Capitulo 20

Era sábado por la tarde y Mateo se encontraba en el supermercado, haciendo las compras semanales. Después de la conmocionante propuesta del profesor Castillo, había decidido mantener la distancia y enfocarse en sus estudios y su vida personal.

Mientras revisaba su lista de compras, Mateo se detuvo frente a la sección de productos lácteos, intentando decidir qué leche debía llevar. Justo en ese momento, escuchó una voz familiar que lo hizo congelarse en su lugar.

"¿Mateo? ¿Eres tú?"

Lentamente, Mateo se giró y se encontró cara a cara con el profesor Castillo, quien lo miraba con una expresión de sorpresa.

"Profesor Castillo... qué... qué sorpresa encontrarlo aquí," balbuceó Mateo, sintiendo cómo el corazón le latía con fuerza.

Sebastián le dedicó una sonrisa amable, aunque Mateo pudo notar cierta tensión en sus ojos. "Vaya, qué casualidad toparnos aquí. ¿Estás haciendo las compras?"

Mateo asintió, sintiéndose repentinamente incómodo. "Sí, bueno, es sábado y necesitaba surtir la despensa."

Sebastián lo miró con atención, como si intentara leer a través de él. "Ya veo. ¿Te importa si te acompaño por un rato? Me vendría bien algo de compañía."

Mateo dudó por un momento, recordando la conversación que habían tenido en la cafetería. "Eh, bueno, yo... no sé si sea apropiado, profesor."

Sebastián levantó una mano, tranquilizándolo. "Tranquilo, Mateo. No voy a presionarte. Solo me gustaría charlar contigo, si es que lo permites."

Mateo lo miró con incertidumbre, pero finalmente accedió, sintiendo que no podía negarse sin parecer grosero. "De acuerdo, supongo que no hay problema."

Juntos, comenzaron a recorrer los pasillos del supermercado, un incómodo silencio llenando el espacio entre ellos.

Mientras Mateo revisaba los estantes, Sebastián lo observaba con atención. "Dime, Mateo, ¿cómo has estado? ¿Cómo van tus estudios?"

Mateo se esforzó por mantener la calma. "Bien, bien. Todo está marchando según lo planeado. Estoy muy enfocado en mis clases y en mantener mis calificaciones."

Sebastián asintió, con una expresión seria. "Me alegro de escuchar eso. Sabes que siempre puedes contar conmigo para lo que necesites."

Mateo se mordió el labio, sintiendo cómo la incomodidad crecía dentro de él. "Sí, lo sé. Gracias, profesor Castillo."

Sebastián lo miró con detenimiento. "Mateo, ¿hay algo que te esté molestando? Pareces un poco tenso."

Mateo se tensó aún más, preguntándose si debería abordar el tema de la propuesta. "No, no es nada. Solo estoy un poco distraído con las compras, eso es todo."

Sebastián asintió, aunque Mateo pudo notar cierta duda en su mirada. "Entiendo. Bueno, si necesitas hablar de algo, sabes que puedes confiar en mí."

Mateo asintió brevemente, sintiéndose cada vez más incómodo. Continuaron caminando en silencio por unos minutos, hasta que Mateo llegó a la sección de caja.

Cuando sacó su billetera, se dio cuenta con horror que había olvidado su dinero en la residencia. "Oh, no. Yo... parece que he olvidado mi dinero."

Sebastián lo miró con preocupación. "¿Olvidaste tu dinero? ¿Cómo piensas pagar las compras entonces?"

Mateo se sintió abochornado, sin saber qué hacer. "Yo... no lo sé. Tendré que regresar a la residencia y volver más tarde."

Sebastián lo detuvo, sacando su billetera. "No te preocupes, Mateo. Déjame ayudarte con esto."

Mateo lo miró con sorpresa. "¿Qué? No, profesor Castillo, no puedo aceptar eso."

Sebastián le dedicó una mirada comprensiva. "Insisto, Mateo. Déjame cubrir tus compras por esta vez."

Mateo se sintió tentado a aceptar, pero recordó la propuesta que Sebastián le había hecho anteriormente. "No, de verdad, no puedo aceptarlo. Será mejor que vuelva a la residencia."

Sebastián lo miró con una expresión inescrutable. "Mateo, por favor, no seas terco. Déjame ayudarte. No es nada del otro mundo."

Mateo negó con la cabeza, sintiéndose cada vez más incómodo. "Lo siento, profesor Castillo, pero no puedo aceptar su ayuda. Será mejor que me vaya."

Sin esperar respuesta, Mateo se apresuró a salir del supermercado, sintiendo cómo la ansiedad lo invadía. No podía permitirse aceptar nada de Sebastián, no después de lo que había sucedido.

Mientras caminaba de regreso a la residencia, Mateo se preguntaba si había hecho lo correcto. ¿Habría sido mejor aceptar la ayuda de Sebastián en esta ocasión? Pero la desconfianza y la decepción que sentía eran demasiado fuertes.

Una vez en su habitación, Mateo se dejó caer sobre la cama, sintiéndose abrumado por toda la situación. Sabía que tendría que enfrentar a Sebastián en algún momento, pero por ahora, lo único que deseaba era mantener la distancia y enfocarse en sus estudios.

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