Capítulo 3

Esa mujer...

Es que estoy seguro que solo se casó por el dinero.

No puede ser tan santa y buena persona con Caleb.

—Algo debe tener esa mujer, y lo voy a descubrir.—le digo a mi amigo Daniel.—Esa mujer es una prostituta que vende su cuerpo por dinero.

—Zyan, deberías dejarla en paz. No creo que sea como tú dices.

Habla Daniel pero después suspira.

—Podría ser como tu dices, pero no tanto como para llamarla prostituta.

—Daniel, hoy estás invitado a cenar para que conozcas a esa mujer. Ahora, ve a trabajar. Déjame en paz para ordenar mi mente.

—Claro. Nos vemos. Y no lo pienses tanto. ¿Bueno?.—dice mi amigo y yo asiento.

Las personas de la casa no me dejan ni acercarme a la habitación de Caleb.

Quise darle los buenos días, pero no me dejan entrar, dicen que según él dio la orden de no verme.

Maldita sea, ya jodí el matrimonio de la señorita Ariana.

Debo, arreglar esto...de alguna manera.

La noche llegó y ando muy nerviosa. Necesito verlo, para hablar de todo.

Para arreglar las cosas.

Me escabullo y logro llegar a la puerta de la habitación de Caleb.

Golpeo, no se oye nada. Golpeo nuevamente y tampoco responde.

—Caleb, por favor. ¿Podemos hablar?. No has querido abrirme en todo el día. Por favor, hablemos, ¿si?.

En eso que voy a golpear nuevamente, aparece Maria y me mira sorprendida.

—Señora Ariana. Le dijimos que el señor no quiere verla. Respete su decisión.—dice la mujer y trata de alejarme de allí.

—No, señora Maria. Déjeme hablar con mi esposo.—le digo mientras forcejeo con ella para poder entrar.

—¿Qué es este escándalo?. Mi hermano dijo que no quería verte, ¿entiendes eso?.—llega el joven de anoche.—ahora ve a cenar, mujer.

—¿Disculpa?. Tú a mí no me mandas. Yo quiero hablar con Caleb. Solo pido eso. ¿Por qué no puedo?.—digo alzando la voz.

—Cierra la maldita boca.—me habla Zyan.—Y ve a cenar. Yo soy una de las autoridades de esta casa y debes obedecerme. Baja ahora.

—Quiero hablar con Caleb, cuñado. Por favor.—le suplico.

—Después de cenar puedes venir a verlo, solo si es que te abre la puerta.—dice y se dirige al comedor.

Llego al comedor y me siento.

En eso, llega un joven que se disculpa por la tardanza y saluda a Zyan.

—Buenas noches. Provecho, señorita.—dice y me sonríe.

—Buenas noches, mi nombre es Ariana. Un gusto. Soy la esposa de Caleb Hall.

—¿Caleb?.—dice y mira a Zyan.

—Así es, Daniel. Ella es la esposa de mi hermano.

—Oh, disculpe. Señora, un gusto conocerla.

Yo sonrío y espero la comida. Cuando llega, comienzo a comer.

—¿Una mujer tan joven y hermosa casada?.—pregunta Daniel.

—Así es. Es una decisión bastante complicada, pero la verdad soy feliz con este matrimonio. Espero que Caleb pronto se dé lo suficiente como para sentarse conmigo en la mesa.—digo sonriendo.

—¿Por qué Caleb no cena con nosotros?.—pregunta y Zyan golpea la mesa.

—Daniel, estás preguntando mucho.—dice enojado.

—Bueno, Daniel. Caleb no se siente seguro por su condición. Él tuvo un accidente que lo dejó en silla de ruedas. Además tiene una cicatriz en el rostro que lo hace usar una máscara.

—Ah, suerte con ese matrimonio.

—Gracias. Me gustaría hablar con él en estos momentos.—digo apenada.

—¿Por qué no vas a hablar con él?.

—Daniel, mi hermano no quiere. Por favor, coman en silencio.—dice Zyan suspirando frustrado.

Realmente no entiendo a Zyan, será mi mejor amigo, pero su carácter ha empeorado desde aquel accidente.

No entiendo que no le ve a esta chica Ariana, es linda, se preocupa por su esposo... ¿Qué más quiere?.

Es bastante simpática y la encuentro muy adorable.

Zyan, eres extraño. No sé que pretendes.

Zyan se fue a dormir después de despedir a su amigo. Me cayó bastante bien ese chico.

Ahora que ya nadie está vigilando la puerta de Caleb, voy a tratar de hablar con él.

Me acerco a la puerta y golpeo, no responden.

En eso, me doy cuenta que la puerta está sin llave.

Abro y entro.

Miro a la cama, allí está acostado.

Me acerco y le acaricio el cabello.

—Caleb, hey.—le llamo.

Él se queda callado y toma mi muñeca, haciendo que me siente en la cama.

—Oye, me gustaría que conversemos.—le sigo y acaricio su cabello.—Caleb, quiero que conversemos.

—Adelante, habla.—dice el chico un poco sin aliento y con voz débil.

—Bueno, como ahora estamos casados. Me gustaría que te abrieras más a mí. Somos una pareja y no quiero que te escondas. Quiero saber a que le temes, que te hace enojar, que quieres a futuro. Quiero saber eso, quiero que dejes de esconderte.

En eso que espero una respuesta, Caleb comienza a hiperventilar.

—¿Estás bien?. Caleb, oye.—digo preocupada.—¿Puedo quitarte la máscara?. —Él aprieta mi mano y niega.

Está sufriendo y aun así piensa en su apariencia.

—¡MARIA!. A CALEB ALGO LE PASA. —grito y acaricio su cabello.—Caleb, por favor. Quítate la máscara. Por favor. Yo no te voy a temer. Por favor. Hazlo por ti.

En eso llega Maria y le inyecta algo. Después me dice que me vaya a mi habitación.

Cuando salgo al living, veo que en la televisión hay una noticia sobre un incendio.

¿Será que revivió un trauma por ver la televisión?.

Pero, él no ha venido al living.

Quizás sí.

Quedé muy preocupada. Ahora solo queda esperar a mañana.

Suspiro y me voy a mi habitación.

Al otro día, antes de desayunar Caleb pide hablar conmigo...

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