ARIANA
Ha pasado un par de meses desde que regresé a Los Ángeles. He ido pocas veces al hospital a ver a Sebastián, cada vez que voy siento que no puedo con tanta carga emocional y me descompenso. El único que sufre es el bebé.
Joan ha llamado varias veces pero al final no contesto sus llamadas.
Mi mamá tocó la puerta.
— Hija, ha venido Cecilia y Joan.
— Le dije que no quería que vinieran.
— No seas mal educada. Si han venido es porque te aprecian. Venir de Roma a Los Ángeles es un viaje pesado y lo hacen por ti.
— Es que no quiero ver a nadie.
Mi mamá salió del cuarto. A los poco minutos mi mamá abría la puerta para que Joan entrará.
Joan entró y cerró la puerta. Se quedó de pie viéndome. Estaba hecha un desastre.
— Te dije que no vinieras— aparté la vista.
— Yo se. Y tuve una lucha interna por si venía o no.
Joan se acercó a la cama y se sentó en el borde.
— Tienes un rostro cansado. ¿Cómo te sientes?
— ¿Cómo crees que me siento? Triste, sin sentido, siento que vivo a la fuerza.
— ¿Tú bebé cuando nace? Tienes la barriga grande.
— En dos semanas supuestamente. Puede que nazca antes.
— Pronto conocerás al verdadero amor de tu vida. Tienes una cita a ciegas pronto.
— Si.
— ¿Puedo darte un abrazo?
Lo vi a sus ojos. Me senté en la cama.
— No se.
Joan extendió su mano a mi rostro y lo acarició.
— Tienes un rostro cansado, tu mirada triste y sin brillo. Tienes la cara más delgada.
— No me toques— lo vi con el entrecejo fruncido.
— Perdón por tocar tu cara.
Se acercó y me abrazó. En cuanto me abrazó, me puse a llorar. Así pasamos como unos quince minutos.
Él me abrazaba y acariciaba mi cabello tratando de consolarme.
Mi mamá abrió la puerta, venía con doña Cecilia. Se quedaron viéndonos sin palabras el vernos abrazados, yo llorando y Joan consolándome. Ellas no entraron y cerraron la puerta, dándonos un tiempo más a solas.
— Tu mamá se enojara conmigo.
— Joan. Gracias y perdón por mojar tu camisa con mi lágrimas.
— Lágrimas y mocos pero está bien. Si te hace sentir mejor no me importa ser tu hombro.
— Perdón por los mocos. Voy a buscar una toalla para limpiarte.
— No. Tranquila. No pasa nada.¿Quieres ir a saludar a mi mamá?
— Si.
Nos levantamos de la cama. Joan me abrazó denuevo.
— Vamos Joan.
Salimos del cuarto y fuimos a la sala.
— ¿Cómo estás Ariana?
— Doña Cecilia, No debieron viajar.
— Joan quería verte y cuando se le mete algo en la cabeza no hay quien se lo quite. Además, quería verte. Ya estás a punto de parir.
— Si. ¿Cuanto tiempo se quedan? Si no es de mala educación preguntar.
— Un par de semanas como máximo— expresó Joan.
— Aunque Joan quisiera quedarse más tiempo— doña Cecilia subió una de las cejas.
— ¿Ya están hospedados en algún hotel?— Preguntó mi mama.
— No.
— Quédense. Le diré a una de las empleadas que preparen dos cuartos de huéspedes.
— No hay necesidad — dijo doña Cecilia.
— Esta bien. Aceptamos su invitación— dijo Joan— No hay que rechazar su hospitalidad mamá.
Prepararon los cuartos para Cecilia y Joan. Cuando mi padre supo que estaban aquí vino inmediatamente a la casa para saludarlos.
Me sentía cansada emocional y físicamente. Me fui a mi cuarto dejándolos en la sala. Ellos se pusieron a platicar de todo, se veían alegres mientras que yo me sentía fuera de lugar.
