana: *frotándose la cintura* Ay, no sé, me aprieta, mamá...

Chiara: *frunciendo el ceño* ¿Cómo que te aprieta?

Giuliana: Me aprieta, lo siento demasiado ajustado...

Chiara: *preocupada* Pero Giuli, estamos a dos días de la boda... no tenemos tiempo de conseguir otro vestido...

Giuliana: *frustración* Ya sé, mamá, pero lo siento muy ajustado en la cintura...

Chiara: ¿Y ahora cómo hacemos?

Giuliana: *desesperada* No tengo idea, mamá. Pero no quiero usar esto, es muy apretado...

Chiara: Y no lo vas a usar, quedate tranquila, vemos cómo hacemos.

*Giuliana bajó la mirada, sintiéndose abrumada. Chiara notó la tristeza en su hija y se acercó para consolarla*

Chiara: Ey, hija, ¿por qué te pones mal? Solo es un vestido, ahora vemos cómo hacemos...

Giuliana: No es por el vestido, mamá.

Chiara: *confundida* ¿Entonces?

Giuliana: *voz temblorosa* Es que no sé si estoy lista para casarme...

Chiara: *alarmada* ¿Y eso por qué?

Giuliana: Porque siento que esto es muy forzado y la única interesada soy yo. César no está haciendo nada...

Chiara: Porque César está ocupado con tu padre, arreglando otras cosas, mi amor.

Giuliana: *frustrada* Claro, los negocios, pero no nuestro casamiento, para variar, ¿no?

Chiara: *acariciándole el brazo* Ay, pero calmate, hija. No dejes que esos pensamientos arruinen un momento tan feliz como tu casamiento.

Giuliana: Capaz tenés razón, pero me gustaría ver un poco más de interés en él.

Chiara: *ternura* Bueno, esas cosas las podés charlar con él. No quiero que un día tan feliz para vos se estropee, hija...

Giuliana: Tranquila, mamá. No se va a estropear. Capaz estoy exagerando un poco y ya está... *sonriendo débilmente*

Chiara: *sonrisa* Está bien, hija. Y por el vestido no te preocupes, vemos cómo hacemos...

Giuliana: Bueno, mamá, gracias...

*Chiara le dio un beso en la mejilla y se retiró de la habitación, dejando a Giuliana sola con sus pensamientos. Giuliana bajó la sonrisa y se entristeció nuevamente*

*Más tarde, en la casa de Pablo, Antonella entraba con dos bolsas llenas de ropa. Mientras Pablo estaba sentado en la mesa del comedor, leyendo un diario*

*Antonella se acercó a él, sintiendo una mezcla de timidez y entusiasmo*

Antonella: *sonrisa* Hola...

Pablo: *levantando la vista del diario* ¡Hola, Anto! ¿Fuiste a comprar ropa al final?

Antonella: *asintiendo* Sí, solo lo justo y necesario. Gracias...

Pablo: No me agradezcas, está todo bien, Anto. Lo que vos necesites, me lo podés pedir.

Antonella: Gracias por ser tan bueno conmigo... *sonriendo*

*Pablo se sintió feliz al escuchar eso y le devolvió la sonrisa. En ese momento, Lorenzo entró en la habitación, con una expresión pensativa*

Lorenzo: Papá...

Pablo: ¿Qué pasa, Lorenzo?

Lorenzo: ¿Hoy vamos a lo de los Montero?

Pablo: *frunciendo el ceño* ¿Qué? No, ¿por qué querés ir a esa casa?

Lorenzo: Faltaron asuntos por resolver, y lo sabés.

Pablo: No seas tonto, Lorenzo. Marco no me puede ni ver, y de preferencia, yo tampoco.

Lorenzo: *sonrisa astuta* Pero Chiara sí te puede ver.

Pablo: No tiene nada que ver, no mezcles, es un no.

Lorenzo: Pero pensalo...

Pablo: *frustración* Por favor, no me estreses más, Lorenzo. Además, ¿y Antonella, qué?

Antonella: Por mí no se preocupen, me quedo con esa señora agradable... Me olvidé su nombre...

Lorenzo: *sonrisa* Ni hace falta que te quedes. Papá, puede venir con nosotros ella. Así de paso conoce un poco a nuestros "vecinos"...

Pablo: No la metas a la pobre en estos líos, por favor...

Lorenzo: No la estoy metiendo, la estoy integrando, que es diferente. Sino, que se aburra acá, con Gina, y juegan al veo-veo o a las adivinanzas...

Pablo: *interrumpiéndolo* Lorenzo, Lorenzo... no digas pavadas, ¿sí? Además, Gina va a salir a comprar ahora.

Lorenzo: ¡Con mayor razón, papá! ¡No vamos a dejarla en casa sola!

Antonella: *sonrisa tímida* Yo puedo ir, si ustedes quieren. Me quedo callada y no molesto.

Pablo: No, no, no se trata de eso, Anto. Lorenzo, ya te dije que no. Andá vos solo si querés ir, pero yo no quiero saber del tema.

Lorenzo: *resignado* Uff, bueno...

Antonella: *sonriendo* Aunque si querés, yo te puedo acompañar... así conozco un poco más...

*Lorenzo la ve, algo confundido y frustrado*

Pablo: *sonrisa sarcástica* Eso, que Antonella te acompañe, así no vas solo.

Lorenzo: *suspiro* Está bien... ¿vamos, Antonella?

Antonella: *entusiasmada* ¡Vamos!

*Antonella le extiende la mano a Lorenzo con una sonrisa amplia, Lorenzo le corresponde, algo frustrado y molesto, y se van los dos juntos de allí*

Pablo: Cuídense, chicos, y la traes de vuelta enseguida, Lorenzo.

Lorenzo: *hartazgo* Sí, papá, no te preocupes...

*Lorenzo y Antonella finalmente se van, y se escucha el sonido de la puerta cerrándose*

*Segundos después, Gina sale de la cocina y va hasta el comedor, con una taza de té en sus dedos. Y se acerca a Pablo, con una sonrisa traviesa*

Gina: ¿Así que se fueron juntos? Se escuchó de la cocina...

Pablo: Sí... Lorenzo está loco, encima quedó la pobre Antonella en el medio...

Gina: Ay, Pablo, no la sobreprotejas tanto. Dejala que conozca, de paso, si se van y vuelven juntos, pueden reforzar su vínculo...

*Pablo deja el diario sobre la mesa, pensativo y frustrado*

Pablo: Espero que tengas razón...

*Después de unos minutos, en la casa de Giuliana, todos estaban en el sillón. Marco leía el diario, mientras Chiara y Giuliana conversaban. El ambiente era tranquilo, hasta que se escucharon golpes en la puerta que interrumpieron la tranquilidad*

Marco: *sin levantar la vista del diario* Chiara, andá a ver quién es...

Chiara: *suspirando enojada* ¿Siempre tengo que abrir yo la puerta?

Marco: Pero claro, cariño. Yo estoy leyendo.

*Chiara se levantó, cruzando la habitación con una mezcla de molestia y curiosidad. Al abrir la puerta, se encontró con Lorenzo y Antonella*

Chiara: *sorprendida* ¡Lorenzo, qué sorpresa!

Lorenzo: *sonriendo* Hola, Chiara, ¿qué tal?

Chiara: Pasen, pasen.

*Ellos dos entraron en la casa. Giuliana, César y Marco se levantaron del sillón, con expresiones de incomodidad y confusión. César y Marco veían con enojo a Lorenzo y desdén a Antonella, mientras que Giuliana los ve a ambos con confusión*

Lorenzo: Hola, Marco, hola... Giuliana... *sonrisa de nervios*

Giuliana: *confundida* Hola...

Marco: *frialdad* Lorenzo Santander, ¿qué hacés por acá?

Lorenzo: *nervioso* Ehh... vine a resolver un asunto que nos quedó pendiente...

Marco: *intrigado* ¿Ah sí?

Lorenzo: Sí, así tal cual.

Marco: *mirando a Antonella* ¿Y esa chica?

*Todos dirigieron sus miradas a Antonella, quien se sentía incómoda bajo tanta atención*

Chiara: *curiosa* Es verdad, Lorenzo, ¿quién es ella? Nunca la vi antes con ustedes...

Lorenzo: ¡Qué grosería de mi parte! Ella es mi prima, Antonella...

Chiara: *sorprendida* ¿Prima? ¿En serio? ¿Pero cómo? ¿Ella no estaba...?

Antonella: *confundida* ¿No estaba qué?

Chiara: *evasiva* Nada, nada...

Marco: ¿Con que tienen un nuevo integrante en su familia? ¿Y esto cuándo pasó?

Lorenzo: Ehh... fue ayer...

Marco: ¿Y por qué la trajiste con vos?

