Un amor apasionado nacido en medio de la guerra entre dos paises. La princesa Melany se enamora apasionada mente del tirano que juro odiar, por que nada es como parece
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Capítulo 14: El Frente de Batalla
El amanecer llegó cubierto por una densa niebla blanca que flotaba sobre las aguas heladas del Río del Alba. Los cuernos de guerra de Aethelgard retumbaron en el valle, seguidos por el rugido de miles de hombres preparándose para cruzar el cauce.
Desde las colinas imperiales, las trompetas de Solaria respondieron con un sonido metálico y profundo.
En el centro del valle se erigía el antiguo Puente de la Concordia, una estructura de piedra desgastada por los siglos que marcaba el límite exacto entre ambos reinos.
Sola, sin escolta armada a su lado inmediato, una figura avanzó lentamente por el puente desde el lado norte. Melany caminaba erguida, con la brisa invernal agitándole el cabello oscuro y el manto carmesí con el broche de plata del ciervo real reluciendo sobre su pecho. Dos pasos detrás de ella, manteniendo una distancia respetuosa pero alerta, caminaba el emperador Antonio, vistiendo su armadura de gala sin yelmo, mostrando su rostro al descubierto ante los ejércitos.
El murmullo que recorrió las filas de Aethelgard fue instantáneo y ensordecedor.
—¡Es la princesa! —gritaron los soldados de la primera línea en el bando sur—. ¡La princesa Melany está viva!
Desde el campamento de Aethelgard, un grupo de jinetes avanzó a toda prisa hacia el puente. Al frente cabalgaba un hombre de cabello cano, rostro desgastado por la aflicción y armadura real: el rey Esteban. A su derecha cabalgaba el general Valerius, un hombre de mirada adusta y expresión desencajada por la sorpresa y la rabia.
Las monturas del rey y sus oficiales se detuvieron a diez metros del centro del puente. Esteban desmontó torpemente, mirando a su hija con lágrimas en los ojos e incredulidad en el rostro.
—¿Melany...? —articuló el anciano rey con voz temblorosa—. ¡Hija mía! Nos dijeron que habías sido ejecutada en las mazmorras imperiales... Que este monstruo te había masacrado...
—¡Padre! —gritó Melany, dando un paso adelante y alzando las manos para mostrar que estaba libre de cadenas—. ¡Te han mentido! Jamás fui ejecutada ni maltratada. He estado en la capital de Solaria y he visto la verdad con mis propios ojos.
El general Valerius espoleó su caballo, colocándose al lado del rey con la espada desenvainada.
—¡Es una estratagema, majestad! —vociferó Valerius, señalando a Antonio con el acero encendido—. ¡La princesa está bajo el influjo de algún hechizo o está siendo amenazada por el tirano! ¡Soldados, avancen y rescaten a la heredera!
—¡Nadie dé un solo paso! —ordenó Melany con una voz imperiosa que resonó con la fuerza de una auténtica reina, haciendo vacilar a los oficiales de Aethelgard—. ¡General Valerius, la única traición que se ha cometido aquí es la suya! ¡Sé que usted y los ministros de la corte han estado vendiendo los suministros de nuestros soldados en el mercado negro mientras alimentaban esta guerra absurda para llenar sus arcas!
Las palabras de la princesa cayeron como un martillazo sobre las filas de Aethelgard. Los soldados comenzaron a mirarse unos a otros con murmullos de duda y consternación.