Hubo un corto silencio. Luego le retiraron la escopeta de la cabeza a Kristen.
—Este sitio no es para caza de animales, es privado. Lárgate.
«Esto está yendo mal», Kristen sintió algo de incomodidad.
—¿Cómo me quito esto? —La mujer detuvo sus pasos. Iba vestida con un vestido marrón con tiras y una camiseta abajo, traía una botas gruesas, perfectas para combatir con el frío.
—¿Niña, tengo cara de tonta? He olido veneno y he visto que traes dagas ¿Eres otra más? Pues si quieres sumarte a la pila de cadáveres, con gusto acepto.
La sangre de Kristen se heló. Se suponía que esa misión era fácil, pero, ya se imaginaba que Aine cambió esa parte. La mirada de esa mujer era como la de alguien que ya había arrebatado incontables vidas, fría y sin nada de sentimientos. En unos años estaré así, pensó Kristen.
Kristen se quitó la trampa y la tiró a su lado. Se levantó dispuesta a correr y la mujer preparó su escopeta, se tomó su tiempo como un tigre que asechaba a un venado, hizo todo en silencio. Kristen no miró atrás, sabía que si se salvaba de esta era pura suerte, o alguna divinidad le había ayudado.
La bala impactó en la espalda de Kristen y cayó rodando por la colina, llegando al pie del río. Ella se incorporó mostrando una mueca de dolor y apretó sus dientes para no gritar. Kristen se puso de pie y volvió a correr, ella se escabulló entre los árboles. Cuando notó que había perdido a la mujer, se dejó deslizar por un árbol hasta sentarse en el suelo. En eso escuchó un sonido de la brisa cortándose, movió la cabeza a la izquierda y al lado de su cabeza miró una flecha clavada en el árbol. Se levantó y observó a la mujer en lo alto, quien ya comenzaba a preparar otra flecha
«Voy a morir, estoy segura de que moriré», Kristen no dudó en volver a huir.
Su corazón retumbó en sus oídos, su audición se vio afectada por eso. Y de tanto correr Kristen estaba sudando bastante, su vista se comenzaba a poner borrosa y las heridas le estaban haciendo efecto ahora que la adrenalina iba disminuyendo.
Cayó al suelo cansada, frente a ella se posicionaron esas feas botas.
—Eres buena corriendo, ratoncita. ¡Qué mal!, en unas horas morirás debido al veneno, por muy asesino que seas no podrás resistirte contra esta preciosura. —La mujer se agachó y le mostró el frasco a Kristen. —¿Bonito, verdad? Dulces sueños.
Las botas se alejaron y Kristen empezó a sentir dolor en todo el cuerpo. Sentía mucha picazón dentro de los ojos. Escupió al suelo. Las venas comenzaron a aparecer en su rostro y en todas partes de su cuerpo, ya no era pálida, sino que, estaba morada.
Jadeaba bastante.
Los ojos de Kristen se volvieron más profundos, ya no parecían rojos, más bien se pusieron carmesí.
Tomó una botella de elixir de sanación. Agradeció que esa perra no le había robado nada, o sino, estaría en problemas si no curara esas heridas. Sacó vendas de la mochila y después de limpiar las heridas las vendó.
La noche llegó y ella acampó en mitad del bosque, dejó el sitio de antes y se metió más en la profundidad del bosque. En una cueva exactamente, allí pasó la noche, con una fogata y con las hormigas por compañera.
Con eso afuera, su cuerpo sanó más rápido de lo normal. Solamente seguía la herida de la pierna debido a su profundidad.
Esa noche Kristen la pasó peor que otras noches, no solamente por las pesadillas, sino también por las hormigas y los molestos sonidos de la noche. Además, sintió miedo al sentirse observada dentro de la cueva, había más por explorar, pero, ni loca se iba a aventurar más lejos.
Tuvo una extraña pesadilla, una mujer con cabellos de serpientes, se le había subido encima de ella, hizo moviendo circulares sobre su abdomen.
Despertó en mitad de la noche y luego de eso no volvió a pegar un ojo nuevamente, no sentía sueño y tampoco podía hacerlo, ya que, dentro de su cabeza era como si estuviera en una calle concurrida, llena de voces y a ninguno se le entendía nada de lo que decían.
Ya amaneciendo y con su estado mejor, salió de la cueva, esta vez prestando más atención a sus alrededores. Tuvo cuidado de no pisar nada que alarmara de su presencia y mucho menos caer en una trampa nuevamente.
Y después de que dio vueltas por la zona divisó una casa de madera en una subida. Kristen observó el humo saliendo de la chimenea.
«Te encontré», Kristen formó una sonrisa mientras se acercaba en silencio.
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Comments
Alberto Herrera Gómez
tropiezancon la misma piedra 2 veces jejejeje
2024-05-16
2