Lorenzo: Porque... porque ella es nueva en el pueblo y quería conocer...

*Giuliana se acercó a Antonella, extendiendo la mano con una sonrisa amigable*

Giuliana: *calidez* ¡Hola, soy Giuliana!

*Antonella la miró con recelo, pero finalmente le devolvió el apretón de manos*

Antonella: *timidez* Hola, soy Antonella...

Marco: *impaciente* Bueno, si querés hablar de lo que nos quedó pendiente, vení conmigo a mi despacho...

Lorenzo: *asintiendo* Bueno, dale. Antonella, ¿me esperás?

Antonella: Tranquilo, no hay problema...

*Ellos dos se dirigieron a la oficina de Marco, dejando a César, Giuliana y Antonella en la sala. César también se preparaba para irse*

Giuliana: *tono triste* Amor, ¿te vas?

César: *indiferencia* Sí, amor, tengo que ir con Marco ahora que soy su mano derecha...

Giuliana: *frustración* Pero quería que viéramos juntos los detalles de la boda...

César: Pero esto es importante, querida. Además, en esas pequeñeces sos muy buena...

Giuliana: *triste* ¿Pequeñeces?

César: Claro, vos lo dijiste. Son detalles, y los detalles son pequeñeces. Vos sos muy buena en eso, así que confío en que te encargues vos solita.

*César se fue, dejando a Giuliana triste y a Antonella incómoda*

Antonella: *preocupación* ¿Está... todo bien?

Giuliana: *suspirando* Sí, los hombres y el trabajo. Ya sabés cómo son, viste...

Antonella: *curiosidad* No, no lo sé... ¿son así?

Giuliana: Y a veces hasta peor. ¿O no, mamá?

Chiara: Ni me lo digas...

Antonella: Bueno, gracias por decirme... así me preparo para el futuro...

*Giuliana y Antonella rieron juntas*

Giuliana: Así que te llamás Antonella... qué lindo nombre...

Antonella: *sonriendo* Gracias... a mí también me gusta un poco... me dijeron que significa "bella como una flor"...

Giuliana: *curiosa* Ahh... a mí me dijeron que el mío significaba "mujer fuerte o poderosa"...

Antonella: Mirá vos... bueno, tu nombre es más copado que el mío... *riendo*

*Ambas ríen, nerviosas y tímidas*

Giuliana: Sos simpática, Anto... ¿te puedo decir "Anto"?

Antonella: Claro... todos me dicen "Anto"...

Giuliana: Ah, bueno... ¿tenés teléfono? Así me podés dar tu número y hablamos en cualquier momento...

*Antonella sacó su teléfono del bolsillo y se acercó a Giuliana*

Antonella: *sonriendo* Claro, acá está, te dicto mi número...

*Chiara observaba toda la situación con curiosidad y un toque de confusión*

Giuliana: Dale...

*Chiara seguía observando, todavía confundida, viendo el teléfono de Antonella*

*Un minuto más tarde, Lorenzo, César y Marco salen del despacho. Antonella, Giuliana y Chiara los observan con confusión*

Antonella: *tono de sorpresa* ¿Tan rápido?

Lorenzo: Sí, solo eran unos asuntos que se resolvían fácil...

*Antonella asiente, aunque la confusión aún persiste en su mirada*

Antonella: Ah...

Chiara: *riéndose* No pasaron ni 3 minutos...

Marco: Somos eficientes, querida...

*Lorenzo se vuelve hacia Antonella, extendiendo la mano con un gesto de confianza*

Lorenzo: *sonrisa amplia* ¿Vamos, Antonella?

Antonella: *sonriendo* Claro... vamos...

*Justo cuando Lorenzo y Antonella están a punto de irse, Giuliana se interpone en el camino de Lorenzo. Un instante de sorpresa se apodera del ambiente, y ambos intercambian sonrisas nerviosas*

Lorenzo: Chau, Giuliana...

Giuliana: *devolviendo la sonrisa* Chau, Lorenzo...

*Antonella observa el intercambio, notando la chispa entre ellos. Su sonrisa se amplía*

*Segundos después, Lorenzo y Antonella comienzan a alejarse, pero Lorenzo, sin pensarlo, lanza una mirada rápida hacia Giuliana, de forma involuntaria*

*Unos minutos más tarde, Antonella y Lorenzo caminaban por las calles y las veredas del pueblo, Lorenzo sonrojado y pensativo, y Antonella curiosa*

Antonella: *sonriendo de forma juguetona* ¿Qué onda al final?

Lorenzo: *confundido* ¿Qué onda con qué?

Antonella: No, porque no tardamos nada, yo me imaginaba que íbamos a tardar como 1 hora...

Lorenzo: *nervioso, rascándose la cabeza* Ah, eso... ya te dije, lo arreglamos enseguida, fue una pavada... ¿por qué preguntas?

Antonella: *sonrisa traviesa* No, por nada, solo... se me hizo raro que entraste y saliste así, en un santiamén... y como vivimos lejos, me dio la sensación de que...

Lorenzo: *curioso* ¿De qué?

Antonella: De que estabas buscando un pretexto para ir... capaz para ver a alguien...

*Lorenzo se siente acorralado, y reacciona sorprendido y a la defensiva, fingiendo enojo*

Lorenzo: ¡Pero...! ¿Qué decís, Antonella? ¡No seas desubicada!

*Antonella suelta una leve risa, disfrutando del momento*

Antonella: Ay, ay, Lorencito... yo solo decía, no te pongas histérico...

Lorenzo: *nervioso* Bueno, cambiemos de tema... ¿qué onda con Giuliana? Las vi muy juntas cuando salí...

Antonella: Ah, sí... nos pusimos a charlar, me cayó bien...

Lorenzo: Por raro que parezca, yo tenía la sensación de que ibas a conectar con ella. Y no sé por qué...

Antonella: Bueno, acertaste...

Lorenzo: Giuliana es buena chica, solo algo sensible... tené cuidado con ella...

Antonella: *sonrisa confusa* Sí, no te preocupes...

*Ellos se quedan en silencio unos segundos, disfrutando de la brisa del viento, hasta que Antonella decide romper el silencio*

Antonella: *curiosa* Lorenzo... ¿de qué trabaja el tío? Me da curiosidad...

Lorenzo: Ehh... cuando lleguemos a casa, te contamos...

Antonella: Wow, cuánto misterio...

*Lorenzo suelta una pequeña risa estando en cómplice. Mientras caminaban, Antonella vio la cafetería de Mariano y una sonrisa se dibujó en su rostro. Se quedó atrás, observando el lugar con alegría*

*Lorenzo se dio cuenta de que Antonella no estaba con él y se detuvo, girándose para buscarla*

*Segundos después, Lorenzo se vuelve a donde estaba Antonella, algo confundido y preocupado*

Lorenzo: Antonella... ¿todo bien?

Antonella: *girándose a ver a Lorenzo* ¿Eh?

Lorenzo: De la nada te desconectaste...

Antonella: *sonrisa nerviosa* Ah, no, es que me detuve viendo el paisaje, solo eso...

Lorenzo: Wow, ahora veo lo fascinada que estás con el pueblo...

Antonella: *nerviosismo* Sí, es solo eso...

*Ellos siguieron caminando, disfrutando del tranquilo atardecer. Antonella no pudo evitar mirar una vez más hacia la cafetería de Mariano, con una pequeña sonrisa*

*Por otro lado, en la casa de Chiara, todos estaban en el patio, merendando bajo una sombrilla*

*Estaban conversando entre ellos*

Marco: ¿Y vieron a la... a la sobrina esa de Santander?

Chiara: *suspiro* Y dale, se llama Pablo.

Marco: *encogiéndose de hombros* Es lo mismo, se entiende.

Giuliana: A mí me cayó bien, es simpática, y conectamos un montón...

Chiara: Sí, dentro de todo era simpática, aunque algo defensiva...

Marco: Con todo respeto, yo no creo que sea familiar de los Santander.

Chiara: *confundida* ¿Cómo?

Giuliana: ¿Por?

Marco: No sean ingenuas, ¿le salió una sobrina de la nada? Ella ni vivía con él.

Chiara: Tiene sentido que sea la sobrina. Entre nosotros, yo conozco a la hermana de Pablo, y me acuerdo que había abandonado a un bebé cuando era más joven.

Giuliana: *asombro* ¿Cómo? ¿No tiene padres?

Chiara: Y no, hija.

Marco: Bueno, tiene sentido igual. Capaz la sacó de la calle... *riendo*

Chiara: *enojada* ¿Por qué lo decís así? ¿Y qué problema hay si así fuera?

Marco: Querida, ¿no la viste? ¿No viste su apariencia, cómo estaba vestida?

Giuliana: A mí me gusta esa vestimenta...

