Una llama azul iluminó toda la habitación, la presencia de Maél Solaris permitió a la mayoría dormir por la noche en el salón de suministros.
Sire fue el último en ver los recuerdos de aquella noche, observando por momentos los ventanales por los cuales la luz gélida de las lunas ingresaba, siendo opacadas por el azul cálido.
La revisión revelo que la mayoría de las heridas eran superficiales, el mayor daño estaba en los tímpanos los cuales estaban al punto de la sordera, debido al uso de las lágrimas la mayoría estaba recuperándose completamente de las lesiones.
Lo que más preocupaba a los Motus era el daño emocional por la pérdida de gran parte de los miembros Acus, aquellos que habían salido esa noche para buscar una acompañante habían desaparecido completamente, fueron las mujeres que estaban con ellos las que relataron el ataque a las chozas donde se encontraban.
El hecho de que el resto del asentamiento fuera ignorado fue la pista que necesitaban para darse cuenta que estaban allí por ellos como único objetivo.
Fue la aparición de Maél Solaris lo que convirtió aquel lugar lúgubre en uno donde la sensación de seguridad le permitió aquellos que pasaron todas estas noches en vela poder dormir finalmente.
Con todos reunidos en el mismo lugar, Sire buscó una esquina alejada de los ventanales, esperando ver la luz del sol.
- Te advertí que no lo vieras - susurró Carnalis Miss que rodeo el cuerpo de Sire por la espalda sujetándolo fuertemente -. Estás tenso\, relájate\, estamos a salvo...
- Por el momento - susurró\, aún no habían llegado a las tierras brumosas y ya habían perdido gran parte del equipo\, el recuerdo de la vez que Maél Solaris atacó la neblina y el grito ensordecedor de aquella criatura\, finalmente le hizo comprender el verdadero peligro de este viaje.
- Duerme\, mañana tendremos una reunión para decidir qué haremos a continuación - Miss besó la mejilla de Sire\, apoyando la cabeza sobre su hombro\, luego de pensarlo por unos segundos cerró los ojos esperando que el sueño lo llamara.
Ymat trajo un barril de agua con algunos frutos secos repartiéndolo entre los presentes, aquellos que pudieron ponerse de pie lo ayudaron con este proceso.
Una vez que todos terminaron los alimentos, la llama azul en el centro del salón se elevó repentinamente por más de dos metros, aunque eso no aumentó la intensidad del calor.
- Primero\, lamento lo sucedido\, Motus Zul y el resto de los miembros están a salvo en el paso de Olgat. En cuanto a mi petición sigue en pie\, aquellos que desean abandonar la expedición pueden hacerlo ahora y regresar con la caravana que partirá en unos momentos.
Sire levantó la vista observando aquellos dos soles azules que brillaban en la cima de aquellas llamas, ¨ Es el momento de volver a casa ¨ pensó.
- Segundo\, usen los mantos de seda a partir de hoy y no se los quiten bajo ninguna circunstancia\, la vestimenta se ajustara al cuerpo permitiéndoles moverse y realizar cualquier labor con normalidad\, por último\, Carnalis Sire\, debes continuar este viaje. Los demás pueden hacer su elección ahora.
El niño que permanecía sentado en un rincón no pudo evitar temblar, como una represa que rompió repentinamente, las palabras aún estaban calando en su mente, seguidas del recuerdo de aquella criatura. Perdiendo el control de sus nervios un nudo se le hizo en la garganta, cerrando los ojos intentó calmarse, fallando una y otra vez.
El sonido de pasos llenó el salón, siendo apenas audibles, algunos presurosos y otros algo dubitativos por un instante, pero al final el crujido de la puerta al abrirse y la marcha de un grupo de personas alejándose en silencio fue todo lo que pudo escuchar. Sire se cuestionó si sería el único en permanecer en este lugar.
- Lo siento niño\, pero eres indispensable en esta misión - susurró Maél Solaris.
Una vez que el salón volvió a permanecer en silencio, una mano le acarició la espalda intentando consolarlo.
- Calma\, no estás solo - la voz de Motus Lyr fue gentil\, abriendo los ojos aquel hombre estaba junto a él\, al mirar los alrededores encontró a Motus Ymat de pie\, mirando la llama azul que aun brillaba opacando la luz del sol y el resto del salón vacío.
Ymat tenía unos 40 años, con el cabello negro largo y un tenue sombra de barba salpicada por canas, de piel pálida y un metro ochenta de altura era unos centímetros más bajo que Lyr. Hizo unos gestos a las llamas, las cuales por algún motivo Sire pudo entender, al igual que el enojo que reflejaba por la decisión de Maél Solaris.
- Los deje ir porque serían una carga en este estado\, el grupo estaría tenso\, y podría resultar en conflictos que arruinaran la expedición\, no hay nada más peligroso que un aliado que podría abandonarte cuando lo necesites - las llamas parpadearon por un instante.
Motus Ymat hizo más gesto con las manos señalando finalmente al niño.
Sire pudo entenderlo a pesar que no pudo expresarlo en palabras.
- El niño es un Effigies\, es más fuerte que un Carnalis normal\, casi al nivel de un Motus\, una vez que conozcamos el origen de la niebla tendré la capacidad de hacer algo al respecto. No puedo seguir atacando a ciegas sin saber cuáles son los resultados.
Los Motus volvieron la atención hacia Sire que había bajado la mirada.
¨Nadie más ¨ pensó, ¨ Yo también me habría marchado, no esperaba que...¨
- Sire - la voz de Maél Solaris lo sacó de sus pensamientos - no pienses en cosas innecesarias\, ponte el manto de seda\, es tiempo de comenzar a entrenar tu forma Carnalis.
Sire sacó de un cajón una seda oscura y trasparente, desde la cabeza a los pies el manto lo cubrió como una capa extra de piel, cerró los ojos y al meditar fue atraído a un lugar desconocido.
El paso de Olgat estaba a tres días de caminata, el sendero montañoso era demasiado pequeño para permitir el ingreso de los carruajes, por lo que Sire había leído en un pergamino, Olgat era un cazador que descubrió este lugar siguiendo una cabra montañosa, llegando a un barranco desde donde eran visibles las tierras brumosas.
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