ARIANA
Después de haber hablado con Amelia y de haberle llorado en la noche. En la mañana me levanté con unas ojeras terribles. Nos preparamos para salir a nuestro primer destino, unos de los museos más importante de Paris, el Museo del Louvre.
Al llegar al museo, no se si mi vista me falló, me pareció ver a Étienne. Cómo no sabía si era el, no le presté mucha atención hasta que llegamos a una de las obras y era él quien presentaba.
Era Étienne. Traté de esconderme en medio de mis compañeros hasta llegar al final del grupo.
— Amelia, acompañame a buscar un baño.
— Nos perderemos la explicación del muchacho pero vamos si es urgente.
Fui a buscar un baño con Amelia. Había un señor de seguridad en la entrada del museo. Así que fuimos donde él para que nos ayudara.
— Disculpe señor, ¿dónde encontramos un baño?— preguntó Amelia.
— Por allá hay un baño para damas.
— Señor, puedo preguntar si el joven que está explicando las obras se llama Étienne?
— El señor Étienne. Si es él.
— Me parecía conocido y él trabajaba aquí.
— Es hijo del dueño del museo.
— Ahhhmm. Gracias.
Tomé del brazo a Amelia.
— ¿Buscamos el baño para orinar o para esconderse? ¿Quién es Étienne?
— Si voy a usar el baño— entré al baño.
Nos unimos al grupo de mis compañeros. La mirada de Étienne se posó en mi cara. Él continuó hablando.
— Bueno chicos y chicas pueden realizar anotaciones y tomar algunas fotos antes de ir a la siguiente parada. A las 12 nos encontramos en el bus.
Étienne se acercó.
— ¿Ariana? ¿Qué haces acá?
— Étienne, que casualidad. Estoy en un viaje de mi universidad.
Miré su mano, había un anillo. Étienne también se había casado.
— Nos vamos Ariana— me decía Amelia.
—Si— Me despedí de Étienne.
Una mujer muy bonita saludó con un beso en la boca a Étienne.
Esto no me debe afectar. Yo también hice mi vida.
La mujer me miró de pies a cabeza.
— Tu cara se me hace conocida. ¿Eres la chica de Los ángeles?
No dije nada.
— Clarisa, por favor. Hay demasiada gente. No hagas esto.
La mujer me dio una bofetada. La vista de todos estaban en mi.
— Así que eres tú con quién me engañaba mi queridísimo esposo.
— ¿Qué te sucede? Es mi primera vez en París. Además, yo estoy casada.
— Él estaba comprometido cuando lo conociste en el crucero. Eres una zorra.
— No entiendo qué pasa, Étienne. ¿Estabas comprometido cuando nos conocimos en ese crucero?
Étienne no decía nada.
— Si muchachita, ese viaje fue su despedida de soltero. En cuanto vino nos casamos. Tenemos 3 años de casados. ¿O no Étienne?
Étienne tomó de la mano a Clarisa y la llevó a una oficina.
Yo me di la media vuelta, mis compañeros y mi profesor estaban con cara de asombro.
Caminé hasta el bus. Me siento doblemente traicionada por Étienne y Sebastián. Dos años de relación con Étienne, dos años que estuvo jugando conmigo, con razón no podía viajar a Los Ángeles y nunca quiso que yo viajase a París. He sido una estupida todo este tiempo. Y Sebastián, también me engaña y según la prensa, tiene embarazada a esa mujer. ¿Qué hago?
—¿Qué pasó ahí en el museo? Ese hombre fue tu novio o que pasó que no entendí nada— Amelia me preguntaba.
— Soy el hazme reír de todos. En redsocial circula la infidelidad de mi esposo y vengo a París por clases y me encuentro a primer novio por pura casualidad y su esposa cree que yo me metí con su hombre. Él nunca me dijo que estaba comprometido y menos que se había casado. Estuve dos años de novia de Étienne. Me siento, no sé cómo.
— Que maldito ese Étienne. Sin mencionar al otro desgraciado de Sebastián.
— Étienne pertenece a mi pasado aunque duele saber que solo fui un juego pero Sebastián— me quebré a llorar— a ese estúpido yo lo amo. Me casé obligada con él, el inicio fue frustrante porque amaba a Étienne y me habían obligado a dejarlo pero después de un tiempo Sebastián me enamoró con todo, ahora yo lo amo y me duele.