Marco: Ay, no, hija, haceme el favor. Me hizo acordar a una hippie vestida así. Tanta vulgaridad en una sola persona...

Chiara: ¿Qué problema tiene cómo está vestida? Es su elección, no seas anticuado.

Marco: Y no me puede importar menos si es su elección. Yo solo digo lo que yo creo.

Chiara: *pensativa* Bueno, pero no es lindo que hables así de una chiquita. Aunque... a mí algo que me pareció raro fue lo del teléfono...

Giuliana: *curiosa* ¿Qué tiene el teléfono?

Thiago: *riendo* ¡Giuliana, espabilate para la vida!

Chiara: Hija, es un teléfono muy caro. ¿De dónde lo habrá sacado?

Marco: Seguro lo robó, no me sorprendería tampoco.

Giuliana: No la acusen así solo por cómo se viste o de donde viene. La forma de vestir no importa, es una chica muy linda. Es risueña, alegre, divertida, simpática, no sé, me cayó bien... parecía buena chica...

Thiago: ¿Qué pasa, Giuli? ¿Tenés una nueva amiga? Si hacen pijamada, ¿me invitas? *riendo*

Giuliana: Ay, Thiago, cortala... ¿dale?

Chiara: Ay, dejala en paz, prefiero esa amiga que todas esas otras "amigas" que tiene.

Giuliana: Ay, mamá, ¿ya vas a empezar a criticar a mis amigas?

Chiara: Esas amigas hablaron mal de vos el año pasado, ¿o me equivoco?

Giuliana: *suspirando* Sí, mamá, pero ya está.

Marco: *frialdad* De todas formas, no sé si es mejor que seas amiga de la sobrina de Pablo Santander.

Chiara: *desafío* ¿Y por qué no?

Marco: Porque son la competencia, Chiara. Además, no está a la altura de nuestra hija. Ninguno de ellos.

Chiara: *enojada* No metas a nuestra hija en esos asuntos. Que sea amiga de quien quiera, y ya está. Y dejá de hablar así de esa chica, ni la conocés.

Marco: Yo entiendo lo que pasa. Vos la defendés así porque es la sobrina de Santander. Por eso.

Chiara: *frustración* Basta de decirle así, se llama Pablo. ¿Y qué tiene que ver que sea su sobrina?

Marco: Y que estás enamorada de él, no soy tonto, podrías disimular mejor, Chiara.

Chiara: *hartazgo* Y ya empezaste de nuevo...

Giuliana: ¡Papá! ¡No digas esas idioteces!

Thiago: Mamá, papá, ¿por qué se pelean por esas personas? No vale la pena.

Marco: Es tu mamá quien los defiende.

Chiara: ¿Sabés algo, Marco? Ya me pusiste de malhumor, así que mejor me voy.

*Chiara se levantó y se fue, frustrada*

Marco: Ay, por favor, que sensible que es tu mamá...

Giuliana: Ajá, sí...

*Giuliana lo miró con molestia, sintiendo la tensión en el ambiente*

*En otra parte del pueblo, en la cafetería, Antonella estaba sentada en un sillón, dibujando. No había nadie más en el lugar, y Mariano no estaba. De repente, la puerta se abrió y Malena entró, con una expresión de confusión al no ver a Mariano*

*Cuando Malena vio a Antonella, su expresión se tornó molesta y se acercó a ella*

Malena: *tono sarcástico* Hola...

Antonella: *levantando la mirada* Ah, vos otra vez...

Malena: Sí, lo mismo digo... ¿cómo era que te llamabas, 'darling'? Me olvidé...

Antonella: Antonella...

Malena: *sonrisa falsa* Ah, ok. ¿Y Mariano?

Antonella: *encogiéndose de hombros* Ni idea, no estaba cuando vine...

*Malena notó el cuaderno de Antonella y su curiosidad se encendió, una sonrisa de maldad floreció en su rostro*

Malena: ¿Y eso?

Antonella: *mostrándolo* ¿Esto? Un cuaderno...

Malena: Ay, qué graciosa. ¿Qué estás haciendo?

*Malena le arrebató el cuaderno de las manos. Antonella se confundió y se enojó*

Antonella: ¿Qué hacés? ¡Damelo!

*Malena observó el dibujo del paisaje de la cafetería*

Malena: Wow, cómo se nota que te encantó la cafetería, ¿no?

Antonella: *intentando recuperarlo* ¡Dame eso!

Malena: Bajame un cambio, eh. Vos no podés estar dibujando estas cosas sin permiso, ¿sabías?

Antonella: ¡Pero si no hago nada malo, dame eso! *estirando el brazo*

Malena: ¡Es educación básica, pedir permiso, rústica ordinaria!

*En ese momento, Mariano entró con unas bolsas y se detuvo al ver la escena*

Mariano: *interviniendo* ¡Ey, ey, chicas! ¿Qué pasa acá?

Antonella: ¡Ella tiene mi cuaderno y no me lo quiere dar!

Malena: ¿Sabés por qué se lo saqué? Porque estaba dibujando este lugar, sin tu permiso.

Antonella: ¡Pero por qué permiso? ¡Literalmente solo es un dibujo! ¡No hago nada malo!

Malena: Pedir permiso es una cuestión de educación, aunque entiendo que es mucho pedirte, ¿no? *sonrisa despectiva*

Mariano: Malena, ¿no estarás exagerando un poco? Solo está dibujando, a ella le gusta dibujar.

Malena: *bajando la voz* Yo tendría cuidado, Mariano, vos sos muy confiado...

Mariano: ¿Por qué cuidado? No me molesta, es más, me agrada saber que le gustó tanto como para dibujarlo.

Malena: Y con esa pinta que tiene, para mí deberías sospechar. No vaya a ser que te quiera robar.

*Antonella logró recuperar su cuaderno de las manos de Malena*

Malena: Ay, qué atrevida sos.

Antonella: Esto es mío.

Malena: Tené cuidado, Antonella. Te observo...

Mariano: *hartazgo* Ay, Malena, cortala. Dejala en paz.

*Malena se fue, dejando un aire de tensión en el ambiente*

Mariano: En serio, perdonala por las molestias. Ella es así a veces...

Antonella: Yo solo estaba dibujando...

Mariano: *curiosidad* A ver, ¿me querés mostrar?

*Antonella le dio el cuaderno y Mariano observó el dibujo, apreciando cada detalle con admiración*

Mariano: *sonriente* Es hermoso. Dibujás muy lindo, Antonella.

Antonella: *sonrojándose* Gracias, supongo...

Mariano: ¡Y, ey! ¡Te acordaste de este lugar para volver!

Antonella: *sonriendo* Obvio, ¿cómo no volver? Sos copado...

Mariano: *confundido* ¿Pero hace cuánto estás acá? ¿Y por qué entraste?

Antonella: Estoy hace como 20 minutos, en la puerta está el cartel de "abierto". Por eso pasé.

Mariano: *dándose cuenta* ¡Ay, qué cabeza la mía! Me olvidé no solo de cerrar, sino de cambiar el cartel.

Antonella: ¿O sea que hoy no debería estar abierto?

Mariano: Hoy de día sí, pero por la tarde y noche no, porque fui a comprar cosas para cambiar y eso.

Antonella: *tímida* Ay, perdón, entonces. ¿Querés que me vaya?

Mariano: Ehh... no. No quiero que te vayas. No sería muy justo. Pero no sé... *nervioso*

Antonella: *sonriendo* ¿Entonces querés que me quede?

Mariano: Ehh... bueno, está bien. No creo que haya problemas... si a vos no te molesta, obvio... *sonriendo*

*Antonella se levantó y fue hasta la puerta, cambiando el cartel de "abierto" a "cerrado"*

Mariano: ¿Y eso?

Antonella: Ah, es que vos dijiste que querías cerrar. Supongo que también para limpiar y esas cosas, ¿no?

Mariano: *asintiendo* Sí, sí, exacto.

Antonella: Bueno, hoy es tu día de suerte, entonces. Si querés te puedo ayudar.

Mariano: *dudando* ¿Segura? No sé, Antonella... la cafetería es mía, yo debería limpiarla...

Antonella: Pero a mí no me molesta ayudar.

*Antonella bajó las persianas mientras hablaba*

Antonella: Y una mano no te vendría nada mal.

Mariano: Te vas a aburrir, y no te quiero molestar...

Antonella: Pero ya te dije que no me molesta, Mariano.

Mariano: *sonriendo finalmente* Bueno, dale.

*Antonella sonrió, sintiéndose entusiasmada y feliz*

Mariano: ¿Me esperas? Voy a traer escoba y esas cosas...

Antonella: *asintiendo* Claro, no hay problema.

*Mariano se fue, y unos segundos después volvió con escobas y trapos*

Antonella: Che, Mariano...

Mariano: Sí, decime.

