Sirius no tenía muchos recuerdos de su juventud, la mayoría de ellos los había enterrado como si nunca hubieran existido.
Y sobre todo lo referente a la academia de portadores, era algo que mantenía en su mente llena de neblina. Desde que abandono a su familia sus únicos objetivos eran el poder y causar un caos en el mundo que tanto detestaba.
Sin embargo, al entrar nuevamente a la escuela no pudo evitar ser más consciente del lugar donde estaba. Lo único recordaba eran las muchas pruebas a las que sometió para alcanzar la cima qué era lo más importante en la escuela. Ahí se te daba un número que se refería a tu jerarquía de acuerdo a los demás alumnos.
Se evaluaba mediante combates y pruebas de conocimiento que sumaban o restaban puntos que te hacían subir o bajar en el top general.
La escuela trataba de no discriminar de acuerdo al origen de sus alumnos, mostrándoles que lo más importante y lo que podría darles un mejor estatus una vez salieran de la escuela era el “Poder".
La academia Soles como se llamaba contaba con 100, ni más ni menos, de los cuales los 30 mejores se graduaban cada año y al mismo tiempo que los mejores alumnos salían, había una gran cantidad se postulaba como candidatos de los cuales solo eran aceptados 30.
Los candidatos un total de 50 cada cierto tiempo tenían que pasar por dos pruebas para lograr entrar, una teórica y otra práctica, es decir combate y examen escrito. Aunque el poder era valorado como lo más importante, el conocimiento teórico del alma también era crucial por lo que en el top también entraban los eruditos aunque no fueran combatientes había algunos de alto rango que apenas y habían despertado la etapa básica espiritual.
Sirius había llegado a la academia de portadores usando el anillo de Wencell Pall para ocultar el color de su aura, tenía algo de dudas y en un principio había planeado no entrar en aquel lugar, ya que muchos de los maestros eran portadores de alto nivel en especial uno que era de los más fuertes actualmente.
Decidió dejarlo todo a la suerte, cosa que no le gustaba, pero al enfrentarse con aquellos dos monstruos supo que tenía que fortalecerse pronto o sería aplastado no solo por la amenaza del héroe.
...
En un patio blanco rodeado por paredes tan altas que no se lograba ver su fin, fueron llevados los aspirantes a la academia, reunidos los 50 como Sirius lo recordaba. Solo que hubo una variante que no se esperaba y que debió ser causada por la casualidad del destino que Sirius había provocado con su retorno en el tiempo.
El villano apartado de todos los demás aspirantes se mantuvo oculto a la espera del comienzo de la prueba de los instructores. No miro a nadie y nadie quiso verlo pues lo reconocía como una persona infame que usaba el poderío de su familia de manera viciosa para acosar a los débiles.
Dentro del lugar había al menos otros 3 pertenecientes a las 7 grandes familias. Uno era David Rales el joven varón de su linaje, un talento dotado con un nivel de aura más grande de la mayoría en el futuro se volvería en un elementista capaz de usar los cuatro elementos básicos. Otro era Rafael Villanueva el experto en combate físico, el genio guerrero qué en poco tiempo llegó a ser de los más fuertes de la academia, además de ser popular entre mujeres y hombres por su aspecto y modales caballerescos.
La última y quisas la más increíble era Sofía De Dolr la hija de la familia considerada más poderosa entre las 7, ella una portadora perfecta tanto en combate como en conocimientos, durante su periodo en la academia estuvo invicta, ni siquiera los alumnos de más tiempo pudieron derrotarla. Ella se volvió en la general del ejército de la humanidad principal, la cual libro muchos triunfos en contra de demonios y monstruos. Sofía la mujer que sería reconocida como santa por heredar una alma blanca. Esta mujer sería la que más adelante condenaría a Sirius a ser perseguido como un criminal de la humanidad. Ella era otra amenaza para su supervivencia. Ya desde le principio sintió la mirada de la joven que lo veía con desprecio al conocer sus antecedentes.
(Alma blanca y roja son enemigos naturales supongo je, je, je)-Pensó Sirius sonriendo
Como sea no le gustaba estar en la misma habitación que esos tipos, pero al menos no estaba el más molesto de todos o eso creía.
-Señor Sirius... Digo Sirius, yo Rebecca lo saludo - Dijo una voz débil
Sirius volteo a ver con sorpresa a su prometida, era imposible que ella estuviera ahí cuando ni siquiera había despertado su aura. Según recordaba en la otra vida ella no entró hasta un año después cuando obtuvo su despertar, ya que no tenía confianza en sus habilidades.
¿Cómo podría estar freten a él ahora mismo?
Pero algo más escalofriante se sumó cuando a sus espaldas apareció Anton resguardado a la joven dama.
-¿Qué haces aquí? - Preguntó de manera bruta
-yo... bueno, esto verá vine
-Ni siquiera has pasado por tu despertar, eres débil no deberías estar aquí-Dijo incrédulo Sirius
-Oye ¿Qué es esa aptitud? - Preguntó Anton defensivo
-¿Ah? - Dejo escapar molesto Sirius
-No, no tranquilo Anton, discúlpelo Sirius, él es mi guardia personal dado por mi familia para cuidarme y Anton él es Sirius Palacios mi prometido por favor no seas irrespetuoso - Dijo temblando Rebecca
-No me has respondido ¿Qué haces aquí con tus bajas habilidades? - Volvió a increpar Sirius ignorando apenas a Anton
La chica pareció reunir todo el valor que su corazón podía dar y aunque su cara se puso roja como la de un tomate logro responder.
-Por supuesto he venido por usted
Sirius se quedó helado, no entendía la situación.
-Sé que aún no he pasado por un despertar, pero esta dama aún está confiada en sus conocimientos teóricos y espera conseguir grandes logros en la academia... Es lo poco que puedo hacer como su futura esposa para no quedarme atrás
En su interior Rebecca quería caer de espaldas había llegado a su límite. Era ciertamente débil de temperamento, nunca tuvo una razón para luchar en la vida, su familia la consideraba inútil y no esperaba nada de ella. Pero al creer que Sirius la reconocía realmente como su prometida y futura esposa decidió esforzarse para no ser dejada atrás, es decir le quería ser útil.
Esto claro el viejo/joven villano no lo comprendió al ser alguien solitario que jamás conoció tal sentimiento de simpatía, por lo que las palabras y acciones de Rebecca no hicieron más que irritarlo al ponerlo en una situación complicada. Ya de por sí Anton pese a entrar un año tarde que él logró sobrepasarlo con facilidad, no se sabía ahora que alturas podría alcanzar al estar a su par en tiempo.
-¡La prueba de combate está por iniciar! - Dijo una voz robótica que hizo eco en todo el espacio
Ya no había más tiempo de pensar las cosas.
-Me retiro señor cof, cof Sirius aunque yo no participaré en los combates Anton si lo hará... Le deseó toda la suerte
Dicho eso Rebecca se marchó junto con Anton qué apenas y volvió a mirar a Sirius.
Sirius suspiro sabiendo que los dioses eran crueles con su destino. En alguna parte del mundo seguramente alguien se estaba burlando de su situación.
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paulet
amo
2025-03-12
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