La semana pasó muy rápido, mi abuela ya está operada, solo falta que le den el alta.
Por ahora, hay una enfermera contratada para ella.
—No puedo evitar estar nerviosa.—le digo a Nala.
—Solo relájate. Nadie te descubrirá si haces las cosas bien.—responde mientras revisa que mi maquillaje haya quedado bien.
—No es eso, aquel hombre...Caleb...tiene quemada la mitad de su rostro. Me asusta.—la mujer suspira y sonríe.
—Rocío, yo igual estoy asustada. A ese hombre no le he visto ni en pintura.
La estilista dice que ya estoy lista y que ya es hora de salir a la ceremonia.
—Rocío, por estos cinco meses... olvida que te llamas así. Ahora eres Ariana Dimarí. ¿Comprendes?. Rocío D' Marin... Dejará de existir.
Eso es cruel, pero es mi trabajo.
Hago una respiración para calmarme y abren las puertas para que yo camine hacia el altar.
Solo puedo ver a un hombre en silla de ruedas. Temo ver su rostro.
Al llegar a su lado, cierro los ojos fuertemente y me tenso.
—Deberías abrir los ojos, mujer. ¿Estarás así toda la ceremonia?.—habla una voz fría, pero de alguna manera me transmite seguridad.
Abro los ojos lentamente y le miro.
Admito que fue espeluznante verlo con aquella máscara.
Caleb me ofreció la mano, dudé al principio pero después cedí.
Estoy seguro de que detrás de esa máscara hay una buena persona.
La ceremonia siguió, y al terminar de decir ambos los votos matrimoniales, el juez pide que él me bese.
Soy Ariana... Soy Ariana...
Con ese pensamiento me acerqué y besé la máscara de aquel hombre.
.........
Después de la ceremonia, tuve que irme con él a su casa, bueno, más bien... mansión.
Ahora estoy sentada en la cama, él está en su silla de ruedas completamente callado.
—Caleb, ¿no desea venir a dormir?.—pregunto mirándolo.
—Deseo que no compartamos habitación. Aún no estoy preparado para mostrarle mi rostro a una mujer.—dice cortante.
Veo que alguien está de mal humor.
—¿Quieres que llame a alguien para que me trasladen a otra?.—él se queda nuevamente en silencio.
—No. Hoy es nuestra noche de bodas. Acércate.
Oh, es cierto...pareja de recién casados...hay que consumar.
¿Debería llegar tan lejos por mi trabajo?.
Me acerco con temor.
Él toca mi rostro.
—Eres bastante guapa. Ya veo porque me hicieron casarme contigo.—me suelta y mueve su silla de ruedas hasta un ventanal.
Y así, permaneció en silencio un rato.
—Caleb, ¿que tal si nos conocemos un poco?. Digo, al final somos pareja. Deberíamos conocernos.—hablo sonriendo.
—Comienza tú.—dice suspirando.
—Me llamo Ariana Dimarí, soy modelo y cantante profesional. Tengo 22 años. Me encanta mi trabajo, soy feliz cantando y modelando.—digo el perfil de Ariana.
—¿Eres feliz comiendo restrictivamente?, ¿eres feliz siendo mercadería de una agencia?.—pregunta con un tono sarcástico.
Es cierto, me dieron un menú que debo comer para mantenerme y bajar un poco de peso, ya que peso tres kilos más que Ariana.
—Caleb, veo que eres muy pesimista. Desde que llegamos solo hablas apagadamente, como enojado. ¿Será que no querías este matrimonio?.
—Ariana, ¿quién querría casarse conmigo?. Es obvio que a ti te obligaron a casarte por el bien de la empresa de tu padre. Estás aquí por el dinero, nada más. No, no estoy contento con este matrimonio.
—Creo que solo estas viendo la parte mala de esto. Nosotros podemos ser una buena pareja.—me acerco y tomo su mano.—¿Te avergüenzas de tu situación?. Sientes miedo y yo también lo tengo. Pero, Caleb. Yo cuando te vi, el temor fue momentáneo, para mi no es común ver a una persona con una máscara. Caleb, yo puedo ser una buena mujer para ti.