Antonella: *sonrisa* Vos de casualidad... ¿no tenés música?

Mariano: *sorprendido* ¿Música?

Antonella: Así, tipo, como una casetera... Yo pensaba que podría ser más divertido para los dos... no sé... *sonriendo*

Mariano: Sí, tengo. Me gusta la idea.

*Mariano se dirigió hacia una casetera en la esquina del local y colocó un casete. La música comenzó a sonar*

*Antonella sonrió ampliamente y comenzó a limpiar con entusiasmo. Con la música de fondo, todo parecía más ligero y alegre*

*Después de unos minutos, Antonella se encontraba limpiando mientras bailaba felizmente al ritmo de la música. Mariano la observaba con una sonrisa de admiración, contagiado por su energía*

*Por otro lado, en la casa de los Santander, todos estaban charlando en el salón. De repente, Pablo recibió una llamada. Miró el número en la pantalla, frunciendo el ceño con curiosidad, y contestó*

Pablo: ¿Hola?

Chiara: Hola, Pablo...

Pablo: *sorprendido* ¿Chiara?

Chiara: Sí, yo...

Pablo: *sonriendo* Qué gusto tu llamada...

Chiara: Sí...

*Gina, sentada cerca, hizo una expresión de hartazgo, rodando los ojos*

Pablo: ¿Pasa algo que me llamás?

Chiara: La verdad, no... Pero te quería preguntar algo...

Pablo: *interesado* Decime...

Chiara: ¿Viste tu sobrina?

Pablo: *asintiendo* Claro, Antonella.

Chiara: Sí, sobre ella te quería hablar...

Pablo: ¿Pasó algo? Me enteré que se hicieron amigas con tu hija...

Chiara: *cautela* No sé, pero más vale prevenir...

Pablo: Me confundís...

Chiara: *suspirando* Mientras ustedes no estaban, ella sacó un teléfono que tenía guardado.

Pablo: ¿Un teléfono?

Chiara: *intrigada* Sí, y me llamó la atención. Es de uno de esos teléfonos que están de moda este tiempo...

Pablo: *desconcertado* No tengo idea... ¿pero qué tiene?

Chiara: *preocupación* Que me preocupa de dónde lo haya sacado...

Pablo: ¿Vos querés decir que...?

Chiara: No quiero prejuzgar, solo me extraña...

Pablo: *suspirando* Bueno... Gracias por decírmelo, lo tendré en cuenta.

*Pablo cortó la llamada, pensativo. Gina lo observaba con una mezcla de curiosidad y confusión*

Gina: ¿Qué te dijo?

Pablo: *suspirando* Que está preocupada porque le encontró un teléfono carísimo a Antonella.

Gina: ¿Y eso qué tiene?

Pablo: Ella piensa que lo pudo haber robado...

Gina: *risa sarcástica* Qué raro. Cuándo no el rico humillando al pobre.

Pablo: No creo que sea malo que me lo haya dicho.

Gina: Ay, Pablo, es obvio por qué lo dice. Hasta un nene de 10 años lo sabe. Lo dice por su pinta. No entiendo cómo te puede gustar la engreída esa. Que siempre prejuzga a todos, como el marido.

Pablo: *negando con la cabeza* No, no, ella no es como el marido.

Gina: Ay, Pablo, date cuenta, están tallados por la misma madera...

*Pablo se quedó pensativo*

*Después de mucho rato, ya estaba anocheciendo. Antonella y Mariano habían terminado de limpiar, ambos con algo de tierra en la ropa y una expresión de satisfacción en el rostro*

Mariano: *sonriendo* Muchas gracias, Anto. Quedó hermoso el lugar, mejor que antes.

Antonella: No hay de qué. Me divertí mucho. Me gusta limpiar y también la música.

Mariano: *asintiendo* Yo también me divertí mucho. No me suelo divertir así cuando limpio. Y de nuevo, muchas gracias. Nunca la pasé tan bien...

Antonella: *sonriendo* No pasa nada, los amigos estamos para ayudarnos, ¿no?

Mariano: Sí... gracias. Mirá como quedaste, Anto, te ensuciaste la ropa...

Antonella: *riendo* ¡Ay, no pasa nada! Al fin y al cabo, iba a ensuciarse. Y me alegro que se haya ensuciado pero de esta forma.

Mariano: *sonrisa sincera* Gracias, Anto. Sos lo más. Ahora, andá, ya se está haciendo de noche.

Antonella: *mirando la hora sorprendida* ¡Ay, no me di cuenta! ¡Gracias por decirme, Mariano, nos vemos!

Mariano: ¡Nos vemos, Antonella, cuidate!

*Antonella salió corriendo de la cafetería, con una sonrisa en el rostro. Mariano la miró irse, sintiendo una calidez en el pecho. Justo cuando se dio vuelta, algo llamó su atención. En una de las mesas, vio el cuaderno de Antonella*

Mariano: *susurrando para sí mismo* Ay, no, se olvidó su cuaderno. Bueno, ya tengo una excusa para que venga mañana... *feliz*

*Mariano recogió el cuaderno con cuidado y lo guardó en un lugar seguro, pensando en la próxima vez que vería a Antonella. Mientras lo hacía, no podía evitar sonreír*

*Minutos después, en la casa de Pablo, Antonella entró silenciosamente, tratando de no hacer ruido. Al entrar, se encontró con Lorenzo y Pablo discutiendo acaloradamente en el salón. Se quedó en silencio, observando la escena desde las sombras*

Lorenzo: *furia* ¡Toda la culpa es de él!

Pablo: Lorenzo, ¿te podés calmar?

Lorenzo: ¡No, no me puedo calmar! ¡Se la pasa ensuciando nuestro nombre el tipo ese! ¡No sé quién se cree!

Pablo: *voz firme* Puede hablar mal de nosotros todo lo que quiera, Lorenzo, eso no te tiene que afectar.

Lorenzo: *frustración* ¡Pero me da bronca que lo haga! ¿Entendés? ¡Porque nosotros no hicimos nada, pero él está empecinado en que nosotros le robamos, y hasta que nadie le demuestre lo contrario, no va a dejar de ensuciarnos por todas partes!

Pablo: *suspirando* Vos sabés bien que Mariano siempre fue muy necio. Eso no lo vas a cambiar. Nosotros ya hablamos con él de más joven, pero ves que no sirvió.

*Antonella, oculta en la entrada, escuchaba con el corazón acelerado*

Lorenzo: *preocupación* Él nos odia, papá. Y más ahora, con Antonella, no siento seguridad.

Pablo: ¿A qué te referís?

Lorenzo: *seriedad* A que él es capaz de muchas cosas, y Antonella es nueva, no conoce. Temo que se aproveche de eso para hacernos algo.

Pablo: Lorenzo, no digas pavadas, no seas tan drástico. Mariano puede decir lo que vos quieras, pero no es capaz de hacer nada más allá de eso. Pensar así es muy rebuscado.

Lorenzo: Me baso en todo lo que lo conozco. Espero que no se cruce con Antonella. Ella no debe confiar mucho en nosotros, y quizá con unas palabras que ese tipo le diga, termina creyéndole.

Pablo: Antonella parece ser una chica inteligente. Y no tengas miedo, aún si se cruzara con Mariano, no pasaría nada.

Lorenzo: Sí que pasaría, papá. Y eso no lo voy a permitir. Si Mariano Santana llega a poner un dedo en nuestra familia, incluso en Antonella, no dudes en que me va a conocer de verdad.

*Antonella, aún oculta, sentía una mezcla de confusión y miedo. Las palabras de Lorenzo resonaban en su cabeza*

T1 E3

*Antonella, tras escuchar la conversación, se quedó pensativa y asustada. Decidió dar un golpecito en la puerta para que pensaran que acababa de llegar. Al escuchar el ruido, Pablo y Lorenzo se giraron hacia ella, sorprendidos*

Pablo: ¡Antonella, volviste!

Antonella: *tratando de sonar casual* Sí, volví... perdón, me di cuenta tarde de la hora...

Pablo: *sonriendo* No pasa nada, lo bueno es que volviste.

Lorenzo: ¿Pero qué te pasó, Antonella? Estás toda llena de tierra...

Pablo: Es verdad, recién me doy cuenta...

Antonella: *nerviosa* ¡Ehh, nada! Es que anduve por la calle todo el día, y había viento...

Pablo: Ahh, entiendo... ¿vos todo bien?

Antonella: *asintiendo rápidamente* Sí, sí, tranquilo.

*Antonella, sintiéndose incómoda y abrumada, se dirigió rápidamente a su cuarto*

*Se sentó en su cama, mirando sus manos sucias y la ropa manchada de tierra. Las palabras de Lorenzo resonaban en su mente*

*En el living, Pablo y Lorenzo intercambiaron miradas preocupadas*

Pablo: Está actuando raro, ¿no te parece?

