Hay sentimientos que nacen sin pedir permiso... y secretos que pueden cambiarlo todo
Ella nunca imaginó que conocer a aquella persona cambiaría su manera de ver el mundo. Entre miradas, conversaciones inesperadas y momentos que parecían insignificantes, comenzó a surgir algo que ella no se atrevía a reconocer
Pero todo no es tan sencillo como parece. Hay cosas que deben permanecer ocultas, emociones que cuestan admitir y secretos que, tarde o temprano, terminan saliendo a la luz
Mientras intenta descubrir qué significa realmente lo que siente, tendrá que enfrentarse a sus miedos, a las dudas y a las circunstancias que amenazan con separarlos
Porque aveces el amor más intenso es precisamente aquel que nadie puede conocer
¿ Hasta dónde estarías dispuesto a llegar para proteger un amor que debe permanecer en secreto?
NovelToon tiene autorización de Tina Nchama para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
La chica de las buenas notas
A Lucía Herrera nunca le había preocupado demasiado ser conocida. Mientras algunas chicas de su clase soñaban con convertirse en las más populares del instituto, con tener cientos de seguidores en sus redes o ser invitadas a todas las fiestas de fin de semana. Lucía prefería permanecer en un rincón tranquilo de la biblioteca con un libro entre las manos y sus apuntes perfectamente ordenados. No era por timidez, simplemente le gustaba la paz
Tenía 15 años y estaba cursando su último año de secundaria. Era hija única y vivía con su abuela materna desde que su madre se había mudado por motivos de trabajo. Fue una decisión difícil para las dos, pero en el fondo sabían que era lo mejor por el momento
Foto referencial de Lucía
Aunque echaba mucho de menos a su madre, su abuela siempre procuraba que en casa no le faltara cariño, ni comida caliente, ni un consejo sabio cuando lo necesitaba
Aquella mañana como de costumbre, Lucía se levantó temprano
- ¡Lucía, cariño! - la llamó su abuela desde la cocina - el desayuno ya está listo y se te va a enfriar
¡ya voy, abuela! - respondió Lucía mientras se peinaba rápido frente al espejo
Terminó de arreglarse, se puso el uniforme y bajó a desayunar... Comió tan rápido como pudo, tomó su mochila y salió rápidamente hacia el instituto
No era una chica especialmente popular. De hecho, muchas veces pasaba desaparecida entre los grupos grandes. No le importaba. Le gustaba la tranquilidad y no necesitar la aprobación de todos. Pero había algo que todos en el instituto conocían de ella sin excepción, Lucía era la mejor estudiante de su clase, sus notas hablaban por sí solas
En el aula su profesor tutor, Tomás, solía confiar plenamente en ella cuando necesitaba que alguien explicara un ejercicio a sus compañeros
Lucía, ¿puedes pasar a la pizarra y explicarnos cómo resolviste el problema número cuatro?. Nadie más a logrado hacerlo - preguntó aquella mañana
Ella asintió un poco nerviosa, y se levantó, sentía todas las miradas sobre ella, algunas con admiración y otras con envidia
Mientras resolvía el ejercicio, al fondo del aula, Rufino observaba en silencio con los brazos cruzados. Era el segundo estudiante con mejores calificaciones después de Lucía y, aunque nunca lo decía abiertamente, su mayor meta en la vida escolar era superarla algún día. Era su rival, pero un rival respetuoso
buen trabajo, Lucía. Como siempre, implacable. Un aplauso para ella - dijo el profesor Tomás
Toda la clase aplaudió. Cuando Lucía regresó a su asiento, intentando esconder su sonrisa, Rufino se inclinó hacia ella
- algún día voy a superarte, Herrera. Apúntalo. Voy a estudiar el doble - le susurró para que sólo ella lo escuchara
Ella sonrió sin tomarlo a mal, ya estaba acostumbrada a su competencia todos los días
- cuando quieras intentarlo, Rufino. pero tendrás que estudiar mucho más que el doble, yo no pienso dejar que me ganes tan fácil
Marta, Esther y Leticia, que estaban sentadas cerca escuchando, comenzaron a reír al escucharlos discutir como siempre
ustedes dos parecen estar compitiendo todo el tiempo - comentó Marta entre risas - parecen una pareja de viejos casados que discute por todo
- no estamos compitiendo - respondió Rufino rápidamente
claro que no. Para nada. Sólo hablamos de matemáticas
Todos volvieron a reír. A pesar de las bromas constantes, en el fondo se respetaban mucho
Entre todos sus compañeros, sin embargo, había dos personas con las que Lucía tenía una relación especialmente cercana y sincera. Eran sus dos mejores amigas desde la infancia. Carla y Sofía
Carla era espontánea, divertida, ruidosa, llena de energía y siempre conseguía convencer a Lucía a hacer cosas que normalmente no haría, como quedar después de clases a la plaza a comer helado
Sofía, en cambio, era su amiga más cercana, su confidente, su hermana del alma. Era tranquila, madura y muy buena escuchando. Con ella podía hablar prácticamente de cualquier cosa, de sus miedos más profundos y de sus sueños para el futuro
foto referencial de carla y Sofía
Durante el recreo, las tres se sentaron juntas en su banco de siempre, bajo el árbol grande del patio del instituto, donde les daba la sombra
¿ya terminaste los ejercicios de Matemáticas de mañana? - preguntó Sofía mientras abría su bocadillo - yo me quedé atorada en el último y no hay forma de que me salga
- hace rato que los terminé - respondió Lucía sacando su cuaderno para enseñárselo
Carla puso los ojos en blanco de forma exagerada y dramática
- por supuesto ¿cuándo no? Eres un robot. Un robot programado para sacar dieces
Lucía soltó una pequeña risa
no es mi culpa que ustedes dejen todo para último momento. Si estudiaran un poco cada día no sufrirían tanto
¡oye! - protestó carla riendo - yo trabajo mejor bajo presión. Soy mucho más creativa cuando estoy a punto de entrar en pánico y el examen es de cinco minutos
Sofía se echó a reír a carcajadas y las otras dos la siguieron. Así eran siempre
Aquella era la vida de Lucía
sencilla
tranquila
predecible
sin sobresaltos
Su madre estaba lejos, pero la sentía cerca, su abuela era su compañía y su hogar seguro, y sus dos mejores amigas hacían que el instituto fuera más llevadero y feliz
Lucía pensaba, con total seguridad, que aquel último año de secundaria terminaría exactamente como todos los demás. Sin grandes sorpresas, sin cambios, sólo estudiando
No sabía, no podía ni imaginar que estaba a punto de conocer a alguien que cambiaría por completo la manera en que recordaría aquel año para siempre
Mientras tanto, en otra parte de la ciudad, un muchacho acababa de comenzar una nueva etapa de su vida, también llena de dudas
Su nombre era Javier Torres, un chico de 18 años
Y sin saberlo, sin haberse visto nunca, el destino ya había comenzado a acercarlos poco a poco
aunque no sé cómo, por la distancia