The Seven Rubies: Volumen 2
VOLÚMEN 2 LEER PRIMERO EL VOLUMEN 1
Él Quiso Volver, Pero Ya Me Elegí A Mí Misma.
Helena Salles amó a Vicente Bittencourt en silencio durante diez años.
Por él, aprendió a tragarlo todo: las constantes críticas de su suegra Celina Bittencourt, las provocaciones de su cuñada Bianca Bittencourt, la audacia de mujeres que se decían «más adecuadas», y el veneno disfrazado de amabilidad en los círculos de la alta sociedad de Río de Janeiro.
En los eventos de la élite, sonreía incluso cuando la ignoraban. En las cenas de gala, fingía no escuchar los comentarios. En la prensa social, solo era una nota al pie —la esposa «tolerada» del heredero de los Bittencourt.
Helena soportó todo creyendo que, algún día, lograría tocar su corazón.
Pero lo que recibió a cambio fue el desprecio cada vez más abierto de Vicente. Como si su presencia no fuera más que un detalle incómodo dentro de su propia casa.
Hasta que algo dentro de ella se rompió. Ya no quedaba amor —solo agotamiento. Y ya no quería estar atada a un hombre que nunca la eligió de verdad.
El día de la boda, ante el altar y bajo la mirada de toda la élite carioca, Helena respiró hondo por primera vez en años sin miedo.
Y dijo con firmeza:
— No acepto.
SOY LA SUEGRA De Mi EX Prometido.
Aleska es una jovencita ilusionada con su boda, con una vida de amor y felicidad, pero llega la traición, la peor de todas.
Su prometido la vende a mafiosos, ¿la razón?, quiere deshacerse de ella lo más rápido posible, ha conseguido enamorar a una niña rica, la cual quiere que termine lo más rápido con esa pobretona. Pero cuando ella había perdido las esperanzas, algo extraño pasa, ¿una coincidencia?, ¿algo planeado?, nadie lo sabe, o tal vez solo una persona lo sepa.
LAS LUCES QUE DEJAMOS ENCENDIDAS
La lluvia había empezado antes del amanecer. No era una tormenta fuerte, ni una de esas lluvias dramáticas que parecen anunciar tragedias. Era una lluvia suave, persistente, como si el cielo estuvier
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Anatomíaㅤㅤﶧ᳟ﺬ𝔷ㅤㅤۣ♰㎽㎒ㅤde unㅤ𝟬꯭𝟬𝟱‰ۣㅤMosaicoㅤ⬚⬚⬚ㅤㅤㅤ.Roto
La penumbra de la habitación no era un accidente; era una elección. Mateo se sentaba cada noche en el borde de su cama, con las manos entrelazadas y los ojos fijos en el suelo de madera, donde las som
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A ras del asfalto
A las cinco de la mañana, cuando la ciudad todavía bostezaba detrás de las persianas cerradas y el primer autobús recorría avenidas casi vacías, Julián ya estaba despierto. No necesitaba despertador.
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La última carta que no quemé
No te llamé. No fui a tu casa. No miré tus historias en Instagram durante 47 días. Fue un gran récord. El día 48, a las 2:13 a.m., me encontré escribiéndote otra vez. No una carta. Cien.
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