Lorenzo: *asintiendo* Sí, espero que no haya escuchado nuestra conversación...

Pablo: Espero que no. Acaba de llegar y no quiero que se sienta insegura o asustada.

Lorenzo: Sí, tenemos que protegerla...

*Después de dos horas, en el comedor, todos estaban terminando de cenar*

Antonella: *sonriendo* Hmm, cocinás muy rico, Gina...

Pablo: La verdad que sí, te sale riquísimo...

Gina: *sonriendo con gratitud* Muchas gracias, chicos. Gracias, Anto, sos un amor.

*Todos habían terminado de cenar*

Gina: ¿Ya todos terminaron de comer?

*Todos asintieron*

Gina: *levantándose* Bueno, entonces voy a lavar los platos, buen provecho a todos.

Antonella: Gracias, igualmente.

*Gina comenzó a recoger los platos, llevándolos a la cocina. Antonella sacó su teléfono, revisando si tenía mensajes. Al hacerlo, Lorenzo y Pablo intercambiaron miradas inquisitivas*

Lorenzo: ¿Y eso, Antonella?

Antonella: ¿Qué cosa?

Pablo: No sabía que ya tenías un teléfono...

Antonella: *nerviosa* Ehh, sí, tengo. No te preocupes...

Lorenzo: *tono inquisitivo* ¿Y de dónde lo sacaste? ¿Te lo regalaron?

*Antonella se sintió incómoda bajo la mirada de Lorenzo*

Antonella: *gritando hacia la cocina* ¡Gina! ¿Querés ayuda con los platos?

Gina: *desde la cocina* ¡Bueno, dale, querida!

*Antonella se levantó rápidamente y se dirigió a la cocina, evitando la situación*

Lorenzo: ¿Te diste cuenta?

Pablo: ¿De qué?

Lorenzo: Me evitó la pregunta totalmente. Y puso de excusa los platos para irse.

Pablo: Capaz le incomoda decir de dónde lo sacó. Y tenés que respetarlo.

Lorenzo: *desconfianza* Espero que sea eso que vos decís...

Pablo: ¿Y sino qué más sería, Lorenzo?

Lorenzo: No sé, papá, vos lo sabés bien...

Pablo: *molesto* Lorenzo, no empieces a pensar mal de ella, apenas la conocés. Ya habíamos hablado de esto.

Lorenzo: Y no te lo discuto, me disculpé con ella. Pero ahí hay algo raro. Solo eso digo.

Pablo: Lo que sea que pienses, solo no lo digas, ¿sí?

Lorenzo: Quedate tranquilo, no lo voy a hacer.

*Al día siguiente, en la casa de Chiara, Giuliana y César estaban en la sala*

Giuliana: *voz suave* Amor...

César: *sin levantar la vista de sus papeles* Sí, decime, Giuli.

Giuliana: ¿Todavía seguís ocupado?

César: *suspirando* Sí, un poco. ¿Por?

Giuliana: Es que... no sé, te noto medio... desentendido...

César: ¿Cómo?

Giuliana: Sí, a lo que voy es que... no te ocupaste de casi nada de la boda y ya es mañana...

César: *sorprendido* ¿Mañana?

Giuliana: Sí, ¿te habías olvidado?

César: *intentando disimular* Ehh... ¡No! ¡Para nada!

Giuliana: No parece...

César: ¿Pero por qué la queja, mi amor? Te estás ocupando vos, como debe ser, ¿o no?

Giuliana: Pero la boda es de los dos, no mía solamente.

César: *sonrisa falsa* Vos quedate tranquila, no hay nada que me moleste de lo que vos hagas con la boda.

Giuliana: ¿Y si la posponemos?

César: ¿Posponerla? ¡Imposible, mi amor! Si tenemos que posponerla, tendrá que ser para dentro de una semana más, y es mucho tiempo.

Giuliana: Pero es que César, no es posible que ni tiempo tengas para nosotros dos...

César: Es que tengo tiempo, contado, pero lo tengo. Y lo que no entiendo es por qué querés posponerla. ¿Solo porque no te ayudé?

Giuliana: No es solo por eso, el tiempo está demasiado ajustado, y no tengo ni vestido.

César: *confundido* ¿Cómo? Pero si ayer vi que te estabas probando vestidos, de pasada, te vi.

Giuliana: Sí, pero me quedan muy apretados...

César: Y... capaz deberías comer un poquito menos, entonces.

Giuliana: *confundida* ¿Cómo? No entiendo...

César: Y sí, si te queda ajustado es por algo, mi amor. Solo te pido, tratá de resolverlo, por favor, ¿sí? La boda no se puede posponer. Imposible.

*César se levantó y se fue, dejando a Giuliana sola en la sala. Ella se quedó allí, triste y pensativa, tocándose la cintura con inseguridad*

Giuliana: ¿Qué me habrá intentado decir?

*Después, en la casa de Pablo, estaban todos almorzando. Antonella estaba un poco pensativa e incómoda*

Gina: Che, Anto, ¿en qué pensás?

*Antonella volvió a la realidad y sonrió*

Antonella: *sonriendo* En nada, en nada...

*Después de unos segundos de reflexión, decidió hablar*

Antonella: Bueno... en realidad, sí, en algo pienso...

Pablo: *interesado* ¿Nos querés contar en qué?

Antonella: Sí, claro. ¿Te puedo preguntar algo, Pablo?

Pablo: Claro, decime.

Antonella: ¿De qué trabajás? Porque ayer Lorenzo me dijo que me iban a explicar acá en la casa, pero al final él no lo hizo...

*Se produjo una pausa incómoda entre todos*

Antonella: *sonriendo* Si no me querés contar, no pasa nada, yo solo tengo curiosidad...

Pablo: *levantándose de la mesa* Vení conmigo, Antonella, te quiero mostrar algo...

Antonella: *confundida* ¿Mostrarme?

Pablo: Sí, claro, vení conmigo.

*Pablo se levantó de la mesa y se dirigió hacia la puerta. Antonella, muy confundida, se levantó y lo siguió*

*Después de unos segundos, ambos se dirigieron hacia un pequeño galpón que los llevaba a un lugar subterráneo. Antonella estaba muy confundida, pero también intrigada*

*Llegaron a un amplio sótano lleno de barricas de vino. El ambiente era fresco y olía a madera y uvas fermentadas*

Antonella: ¿Y esto, Pablo? ¿Qué es?

Pablo: *con orgullo* Todo esto es mío...

Antonella: *emocionada* ¿En serio? ¡Me encanta! Parece como de esos lugares... me olvidé el nombre... ¿cómo era?

Pablo: Esto es una bodega...

Antonella: ¡Ese nombre! ¡Me encanta! ¿Pero cómo que es tuyo? O sea... ¿vos los hiciste a los vinos?

Pablo: No del todo yo... sino que, también mi papá los hizo...

Antonella: *sorprendida* ¿Tu papá? O sea, mi abuelo... ¿Pero cómo?

Pablo: Esto es de generaciones... primero mi abuelo, después mi papá, ahora yo... y pronto será Lorenzo...

Antonella: *impresionada* ¿En serio? Es muy lindo...

Pablo: Nuestra bodega es muy conocida, somos bodegueros.

Antonella: *curiosa* ¿Cómo? O sea... ¿el pueblo los conoce?

Pablo: Y me juego a decir que gran parte del país también.

Antonella: *asombrada* Eso es muy... lindo... ahora lo entiendo mejor... copado, me encanta...

Pablo: Te lo quise explicar, pero sentía que con simples palabras no alcanzaba. Así que quería mostrarte...

Antonella: *mirando a su alrededor* Bueno, es hermoso...

Pablo: Me alegro que te guste...

Antonella: *curiosa* ¿Y la gente los prueba y eso?

Pablo: Obvio, en algunos eventos, fiestas, y demás. Como festivales también. Justamente hay uno que se acerca. Por eso también hay como... competencia...

Antonella: *confundida* ¿Competencia?

Pablo: Sí, ¿viste la casa a la que fueron Lorenzo y vos el otro día?

Antonella: Claro, me acuerdo, donde estaba Giuliana y su mamá...

Pablo: Bueno, ellos también tienen su bodega. Y ellos vienen compitiendo hace años contra nosotros.

Antonella: *sorprendida* No tenía ni idea...

Pablo: Pero escuchame, no quiero que te dejes llevar por esas cosas, ¿sí? No te quiero involucrar en esa rivalidad que hay. Sobre todo porque Lorenzo me dijo que con Giuliana te estás llevando bien.

Antonella: *sonriendo* Sí, qué sé yo, charlamos un poquito y me cayó bien.

Pablo: Por eso, no quiero que te veas involucrada en esto. Es tema de mayores, ¿sí?

