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DONDE DUERMEN LOS LOBOS

DONDE DUERMEN LOS LOBOS

Status: En proceso
Genre:Hombre lobo / Padre soltero / Fantasía LGBT
Popularitas:1.5k
Nilai: 5
nombre de autor: nezhaN

Elías tiene 19 años. Pospone la universidad por la muerte de su hermana y se va a Moonvale a trabajar de bibliotecario de día y mesero de noche.

Una noche encuentra dos bebés abandonados en la biblioteca. Nadie los reclama. Si los deja, irán a un orfanato. Decide criarlos como suyos.

Lo que no sabe es que Lyra y Milo no son normales. Crecen muy rápido, aúllan a la luna y sus ojos brillan como lobos. Son hombres lobo, los últimos Alfa.

Ahora tiene que comprar una cabaña en el bosque, aprender a ser papá lobo, protegerlos de los cazadores del pueblo y no enamorarse del veterinario que le está ayudando a criarlos.

NovelToon tiene autorización de nezhaN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 8 - La carta

La encontré debajo de la puerta de la biblioteca. Un sobre blanco, sin nombre, con letra apurada.

Dentro había una sola hoja, doblada en cuatro. Decía: "Vete del pueblo con esos monstruos. No queremos otra camada. Sabemos lo que eres, Elías del moño".

No tenía firma. El papel olía a leña y a cerveza de El Ciervo.

Lyra y Milo dormían en la caja. Me até el cabello con fuerza, como si apretar el moño me diera valor, y guardé la carta en el bolsillo. No quería que la viera Marta cuando llegara.

En la biblioteca tengo un cajón donde guardo cartas de Elena. Ella me escribía cuando estaba en la ciudad. Nunca me dijo que pareciera niña por el pelo largo. Decía que me veía lindo.

Guardé la carta fea lejos de ese cajón. No quería mezclar.

Marta me había contado que en Moonvale antes hubo un chico con pelo largo que se fue porque no aguantó burlas. No quiero irme. Esta biblioteca es lo único mío.

A las nueve Marta llegó con leche y pan. Me vio la cara.

—¿Qué tienes?

—Nada —dije—. No dormí.

Me miró el moño, que hoy me había quedado tirante y alto porque me temblaban las manos.

—Te aprietas mucho el pelo cuando estás nervioso —dijo—. Se te nota.

—Estoy bien —mentí.

Silas olía a antiséptico y a bosque. Siempre huele así. Cuando se acercó a quitarme la carta de la mano, sentí calor en la nuca donde tengo el moño.

A las diez llegó Silas. Traía una bolsa con huesos para caldo. Me vio y no me preguntó. Me quitó la bolsa del mandado y me dijo:

—Muéstrame.

Saqué la carta y se la pasé.

La leyó una vez. La arrugó.

—¿Quién te dejó esto? —preguntó.

—No sé. Estaba debajo de la puerta.

—Voy a ir a El Ciervo y voy a preguntar quién escribe con esa letra —dijo, con la mandíbula apretada.

—No —le dije—. Si vas, va a ser peor. Van a decir que me defiendes porque...

—¿Porque qué?

—Porque andamos juntos —dije bajito—. Porque me haces moños y me enseñas a coser y duermes con los pies descalzos en mi patio cuando aúllan. Van a decir que...

—Que te quiero cuidar —cortó Silas—. Que lo digan.

Me quedé helado.

—Mamá, carta —dijo Lyra de repente, gateando hasta el papel arrugado y tratando de desenrollarlo con sus manitas con uñas negras.

Se la quité.

—No, mi amor —le dije—. Esto no es para jugar.

—Mamá —repitió ella, terca, y me abrazó la pierna—. No triste.

Milo se despertó y se puso a llorar porque tenía hambre. Su llanto no era humano hoy, era agudo, de cachorro.

Silas se agachó y lo tomó en brazos. Lo meció como si supiera.

—Mira, Elías —dijo—. Yo recibí cartas así cuando llegó mi hermano. Decían que lo escondiera, que era maldición. Mi familia les hizo caso. Lo escondieron y se enfermó más. No voy a dejar que te escondas tú.

—Yo no me escondo —dije—. Solo no quiero que hablen de mi pelo, de que parezco niña, de que me dicen mamá.

—Pero te dicen mamá porque te quieren —dijo Silas—. No porque parezcas niña. Te dicen mamá porque eres el que se queda. Yo también te diría mamá si me dejaras.

Se rió, pero lo dijo con ternura.

Esa tarde fui a El Ciervo a devolver unos libros. Don Héctor estaba detrás de la barra.

—Elías —dijo—. Te ves cansado. ¿Todo bien?

Saqué la carta arrugada y la puse en la barra.

—¿Conoce esta letra?

Don Héctor la abrió, la leyó y se puso rojo.

—No —dijo—. No es de acá. O sea, sí es de acá, pero no... mira, Elías, hay gente que no entiende. No les hagas caso.

—Ya me cuesta que no me miren el moño —dije—. Ahora me dejan esto.

Don Héctor salió de la barra y me puso una mano en el hombro. Olía a pino.

—Elías, yo tengo tres hijas y un hijo. Mi hijo mayor tiene el pelo largo también. Se lo ata. Al principio me daba vergüenza. Ahora lo entiendo. No es de niña, es de él. Tu moño es tuyo. No dejes que una carta te lo quite.

Fue la primera vez que Don Héctor no me habló de mi apariencia como chiste.

Volví a la biblioteca caminando rápido porque tenía frío. Silas había ordenado la leña y había dejado una nota en la mesa con su letra grande: "Hice más caldo. No leas cartas de gente que no sabe hacer moños. S."

Lyra y Milo jugaban con calcetines de cuero que habíamos hecho. Lyra me vio entrar y corrió en cuatro patas hacia mí.

—Mamá, upa —dijo.

La levanté.

—Papá —corregí automático, pero sin fuerza.

—Mamá linda —dijo ella, jugando con mi moño y dándome un beso en la frente. Su voz sonaba tan tierna que me dieron ganas de llorar.

Milo se agarró de mi pantalón y dijo:

—Mamá, no carta fea.

—Sí —le dije—. No carta fea. Ya la botamos.

Tiré la carta arrugada a la cocina a leña y vi como se quemaba lento. El papel se hizo negro, se enroscó y desapareció en ceniza.

Esa noche Silas se quedó a dormir en el suelo, cerca de la puerta, con una manta vieja. No dijo que era para cuidarnos de quien dejó la carta fea. Dijo que era porque hacía mucho frío en su cabaña.

Lyra y Milo se durmieron entre los dos, con sus cabecitas pequeñas apoyadas una en mi pecho y otra en el brazo de Silas.

—Mamá, papá —dijo Lyra medio dormida, señalándonos a los dos con su manita pequeña.

No la corregí.

Apagué la luz y por primera vez en mucho tiempo no me toqué el moño nervioso para asegurarme de que estaba bien atado.

Sabía que estaba firme y bien atado. Porque me lo había hecho alguien que me defendía siempre sin que yo se lo pidiera en voz alta.

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bruja de la imaginación 👿😇
🥰me gustó mucho está historia
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