Puedo ver sus ojos un poco sorprendidos.
Después me jala del brazo y me sienta en sus piernas.
—Yo no pretendo ser un buen hombre contigo, Ariana.—dice tocando mi cintura.—Créeme.—baja el cierre de mi vestido.
—Caleb...no.—le empujo.—No estoy preparada aún.
—¿Tú crees que me importa?.—dice apretando con fuerza mi muñeca.
—Por favor...
En eso, tocan la puerta.
—Disculpen las molestias. Pero, señor. Es hora que su hermano llegue. Son las once de la noche.
—Cuando llegue, dile que suba.—dice suspirando. El sirviente se va y él me suelta.—Ve con Maria, mi ama de llaves. Que te dé una habitación aparte.
—Está bien. Que tenga una buena noche, Caleb.—digo y salgo corriendo de la habitación.
Salgo de la habitación y busco a Maria.
—Señora Maria, Caleb dice que me dé una habitación aparte.
La señora me mira suspirando y me guía hasta un cuarto de invitados.
—Acá tiene, señora Ariana. ¿Después cenará?.—pregunta.
Escucho mi estómago gruñir.—Si, cenaré. ¿Caleb también estará?.—pregunto nerviosa.
—El señor come en su habitación. Comerá con el señorito Zyan, el hermano del señor.
—Está bien.—digo pensando en que conoceré a mi cuñado.
María se retira y yo me quedo pensando en mi abuela.
¿Cómo estará?.
Busco el número de la clínica privada en mi móvil y llamo.
—Buenas noches, ¿me podría decir el estado de Zulema D' Marin?. Mm...su nieta, bueno prácticamente su tutora. Si, operación de cadera. ¿Mi Rut?. Claro, enseguida se lo doy.
.......
La abuela está bien. Con eso estoy más tranquila.
Me recuesto y me quedo dormida.
.........
Entre sueños, escucho la puerta. Me despierto y abro.
—Señora, he estado llamando hace un buen rato. La cena está lista. Por favor, baje a cenar.
—Voy enseguida.
Bostezando me cambio a pijama y bajo a cenar.
Estando abajo, veo sentado a un chico en la mesa serio y comiendo deprimente.
Me acerco y saludo.
—Buenas noches. Provecho con su comida.—el chico me sigue con la mirada mientras me siento.
—¿Tú eres la esposa de mi hermano?.—pregunta con recelo.
—Si, mi nombre es Ariana Dimarí. Usted debe ser el hermano de Caleb, ¿cierto?.—él se queda callado.
Bueno, tienen muchos rasgos parecidos. Y al parecer tienen el mismo genio.
Suspiro y comienzo a comer la cena servida.
El silencio reinaba en el comedor, pero aquel chico decide romperlo de una manera no muy sutil.
—Conozco muy bien a las mujerzuelas como tú. Solo buscas engatusar a mi hermano por el dinero de la empresa.—habla y bebe vino.
—¿Perdón?.—digo ofendida.
—Eso. Que a mujeres como tú no les importa nada más que el dinero. Por eso te diste en bandeja para ser la esposa de mi hermano. A ti no te importa la persona o la situación de Caleb, si no, lo que hay detrás, ¿no?. El dinero.
—Escucha, tú a mí, no me conoces. No hables sin saber.
—Es que si lo hago. Ariana Dimarí, tienes 22 años. Tu padre es dueño de una de las empresas más conocidas a nivel mundial. Lo malo, es que esa empresa está decayendo, por lo tanto, necesitas que alguien para que salve a la empresa de caer en quiebra. ¿No es cierto?.
No sabía aquella versión. ¿Qué debería hacer?.
Bien, me voy a hacer la ofendida. Ya casi termino mi plato, no pasaré hambre si me levanto ahora de la mesa.
—Me está ofendiendo. No voy a permitir faltas de respeto hacia mi persona. Si me disculpa, me iré a la habitación. —digo levantándome de la mesa.
—Ni siquiera duermes con Caleb, ¿te puedes llamar esposa?.
Le ignoro y sigo con mi camino.
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