Amelia me abrazó. Bety subió al bus y al ver que Amelia me tenía abrazada, ella hizo lo mismo.
— No soy de muchas palabras e inclusive de amigas pero cuenta conmigo para lo que sea. Y si me dices que le dé una patada en las pelotas a ese estúpido, dímelo, que encantada voy.
— Gracias Bety pero no hay necesidad.
El día acabó rápido. Llegamos al hotel. En cuanto entré al cuarto, abrí mi laptop. Entré a redsocial, mientras se cargaba la página sentía mi estómago suspendido y me temblaba. Había un mensaje de Sebastián. Lo abrí.
— Ariana. Vine a París. Necesito que hablemos. Me contacté con la universidad y estoy ubicado en la habitación 505.
No contesté. Amelia entró.
— Voy a salir a dar un paseo nocturno. Tal vez no regrese durante la noche. Para que no te preocupes.
— Te acompaño.
— No te preocupes. Solo quiero salir de aquí. Sebastián está aquí mismo. Y quiero evitar encontrarlo, no me siento preparada para verlo.
— Está bien. Llévate mi celular, cualquier cosa te llamo desde el cel de Bety— tomé el celular y salí del cuarto.
Mientras bajaba por el ascensor y la puerta se abrió, ahí estaba Sebastián. Se sorprendió de encontrarme e igual yo me asusté porque lo último que quería era verlo.
Nos miramos fijamente uno al otro. Mi boca empezó a temblar y mis lágrimas salían sin parar. Caminé al frente como que tal no lo había visto, Sebastián me tomó la mano.
— Hablemos.
— ¿Quién eres tú? No te conozco.
— Por favor Ari, hablemos.
— No quiero. No quiero escuchar tus mentiras, no quiero verte— lo empecé a golpear en el pecho.
Sebastián me tomó de las manos y me abrazó con fuerza.
— Perdóname. Perdóname. Perdóname Ariana. Yo te amo.
— Tú no me amas. Para que hiciste que me enamorara de ti si al final no me amas. Eres cruel conmigo.
— Vamos afuera o a mi cuarto.
Me solté de su agarre. Empecé a correr hacia fuera del hotel. Sebastián corrió detrás mío. Me abrazó desde atrás.
— Soy un estúpido, perdoname. Ariana te amo.
— Me quiero morir. Eso deseo.
— Ariana. Déjame contarte cómo pasaron las cosas.
— Me dirás cómo le hacias el amor. Me dirás que ella está embarazada. ¿QUE DIABLO ME DIRÁS? NO TE QUIERO ESCUCHAR — le grité.
En un momento me sentí mareada. Sentía que mi cerebro palpitaba y me faltaba oxígeno. Sebastián me cargó en sus brazos y me llevó al hospital.
SEBASTIÁN
— La señorita Ariana, está estresada. Le di un calmante para que se relaje. Le haremos unos análisis de sangre para ver cómo está— decía el doctor.
— Gracias doctor.
Entré al cuarto donde estaba Ariana y ella estaba entre dormida, con una mirada triste.
El doctor entró con unos papeles en la mano.
— ¿Usted es su esposo, su pareja?
— Si. Soy esposo.
— ¿Y estaban planificando?
— ¿Planificando que?
— Usted o ella se cuidaban en la hora de tener sexo, a eso me refiero.
— Yo nunca me cuidé. No se si ella lo hacía.
— Bueno, ella está embarazada. Lo que no sé con exactitud es cuantas semanas tiene pero con una ecografía lo sabremos. Vamos a esperar que despierte para llevarla al área de radiología.
— ¿Embarazada? ¿Esta seguro doctor?
— Si. En cuanto ella se despierte por favor me llama— Asenté con la cabeza.
Mi cabeza se hizo un nudo. Las dos están embarazadas.
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Comments
Johita
al fin una historia en la que el medico dice que con la ecografía se sabrán cuantas semanas de embarazo tiene, excelente
2025-02-04
2
Beliza Fornez
Un padrote
2024-10-14
1
Maricarmen Barajas
wooow que gran padre
2024-09-10
0