Con Sebastián me sentía resignada. Al nacer mi hijo, Sebastian sería desconectado así dejarlo descansar porque su alma y su espíritu ya no estaba. Era como un cascarón obligado a vivir.
Pasaron un par de días. Estaba dándome un baño cuando rompí fuente y empezaron las contracciones.
— MAMÁ — grité.
Caí de rodillas por el dolor.
—Ariana, ¿estás bien? ¿Puedo pasar?— Joan preguntaba.
— Ayúdame. Rompí fuente y me duele.
Joan entró al baño. Estaba desnuda. Él me ayudó a levantarme. Su cara estaba roja.
— No es momento para sonrojarse. Nunca has visto una mujer desnuda. Llévame al hospital— me puse una pijama de vestido.
— No es eso.
Joan me cargó en sus brazos del cuarto a la sala. Buscó a mi mamá pero había salido con Cecilia.
— No hay nadie en la casa. Voy a parar un taxi y tú me dices a qué hospital vamos.
Detuvo el taxi. Le di la indicación al taxista.
— Ay Dios, estoy nervioso. No se qué hacer. No trajimos nada para el bebé.
— Ya le envié un mensaje a mi mamá, ella lo traerá.
Llegamos al hospital. Me llevaron a una habitación. Me puse la bata de hospital. Las contracciones iban y venían con más intensidad y más seguidas. Joan estaba conmigo. Me tenía abrazada.
— Ya no aguanto.
Entró una doctora.
— Puede salir voy a revisarla— Joan salió.
La doctora me revisó.
— Ya estás lista para ir a quirófano. Le diré a la enfermera que la lleve.
La doctora salió y entró Joan, lo tomé de mano y se las apretaba en cada contracción. Entró la enfermera y me llevo al quirófano.
— Puede entrar para el parto humanizado— le dijo la enferma a Joan.
— No, no, no. Aquí espero.
— Así le dará apoyo moral a su esposa.
La verdad no le ponía mente lo que le decía la enfermera a Joan. Los dolores me abrumaban. Joan entró al quirófano para el parto. Me tomó la mano y yo las apretaba con tanta fuerza cuando pujaba. Él me veía un poco asustado y preocupado. Estuve una hora pujando hasta que el bebé logró salir.
Sentía que la garganta me dolía, la tenía seca de tanto gritar, me dolía toda mi parte inferior, me sentía mareada y agotada. La enfermera le puso el bebé a Joan.
— Felicidades señores— dijo la doctora.
Me llevaron al cuarto. La enfermera se llevó al bebé para realizarle análisis.
Joan no dejaba de verme.
— Me tiemblan las piernas, estoy así por llorar.
— Joan. ¿Por qué entraste?
— Yo no quise, la enfermera creyó que era tu esposo y que el apoyo moral y no se qué más, cuando vi ya estaba adentro.
— Me siento cansada y adolorida. Quiero dormir.
— Solo quiero decirte algo. Las mujeres son valientes cuando traen un hijo al mundo. ¿De dónde sacan tanta fuerza?
— No es como que queramos. Solo es algo que hay que hacer.
— Descansa. Voy a salir.
Joan salió. La enfermera entró con mi bebé. Cuando lo tomé en mi brazos, no me pude contener y lloré.
— Mi bebé precioso. Mañana iremos a ver a tu papá y darle el último adiós.
Mi mamá entró.
— No llores Ari.
— Mañana— Me puse a llorar— Sebastian.
— Hija mía. Se fuerte.
— José Sebastian. Ya decidí el nombre.
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Comments
Catalina Suto
no 😭 que tristeza porque se tiene que morir es injusto se porto mal no tiene que terminar así
2025-03-05
3
Maria Castro
ni q hubiera hecho mucho daño al mundo
2025-03-08
0
Maru Parera
si tiene a lo mejor la mamá se fue a pasear, con la mamá de joan y se llevó el automóvil con el chófer
2024-12-20
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