Antonella: Sí, sí, tranquilo... y gracias por mostrarme. Me gustó mucho.

Pablo: *contento* Me alegro de que te guste, Anto. ¿Sabes algo? A Lorenzo también le gusta el lugar. Cuando quiere estar solo, algunas veces viene acá.

Antonella: ¿Acá al sótano?

Pablo: Sí, pero mayormente al galpón.

Antonella: *asintiendo* Lo entiendo... se ve como un lugar tranquilo y silencioso...

Pablo: *sonriendo* Sí, opino como ustedes. ¿Volvemos arriba? Sino Gina se va a enojar por la comida... *riendo*

Antonella: *riendo* Bueno, dale.

*Ellos dos se dirigieron de regreso a la casa, sintiéndose más cercanos entre sí*

*Después de varias horas, en el comedor, solo estaban Pablo y Gina, conversando tranquilamente. Mientras tanto, Antonella buscaba algo por todas partes, moviendo objetos y revisando cada rincón*

*Pablo y Gina se dieron cuenta de su agitación*

Gina: ¿Se te perdió algo, Antonella? Estás hace como media hora así...

Antonella: *frustrada* La verdad, sí. ¿No vieron un cuaderno por acá?

Gina: *pensativa* ¿Un cuaderno? No, para nada. Yo limpié y no lo vi.

Antonella: No puede ser, ¿cómo lo voy a perder?

Pablo: Tranquila, ayer saliste con ese cuaderno. Capaz fuiste a algún lugar y te lo olvidaste.

Antonella: *reflexionando* A algún lugar...

*De repente, Antonella recordó dónde podría haber dejado su cuaderno*

Antonella: ¡Claro, gracias, Pablo!

*Sin esperar más, Antonella salió corriendo del comedor, dejando a Pablo y Gina mirándola con sonrisas en el rostro*

Pablo: Ay, ay, esta chica...

*Gina negó con la cabeza, sonriendo también*

Gina: Siempre tan despistada, pero llena de energía.

*Pablo y Gina intercambiaron una mirada cómplice, disfrutando del momento de tranquilidad y la energía contagiosa de Antonella*

*Minutos más tarde, en la cafetería, Antonella apareció corriendo, respirando un poco agitada. Al entrar, vio a Giuliana con dos amigas sentadas en un sillón, riendo y charlando. Mariano estaba limpiando la mesada y, al ver a Antonella, su rostro se iluminó con una sonrisa*

Mariano: ¡Ey, Antonella!

Antonella: *devolviendo la sonrisa* Hola, Mariano.

Mariano: ¿Cómo estás? ¿Querés que te sirva algo?

Antonella: Solo un jugo, escuchame. Me olvidé algo acá...

Mariano: *riendo* Ahh, sí, sos olvidadiza, eh.

Antonella: ¿Lo viste?

Mariano: ¡Obvio que lo vi! Vení por acá...

*Mariano la llevó hasta un cajón y sacó un cuaderno y un lápiz de ahí. Se los entregó con una sonrisa*

Antonella: *aliviada y sonriendo* ¡Me lo guardaste! Muchas gracias...

Mariano: Te habría llamado, pero no sé tu número y era de noche, así que esperé a que vinieras hoy, viste...

Antonella: Gracias, en serio. Pensé que lo había perdido...

Mariano: *sonrisa* No pasa nada, tranquila.

*Antonella le sonrió, pero su mente estaba ocupada con pensamientos y preocupaciones*

Mariano: ¿Te preparo un jugo, dijiste?

Antonella: *asintiendo con entusiasmo* ¡Sí, dale! De naranja, nomás.

Mariano: ¡Bueno, marchando entonces!

*Antonella se sentó en una mesa cercana, observando a Giuliana y sus amigas de reojo. Se sentía un poco fuera de lugar, pero la amabilidad de Mariano le daba un sentido de pertenencia*

*Mariano se dirigió a la barra y comenzó a preparar el jugo de naranja, trabajando con soltura y una sonrisa en el rostro. Mientras tanto, Antonella miraba su cuaderno, sintiéndose agradecida por haberlo recuperado*

*Después de un rato, Antonella se dio vuelta y vio a Giuliana con sus amigas. Quería acercarse, pero la timidez la detuvo y decidió sentarse en el taburete junto a la barra. Las dos chicas hablaban mucho mientras Giuliana parecía sumida en sus pensamientos*

Giuliana: Chicas...

Florencia: Ay, ¿qué, Giuliana? Hablamos de algo importante.

Camila: Hablamos de nuestro viaje por Milán.

Giuliana: Les quería preguntar algo...

Florencia: *curiosidad* ¿Qué pasa?

Giuliana: ¿Ustedes cómo me ven?

*Antonella, aunque de espaldas a ellas, no pudo evitar escuchar la conversación, sintiéndose cada vez más intrigada*

Camila: *tono despectivo* ¿Además de sencilla?

Giuliana: ¡No! Me refiero a... ¿cómo estoy? ¿Les parezco algo excedida de peso?

Florencia: Ahh, entiendo...

Camila: *mirándola críticamente* Ehh, a ver, no estás rellenita... pero es cierto que tenés un poquito de panza...

*Antonella sintió una mezcla de confusión y molestia al escuchar los comentarios*

Giuliana: *voz temblorosa* ¿En serio?

Florencia: ¿Por qué? ¿Te lo dijo alguien eso?

Giuliana: *mirando al suelo* No, solo me vi al espejo y lo pensé...

Camila: Es que sí, tenés que aflojarle un poco a la comida, a los postres, a no ser que en el verano, quieras estar como... ya sabés...

Florencia: *asintiendo* Camila tiene razón, el otro día te comiste como tres porciones de una torta. Si no querés tener panza, vas a tener que cortar con eso de una.

Camila: Exactamente.

*Antonella no pudo contenerse más y se acercó a ellas, visiblemente enojada*

Antonella: ¿Qué les pasa, eh?

*Giuliana y sus amigas la miraron con confusión, y las amigas de Giuliana, con desprecio*

Florencia: *despectiva* Perdón, ¿vos sos...?

Camila: *burlona* Ay, parece un camionero.

Florencia: Para mí también...

Antonella: ¿Se escuchan lo huecas que son? No me sorprendería que les retumbe la voz en su cerebro.

Florencia: Ay, ¿qué te pasa, chinita?

Antonella: ¿Por qué mejor no se van a ver a un espejo, par de estiradas?

Camila: *sonrisa despectiva* Ay, mejor vamos, ¿sí? No vaya a ser que nos vean hablando con ella.

*Las dos amigas de Giuliana se levantaron y se fueron, dejando a Giuliana sola. Entonces, Giuliana comenzó a llorar un poco*

*Antonella, sintiéndose compadecida y triste, se acercó más a Giuliana*

*Mariano llegó con el jugo, y al ver a Giuliana llorando, su sonrisa se desvaneció*

Giuliana: *secándose las lágrimas y forzando una sonrisa* Antonella, hola...

Antonella: Hola, ¿estás bien?

Giuliana: *asintiendo débilmente* Sí, sí... Gracias por eso...

Antonella: No les hagas caso a esas estiradas. ¿Querés que te traiga agua?

Giuliana: *negando con la cabeza* No, quisiera otra cosa, pero no podés traerlo...

Antonella: ¿Qué cosa?

Giuliana: *tristeza* Alguien que me escuche...

Antonella: Yo puedo hacerlo, si querés, sino, te dejo tranquila...

Giuliana: *sonriendo* Gracias, Antonella...

Antonella: Mirá... yo amigos así, de verdad, no tuve nunca, pero... no creo que se los deba tratar así como ellas te trataron, ¿no?

Giuliana: *suspirando* Si lo decís por lo de recién, ellas tienen razón, Antonella...

Antonella: No, no tienen razón. Creo que vos debés verte por vos misma, no hacerle caso a lo que un par de huecas superficiales pueda decir.

Giuliana: *voz temblorosa* Pero si hasta mi prometido me lo dijo, si todos me lo dicen, es por algo...

Antonella: Con todo respeto, pero entonces están mal. Y si así fuera, ¿qué problema hay, Giuli?

Giuliana: Lo hay, sabés bien que lo hay. Critican todo, absolutamente todo. Y ser como ellos dicen, no está bien visto, no es "lindo"...

Antonella: Pero ese es problema de ellos, ¿quién define lo que es o no es lindo? Y tenés razón en que critican todo. Pero con el tiempo, capaz no hay que escucharlos... porque son personas que lastiman... mirá ellas, te hicieron llorar, ¿las amigas hacen eso?

Giuliana: No lo sé, solo las tengo a ellas de amigas... después no tengo a nadie más...

