Ya camino a la fiesta, Isabella iba pensando en todo lo que los sirvientes de la mansión Belgrave habían dicho, las penurias que pasaron y no olvidar en el estado en que los había encontrado, los rostros marcados de las por el mal tiempo. Isabella tenía el ánimo por los suelos, sentimientos encontrados; la furia e impotencia invadía su ser por haber dejado que su primo lejano hiciera mal uso del título y sobre todo el descuido y maltrato sufrido por los sirvientes, ellos que eran lo más cercano a una familia. Su nana y todos los demás sirvientes siempre desviviéndose porque ella estuviera feliz y contenta, siempre fu así hasta los 16 …
Como la casa del duque estaba a día y medio viajando cómodamente y haciendo paradas continuas, Isabella decidió irse relajadamente puesto que el objetivo no se movería, tenía planeado llegar al atardecer.
Durmió en una posada muy amena y limpia, esa noche no pudo descansar puesto que no le gustaba estar rodeada de muchos desconocidos y sin haber asegurado el perímetro, la vida le había enseñado que nada era lo que parecía y nada pasaba por casualidad, no obstante nada paso esa noche.
A la mañana siguiente desayunaron y se pusieron en marcha para llegar a la casa del duque de Albarans.
Casi al llegar a la casa del duque, ella notó como el paisaje había cambiado, arboles, buen follaje, un clima húmedo, el sendero del rio y su serpentina forma, - buen lugar para descansar- pensó Isabella – terminando la misión, buscare una casa para vivir y pasar el invierno en este lugar, sería ideal para estar lejos del nido de arpías londonienses.
-Querida ya vamos a llegar, dime ¿cuál es tu plan para presentarte en esa casa?- le cuestionó Carmela
-Pues… la humildad abre puertas querida, y esa es la carta que jugaremos por el momento, además si el duque tiene alguna objeción, su invitación nos respalda, y dado que no le gusta parecer tonto, se dará por satisfecho con nuestra invitación.
-Bien al viejo no le gusta pasar por tonto pero tampoco que lo tomen por tonto, habrá que tener cuidado, ahora dime que haré yo ahí, aparte de hacerla de chaperón que toma en cuenta que esa excusa ya no te funcionará, pronto dejará de servir esa excusa.
-Como el duque es estirado hasta la medula, te harás le enferma u ofrece tus servicios para llevar las riendas del evento, como prefieras y se te facilite para averiguar información de utilidad.
-¿cuál es tu plan?
-Simple, hacerme la tonta con dinero de sobra necesitando buenas ideas o mercados en que invertir...
El sol rayaba en el horizonte cuando arribaron a la mansión, el momento había llegado, el carruaje paro en las puertas, el lacayo Víctor, pirata de la embarcación del Hades, bajó y las ayudo a bajar del carruaje, Isabella con invitación en mano, camino hacia la entrada donde se encontraba Lady Georgina y el Duque.
Caminando hacia la entrada Isabella noto la hostilidad de la persona mayor, era de tez blanca con manchas por la vejez, ojos grandes y grandes ojeras, alto y por primera vez Isabella pensó que el duque realmente se merecía el papel de villano, era feo como el solo...
Georgina palideció al ver a Lady Isabella bajar del carruaje y el duque se mostró desconcertado y un poco molesto por la osadía de la joven que arribaba a la entrada de su casa, él no recordaba haber invitado a ninguna mujer más que las dos jóvenes floreros que harían compañía a su sobrina manteniéndola ocupada en lo que el ideaba su plan.
-Te dije que no invitarás a nadie!, reprimiéndola de manera muy tajante.
-Yo no he sido su excelencia, contesto Georgina pesarosa.
-Hum!! Exclamó el duque enojado
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