Mientras Mateo luchaba por mantener el control de sus emociones durante las clases de Naturopatía, en su vida personal también se presentaban otros desafíos.
Un día, mientras caminaba por los pasillos del campus, se encontró con Ander, que parecía un poco nervioso.
"Hola, Mateo. ¿Tienes un momento?" preguntó Ander, con una expresión tímida.
Mateo le dedicó una cálida sonrisa. "Claro, Ander. ¿Qué sucede?"
Ander se acercó un poco más a él. "Bueno, yo... Quería agradecerte de nuevo por tu apoyo. Ha sido realmente importante para mí tener a alguien en quien confiar".
Mateo le palmeó suavemente el hombro. "Me alegra poder ser ese apoyo para ti, Ander. Sabes que puedes contar conmigo siempre".
Ander asintió, visiblemente más relajado. "Sí, lo sé. Y también... Quería pedirte un consejo".
Mateo lo miró con atención. "Claro, Ander. Dime en qué puedo ayudarte".
Ander tomó una profunda respiración antes de continuar. "Bueno, es que... Hay un chico en mi clase de Psicología Aplicada que me gusta. Y no sé cómo acercarme a él".
Mateo sintió una onda de empatía recorrerlo. "Entiendo, Ander. Sé lo abrumador que puede ser dar ese primer paso".
Ander asintió, con una expresión nerviosa. "Sí, exacto. No quiero equivocarme y arruinarlo todo. ¿Tienes algún consejo que puedas darme?"
Mateo lo pensó por un momento, recordando su propia experiencia. "Bueno, Ander, lo más importante es ser auténtico y estar preparado para enfrentar cualquier posible rechazo con madurez".
Ander lo miró con atención. "¿A qué te refieres?"
Mateo le dedicó una sonrisa alentadora. "A que debes ser tú mismo, Ander. No trates de fingir ser alguien que no eres. Si el chico que te gusta no puede aceptarte por quien eres, entonces tal vez no vale la pena intentarlo".
Ander asintió lentamente. "Tienes razón. Supongo que tengo miedo de que me juzguen o me rechacen".
Mateo colocó una mano en su hombro. "Entiendo, Ander. Pero debes recordar que tu identidad es valiosa y hermosa. Si ese chico no puede verlo, entonces es su problema, no el tuyo".
Ander esbozó una pequeña sonrisa. "Gracias, Mateo. Realmente necesitaba escuchar eso".
Mateo le devolvió la sonrisa. "Cuando quieras, Ander. Estoy aquí para apoyarte en lo que necesites".
Después de esa conversación, Mateo se sintió un poco más ligero. Saber que podía ser un apoyo para Ander en su propio proceso de autodescubrimiento y aceptación le daba una sensación de propósito.
Mientras tanto, en las clases de Naturopatía, Mateo seguía esforzándose por mantener la distancia con el profesor Castillo. Cada vez que Sebastián hablaba, Mateo se concentraba en tomar apuntes y participar activamente, evitando dejar que su mirada se desviara hacia él.
Una tarde, después de una de las lecciones, Sebastián se acercó a Mateo con una expresión seria.
"Señor Fernández, ¿podría quedarse un momento? Tengo algo que discutir con usted", dijo Sebastián, con tono formal.
Mateo sintió cómo su corazón se aceleraba, pero asintió con calma. "Por supuesto, profesor Castillo. ¿Qué puedo hacer por usted?"
Sebastián lo miró con una expresión serena. "Mateo, quería informarle que he hablado con el director sobre la posibilidad de que usted cambie de profesor para la próxima asignatura de Naturopatía".
Mateo lo miró con sorpresa, sintiendo cómo un nudo se formaba en su garganta. "¿Cambiar de profesor? Pero, ¿por qué?"
Sebastián suspiró suavemente. "Mateo, creo que sería lo mejor para ambos. Mantener una relación puramente profesional se ha vuelto cada vez más difícil, y no quiero que eso afecte su educación".
Mateo se mordió el labio inferior, luchando por mantener la calma. "Pero, profesor Castillo, yo... Yo no quiero cambiar de profesor. Usted ha sido un mentor invaluable para mí".
Sebastián lo miró con comprensión. "Entiendo, Mateo. Créame que tampoco ha sido una decisión fácil para mí. Pero creo que es lo mejor para que usted pueda concentrarse en su aprendizaje sin distracciones".
Mateo sintió cómo las lágrimas amenazaban con brotar de sus ojos. "Pero, profesor, yo... Yo no quiero perder esa conexión que hemos construido. Usted es tan importante para mí".
Sebastián se acercó un poco más a Mateo, con una expresión serena. "Mateo, le aseguro que nuestra conexión académica seguirá siendo importante para mí. Pero debemos mantener las cosas en un nivel profesional, por el bien de ambos".
Mateo asintió lentamente, sintiendo cómo el peso de la situación lo abrumaba. "Entiendo, profesor. Si usted cree que es lo mejor, entonces lo aceptaré".
Sebastián le dedicó una mirada comprensiva. "Sé que no es fácil, Mateo. Pero confío en que podrá adaptarse a este cambio y seguir destacando en su educación".
Mateo se esforzó por contener las lágrimas. "Haré todo lo posible, profesor Castillo. Gracias por su guía y su apoyo hasta ahora".
Después de despedirse, Mateo se dirigió a su dormitorio, sintiendo cómo su corazón se partía en pedazos. Había luchado tanto por mantener esa conexión con Sebastián, y ahora se veía obligado a alejarse de él.
Cuando llegó a su habitación, se encontró con Emma, que lo miró con preocupación al ver su expresión afligida.
"Mateo, ¿qué sucede? ¿Estás bien?" preguntó Emma, acercándose a él.
Mateo se dejó caer en su cama, incapaz de contener las lágrimas por más tiempo. "Oh, Emma, es terrible. El profesor Castillo... Él quiere que cambie de profesor para la próxima asignatura de Naturopatía".
Emma lo miró con sorpresa. "¿Qué? ¿Por qué haría eso?"
Mateo le contó todo lo que había sucedido, sintiéndose abrumado por la emoción. "Dice que es lo mejor para que yo pueda concentrarme en mi aprendizaje sin distracciones. Pero, Emma, yo no quiero perder esa conexión con él".
Emma lo abrazó con fuerza, tratando de reconfortarlo. "Oh, Mateo”.
:(
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