Antonella: *sonrisa cálida* Si te sirve, yo puedo serlo... sé que nos conocimos hace poquito, pero lo puedo intentar...

Giuliana: ¿Sabés algo, Antonella? No hace falta que lo intentes, porque te estás portando como una amiga ya.

Antonella: *sorprendida* ¿En serio?

Giuliana: *asintiendo* Claro, vos me escuchaste, escuchaste mi descargo, me aconsejaste, algo que las amigas hacen. Y que ellas nunca hicieron conmigo.

Antonella: Bueno, me alegro haberte sido de ayuda. No quería verte así por esas personas...

Giuliana: Y sí, tenés razón en todo lo que dijiste. Ellas no son mis amigas, ni siquiera les importo. Capaz debo ver más allá de eso...

Antonella: Vos tenés que rodearte de gente que te quiera, que te valore, que te escuche... eso tenés que hacer...

*Giuliana se limpió las lágrimas de los ojos y sonrió*

Giuliana: En serio, muchas gracias. Lo necesitaba...

Antonella: *sonriendo* No me agradezcas, tranquila...

Giuliana: Vos sos alguien que vale la pena, Antonella...

*Antonella sonrió y Giuliana la abrazó, sorprendiendo a Antonella. Sin embargo, le correspondió el abrazo con afecto*

*Después de un momento, Giuliana se levantó del sillón*

Giuliana: Chau, Anto, tengo que irme a casa ya.

Antonella: ¡Bueno, está bien!

Giuliana: Ya que ayer me diste tu número, te llamo por cualquier cosa, ¿sí? Y mandale saludos a Mariano, que no alcancé a saludarlo...

Antonella: *sonriendo* ¡Dale!

Giuliana: ¡Bueno, chau!

Antonella: ¡Chau!

*Giuliana se fue de la cafetería, sintiéndose un poco más ligera. Antonella la vio irse, sintiéndose satisfecha por haber podido ayudarla. Mientras tanto, Mariano observaba la escena desde la barra, con una sonrisa de orgullo en el rostro*

*Después de la conversación con Giuliana, Antonella se dirigió nuevamente hacia Mariano y se sentó en el taburete. Comenzó a tomar su jugo lentamente, reflexionando*

Mariano: *observándola con curiosidad* No sé qué le pasó ni qué le dijiste, pero se la vio muy feliz a Giuliana.

Antonella: Sí, te manda saludos... ¿Ya se conocen?

Mariano: ¿Que si nos conocemos? Desde chiquitos. Fuimos a la primaria juntos. Somos muy amigos. Solo que ahora no hablamos mucho porque se está por casar y está muy ocupada...

Antonella: Ah, sí, claro. Mañana es la boda, creo.

Mariano: *sorprendido* Sí... ¿Cómo sabes? ¿Ella te dijo?

Antonella: *titubeando* Ehh... sí, recién me dijo... la tiene un poco estresada...

Mariano: Claro... no sé si voy a poder ir a su boda igual...

Antonella: *confundida* ¿Por?

Mariano: Por dos razones. Porque tengo que esforzarme por vender, últimamente hay muy pocas personas viniendo. Y aparte, porque no recibí invitación.

Antonella: Pero... ¿no dijiste que Giuliana es tu amiga? ¿Por qué no tenés invitación?

Mariano: Yo soy amigo de ella, no de su familia. Para esa familia, no soy la persona más adecuada para estar ahí.

Antonella: *intrigada* ¿Por?

Mariano: Es muy complejo, por culpa de una rivalidad que tenemos con ellos y con otros más.

Antonella: Ahh, pero bueno, después de todo es tu amiga, ¿no? Capaz podés ver la forma de ir...

Mariano: *pensativo* Sí, puede ser. Después le pregunto.

Antonella: Mariano, ¿te puedo preguntar algo?

Mariano: Claro, decime.

Antonella: *cautela* ¿Vos conocés a... los Santander?

*La expresión de Mariano cambió, mostrando una mezcla de molestia y resentimiento*

Mariano: *voz tensa* Sí, los conozco. ¿Vos los conocés?

Antonella: *evitando su mirada* Ehh... no, no, algo escuché a lo lejos...

Mariano: Bueno, menos mal que no los conocés, entonces.

Antonella: *curiosa* ¿Por qué decís eso?

Mariano: Mirá, no me gusta hablar mal de nadie. Pero esa gente es mala. Se hacen los buenitos por todo el pueblo, pero son unos ladrones estafadores.

Antonella: *confundida* Ay... ¿en serio?

Mariano: Claro que sí. Yo de esa gente no quiero saber nada. Siempre está el hombre ese, Pablo Santander. Siempre intenta hablar conmigo, para convencerme de que no, pero a mí no me engaña. Yo tengo evidencia.

Antonella: No creo que sea tan así...

Mariano: Eso es porque no los conocés.

Antonella: Y si uno de ellos estuviera hablando con vos ahora mismo, ¿qué harías?

Mariano: No sé, yo soy educado, pero hasta ahí. Si se quieren hacer los buenos conmigo, se van por donde entraron.

Antonella: *asintiendo lentamente* Ahh, ya veo...

Mariano: ¿Por qué preguntas de eso?

Antonella: *mientras toma su jugo* Porque... como soy nueva, no sé muchas veces a quién hacerle caso... y viste, no quisiera dejarme llevar por malas personas...

Mariano: *sonrisa tranquilizadora* Claro, entiendo. Vos quedate tranquila, que yo no soy una mala persona.

Antonella: *sonriendo débilmente* Supongo que no, fuiste muy lindo conmigo...

Mariano: Porque sos re copada, Antonella.

*Antonella sonrió con tristeza y bajó la mirada*

Antonella: ¿Sabés algo, Mariano? Me parece que me voy a tener que ir...

Mariano: ¿En serio? Qué lástima... *triste*

Antonella: Me acordé que ahora a las 8 había quedado para hacer algo con mi familia, así que, tengo que irme.

Mariano: Bueno, está bien. Nos volvemos a ver, y no te olvides tu cuaderno, olvidadiza. *riendo*

Antonella: Tranquilo, esta vez lo voy a cuidar...

*Antonella agarró su cuaderno y se disponía a irse cuando Mariano la llamó*

Mariano: *tono esperanzado* Antonella, pará...

Antonella: *deteniéndose* ¿Sí?

Mariano: *dudando un momento* ¿Me... me querés dar tu número? Para... ya sabés, hablar con vos en algún momento...

Antonella: *sonriendo* Ehh, claro...

*Antonella agarró una lapicera que había en un rincón y escribió su número en una servilleta. Después se la entregó a Mariano*

Antonella: *con una sonrisa* Acá está, ese es mi número.

Mariano: Gracias, Anto. Nos hablamos.

Antonella: *asintiendo* ¡Nos hablamos, chau!

*Antonella se fue de la cafetería, algo apurada, pero con una sensación de alivio. Mientras salía, Mariano la observó con una sonrisa, guardando cuidadosamente la servilleta con su número*

*Mientras tanto, en casa de Pablo, él estaba sentado en el comedor leyendo el diario, disfrutando de un momento de tranquilidad. De repente, el sonido del teléfono interrumpió el silencio. Pablo dejó el diario a un lado y atendió la llamada*

Pablo: ¿Hola?

Chiara: Hola, Pablo, ¿cómo andás? Soy Chiara.

Pablo: ¿Chiara? Qué sorpresa...

Chiara: *confundida* ¿Qué cosa?

Pablo: No sé, tu llamada. Vos y yo no hablamos casi nunca.

Chiara: Es que te llamaba porque quería decirte algo. Perdón si te agarré en algún mal momento.

Pablo: *sonriendo* No, no, tranquila, podés decirme.

Chiara: Bueno... yo te quería invitar, porque mañana es el casamiento de Giuli. Y quería que estuvieras ahí...

Pablo: *incrédulo* Pará, ¿es en serio?

Chiara: Obvio, Pablo. Vos sos una persona importante para mí. Quiero que estés ahí.

Pablo: Pero es el casamiento de tu hija, Chiara...

Chiara: Ya lo hablé con ella, no tiene ningún problema en que vayas. Además, ella dice que podrías venir con Antonella. Que quiere que esté ahí...

Pablo: Yo no tengo ningún problema, ¿pero qué hay de tu marido?

Chiara: Ah, vos tranquilo, no te preocupes por Marco. Le voy a decir que Giuli quiso que ustedes fueran, así podía ver a Antonella.

Pablo: Bueno, si no hay ningún inconveniente, está bien. Acepto la invitación. Gracias, Chiara.

Chiara: De nada, Pablo. Es mañana, más o menos por las 3 de la tarde. Los esperamos.

Pablo: *sonriendo* Bueno, Chiara, ahí vamos a estar. Nos vemos.

Chiara: Chau, Pablo, nos vemos mañana.

*Pablo cortó la llamada, sintiéndose un poco feliz y sorprendido al mismo tiempo. Justo en ese momento, Gina entró al comedor, secando sus manos con un trapo de cocina. Pablo se levantó y se dirigió hacia ella, con una sonrisa en el rostro*

Pablo: *emocionado* Gina, no sabés lo que acaba de pasar.

Gina: No, no sé. ¿Qué pasó?

Pablo: Estamos invitados.

Gina: *confundida* ¿Invitados a dónde?

Pablo: Al casamiento de Giuliana.

Gina: *sorprendida* ¿La hija de Chiara? ¿Y por qué nos invitó? No tenemos nada que ver...

Pablo: *sonriendo* Lo que pasa es que ella dijo que soy importante para ella, y que quiere que esté ahí. De paso, se ve que Anto se lleva bien con Giuliana, y quiere que ella esté ahí también.

Gina: No sé si sea buena idea, además, ¿le preguntaste a Anto si quería ir?

Pablo: No, no está acá. Salió. Pero cuando vuelva le digo. De todas formas, quedate tranquila, que estás invitada.

Gina: Ah, no, eso no, Pablo. Esa relación la tenés con Chiara, ¿yo qué tengo que hacer ahí?

Pablo: Pero vos sos mi amiga, Gina. Por eso quiero que vengas conmigo. Porque sos importante en mi vida.

Gina: *sonrisa* Ay, ay, no nos pongamos sentimentales, Pablo.

Pablo: Es la verdad... si no querés venir lo entiendo, pero yo quería que estés conmigo.

Gina: *sonrisa afectuosa* Ay, bueno, si me lo pedís así, es imposible negarme.

Pablo: Perfecto.

Gina: Che, Pablo, cambiando el tema, ¿cómo que Antonella no volvió todavía?

Pablo: *preocupado* No, casi siempre vuelve a esta hora, ¿por qué?

Gina: *mirando por la ventana* Pablo, se está por largar tremenda tormenta afuera, y es de noche.

Pablo: *sorprendido* ¿Qué? No me di cuenta que estaba por llover...

Gina: Llamala, decile que venga. Está re frío, si se agarra la lluvia se va a enfermar.

Pablo: *asintiendo* Gracias por avisarme, ahí le digo.

*Pablo sacó su teléfono rápidamente y comenzó a marcar el número de Antonella, preocupado*

**VOZ EN OFF**

*Después de unos minutos, Antonella caminaba por la vereda y las calles. La lluvia caía intensamente, empapando su ropa y su cabello, pero ella caminaba lentamente, muy pensativa. Con los brazos ligeramente abiertos, disfrutaba de la sensación de las gotas de lluvia en su piel*

[Antonella: Siempre creí que la lluvia tenía un poder especial, fuera de que todos la llaman "triste" o "aburrida". Cada gota que cae parece llevarse consigo el peso del mundo, limpiando el aire, la tierra... y el alma. Es como si el cielo, al llorar, me diera permiso para soltar lo que llevo dentro, para dejar ir aquello que ya no necesito.]

*El viento soplaba con fuerza, levantando hojas y creando remolinos de agua en el suelo. Antonella giraba sobre sí misma de vez en cuando, dejando que la lluvia la envolviera completamente*

*Los truenos retumbaban en el cielo, ahogando cualquier otro sonido. Su teléfono sonaba insistentemente en su bolsillo, pero ella no lo escuchaba debido al estruendo de la tormenta*

[Antonella: Cuando el agua cae, siento que puedo empezar de nuevo. La lluvia purifica no solo el suelo que toca, sino también los rincones más oscuros de mi ser. Me recuerda que, después de la tormenta, siempre llega un nuevo amanecer, donde sale el sol...]

*Mientras caminaba, sus pensamientos iban y venían. Recordaba las palabras de Mariano sobre los Santander, las lágrimas de Giuliana y la amabilidad inesperada de Mariano*

[Antonella: Estar bajo la lluvia, sentir cada gota inundando mi rostro... es como si el universo me recordara que, incluso en los momentos más oscuros, hay belleza en la cual dejarse llevar. Cada gota es una caricia del cielo, un recordatorio de que siempre podemos empezar de nuevo, lavar lo viejo y dar la bienvenida a lo nuevo]

*El agua de la lluvia corría por su rostro. A pesar de la tormenta, Antonella sentía una extraña conexión con el momento*

[Antonella: La lluvia me envuelve, llevándose consigo las preocupaciones y los miedos. Me siento más ligera, más... libre, liberada...]

**FIN DE VOZ EN OFF**

*Finalmente, al llegar a la puerta de su casa, revisó su teléfono y vio las llamadas perdidas de Pablo. Abrió la puerta, dejando atrás la tormenta*

*De repente, la puerta se abrió y Antonella entró rápidamente, empapada por la lluvia. Su cabello y ropa chorreaban agua, y sostenía su mochila cerca de su cuerpo para protegerla. Pablo, Gina y Lorenzo corrieron hacia ella con preocupación*

Pablo: ¡Antonella!

Gina: *preocupación* ¿Estás bien, nena?

Lorenzo: *exasperado* ¡Estábamos re preocupados por vos! ¿Por qué no atendías las llamadas?

Pablo: Lorenzo, por favor, calmate...

Antonella: Perdón... es que me gusta la lluvia, y pasear por debajo de ella. Y no escuché la llamada por los truenos...

Pablo: No te disculpes, nos preocupamos por vos.

Antonella: *mirando el suelo mojado* Perdón, Gina, te ensucié el piso y habías limpiado hoy...

Gina: Tranquila, nena, no pasa nada. Después lo limpio, ahora importa que vos estés bien.

Antonella: Sí, lo estoy, tranquilos...

Lorenzo: Antonella, ¿se puede saber a dónde te vas tanto? Estás hace como cuatro días acá y te estás yendo todo el tiempo, mirá ahora. Mirá si te pasaba algo.

Pablo: Lorenzo, no seas pesado...

Antonella: ¿Por qué me hablas así? No sos mi papá, además, vos me dijiste que el pueblo era seguro...

Lorenzo: ¡Pero no para andar por la noche y un día que llueve! ¡Encima te llamamos y no atendés las llamadas!

Pablo: Bueno, Lorenzo, ya está. No hagas drama para nada. Antonella ya está acá y está bien por suerte...

Antonella: *tristeza* Bueno, perdón...

Lorenzo: ¡Dejá de pedir perdón! ¡No es ese el punto!

Antonella: ¿Entonces cuál es el punto? ¿Desde cuándo te preocupás así por mí?

Lorenzo: ¡El punto es que yo no entiendo de qué vas con tus acciones! ¡Estás acá hace menos de una semana, y salís todos los días, todo el tiempo!

Gina: Uff, Lorenzo, cortala, en serio.

Antonella: *desafiante* ¿Qué tiene?

Lorenzo: ¡No sé, es raro, muy raro!

Antonella: Hay tantas cosas raras acá y no digo nada...

Lorenzo: *confundido* ¿Perdón? ¿Acaso dudas de nosotros?

Antonella: No sé, ¿debería?

Lorenzo: ¡No voltees las cosas! ¡Acá el problema es otro!

Pablo: Lorenzo, ¿la podés cortar? Te lo digo en serio. No hace falta que hagas drama donde no hay, Antonella ya está acá, y por suerte está bien.

Gina: Sí, me parece que estás exagerando bastante...

Pablo: *autoridad* Haceme un favor, andate a tu cuarto, hasta que se te pase. Después voy a hablar con vos.

*Lorenzo salió de la habitación. Antonella lo observaba irse, con una mezcla de enojo y tristeza*

Pablo: Tranquila, Anto. Solo se preocupa por vos, aunque no lo demuestre de la mejor manera...

Antonella: No entiendo por qué me trata así...

Gina: Dale tiempo, nena. A veces las personas no saben cómo expresar lo que sienten.

Pablo: Vamos, cambiate y abrigate. No queremos que te enfermes.

*Antonella asintió y se dirigió a su habitación. Mientras tanto, Pablo y Gina intercambiaron una mirada de preocupación*

Pablo: Yo ya no sé qué hacer, le hablo y parece que no entiende...

Gina: Ese chico está demasiado estresado. Pero yo creo que podría llevarse bien con ella.

Pablo: Encima con todo esto, no le comenté a Antonella del casamiento.

Gina: No creo que te diga que no, vos lo dijiste, le gusta conocer. Mañana, cuando desayunemos, decile.

Pablo: Sí, eso voy a hacer.

Gina: Y vos y yo, mejor vayamos a dormir. Que después andás de malhumor porque no dormís bien.

Pablo: *hartazgo* Gina, no empecés...

*Ellos dos se van cada uno por su lado, con estrés por lo ocurrido anteriormente*

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